TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

jueves, 22 de octubre de 2015

REFLEXIONES PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA





Las obras de misericordia espirituales y corporales.
(V)
     Todos los cristianos formamos una gran familia. Y no sólo en la tierra con quienes nos acompañan en el vivir de cada día. Ese buen aire de familia lo vivimos también con quienes nos han precedido en este mundo, padres, abuelos, bisabuelos, y a quienes deseamos encontrar de nuevo más allá de la muerte. Ellos ya han pasado por este mundo y rezamos para que gocen eternamente de Dios en el Cielo.

Rogar a Dios por vivos y difuntos

     Hemos de procurar vivir la gran verdad que confesamos en el Credo: “Creo en la Comunión de los Santos”. Comunión de los Santos con las personas vivas en la tierra, que son “santos” viviendo en la gracia de Dios, aunque lógicamente tengan mucho que mejorar en su conducta; y con las personas que han terminado su caminar en este mundo.
     Rezamos por los vivos para que el Señor les conceda el apoyo, la gracia, la fortaleza, los dones del Espíritu Santo que necesitan para que sigan caminando como buenos cristianos hasta el día de su muerte, y den un testimonio claro y hondo de su Fe.
     Rezamos por nuestros padres, por nuestras familias, por nuestros hermanos, por nuestros amigos y compañeros, para que quieran más a Jesucristo, para que frecuenten los Sacramentos, para que sean piadosos, y se dejen convertir por el Amor de Dios, en el Amor de Dios.
     Rogamos por los vivos para que se dejen ayudar por el Señor que les quiere sostener en sus batallas, renovar su esperanza, ayudarles de las mil maneras que el hombre necesita. “Venid a Mí todos los fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré” (Mt 11, 18).
     Rezar por los vivos es pedir al Señor la gracia de que todos acudan a Él, y lo encuentren en el Sacramento de la Reconciliación; que descubran su Corazón Misericordioso.
      Rezar por los difuntos es una gran manifestación de fe en la Providencia divina, en esta vida; y en la realidad de la Vida Eterna, que nos espera después de nuestra muerte en la tierra. Rezamos por los que han terminado su vida en la tierra, los que han muerto, para que el Señor les haya perdonado sus pecados, y los haya recibido en el Cielo.
     El Señor acoge con corazón abierto la petición de la Cananea que ruega por su hija enferma; atiende la petición del Centurión que ruega por su empleado enfermo. Y nos enseña, así, a pedirle a Él por nuestros enfermos, por los que buscan trabajo, por los que tienen una necesidad, una pena, un dolor.
      Estas obras de misericordia –las Espirituales sobre las que ya hemos reflexionado; y las Corporales, sobre las que comenzamos a reflexionar ahora- manifiestan el amor de Cristo a toda la persona, y el amor que con Él, en Él y por Él, quiere el Señor que vivamos cada uno de nosotros. Si en las Espirituales hemos visto cómo ayudar mejor a las necesidades del espíritu; ahora, en las Corporales, vamos a ver cómo atender mejor las necesidades del cuerpo; sin olvidar nunca que en cada ser humano, el cuerpo y el espíritu están siempre unidos, que el “yo” se expresa siempre corporal y espiritualmente. Que la vida del espíritu afecta al cuerpo y que la vida del cuerpo afecta al espíritu, y que el Señor, que es Creador de cielos y tierra, y que el cuerpo y el alma, la materia y el espíritu, han sido creadas por Dios para el bien del ser humano y para gloria de Su Nombre.
     De esta manera, el cristiano que vive estas obras de misericordia se une profundamente con Dios. “La convicción de que el ser en su totalidad ha sido creado por Dios comporta el optimismo creatural; implica la gozosa certeza de que el ser es bueno hasta el fondo; indica el sí a la materia, no menos querida por Dios que el espíritu; trae también consigo una autonomía del ser natural creado por Dios para ser él mismo, y de tal manera que este ser permanece en una íntima relación con Dios” (Ratzinger, 28-I-1989).
     Al leer la relación de las obras corporales de misericordia - las recordamos de nuevo: Visitar y cuidar a los enfermos.- Dar de comer al hambriento.- Dar de beber al sediento.- Dar posada al peregrino. –Vestir al desnudo.- Redimir al cautivo.- Enterrar a los muertos.-, quizá nos viene a la cabeza pensar que todas esas obras son cosas de tiempos pasados, en los que no había Servicios de Seguridad Social; en los que no había grandes comedores de Caritas; en los que en tiempos de catástrofes faltaban alimentos para todos; y que ya no son actuales.
     Los acontecimientos de cada día, las crisis sociales, morales, económicas que sufrimos, nos descubren con frecuencia la situación lastimosa de muchas personas y, sobre todo, la soledad en la que tantos hombres y mujeres se encuentran en los peores momentos de su vida.

Cuestionario

¿Soy consciente de que los demás me necesitan, y de que he de estar siempre dispuesto a ayudarles?
¿Me acuerdo de rezar a Dios, durante la Santa Misa, por el eterno descanso de los difuntos de la familia?
Cuando me entero de que alguien ha hecho alguna cosa mala, ¿rezo al Señor para que rectifique su conducta y, en adelante, haga el bien?

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