IGLESIA PERSEGUIDA

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domingo, 4 de marzo de 2018

DOMINGO 4 DE MARZO DE 2018, 3º DE CUARESMA

«DESTRUID ESTE TEMPLO, Y EN TRES DÍAS LO LEVANTARÉ»



     El Evangelio de Juan de este Tercer Domingo de Cuaresma, es un pasaje misterioso y un poco desconcertante porque aparece un Jesús al que no estamos acostumbrados. Son tres los retos a los que se enfrenta y que tiene delante a sus enemigos de ayer, de hoy y de siempre, a los que el Papa Francisco llama los autorreferenciales, los fariseos, aquellos que le miraban por encima del hombro y que sabían más que nadie sobre Dios, la ley,  el templo …y todo.
     Primer desconcierto: Aparece un Jesús que parece violento porque han profanado el Templo, la casa del Padre y la han convertido en cueva de ladrones, en lugar de negocios, en tienda de “souvenirs”. Es un Jesús que parece fuera de sí, tanto que algunos más sencillos de corazón les hace recordar una frase de los profetas: “El celo de tu casa me devora”
     Segundo, Jesús desconcertante cuando les habla del templo de su Cuerpo como templo donde, como dice Pablo, “habita en plenitud la divinidad”. También sus enemigos son crueles y Jesús no escatima nada para insistir en la revelación central de su Cuerpo, del Templo, que destruido, será ensalzado “cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí”.
     Los fariseos, sus enemigos, no se enteran. Tampoco les interesa mucho Jesús de Nazaret ni su doctrina. Tampoco le escuchan aunque le tengan delante de sus narices. Pero llega el Señor a revelarse como el misterio central del Padre, con su muerte y resurrección acaecida en Jerusalén. Se presenta como el Mesías, el Redentor, el que tenía que venir al mundo.
     Por último, desconcierta que por una parte el Señor les revele los secretos de su Corazón. Los designios del Padre. Por una parte, se ve que como Amado del Padre y, por otra parte, se ve con corazón humano y no se fía mucho de ellos, de lo que habita en el corazón humano.
     Parece que nos ama porque nos conoce  y nos conoce porque nos ama y, a la vez, sabe también de nuestro corazón con sótanos, recovecos como los de los fariseos, que no acaban de entender al Maestro de Nazaret porque les parece demasiado humano y cercano a los hombres. Sin embargo, es impresionante descubrir que el Señor sabe lo que alberga cada corazón humano y nos ama incondicionalmente, pero no pensemos que le estamos metiendo a Dios “un gol” continuamente porque nos conoce y nos ama; y nos ama y nos conoce y también sabe que no todo es oro lo que reluce en la vida.

                           +Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres

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