IGLESIA PERSEGUIDA

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sábado, 30 de junio de 2018

DOMINGO 1º DE JUlIO DE 2018, 13º DEL TIEMPO ORDINARIO

«CONTIGO HABLO, NIÑA, LEVÁNTATE»



     Jesús sigue recorriendo los caminos, haciendo el bien y sembrando de vida y esperanza lugares de tristeza y muerte.
     El jefe de la sinagoga, Jairo, se acerca a Jesús a pedirle que cure a su niña, que está en las últimas. A Jesús le conmueve siempre el Corazón, el sufrimiento. Ante un padre de familia la ternura de Jesús se desborda en comprensión, en no parar hasta llevarle el consuelo que brota de su Corazón de oro.
     Al caminar hacia la niña que está muriéndose se encuentra con otro episodio de compasión, de ternura, de cercanía hacia los que sufren.
     Aún en medio de una multitud que le apretuja descubre que alguien le “ha tocado” con fe y con deseo de ser curada. El Señor sabe distinguir entre la cercanía que se tiene a veces cuando estamos con mucha gente, como cuando vamos en el autobús, o la cercanía del corazón, cuando alguien se acerca y busca en nosotros la sanación, la curación de tantas enfermedades que desangran el corazón. Sólo por tocar su manto con fe queda curada aquella mujer buscadora de sanación, de ternura, de ser reconciliada en el Amor. Aquí alaba la fe de aquella mujer que con este gesto de tocarle con fe es capaz de conmover el Corazón de Cristo.
     Cuando llega a la casa de Jairo y le anuncian que la niña ha muerto, también a Jesús le puede la fe de aquel hombre y la fe hace siempre milagros. El Señor no quiere nunca que nos quedemos en todas las experiencias de muerte, ante el dolor, la enfermedad, el pecado…Siempre nos lleva a que nos abramos a la Misericordia que es siempre vida. Siempre que nos cerramos al Amor de Dios, es muerte; cuando nos abrimos a su Misericordia, recuperamos la vida y se dan en nosotros signos de vida y resurrección como se refleja en este pasaje del Evangelio. Donde se abre el Amor de Dios, se vence toda la oscuridad de dolor, de enfermedad, de muerte, y se vive en quien dijo que Él era “la resurrección y la vida”.
     Detrás de cada experiencia de dolor y muerte, el Señor nos coge de la mano y nos dice como a aquella niña: “levántate” ¿De qué nos tenemos nosotros que levantar?

+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres


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