TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

miércoles, 18 de febrero de 2026

PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN

FEBRERO EN EL CORAZÓN DE LA TRINIDAD.

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

 LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS

Nuestro mundo está hecho para gloria de la Trinidad.

   Sabemos que todas las oraciones de la Iglesia acaban y empiezan en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Pero a veces no caemos en la cuenta de que cuando estamos adorando al Señor el en Sacramento de la Eucaristía nos introducimos por así decirlo en el Corazón de la Trinidad.

   Es cierto que sólo el Verbo Eterno, el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad es el que se hizo hombre y por tanto es su corazón humano el que late escondido bajo las especies del Pan. Sin embargo, también es cierto que, en la Trinidad, donde está una de las Personas están también las otras dos, porque son una sola naturaleza. Por ello podemos decir que en la Eucaristía se hace presente la Trinidad como en ningún otro lugar de la tierra. Además, si el Hijo fue enviado por el Padre, también el Padre y el Hijo enviaron el Espíritu Santo. Y el lugar donde más presente se hace esta tercera persona, es precisamente el Corazón de Jesús. Hasta el punto de que muchas veces se le llama fuente de agua viva. Porque el en su Corazón está como en ningún otro el Espíritu Santo que se nos derrama.

  Por ello cuando nos postramos ante la Eucaristía, tenemos delante no sólo a Jesús, sino también al Padre que lo envió y al Espíritu Santo que Padre e Hijo nos envían a nuestros corazones. En el centro de la Trinidad está el Hijo, y el Hijo tiene un corazón humano como el nuestro, podemos sintonizar de una manera especial con él y a través de Él entrar en el mayor misterio de nuestra fe, por la vía del afecto y del amor más que por la de la inteligencia y la cabeza.

   Trelles se admiraba de este misterio, de cómo podemos a través de la adoración, unir nuestro corazón al de Cristo y así introducirnos en el corazón mismo de la Trinidad. Y se imaginaba como una especie de cazador de corazones, para meter a todos por ese camino a que descubrieran el fin para el que han sido hechos, la gloria del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. -“Me holgaría de tener para el propio fin millones de millones de corazones que ofreceros, todos infinitos e insondables en el afecto; y abrigo el deseo de ganar con cada uno de ellos, si los poseyese, todas las gracia e indulgencias posibles de ganar en toda la tierra, en todos los momentos del día, para contribuir así en aquel sentido a vuestra gloria y cumplir vuestra voluntad santísima. Recibid, Señor Sacramentado, esos mis deseos, ofertas y promesas, unidos en el Corazón de Jesús en la Eucaristía como si fuesen infinitos. Y admitid, Señor el vivo deseo de repetíroslos todos los momentos del día, todos los días de mi vida, mientras pueda repetir esta oración y por toda la eternidad en que vivís y reináis, Dios eterno, Padre de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra; con vuestro Hijo Unigénito y eterno también, el Verbo divino que nos redimió con su sangre; y el Espíritu Santo vivificante que procede del Padre y del Hijo y que con ellos es glorificado por los siglos de los siglos Amén. (Trelles, LS 3, 1872)

   Adorar la Eucaristía es adorar la Trinidad, es como un adelanto de lo que haremos infinitamente en el Cielo, ya sin velos ni disfraces. Por ello pedimos en nuestras noches de adoración que además del nuestro podamos unir otros muchos corazones al de Jesús, para que estemos todos juntos en el Cielo, gozando de la gloria de la Trinidad.

Preguntas para el diálogo y la meditación.

¿Qué corazones pones ante la Eucaristía cuando adoras?

¿Qué otras relaciones ves entre la Eucaristía y la Trinidad?

¿Cómo habla Cristo del Padre y del Espíritu Santo en los Evangelios?

¿Cuál es el significado de la ceniza en Cuaresma?

     El inicio de la Cuaresma está marcado por una liturgia en la que destaca el rito de la imposición de la ceniza. Hoy te explicamos el significado y el origen de la ceniza utilizada en este tiempo litúrgico.

     Durante una audiencia general, Benedicto XVI explicó que la ceniza es un signo que invita a los cristianos a la penitencia y a intensificar el compromiso de conversión, para seguir cada vez más al Señor… El P. Antonio Lobera y Abio, sacerdote del siglo XIX y autor del libro “El porqué de todas las ceremonias de la Iglesia y sus misterios”, explicó esta penitencia debe venir acompañada de arrepentimiento y dolor por haber ofendido a Dios.

    El Directorio sobre piedad popular y la liturgia recoge en su numeral 125 que el rito de la imposición de la ceniza, “lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal”. Además, también simboliza la mortalidad de los hombres. Reflejo de esto es la fórmula que pronuncia el sacerdote cuando impone la ceniza en la frente de los fieles: "Recuerda que polvo eres y al polvo volverás”.

Su origen

    En el Antiguo Testamento las cenizas son utilizadas para expresar luto (Jeremías 6,26), deseo de conseguir algún favor de Dios (Daniel 9,3) y arrepentimiento (Judith 4,11)La Enciclopedia Católica explica que durante el Jueves Santo los primeros cristianos se colocaban ceniza en la cabeza y un “hábito penitencial”, como símbolo de penitencia pública. Y aunque la Cuaresma adquirió un carácter plenamente penitencial en el siglo IV, no fue hasta el siglo XI que se implementó el rito de la imposición de la ceniza el Miércoles de Ceniza.

   Posteriormente, el rito de la imposición de ceniza se extendió rápidamente por toda la Iglesia Católica y se convirtió en una parte importante de la Cuaresma…

Agencia Católica de Informaciones - ACI Prensa

jueves, 29 de enero de 2026

lunes, 12 de enero de 2026

PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN

ENERO :  CORAZÓN CAUTIVO

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS

Hermosura del Corazón de Jesús ¡Cautiva mi corazón!

   Cuando pensamos en la Eucaristía y en el Corazón de Jesús nos damos cuenta de que hay una doble cautividad. Por un lado, Jesús se ha hecho cautivo, se ha dejado encerrar en las especies del pan, y en la caja del sagrario. Está allí de alguna manera “prisionero de amor”, no tiene libertad de ir donde quiera, sino que se deja traer y llevar igual que en el tiempo de su pasión. Su cautividad está, sin embargo, motivada por el Amor. Se queda bajo la especia del pan para estar más cerca de nosotros, se reserva en el sagrario para hacernos compañía.

   Por otro lado, para sus adoradores, los que buscan ratos largos de hincarse ante la majestad de Dios escondida en el Sacramento, les ocurre con el tiempo que quedan ellos mismos cautivos, o cautivados por el Amor de Jesús Eucaristía. Descubren como un poderoso imán del que ya es muy difícil separarse y sienten la atracción siempre que pasan cerca de un sagrario. Están como cautivados por tanta humildad, por tanta paciencia, por tanta bondad. A veces decimos que tal o cual persona nos ha cautivado. Con más razón que nadie se lo podemos aplicar a Jesús.

   Así lo hace la Iglesia, en su oración de acción de gracias, después de la Comunión de la Misa del Sagrado Corazón dice: “Señor, que el sacramento de la caridad encienda en nosotros el fuego del amor santo por el que, cautivados siempre por tu Hijo, aprendamos a reconocerle en los hermanos. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos”.

   Es la misma actitud que quería infundir Luis de Trelles en la ANE: “Adoradores en la noche, testigos en el día. Dejarse cautivar por el Dios cautivo, para poder prender con su fuego el mundo. Acercarse al trono de la gracia para alcanzar misericordia y auxilio”. Con qué sorpresa Trelles repasa los contrastes divinos que ve sintetizados en la Eucaristía: “La justicia y la paz; la misericordia y el juicio, el amor y la ira, la providencia y el respeto o mejor la reverencia a la humana libertad, la omnipotencia y la humildad que se reúnen en el Hombre Dios, la mansedumbre y la justicia innata del Verbo Divino imagen sustancial y espejo sin mancilla de la divinidad; la suprema soberanía que es inamisible en Dios y la obediencia admirable que ostenta su divino Hijo durante su vida en carne: son fases diversas de un misma rayo de luz purísima que irradia del Eterno Padre y brilla sin sombra a través de la encarnación en Jesús, Dios y hombre verdadero, persona divina por quien se han hecho todas las cosas y criatura modelo en cuanto hombre de la diestra del Altísimo”.

   Se puede decir que don Luis queda totalmente cautivado por el misterio que contempla en sus noches de adoración, hasta el punto de no encontrar palabras. Por eso exclama: ”Jesús, manifestación del Padre igual a él y aun idéntico en esencia, bajó en persona y vino a acercarnos este bellísimo prototipo, para expresarnos de algún modo y a cautivar el humano corazón por ministerio de un amor que no hay palabras para expresar, sin que pudiese por eso menoscabarse ninguno de los atributos de la divina esencia. ¡Arcano impenetrable de luz y de amor que es mejor adorar que explicar, por qué es incomprensible, y que sólo pude la criatura admitir para tributarle profunda adoración y dedicarle un amor sin límites cuanto cabe en el corazón del hombre en cuyo fundo hay algo de insondable e infinito! Yo te adoro Señor en estos altísimos misterios que nos revelan una tan perfecta bondad y que nos ofrecen tanta merced”.

  Trelles entiende que Dios ha venido al mundo para hacernos prisioneros de su amor, y ve cómo quizá la mayor estrategia que ha encontrado para ello es precisamente la de dejarse aprisionar él mismo en un alimento tan sencillo como el pan, para poder darnos vida y unirse a nosotros en un abrazo espiritual misterioso. Nos apunta una bella analogía que quizá hoy nos puede servir para hacer nuestra meditación ante el Santísimo: ”El Hijo de Dios puede decirse que se despojó de su justicia para humanarse y para atraer al hombre por los vínculos de su caridad. Parece como que el rey de la gloria, al disfrazarse y sobre vestirse de la carne del hombre, como el hijo de un monarca poderoso que viniese a traer dones a un pobre siervo, se obligó por un afecto incomprensible a ocultar o velar los rayos de su justicia para aparecer con la gracia que convenía a sus fines de amor”. (Trelles LS, 3, 1872)

Preguntas para el diálogo y la meditación.

¿Alguna vez te has sentido cautivado por algo?

¿Cómo seguiría la historia que nos ha sugerido Trelles?

¿Qué cosas son las que más te llaman la atención del misterio eucarístico?


domingo, 28 de diciembre de 2025

martes, 23 de diciembre de 2025