TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

sábado, 4 de agosto de 2018

DOMINGO 5 DE AGOSTO DE 2018, 18º DEL TIEMPO ORDINARIO

«YO SOY EL PAN DE VIDA…»




     Seguimos con el discurso del pan de vida en Cafarnaúm. La casa donde Jesús pasaba tiempo cuando estaba en el entorno del lago, en la Decápolis, las diez ciudades que están rodeando el lago de Tiberíades. Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm va a exponer su discurso sobre el pan de vida, sobre la Eucaristía, que reflejará siempre, por una parte, que nos habla verdaderamente el Señor lo que es la Eucaristía, como el pan vivo bajado del cielo, y por otra parte, lo duro que será siempre aceptar en el corazón humano el misterio de la fe, de su Cuerpo y su Sangre entregados y derramados por Amor. Las palabras se quedan cortas.
     Ante la dificultad que le ponen a Jesús va a subrayar el Señor la primera base de lo que significa la Eucaristía, que ya estaba prefigurada en el maná que comen los israelitas en el desierto. Ahora, la figura del maná, Jesús la utiliza para hablar del verdadero alimento, el pan de vida que es Él, y dice que no fue Moisés quien nos dio el maná, sino su Padre del Cielo, como ahora os da el verdadero pan del cielo que es mi Cuerpo y mi Sangre entregada por Amor.
     Jesús, sin titubeos, aunque le va a costar que muchos le dejen, va a hablar claro de que es Él, el verdadero pan del cielo. Tienen que comer y beber, su Cuerpo y su Sangre, para que tengan vida abundante, vida eterna. Este subrayado del discurso del pan de vida es muy claro. Hay que comer su Cuerpo y beber su Sangre para vivir. Decía Messoti, en uno de sus famosos libros, que es impensable para un judío que se le ofreciese beber su sangre. O estaba loco o no sabía lo que era la revelación y la práctica judía, donde la sangre, expresión de la vida no se podrá beber, porque sólo Dios es quien da la vida.
     Por tanto, Jesús hablaba de comer y beber su carne y su sangre con tanta claridad que utiliza la palabra griegasarx” (σρξ) que es preferida de San Juan y que tiene mucho interés en subrayarlo en todo su Evangelio al hablar de la encarnación del Verbo, de que Jesús se hizo “carne”. Por tanto, está Jesús explicando el misterio de la fe que es la Eucaristía y, por otra parte, nos dice que Él es el maná, el alimento y que es Él el enviado del Padre, no como Moisés y el maná que murieron porque el que come su carne y bebe su sangre vive para siempre. Es la vida entregada de Jesús para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres

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