IGLESIA PERSEGUIDA

IGLESIA PERSEGUIDA

viernes, 13 de julio de 2018

(2 Co 12,9)


JULIO 2018
«Mi gracia te basta, que mi fuerza se realiza en la flaqueza» (2 Co 12,9).

     En su segunda carta a la comunidad de Corinto, el apóstol Pablo se mide con unos cuantos que ponen en cuestión la legitimidad de su actividad apostólica. Pero no se defiende enumerando sus méritos y sus logros; al contrario, pone de manifiesto la obra que Dios ha cumplido en él y a través de él.
     Pablo alude a una experiencia mística suya de profunda relación con Dios (cf. 2 Co 11, 1-7), pero para compartir acto seguido su sufrimiento por una «espina» que lo atormenta. No explica de qué se trata exactamente, pero se entiende que es una dificultad grande que podría limitarlo en su tarea de evangelizador. Por ello, confiesa haberle pedido a Dios que lo libere de ese impedimento. Pero la respuesta que recibe del mismo Dios es perturbadora.

«Mi gracia te basta, que mi fuerza se realiza en la flaqueza»
     Todos experimentamos continuamente las debilidades físicas, psicológicas y espirituales nuestras y de los demás, y vemos a nuestro alrededor una humanidad a menudo afligida y extraviada. Nos sentimos débiles e incapaces de resolver esas dificultades, incluso de hacerles frente, y como mucho nos limitamos a no hacer mal a nadie.
     Sin embargo, esta experiencia de Pablo nos abre un horizonte nuevo: reconociendo y aceptando nuestra debilidad, podemos abandonarnos plenamente en brazos del Padre, que nos ama tal como somos y quiere ayudarnos en nuestro camino. Y de hecho, más adelante en esta carta, afirma: «cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte» (2 Co 12, 10).
     A propósito de esto, Chiara Lubich escribió: «[...] ante tal afirmación, nuestra razón se rebela, pues hay una contradicción flagrante o simplemente una audaz paradoja. En realidad esta expresa una de las verdades más altas de la fe cristiana. Jesús nos la explica con su vida y sobre todo con su muerte. ¿Cuándo cumplió la obra que el Padre le había encomendado? ¿Cuándo redimió a la humanidad? ¿Cuándo venció al pecado? Cuando murió en la cruz, reducido a nada, después de gritar: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?': Jesús fue más fuerte precisamente cuando era más débil. Jesús habría podido dar origen al nuevo pueblo de Dios solo con su predicación, o con más milagros, o con algún signo extraordinario. Pero no. No, porque la Iglesia es obra de Dios, y es en el dolor -y solo en el dolor- donde florecen las obras de Dios. Así pues, en nuestra debilidad, en la experiencia de nuestra fragilidad se esconde una ocasión única: la de experimentar la fuerza de Cristo muerto y resucitado [...]»,

«Mi gracia te basta, que mi fuerza se realiza en la flaqueza»
     Es la paradoja del Evangelio: a los mansos se les promete en herencia la tierra (cf. Mt 5, 5); María exalta en el Magníficat (cf. Lc 1, 46-55) el poder del Señor, que puede expresarse totalmente y definitivamente -en la historia personal y en la historia de la humanidad- precisamente en el espacio de la pequeñez y de la total confianza en la acción de Dios.
     Comentando esta experiencia de Pablo, Chiara sugería además: «[...] la opción que los cristianos debemos hacer es de signo absolutamente contrario a la que se hace normalmente. En esto vamos en verdad a contracorriente. En general, el ideal de vida del mundo consiste en el éxito, el poder, el prestigio... Pablo, al contrario, nos dice que hay que gloriarse en la flaqueza [...] Fiémonos de Dios. Él actuará sobre nuestra debilidad, sobre nuestra nada. Y cuando Él actúa, podemos estar seguros de que realiza obras que valen, que irradian un bien duradero y responden a las necesidades auténticas de los individuos y de la colectividad».

Leticia Magri

DOMINGO 15 DE JUlIO DE 2018, 15º DEL TIEMPO ORDINARIO

«DE DOS EN DOS LOS ENVIÓ, DÁNDOLES AUTORIDAD»



     En el Evangelio de este domingo, Jesús envía a sus apóstoles de dos en dos para entrenarlos en la tarea de la evangelización. La pedagogía de Jesús es impresionante. Habla con palabras de vida eterna, pero al mismo tiempo convive, tiene gestos, comparte con sus discípulos y les va enseñando. Y en este envío de dos en dos, los envía de “prácticas”. Cuando regresen, revisará con ellos cómo les ha ido y compartirán de nuevo el gozo del Evangelio. Cuando Jesús ya haya sido elevado al cielo, ellos sabrán cómo actuar y recordarán los consejos del Maestro, incluso en la manera de actuar. Ellos irán con la autoridad de Jesús, con poder incluso de someter a los espíritus inmundos.
     En el envío, destaca la pobreza de medios, “un bastón y nada más; ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja… ni siquiera túnica de repuesto”. Es llamativa esta insistencia de Jesús en la austeridad y en la pobreza para la evangelización. El Evangelio va destinado a los pobres y ha de realizarse en pobreza. Los poderosos, los ricos, los que tienen medios no suelen estar disponibles para la salvación que viene de Dios. Uno tiene que pasar por situaciones de privación para sentirse necesitado, y ahí necesitará a Dios. Cuando se emplean muchos medios, la evangelización echa para atrás por sí misma, se convierte en un contrasigno. La Iglesia tiene la preciosa tarea de la evangelización, es decir, de anunciar a todos el amor de Dios, la redención de Cristo, el don del Espíritu Santo. No prosperará en esta tarea si lo hace con prepotencia, con muchos medios, sin austeridad ni pobreza. He aquí una clave del fruto apostólico.
     “De dos en dos”, es como la expresión mínima de una comunidad. La evangelización no puede hacerse como francotiradores, cada uno por su cuenta, cada uno en su “cortijo” sin interesarle lo demás. La evangelización ha de hacerse en equipo, en comunidad, de dos en dos. Dios no ha querido salvarnos aisladamente, sino formando un pueblo, el Pueblo de Dios.
     Salieron a predicar la conversión, pues la evangelización que anuncia el amor de Dios lo primero que provoca es una conversión del corazón, un acercamiento a ese Dios que nos ama tanto, un reconocimiento de nuestros propios pecados y un deseo de cambiar a mejor, ajustando nuestra vida a ese amor de Dios. Ahora bien, esta buena noticia no siempre encuentra acogida. Hay muchos momentos que suscita rechazo, incluso persecución al mensajero.      La historia de la Iglesia está llena de mártires. Jesús lo predice y nos invita a sacudir el polvo de las sandalias para probar su culpa.
     Pero el evangelizador no se rinde. Sigue predicando la conversión, expulsando demonios, ungiendo con el bálsamo del aceite, signo de la suavidad de Dios y curando enfermedades. Eso es un misionero, el que va en nombre de otro, el que se siente enviado para dar una buena noticia, el que hace como Jesús, que se acerca a los pobres y los enfermos y los unge con el bálsamo del amor de Dios.
     El misionero será buen misionero, si es buen discípulo. Si se ha puesto en la escuela de Jesús para aprender de él su disciplina y su discipulado. Y un ben discípulo no acaba de serlo hasta que no es misionero, porque ha de comunicar a los demás lo que ha visto y oído, lo que ha experimentado. Hay, por tanto, una circularidad, una correlación entre el discípulo y el misionero. A medida que uno es misionero, aprende mejor las enseñanzas de Jesús y su manera de vivir. A medida que uno es discípulo, aprende más a ser misionero, porque Jesús los envió de dos en dos a predicar…
     Recibid mi afecto y mi bendición:
+ Demetrio Fernández - Obispo de Córdoba


miércoles, 11 de julio de 2018

VEJER DE LA FRONTERA ACOGIÓ ESTE AÑO LA VIGILIA DE LAS ESPIGAS 


      Durante la noche del sábado 7 al domingo 8 de julio se celebró la tradicional Vigilia de las Espigas que cada año organiza el Consejo diocesano de la Adoración Nocturna Española de Cádiz y Ceuta para agradecer a Dios los frutos de la tierra.

      En esta ocasión, con la presencia de las Secciones de Cádiz, Puerto Real, Chiclana, Tarifa, San Fernando, Barbate, Facinas, Ceuta y Vejer que ejerció de anfitriona, se celebró en el Santuario de Ntra. Sra. de la Oliva, de la localidad de Vejer de la Frontera. 
     Despuntando el alba, el Rvdo. D. Guillermo Domínguez, consiliario diocesano de la Adoración Nocturna, impartía la Bendición Eucarística sobre los campos de nuestra diócesis y sobre toda la actividad humana que, gracias a la Providencia, hace posible que del “fruto de la tierra y del trabajo del hombre” podamos obtener lo necesario para nuestro sustento.

     Culminaba así la Vigilia de las Espigas 2018 que había comenzado la noche anterior, sobre las 23.30 horas, con la celebración de la Santa Misa presidida por el párroco, Rvdo. D. Antonio Casado Delgado, y concelebrada por el consiliario diocesano. 
     Tras velar al Santísimo Sacramento durante toda la noche, se procedió al rezo del Santo Rosario y la oración de Laudes, siguiendo con la procesión y bendición de los campos, desde la explanada del Santuario. 
     En los turnos de adoración, además de la acción de gracias a Dios, oraron por todas las necesidades de nuestro pueblo, de manera singular pidieron al Señor para que a nadie le falte un trabajo estable que le posibilite el digno sustento personal y el de su familia.

 

     Fue una noche realmente santa, con Jesús Sacramentado como único centro de su vela; aprendiendo de Él, fuente del amor divino, cómo hemos de mirar a nuestro prójimo con ojos de misericordia y compasión fraterna. Haciendo nuestros sus anhelos y sufrimientos, y pidiendo la luz y la fuerza que nos ayuden a “no pasar nunca de largo ante el sufrimiento humano”. 
     Sería deseable y hermoso que, en todas las parroquias, se pudiera establecer un turno de la Adoración Nocturna que, durante el resto del año y hasta la próxima Vigilia de Espigas, con los demás adoradores de la diócesis siguieran cumpliendo, en nombre de toda la Iglesia, el mandato del Señor de orar sin interrupción, día y noche, a Dios Padre, por medio de Jesucristo, en el Espíritu Santo.



   http://www.obispadocadizyceuta.es/

sábado, 7 de julio de 2018

DOMINGO 8 DE JUlIO DE 2018, 14º DEL TIEMPO ORDINARIO

« ¿NO ES ESTE EL CARPINTERO, EL HIJO DE MARÍA,… »



     En la primera lectura de este domingo tenemos unas claves esenciales que han venido a ser una constante en la tarea profética y que no podemos pasar por alto, porque las encontramos hoy en el enviado a evangelizar. El profeta Ezequiel parte de la vocación profética, cuyo origen está en Dios, que es el que llama. Eso sí, está claro que llama a una persona frágil, a “un hijo de hombre”, a un “hecho de tierra”. Sobre esta persona Dios derrama el Espíritu Santo para que proclame la Palabra de una manera eficaz. Otro aspecto necesario en la relación del elegido con Dios es que se mantenga a la escucha. Hasta aquí las cosas van bien, pero hay una seria dificultad con la que se encuentra el profeta elegido: la dureza del corazón de los destinatarios, de la gente a la que ha sido enviado. Como la rebeldía de unos hijos que le han cerrado el corazón al Padre y le han cerrado los oídos a sus palabras. El profeta se encuentra en una situación de soledad, señalado con el dedo y viene a ser un signo de contradicción, como una piedra de tropiezo para la gente. El profeta es rechazado.
     Si uno va recorriendo la secuencia de la experiencia del profeta, va viéndose identificado con él, pues no ha perdido actualidad esa misión. Por aquí pasó el mismo Jesús en la sinagoga de Nazaret, cómo la gente rechazaba la revelación de Dios en Jesús y, lo que es más doloroso para Jesús, los que lo rechazaban eran los más íntimos, los de su tierra, los de su casa. El caso es que estos quedan admirados de las palabras de gracia que salen de sus labios, pero lo que no podían entender era que uno “al que habían visto nacer” les hablara en el nombre de Dios, esto les impedía reconocerlo como enviado de Dios. Jesús estaba sorprendido por el rechazo de la gente, extrañado por la falta de fe, de tal manera que no pudo hacer allí ningún milagro.
     La dureza del corazón es un elemento a tener en cuenta, porque te incapacita para ver y escuchar a Dios; si tú te empeñas en rechazar a Dios estás negando que Él te pueda salvar, dar la Vida, fortalecerte en tu debilidad. En el fondo, parece que el rechazo viene provocado por la manifestación del poder de Dios, que no usa fenómenos extraordinarios, sino que se hace presente de una forma frágil, humilde y utiliza mediaciones sencillas, un simple hombre o mujer, “pecadores vueltos a levantar”, como nos decía el Papa Francisco. Pero Dios sigue adelante en su Plan de Salvación, sigue saliendo a nuestro encuentro, porque está decidido a salvarnos, a salvar a todos los hombres.
     Vistas estas cosas, en el contexto de la misa, “el relato del rechazo de Jesús en Nazaret subraya la presencia del Rechazado que resucitó, justificando así la validez de este camino de revelación querido por Dios”. Que en esta Eucaristía aprendamos a abrir los oídos para Dios, escuchar su Palabra y ver a Cristo perdonando nuestros pecados y como el médico que sana nuestros dolores y sufrimientos. Debemos pedir el don de la fe y la humildad para ver a Dios cerca de nosotros.

+ José Manuel Lorca Planes - Obispo de Cartagena