TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

sábado, 23 de mayo de 2020

DOMINGO 24 DE MAYO DE 2020, 7º DE PASCUA

« ID, Y HACED DISCÍPULOS A TODOS LOS PUEBLOS… »


     La gran tentación del corazón humano es pensar que Dios está lejos y que se aleja de nosotros muchas veces, sobre todo cuando lo pasamos mal. La Ascensión del Señor cuando no se profundiza, se queda en una especie de despedida donde el Señor se va y nos ha quedado aquí en la intemperie.
     La Ascensión es que el Verbo se sitúa con su humanidad en el corazón de la Trinidad. Ahora está más cerca de nosotros que nunca. Mas intimo que nuestra propia intimidad decía San Agustín. La Ascensión culmina lo que ha repetido una y otra vez Juan de ser elevado, ser glorificado... cuando yo sea elevado en lo alto lo atraeré a todos hacia mí. El Señor ha sido elevado en la crucifixión, en la Resurrección y en la Ascensión. Todo forma parte del plan del Padre, su proyecto de Amor es ser elevado porque antes ha buscado el abajamiento, la Kénosis, la humillación.
     El ascendió a los cielos junto al Padre. Ha ido a prepararnos una morada para vivir eternamente en su casa, en su intimidad. La Ascensión no es lejanía, no es subida, sino un deseo cumplido de la Trinidad para que nuestros corazones sean inhabitados. Es una autentica Presencia que recrea y enamora porque el Señor se ha quedado con nosotros en la presencia eucarística, en la Iglesia, en los que sufren... hasta el final de los tiempos. Elevado en la Ascensión al cielo es para estar más cerca de los que peregrinamos en la tierra. Lo encontramos en los sacramentos y la oración vividos en fe en esperanza y caridad.
     Vivamos siempre lo que el Evangelio nos alienta a vivir en este tiempo, contemplando al Corazón Vivo de Jesús donde su humanidad ha quedado en la Trinidad. El Verbo se hizo carne y ha subido con su corazón de carne a lo más profundo del cielo en la vida trinitaria.

  
+ Francisco Cerro Chaves - Arzobispo de Toledo

                                                        Primado de España


domingo, 17 de mayo de 2020

(Jn 15,3)

MAYO 2020

«Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado» (Jn 15,3).

     Después de la última cena con los apóstoles, Jesús sale del Cenáculo y se encamina al Monte de los Olivos. Lo acompañan los Once: Judas Iscariote ya se ha ido, y pronto lo traicionará.
     Es un momento dramático y solemne. Jesús pronuncia un largo discurso de despedida: quiere decir cosas importantes a los suyos, entregarles palabras que no olviden.
     Sus apóstoles son judíos, conocen las Escrituras, y a ellos les recuerda una imagen muy familiar: la planta de la vid, que en los textos sagrados representa al pueblo hebreo, objeto de preocupación de Dios como su labrador atento y experto. Ahora el propio Jesús (cf. Jn 15, 1-2) habla de sí mismo como vid que transmite la savia vital del amor del Padre a sus discípulos. Y ellos deben preocuparse sobre todo de permanecer unidos a Él.
«Nosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado».

     Un modo de permanecer unidos a Jesús es acoger su Palabra. Esta permite a Dios entrar en nuestro corazón para «purificarlo», es decir, limpiarlo del egoísmo y hacerlo apto para dar frutos abundantes y de calidad.
     El Padre nos ama y sabe mejor que nosotros qué nos hace ligeros y libres para caminar sin el peso inútil de nuestros apegos, de juicios negativos, del buscar con afán nuestro interés, de hacernos la ilusión de tener todo y a todos bajo control. En nuestro corazón también hay aspiraciones y proyectos positivos, pero que podrían ocupar el lugar de Dios y hacernos perder el arrojo generoso de la vida evangélica. Por ello Él interviene en nuestra vida a través de las circunstancias y permite a veces experiencias dolorosas, tras las cuales se esconde siempre su mirada de amor.
     Y el fruto sabroso que el Evangelio promete a quienes se dejan escamondar por el amor de Dios es la plenitud de la alegría[1]. Una alegría especial que florece también entre lágrimas desborda del corazón e inunda el terreno circundante. Es un pequeño anticipo de la resurrección.
«Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado».

     Vivir la Palabra nos hace salir de nosotros mismos e ir con amor al encuentro de los hermanos, comenzando por los más cercanos: en nuestras ciudades, en la familia, en el entorno en que vivimos. Es una amistad que se transforma en una red de relaciones positivas y que tiende a hacer realidad el mandamiento del amor recíproco, que construye la fraternidad.
     Meditando en esta frase del Evangelio, escribe Chiara Lubich: «Entonces, ¿cómo vivir para merecer también nosotros el elogio de Jesús? Poniendo en práctica cada Palabra de Dios, nutriéndonos de ella a cada instante, haciendo de nuestra existencia una obra de reevangelización continua. Para llegar a tener los mismos pensamientos y sentimientos de Jesús, para revivirlo en el mundo, para mostrar, a una sociedad atrapada con frecuencia en el mal y en el pecado, la divina pureza, la transparencia que da el Evangelio.
     Además, durante este mes, si es posible (si los demás comparten nuestras intenciones), procuremos poner en práctica en particular esa palabra que expresa el mandamiento del amor recíproco. Pues para el evangelista Juan [...] hay un vínculo entre la Palabra de Cristo y el mandamiento nuevo. Según él, en el amor recíproco es donde se vive la palabra con sus efectos de purificación, de santidad, de impecabilidad, de fruto, de cercanía con Dios. El individuo aislado es incapaz de resistirse largo tiempo a las incitaciones del mundo, y en cambio en el amor mutuo encuentra el ambiente sano capaz de proteger su existencia cristiana auténtica»[2].

Leticia Magri



[1] Cf. Jn 15, 11.
[2] C. LUBICH, Palabra de vida, mayo de 1982, en Palabras de vida (ed. F. Ciardi), Ciudad Nueva, Madrid 2020 (próxima publicación).

DOMINGO 17 DE MAYO DE 2020, 6º DE PASCUA

«YO PEDIRÉ AL PADRE QUE OS DÉ OTRO DEFENSOR» 


     Todos los textos de la Palabra de Dios hablan del Espíritu Santo. Ese gran desconocido. Esa presencia humilde, como tercera persona de la Santísima Trinidad,  tiene como misión formar en nosotros los sentimientos de Cristo. Siempre el Espíritu Santo como persona divina enviada es para hacer nacer, o hacer presente a Jesús en esta tierra. Descendió sobre el seno purísimo de la Virgen y nació Jesús, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Descendió en el cenáculo con María orando con los apóstoles y nació el cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Todo lo que toca el Espíritu Santo es para que Jesús viva en nosotros y en una humanidad sedienta del Agua viva.
     Juan nos habla abiertamente de otro Paráclito, otro intercesor, otro abogado contra el que nos acusaba de noche y de día. Lo mismo que la misión del diablo es acusar y destruir. Siempre dividiendo la obra de Dios. Es propio del Espíritu Santo la unión y la comunión. Nos defiende del acusador y nos libra de nuestros enemigos.
     Jesús también se nos presenta como abogado nuestro. Al hablarnos de darnos otro abogado, se muestra Él también como abogado defensor, e intercesor delante del Padre a favor nuestro. La Unión de la Trinidad está reflejada aquí en cuanto que el Espíritu Santo nos conduce para cumplir la voluntad del Padre, lo mismo que condujo a Jesús al desierto de la oración, para ser buena noticia para los que sufren y a la cruz y la resurrección. Si el Espíritu Santo nos condujera a lo que no condujo a Jesús, seria del Tentador y padre de la mentira.
     Jesús muerto en la carne ha sido vivificado por el Espíritu. Como dice la carta a los Hebreos de Jesús, que se ofreció en la cruz con un Espíritu eterno. Ahora preparándonos para el gran fruto de la Pascua, que es Pentecostés y el gran don del Corazón de Jesús, que es el Espíritu Santo. Vivamos con la confianza de que con sus dones alcanzaremos la santidad, que es vivir con los sentimientos del Corazón de Cristo.


+ Francisco Cerro Chaves - Arzobispo de Toledo
                                                        Primado de España



sábado, 16 de mayo de 2020

PASCUA DEL ENFERMO


          MENSAJE DE NUESTRO OBISPO, MONS. RAFAEL ZORNOZA CON OCASIÓN DE LA PASCUA DEL ENFERMO:


sábado, 9 de mayo de 2020

DOMINGO 10 DE MAYO DE 2020, 5º DE PASCUA

«YO SOY EL CAMINO Y LA VERDAD Y LA VIDA»


     Jesús nos sigue revelando en plenitud el misterio de la Trinidad, donde el Amor del Padre es el artífice de la Redención, muerte y resurrección de Cristo para la vida del mundo.
     Será el Espíritu Santo Señor y dador de vida, el que enviado por el Hijo desde el seno del Padre, tendrá como misión suscitar en nosotros los sentimientos de Cristo, la evangelización de los pobres.
     Hoy el evangelio de Juan nos dice que Jesús es el camino de la vida Verdadera. No hay que buscar otros caminos ni atajos. Viviendo por Cristo, con El, y en El, descubrimos que todos quienes han visto a Jesús se han encontrado con el Padre. La conocida meditación de San Ignacio de Loyola, en la segunda semana de Ejercicios espirituales, nos presenta a la Trinidad contemplando un mundo necesitado de Redención y diciendo el Padre en plural, háganos redención y el Verbo se encarna, el Hijo amado del Padre... por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajo del cielo. Desde que comenzamos la cuaresma con el miércoles de ceniza, camino hacia el Corazón de la redención, que es el Triduo pascual y en estos momentos de las cincuentena pascual, la Trinidad sigue apareciendo e invitándonos a conocer en profundidad el misterio del Amor de Dios, revelado en Jesucristo muerto y resucitado, vivo para siempre en la Eucaristía.
     Aparece también la paciencia de Jesús con sus apóstoles y discípulos que no se enteran, como nos ocurre a nosotros, de la incondicionalidad de su Amor. La paciencia es esencial en la vida cristiana y en la evangelización. Como repetía el Hermano Rafael, toda la ciencia consiste en saber esperar. Cuanta paciencia derrocha el Señor con los suyos, a los cuales les está explicando una y otra vez sus grandes misterios, en favor suyo y no se enteran... muéstranos al Padre y nos basta. Y el Señor con paciencia escucha y sigue sembrando. El papa Francisco repite continuamente para todos los formadores y educadores la necesidad de una dosis inmensa de paciencia,  porque cuando creemos que todo está perdido, el Señor nos sorprende con frutos de nuestra siembra en los corazones, que nos recuerda lo del salmo... los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.
     Avanzamos con el Padre hacia Pentecostés. El fruto que nos ha conseguido con su muerte y resurrección el Señor ha sido el Espíritu Santo. Comienza cada vez más a salir en el Evangelio y recogido en muchos textos litúrgicos, el Espíritu Santo que a través de Jesús se va revelando su profunda identidad trinitaria. Es una gozada descubrir como a través de sus siete dones y de sus frutos, especialmente el amor, la paz y la alegría, el Espíritu Santo como Maestro interior, va formando en nosotros una sabiduría y una fuerza para testimoniar ante el mundo el Amor de Dios que vence nuestros miedos y dificultades.


+ Francisco Cerro Chaves - Arzobispo de Toledo
                                                        Primado de España


“VENID Y VAMOS TODOS …CON FLORES A MARÍA”


     El amor, el homenaje y la veneración que se dan a la Virgen María se manifiestan con prácticas diversas que llamamos "devociones". Es en el mes de mayo, el mes de las flores, dedicado tradicionalmente a la Madre del Salvador, cuando intensificamos estas devociones marianas. Se trata del afecto, la predilección y reverencia que le tributamos por ser la obra maestra de la creación, la llena de gracia que, también, es madre nuestra.
     La devoción a María es una amorosa y confiada entrega a quien, por su excelsa dignidad y misión, sabemos nos ama y protege.
     El Concilio Vaticano II nos describe la naturaleza y el fundamento del culto y devoción a la Santísima Virgen: "Por ser Madre santísima de Dios, que tomó parte en los misterios de Cristo, es justamente honrada por la Iglesia con un culto especial" (Lumen Gentium, 66).
     Este "culto especial" consiste en la veneración, el amor, la invocación y la imitación. “El mes de Mayo es el mes más sonriente del año. La sonrisa de María, Madre de Jesús y Madre nuestra, serena los rostros pensativos y eleva a visiones de bondad, de misericordia y de confianza los ánimos oprimidos, desconfiados y cansados”…  (Beato Juan XXIII pp)


Salve, Madre, en la tierra de tus amores
te saludan los cantos que alza el amor.
Reina de nuestras almas, flor de las flores,
muestra aquí de tu gloria los resplandores;
que en el cielo tan sólo te aman mejor...

Madre mía, Madre mía,
aunque mi amor te olvidare,
tú no te olvides de mí.


 Hino del Congreso Mariano Hispano-Americano en Sevilla el año 1929.
Fray Restituto del Valle, O.S.A.- Eduardo Torres, maestro de capilla Catedral


sábado, 2 de mayo de 2020

DOMINGO 3 DE MAYO DE 2020, 4º DE PASCUA - JORNADA MUNDIAL POR LAS VOCACIONES

«YO SOY LA PUERTA: QUIEN ENTRE POR MÍ SE SALVARÁ»


     Éste cuarto domingo de Pascua, llamado del Buen Pastor, nos lanza a mirar al Resucitado que vive para cuidarnos, para cuidar a sus ovejas. ¿Cómo nos cuida el Pastor bueno, el Pastor hermoso que habla Juan?
     Dando la vida por cada una de sus ovejas. También las alejadas y las ovejas descarriadas que no son tan pocas. No escatima el Señor esfuerzo para que llevándonos junto a su Corazón, descubramos que su ternura y su misericordia es nuestra salvación... si llevas cuenta de los delitos Señor, quien podrá resistir, pero de ti procede el perdón e infundes respeto, nos recuerda el salmo. El Buen Pastor nos atrae con lazos de Amor. No le va pegando puntapiés a la oveja hasta que vuelva...porque quien le gustaría vivir al lado de quien no nos trata bien y que no nos demuestra su amor incondicional.
     Nos salva el Pastor de corazón hermoso de nuestras estupideces y torpezas. Habrá pocos animales tan torpes para volver y tan poco espabilados para ser presa fáciles de los lobos. Todos hemos escuchado a los pastores lo modorra que son las ovejas. Tan necesitadas de todo. Solo les salva que conocen la voz del Amo y son dóciles cuando descubren en quien confiar. Siempre son poco ágiles y nunca, como no se les ayude, no saben ni entrar ni salir. Necesitan siempre. Son frágiles y necesitadas de todo.
     El Buen Pastor nos salva de la perdición, porque Jesús es la puerta que conduce a la Verdadera vida. Jesús es pastor y pasto. Puerta y camino. Fuente y sediento. Es su Corazón la puerta estrecha, que Jesús habla para ir por el camino de la salvación. Los que la encuentran suelen ser los humildes y sencillos. Los autorreferenciales y los complicados no dan con ella. Es el misterio del Buen Pastor manso y humilde, que es la puerta de entrada del Reino y su carne inmolada, el pasto con que nos alimenta a los que vivimos en la intemperie de la vida.

+ Francisco Cerro Chaves - Arzobispo de Toledo
                                                        Primado de España

LA IGLESIA ESPAÑOLA INVITA ESTE DOMINGO A REZAR POR LAS VOCACIONES DESDE EL CONFINAMIENTO


     El próximo domingo 3 de mayo es el IV domingo de Pascua, domingo del Buen Pastor. Un año más, tiene lugar la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones  -en su 57ª edición-,  que en España se celebra junto a la Jornada de Vocaciones Nativas. Aunque en este año no sea posible celebrarlo en las parroquias de forma pública, los cristianos vuelven a estar llamados a rezar por todas las vocaciones de especial consagración en el mundo, para que el Señor siga llamando, y los jóvenes puedan decir sí a la llamada.