TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

domingo, 3 de diciembre de 2017

DOMINGO 3 DE DICIEMBRE, 1º DEL ADVIENTO



«VELAD, PUES NO SABÉIS CUÁNDO VENDRÁ EL SEÑOR…»



     Adviento es un tiempo de esperanza. La esperanza es vivir con la convicción de que la fe se hace realidad cuando se vive en la caridad, que es estrenar la esperanza. Sin esperanza el corazón humano se muere de tristeza.
     Este primer domingo de Adviento nos lanza a estar preparados. Seguro que viene. No sabemos ni el día ni la hora. Vendrá a colmar todas nuestras esperanzas y nuestro corazón, que es un corazón de deseo, estrenará el estar rebosante de un amor que nos asombra.
     No viene como una amenaza sino como salvación. No viene a vengarse sino a seducirnos con su Ternura.  Es el Salvador que desciende del cielo  para que se cumpla el anhelo de los profetas, que recoge el Antiguo Testamento:”¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses”! (Is. 64.1) y que sigue siendo y será siempre el anhelo del corazón humano, porque no podemos vivir sin Cristo.  No esperarle, no conocerle es perderse lo mejor de la vida.
     La invitación del Evangelio de Marcos que es el que proclamamos en la liturgia de este nuevo año litúrgico, el Evangelio del discípulo, del catecúmeno, del que sabe que lo esencial del cristianismo es Cristo, como decía Romano Guardini. Marcos nos invita a mirar a Jesús como un Amor que viene y que se entrega hasta la muerte y una muerte de cruz.
     Se nos invita en este Evangelio a estar preparados, a no dormirnos, a velar en oración ¿Qué es estar preparados? No es ponerse nerviosos, menos aún angustiarse pensando que la revelación de un Dios que se acerca nos podría traer la sorpresa de que Dios no sería tan bueno como pensábamos. Benedicto XVI en su libro sobre Jesús de Nazaret nos dice que en el tiempo de Jesús, así lo decían algunos filósofos griegos, podía aparecer un Dios malo, sin entrañas de misericordia, sin compasión. Sería darnos gato por liebre.
     La sorpresa que asombra y que es la alegría de los que esperan es que el Señor viene con corazón salvador y nos alegra con su presencia salvífica. Sólo hay que acogerlo con una fe que nos abre a la esperanza y se realiza en el Amor. Si velamos en oración descubriremos que Él ha venido siempre como Amigo nuestro y está viniendo “en cada persona y acontecimiento” (Prefacio de Adviento III) y vendrá al final de los tiempos no como amenaza sino como el Esposo Bueno y Fiel que espera encontrarse en oración y en vela en la noche.
     Ha aparecido la Bondad de Dios y esta es la Buena Noticia que transciende nuestras mezquinas esperanzas.

+ Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres


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