TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

viernes, 9 de diciembre de 2016

DOMINGO 11 DE DICIEMBRE, 3º DEL ADVIENTO

¿ERES TÚ EL QUE HA DE VENIR…?

 


     Vuelve la figura colosal de Juan Bautista. Esta vez está en la cárcel. Le surgen  dudas, por otra parte normal. Cuando entró en la Iglesia Católica Chesterton, dijo con mucha sabiduría: al entrar en la Iglesia me quité el sombrero, pero nunca la cabeza para pensar. ¿Cuáles son las dudas de Juan en la cárcel? ¿Dónde están sus grandes interrogantes?
     Al estar encarcelado él ve que pasa el tiempo y no es liberado. Estaba convencido de que cuando viniera el Mesías, los signos más esperados y más deseados es que salten los cepos  injustos y que sean liberados los que sufren por la verdad, los que están encarcelados por fidelidad al Señor de la Vida.
     Es curioso que Jesús le diga a Juan que se están cumpliendo todos los signos mesiánicos para tranquilizarle: “los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan  y a los pobres se les anuncia el Evangelio”, pero no habla nada de liberación de los presos, que era la situación existencial de Juan. Parece como que a él le falla el Mesías porque  sus expectativas no son cumplidas.
     La clave  está en que aquellos que hemos conocido el Amor de Cristo nunca debemos desconfiar de su Él, aunque se haga esperar y, a veces, parezca que no se cumplen sus planes o que no es puntual a la cita, por eso apostilla Jesús: ¡Dichoso el que no se escandaliza de mí!
     La grandeza de Juan está en la humildad profunda que le lleva a desaparecer, aún en sus propios intereses personales, para dar paso al Dios que viene y que sólo podemos esperarlo y acogerlo en la fe, en la sorpresa, en la novedad y en el asombro. Somos contemplativos porque sabemos que de quien nos hemos fiado siempre lleva a buen término la obra que empezó en nosotros.
     Las dudas a veces son inevitables en el camino del seguimiento de Cristo. La duda es volver, una y otra vez, al amor primero, a la certeza de saber que el Amor de Dios siempre se sale con las suyas. A veces, parece que Dios calla y nos asusta tanto silencio de Dios, pero si, como decía el Hermano Rafael, “sabemos esperar”, entonces nuestra vida se transforma y las dudas se disipan como la niebla.

+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres


No hay comentarios: