TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

sábado, 29 de febrero de 2020

DOMINGO 1 DE MARZO DE 2020, 1º DE CUARESMA

«TAMBIÉN ESTÁ ESCRITO: NO TENTARÁS AL SEÑOR, TU DIOS»



     Seguir a Jesús es asumir que seremos tentados. La tentación forma parte de la vida espiritual. En el Padrenuestro pedimos no caer en la tentación. No se pide no tener tentaciones, porque el consejo de la Palabra es claro, el que sigue el camino de Dios será tentado.
     La primera tentación es el consumismo. Elegir el tener más que el ser. El diablo siempre es grosero. Mira que decirle a Jesús que haga un milagro a su favor. Es verdad que no solo de pan vive el hombre, sino de la vida que brota de su Palabra. La tentación solo se puede vencer sabiendo que la fuerza se realiza en la debilidad.
     Otra tentación que asalta al ser humano es el poder. Aquí también el enemigo pierde los papeles. Le dice a Jesús que le adore a cambio de todo el mundo. Se lo dará con esta condición, que le adore. El Señor no entra en su juego. Le coloca en su sitio. Solo al Señor adoraras. Solo los que adoran a Dios son libres del poder para aplastar a los hermanos. Al adorar al Señor nos crecen las alas de la libertad y del amor; y el poder es servicio. Todo lo contrario a lo que lleva al diablo, que siempre utiliza el poder para el propio provecho y no para el servicio a los más vulnerables.
     La gran tentación del corazón humano es el éxito. A Jesús también el mentiroso y padre de la mentira, le quiere poner sobre las cuerdas y la salida que le ofrece es el camino del éxito. Jesús elige el camino de la entrega sin echarse atrás ante la cruz, que es siempre fecunda. Toda tentación es un recuerdo que no podemos quedarnos en verdades a media y que necesitamos el discernimiento para llegar a la vida en plenitud.


+ Francisco Cerro Chaves - Arzobispo de Toledo
Administrador Apostólico de Coria-Cáceres.

martes, 25 de febrero de 2020

lunes, 24 de febrero de 2020

(Mc 9, 24)

FEBRERO 2020

«Gritó el padre del muchacho: “¡Creo, ayuda a mi poca fe!”» (Mc 9, 24)

     Jesús va camino de Jerusalén acompañado de sus discípulos. Ya ha empezado a prepararlos para el momento decisivo: el rechazo de las autoridades religiosas, la condena a muerte por parte de los romanos y la crucifixión, a la que seguirá la resurrección.
     Es un tema duro de entender para Pedro y los demás que lo han seguido, pero el Evangelio de Marcos nos acompaña en este descubrimiento progresivo de la misión de Jesús: llevar a cabo la salvación definitiva de la humanidad mediante la fragilidad del sufrimiento.
     Durante el recorrido, Jesús se cruza con muchas personas y se muestra cercano a las necesidades de cada uno. Aquí lo vemos acoger el grito de ayuda de un padre que le pide que cure a su hijo pequeño, con graves dificultades, probablemente epiléptico. Para que el milagro se realice, Jesús también le pide una cosa a este padre: que tenga fe.

«Gritó el padre del muchacho: “¡Creo, ayuda a mi poca fe!”»

     La respuesta del padre, pronunciada en voz alta ante la multitud reunida en torno a Jesús, es aparentemente contradictoria. Este hombre, como con frecuencia nos ocurre también a nosotros, experimenta la fragilidad de su fe, su incapacidad de volver a depositar su plena confianza en el amor de Dios y en su proyecto de felicidad para cada uno de sus hijos.
     Por otra parte, Dios da confianza al ser humano y no obra nada sin la aportación de este, sin su libre adhesión. Nos pide nuestra parte, aunque sea pequeña: reconocer su voz en la conciencia, fiarnos de Él y ponernos a amar también nosotros.

«Gritó el padre del muchacho: “¡Creo, ayuda a mi poca fe!”»

     Gran parte de la cultura en que estamos inmersos exalta la agresividad en todas sus formas como un arma eficaz para alcanzar el éxito.
     El Evangelio nos presenta más bien una paradoja: reconocer nuestra debilidad, límites y debilidades como punto de partida para entrar en relación con Dios y participar con Él en la mayor de las conquistas: la fraternidad universal. Jesús nos enseña con toda su vida la lógica del servicio, a elegir el último lugar: es la postura óptima para transformar la aparente derrota en una victoria no egoísta y efímera, sino compartida y duradera.

«Gritó el padre del muchacho: “¡Creo, ayuda a mi poca fe!”»

     La fe es un regalo que podemos y debemos pedir con perseverancia para colaborar con Dios a abrir vías de esperanza para muchos.
     Chiara Lubich escribió: «Creer es sentirse mirados y amados por Dios, es saber que cada oración nuestra, cada palabra, cada paso, cada acontecimiento triste, gozoso o indiferente, cada enfermedad, todo, todo, todo […] es mirado por Dios. Y si Dios es Amor, confiar completamente en Él no es más que su consecuencia lógica. Así, podemos tener esa confianza que nos lleva a hablar con Él a menudo, a exponerle nuestras cosas, propósitos y proyectos. Cada uno de nosotros puede abandonarse a su amor con la seguridad de ser comprendido, consolado, ayudado. […] Podemos pedirle: “Señor, haz que permanezca siempre en tu amor. Haz que ni un solo instante viva sin sentir, sin percibir, sin saber por la fe –o también por experiencia– que me amas, que nos amas”. Y luego, a amar. A fuerza de amar nuestra fe se hará adamantina, muy sólida. No solo creeremos en el amor de Dios, sino que lo sentiremos de manera tangible en nuestro ánimo y veremos “milagros” a nuestro alrededor»


Letizia Magri


viernes, 21 de febrero de 2020

DOMINGO 23 DE FEBRERO DE 2020, 7º DEL TIEMPO ORDINARIO

«SED PERFECTOS, COMO VUESTRO PADRE CELESTIAL ES PERFECTO»

     El evangelio de Jesús tiene radicalidad porque Jesús va a por todas. Se puede amar a nuestros enemigos, si el Señor nos da la gracia de los sentimientos de su Corazón. Siempre me acuerdo de aquella frase lapidaria de Lacordiere. Si quieres ser feliz un instante, véngate; pero si quieres ser feliz siempre, perdona. Esa es la gran propuesta humana del evangelio, que es como Jesús humano y divino.
   Jesús desde su fidelidad sin fisuras al decálogo va mucho más allá en Aquel que nos ha amado hasta el extremo. En el fondo lo que nos enseña Jesús con su vida a vivir, no tiene comparación con nada. Es tan radical como original. Y a la vez es sencillo, porque vivido con Él, es volver a encontrar siempre el encanto de la vida con Dios para no vivir en el desencanto de la vida.
     Jesús nos da aquí una de las respuestas más claras a los retos que tenemos hoy de cristianos cansados y sin alicientes. Ser cristiano es para muchos una carga insoportable. No han descubierto el Corazón de lo que les parece una Ley sin vida ni entrañas. Cuando se vive desde el Amor de Dios, todo tiene el sabor de la vida verdadera, que no se vive solo de leyes, sino del amor personal de Jesús.
     En el fondo lo que Jesús nos ofrece no es más cantidad de leyes o preceptos, sino la calidad, el Corazón que entrega la vida por amor. Es siempre crecer por dentro, para servir por fuera. Es saber que el cristianismo es la religión de la caridad, del Corazón del Amor que no se queda en un formalismo, sino en un amor que se toma en serio la relación con Dios Padre y con la caridad con todos los hermanos más necesitados.


+ Francisco Cerro Chaves - Arzobispo electo de Toledo

Administrador Apostólico de Coria-Cáceres.

REFLEXIONES PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA


FEBRERO:  DESDE EL CUARTO DE GUARDIA

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar


I - LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS


1º Marco para esta noche de febrero.

     “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.” (Evangelio según san Mateo, 11,27-30)
     Nuestro Dios tiene Corazón. No lo digo por sentimentalismo blandengue. Tiene Corazón por su capacidad humana y divina para amarnos. Frente a la indiferencia, frialdad, crueldad del mundo contemporáneo, ha elegido como su imagen más representativa un Corazón. Es desde  ese Corazón donde se explica todo lo que ha hecho por nosotros, por cada uno de nosotros y donde encuentra respuesta el misterio del hombre. Somos una necesidad de amar y de ser amados. El Corazón de Cristo en la Eucaristía es tan de carne como el tuyo. No es un símbolo. Palpita. Lo que importa en esta noche es que oigas su latido y te encontrarás aliviado.

2º Una oración jaculatoria  al espíritu santo, para que nos encienda en amores.

   -“Envía, Señor, tu Espíritu, y serán creados.  Y renovarás la faz de la tierra.”-

     ¿Qué  ocurre para que con sólo escuchar la doctrina de Jesús no pongamos en consonancia nuestra acción, nuestras obras con nuestro pensamiento? El hombre viejo se resiste ante la propuesta del hombre nuevo.
     Os respondo  con una cita de la novela Quo Vadis  de Sinkiewitz. ¿La recordáis?. En boca de Marco Vicinio el romano enamorado de la cristiana Ligia pone el autor católico estas palabras: “Pero yo –y tomo a los dioses por testigo- no puedo hacerlo. ¿Te das cuenta de lo que esto significa? Hay algo en mi naturaleza que se estremece ante esta doctrina.”
     El mismo apóstol Pablo se lo enseñó: no está en nuestras manos cumplir la nueva Ley. Practicar la doctrina, sí; pero vivido como don y regalo del mismo cielo.
     Sin el Espíritu Santo, que es el Espíritu de Cristo, no podremos desprendernos de lo viejo y ser recreados en el hombre nuevo. Sólo el Espíritu renueva la faz de nuestra vieja condición. Ven Espíritu de Dios

3º Un texto de un santo o de la iglesia que nos inicie en la oración meditativa.

(Opúsculo 57, en la fiesta del Cuerpo de Cristo, lect. 1-4)

     “El Hijo único de Dios, queriendo hacernos partícipe de su divinidad, tomó nuestra naturaleza, a fin de que hecho hombre, divinizase a los hombres.
     Además, entregó por nuestra salvación todo cuanto tomó de nosotros. Porque, por nuestra reconciliación ofreció, sobre el altar de la cruz, su cuerpo como víctima a Dios, su Padre, y derramó su sangre como precio de nuestra libertad y como baño sagrado que nos lava, para que fuésemos liberados de una miserable esclavitud y purificados de todos nuestros pecados.
     Pero, a fin de que guardásemos por siempre jamás en nosotros la memoria de tan gran beneficio, dejó a los fieles, bajo la apariencia de pan y de vino, su cuerpo, para que fuese nuestro alimento, y su sangre, para que fuese nuestra bebida.
     ¡Oh banquete precioso y admirable, banquete saludable y lleno de toda suavidad! ¿Qué puede haber, en efecto, más precioso que este banquete en el cual no se nos ofrece, para comer, la carne de becerros o de machos cabríos, como se hacía antiguamente, bajo la ley, sino al mismo Cristo, verdadero Dios?
     No hay ningún sacramento más saludable que éste, pues por él se borran los pecados, se aumentan las virtudes y se nutre el alma con la abundancia de todos los dones espirituales.
     Se ofrece, en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos para que a todos aproveche, ya que ha sido establecido para la salvación de todos.
      Finalmente, nadie es capaz de expresar la suavidad de este sacramento, en el cual gustamos la suavidad espiritual en su misma fuente y celebramos la memoria del inmenso y sublime amor que Cristo mostró en su pasión.
     Por eso, para que la inmensidad de este amor se imprimiese más profundamente en el corazón de los fieles, en la Última Cena, cuando, después de celebrar la Pascua con sus discípulos, iba a pasar de este mundo al Padre, Cristo instituyó este sacramento como el memorial perenne de su pasión, como el cumplimiento de las antiguas figuras y la más maravillosa de sus obras; y lo dejó a los suyos como singular consuelo en las tristezas de su ausencia.”
     Ojala lo aprendiéramos de memoria. Subrayo en el texto  las frases que me han llegado a mi alma. Y elijo para mi diálogo íntimo con mi Dios  las que alivian mis cansancios e inquietudes: Empiezo por la última: se ha quedado con nosotros como singular consuelo en las tristezas de su ausencia. En esta vigilia de oración sé que para consolarnos se ha quedado en la Hostia. Dios está aquí.
¡Estamos llamados a ser dioses por adopción. Hijos de Dios y herederos del cielo!
     ¿Podremos olvidar este beneficio al verlo en el Pan y en el Vino? No hay amor más sublime -inmenso y sublime amor- que Cristo mostró en su pasión.  La Adoración Nocturna es un regalo para cultivar la intimidad con nuestro Dios.

Preguntas para el diálogo y la meditación.

   ¿Conocéis a nadie que no tenga contrariedades ni penas? ¿Huir hacia adelante? ¿Engancharse a lo que sea? ¿Nos quedamos con el Corazón de Cristo Eucarístico?

   Obras son amores, sin duda. Pero ¿veo el don en todo lo bueno que hago y mi responsabilidad en las trabas que le pongo? Ésta es la cuestión.

   ¿Crees que se nos ha destinado a “gozar lo que Él goza, a verle como Él se ve, a amarle como Él  se ama, a embriagarnos de la plenitud de sus delicias, a vivir con Él en sociedad perfecta de  vida, gozo y gloria, durante siglos eternos?

sábado, 15 de febrero de 2020

DOMINGO 16 DE FEBRERO DE 2020, 6º DEL TIEMPO ORDINARIO

«NO HE VENIDO A ABOLIR LA LEY, SINO A DAR PLENITUD»


     Siempre cuando oro con la Palabra de Dios me pregunto cuál es la novedad que nos trae Jesús... y la respuesta es su persona; es Jesús la novedad del evangelio, es el mismo Jesús, como repetía Guardini, lo esencial del evangelio es Cristo.
     Él siempre nos remite a vivir el decálogo, que no está superado, y la novedad es, cómo nos invita a vivir con los sentimientos de su Corazón. Es vivir la Ley con su Corazón manso y humilde y lleno de compasión. No es una religión de la exterioridad solo, sino de un amor que va más allá, porque le mueve la entrega y el dar la vida por amor.
     Cuando vemos que todavía hoy se vive y se practica el ojo por ojo y el diente por diente, donde una cierta venganza tiene derecho de ciudadanía, damos gracias porque el Señor junto con su Ley nos da su gracia para vivirla. Nos da su fuerza para ser coherente con lo que nos pide. Si aplicamos el principio de ojo por ojo y diente por diente, si se aplica con el rigorismo que a veces se ve, al final todos ciegos y todos sin dientes.
     Ante tanto precepto del mundo judío, el Señor Jesús que sin lugar a dudas, como dice un famoso libro, ha sido el más y mejor cumplidor de la Ley. Su novedad es el corazón, la interioridad, la ternura con la cual el Señor nos invita a vivir la entrega a los hermanos, como la prueba de algodón de que es la caridad la que nos indica que estamos viviendo plenamente los preceptos del Señor.
     Por tanto la novedad del evangelio es siempre Jesús que ama como Dios, con un Corazón humano, que se vuelca siempre con los más necesitados.



+ Francisco Cerro Chaves - Arzobispo electo de Toledo
Administrador Apostólico de Coria-Cáceres.

viernes, 14 de febrero de 2020

QUE EL ALMA SE EJERCITE EN LA ORACIÓN CONSTANTE


Tiene tanto poder la devota oración, que sirve para todo, y en todo tiempo puede el hombre ganar por medio de su ejercicio: en invierno y en verano, en tiempo sereno y de lluvias, de noche y de día, en días festivos y feriales, en enfermedad y en salud, en la juventud y en la ancianidad, estando de pie, sentado y caminando, en el coro y fuera del coro; aún más: a veces se gana más orando una hora que todo lo que pueda valer el mundo, porque con una pequeña oración devota gana el hombre el reino de los cielos.

     Tres cosas te son necesarias para la perfecta oración:

     La primera es que, cuando estuvieres puesta en oración, entonces, con levantado ánimo y corazón, cerrados todos los sentidos, debes sin ruido pensar con corazón dolorido y contrito en todas tus miserias, a saber, las presentes, las pasadas y las futuras.
     Lo segundo que es necesario en la oración a la esposa de Dios es la acción de gracias, esto es, que con toda humildad dé gracias a Dios su Creador, por los beneficios de él recibidos ya y de los que ha de recibir en adelante. Pues nada hay que haga al hombre más digno de las gracias del Señor como el manifestársele siempre reconocido y darle gracias por los dones recibidos.
     Lo tercero que necesariamente se requiere para la perfecta oración es que tu alma en la oración no piense más que en esto solo: que estás orando. Puesto que es muy indecoroso que uno hable con Dios con la boca, y el corazón esté pensando en otras cosas; que medio corazón se dirija al cielo y el otro medio se quede en la tierra.
     No te engañes, no te decepciones, no pierdas el gran fruto de tu oración, no pierdas la suavidad, no vayas a frustrar la dulzura que debes sacar de la oración. Pues la oración es un vaso, con el cual se saca la gracia del Espíritu Santo de la fuente que mana de la Santísima Trinidad.
     Cuando estás en oración, debes recogerte toda en ti misma, y entrar con tu amado en el aposento de tu corazón, y permanecer allí sola con él solo, y olvidarte de todas las cosas exteriores, y levantarte sobre ti con todo el corazón, con toda el alma, con todo el afecto, con todo el deseo, con toda la devoción. Y no debes aflojar el espíritu de la oración, sino, por largo tiempo, subir hacia arriba por medio del ardor de la devoción, hasta que entres en el lugar del tabernáculo…

San Buenaventura

domingo, 9 de febrero de 2020

DOMINGO 9 DE FEBRERO DE 2020, 5º DEL TIEMPO ORDINARIO

«VOSOTROS SOIS LA SAL DE LA TIERRA… LA LUZ DEL MUNDO»


    El que sigue a Jesús se convierte en sal de la tierra y luz del mundo. La vivencia de tener los sentimientos del Corazón de Cristo nos hace sal en un mundo sin sabor, desaborido y luz allí donde la oscuridad parece tener derecho de ciudadanía.
     Siempre me pregunté porque el Señor compara nuestra existencia con ser sal y luz. Lo de la sal me tenía muy intrigado. Fui descubriendo leyendo y meditando que la sal es humilde. No conozco saleros de plata. Se presenta humildemente. Todo habla de humildad, hasta tiene que desaparecer para dar sabor. Si la sal es buena se disuelve en el alimento para dar sabor.
     La luz puesta en lo alto de una montaña para alumbrar es más sencillo de explicar. La luz es para alumbrar y no para colocarla debajo de la cama. Es nuestra vida luz cuando alumbramos con la luz de Cristo proyectada desde nuestro corazón. La luz es sobre todo humilde porque para iluminar tiene que desaparecer. La luz también es siempre una llamada a la transparencia a no quedarse en el oscurantismo de una vida sin coherencia y sin salida.




+ Francisco Cerro Chaves - Arzobispo electo de Toledo
Administrador Apostólico de Coria-Cáceres.
MENSAJE DE NUESTRO OBISPO CON MOTIVO DE LA JORNADA DE MANOS UNIDAS

Queridos amigos:

     Próximo ya el día de la Campaña de Manos Unidas contra el hambre, que lleva como lema “Quien más sufre el maltrato del planeta no eres tú”, escribo estas palabras para llamar a vuestra colaboración después de tomar conciencia de los problemas que nos presenta. Mi agradecimiento, ante todo, a tantos voluntarios que siguen con empeño entregando su vida y tiempo a los más necesitados, en los países en vías de desarrollo y sensibilizando nuestra sociedad: doy gracias a Dios por vuestro testimonio, que sigue iluminando el mundo con el amor de Dios.
     Este año Manos Unidas se centra este año en el “cuidado de la casa común”, poniendo en evidencia que, si la crisis medioambiental nos afecta a todos, más a aquellos que viven en regiones vulnerables. 
    Los cambios medioambientales están entre las causas más destacables para el aumento del hambre en el mundo, ya que dificultan la obtención de recursos necesarios para la subsistencia y en algunos casos hacen inviable la vida de las personas. El resultado es el incremento de la pobreza y del fenómeno migratorio, debido a que más personas se ven obligadas a abandonar sus hogares en la búsqueda de un futuro incierto.
     Constatamos aquí fácilmente como la “cultura del descarte” acaba afectando al planeta entero. Tanto las personas como las cosas creadas rápidamente se convierten en “basura” desechable (Cf. LS 22.). El hombre actual, ensimismado con el materialismo y su supuesta capacidad ilimitada de transformación técnica de la realidad, ha de interrogarse sobre la ejemplaridad de los ecosistemas naturales, en cuanto a eficiencia y aprovechamiento de los recursos. “El sistema industrial, al final del ciclo de producción y de consumo, no ha desarrollado la capacidad de absorber y reutilizar residuos y desechos.” No estamos dispuestos a tolerar, al parecer, un “modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras”, sobre todo en lo referente a moderar el consumo y limitar el uso de recursos no renovables, pues supondría un cambio de hábitos de vida en las sociedades del bienestar –bienestar de unos pocos a costa de muchos—. De algún modo, se nos ha convencido de que el desarrollo económico, y el bienestar social, dependen exclusivamente del nivel de consumo y la capacidad de explotación de lo real, sin más criterio casi que el de   tener cada vez más.
     Manos Unidas, junto diversos socios locales, ha asumido multitud de proyectos en todo el mundo para mejorar la capacidad de aprovechamiento de los recursos, y educar en su gestión integral, en sintonía con el medio ambiente y las características ambientales de cada territorio. Este viernes 7 de febrero celebramos el Día del Ayuno Voluntario, y después, el Domingo de la Jornada de Manos Unidas. Quiero invitar a todos los fieles de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a participar y ser muy generosos, al tiempo que agradecidos por la labor ingente que realizan. El hambre en el mundo es un escándalo que no podemos tolerar con indiferencia, como si no fuera con nosotros, y una lacra que no tiene por qué existir, con tal de que nos pongamos en marcha con entrega y audacia.


+ Rafael Zornoza - Obispo de Cádiz y Ceuta