IGLESIA PERSEGUIDA

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domingo, 7 de octubre de 2018

DOMINGO 6 DE OCTUBRE DE 2018, 27º DEL TIEMPO ORDINARIO

QUIEN NO RECIBA EL REINO DE DIOS COMO UN NIÑO, NO ENTRARÁ EN ÉL»



     La versión de Marcos de este conocido pasaje es como si la doctrina cristiana respirase con dos pulmones: el de la exigencia de los mandamientos y la gracia que se da principalmente a los que se hacen como niños, a los que se fían totalmente del Amor de Dios.
     Jesús ratifica la doctrina sobre el divorcio. Por la dureza del corazón el Señor permite tantas cosas pero Él siempre vuelve al proyecto original del Amor de Dios. Proyecto de felicidad que sólo cumpliéndolo seremos libres.
     Jesús sabe, como sabe también la Iglesia hoy que en todos los temas claves que afectan a la felicidad de la persona siempre hay enemigos y detractores al acecho, muchos que no se acercan al Señor con tan buena voluntad y que, como repite San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales, no están dispuestos  a “salvar al sujeto”, es decir siempre piensan mal y van a tratar de ponernos contra las cuerdas a Cristo y a su doctrina.
     Jesús sale de esta situación tan embarazosa siempre volviendo a las raíces, a beber de la fuente primera. Al principio no fue así por nuestra cabezonería. El Señor coloca las cosas en su sitio y nos da su gracia para que vivamos las exigencias del Amor que no hace ninguna concesión al egoísmo.
     Por otra parte una vez más pone en el centro del Evangelio a los niños “de ellos es el Reino de los cielos”. No se queda el Señor en lo anecdótico, ni se va por las ramas. Pone a un niño en el centro de la vida evangélica cuando acaba de volver la doctrina a su origen, tal como salió del proyecto de Amor de su Padre Dios que no tiene más que “una manía” y es que si le dejamos nos hará inmensamente felices.  Los niños confían siempre en sus padres, se abandonan en sus brazos. Por otra parte viven el momento presente y no se angustian por el pasado  que no tienen ni por el futuro que no existe.  Viven en  el gozo  y en la alegría de saber que el Amor de Dios es más fuerte que el dolor, el pecado  y la muerte.
     Una vez más el Evangelio nos hace volver a la doctrina original vivida con la sencilla humildad de los que tienen el corazón  de niño. 

+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres  


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