Adoración Nocturna de Cádiz
Espiritualidad Católica como fuente testimonial. Tras el reconocimiento de nuestro carisma cristiano, buscamos ser consecuentes y por lo tanto expandir el Evangelio de Cristo en nuestra sociedad.
TIEMPOS LITURGICOS
miércoles, 29 de julio de 2026
miércoles, 15 de julio de 2026
PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN
JULIO: LAZO
DE AMISTAD.
Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar
LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA
INTIMIDAD CON DIOS
Cuando estéis dos o más reunidos
en mi nombre, estaré en medio de vosotros.
En este mes de julio, nuestro
fundador nos recuerda que quien tiene un amigo tiene un tesoro.
¡Cuánto más si el bien que se comparte es precisamente el amor de Dios! En esta
Vigilia, intercedamos especialmente por nuestros amigos, ante el Corazón del
Amigo del hombre. -"La amistad es, a mi humilde entender, un
cambio recíproco de afectos, de pensamientos y de dones,
estrechándose la simpatía por el mutuo auxilio que los amigos se presentan en
el sendero de la vida. Trayendo están nociones a la amistad en Dios, parece
evidente que es muy fácil y muy hacedero comunicarse ideas, sentimientos y
dones espirituales y enviarse recíprocos auxilios en la senda de la vida
eterna, y por consecuencia, aspirar de acuerdo a la recíproca perfección y a la
mayor gloria de Dios y aumento de la de los dos amigos en la patria celestial.
(…) El dechado de la amistad santa creo hallarlo en la frase del Evangelio “cuando
estéis dos o más reunidos en mi nombre, estaré en medio de vosotros”. Y
bien, si el tercer término en nuestra
amistad es la segunda persona de la Trinidad Beatísima, el Verbo Divino, claro
está que la amistad se santifica. Y si buscamos en la
Eucaristía la forma de exhibición del Verbo que elegimos por punto de reunión
de nuestros corazones se infiere que la amistad se hace santísima. El punto de
reunión es bueno, puesto que es el Corazón de Jesús divino y humano, foco de
vivísima luz y hogar del más puro amor"
(Trelles LS 5/1874, pp. 366-369)
Todos los amigos tienen
algún lugar predilecto donde reunirse para
conversar y estar juntos. Para los amigos en el Señor no hay mejor
manera de hacer esto que ante Jesús Sacramentado. Con
la ventaja de que la presencia eucarística es capaz de atravesar grandes
distancias, en el tiempo y en el espacio. Cuando dos amigos se citan ante el
Sagrario no hay circunstancias en el mundo que puedan separarlos.
El Corazón humano de Jesús tiene sin duda el
más noble de los sentimientos humanos: la amistad. En la medida en que nuestras
amistades le incluyen se santifican y purifican. No
hay mejor manera de asegurar las amistades que incluir en ellas a Cristo, amigo
que nunca falla. -"El Señor está con nosotros, acompañándoos, llamándonos
a sí, conllevando en cierto modo nuestros trabajos, implorando por nosotros con
su oración omnipotente, defendiéndonos de las
justas iras de Dios, recabando tiempo para nuestra conversión y
siendo, en fin, el centro amoroso de nuestra vida espiritual el faro de nuestra
peregrinación por las tinieblas del mundo, el guía de
nuestra navegación por el golfo de la vida terrenal y el trono de gracia donde
se sienta para escuchar nuestras súplicas, y darles el valor de su sangre ante
el Eterno Padre ¿Por qué no será también el hogar de la amistad santa? ¿Quién
duda que allí convergen todos los deseos santos? ¿Qué de allí irradian todos
los santos afectos? ¿Qué allí en su Sacratísimo Corazón viven todos los
corazones que atrae el Señor a Sí? ¿Y que por lo tanto Él es el lazo de la
amistad santa?" (Trelles LS 5/1874,
pp. 366-369)
¡Qué bonitas expresiones! Centro amoroso,
faro, guía, trono, lazo, hogar... Ojalá que sepamos aplicar cada una de ellas a
nuestra relación en Cristo.
Decía Aristóteles que los amigos "comen
juntos muchas arrobas de sal". Es decir, que sólo pasando mucho tiempo
juntos y conversando de muchas cosas se puede engendrar en el alma la amistad.
Eso es
precisamente lo que venimos a hacer a las Vigilias, tratar de amistad con quien
sabemos nos ama. Estar y hablar. No hace falta nada más para unirse… También
dicen que los amigos de mis amigos son mis amigos. No es un trabalenguas, es
una verdad muy consoladora cuando pensamos en interceder por aquellos de los
nuestros que no conocen ni aman aún a Cristo. Si nosotros nos
contamos entre los amigos de Jesús, sabemos que él cuenta a nuestros amigos
entre los suyos.
Que en tu oración en esta noche puedas
repasar el nombre de tus amigos, de cada uno de ellos delante de tu mejor
Amigo. No puedes hacerles un regalo mejor.
Preguntas
para el diálogo y la meditación.
■ ¿Qué amigos tienes que
necesiten a Cristo?
■ ¿Tienes amistades fundadas
en el amor a la Eucaristía?
■ ¿Qué rasgo es el que más te
atrae de la amistad?
20 ACIERTOS EN LA ORACIÓN
Ahora ofrezco la contrapartida. A ver con
cuántos de los siguientes aciertos te sientes identificado.
■ Acudo a Dios porque es Dios, porque es mi Creador y Padre, porque es
infinitamente bueno y misericordioso. Y a mí, como hijo y criatura suya, me
corresponde bendecirlo y alabarlo.
■Cuando oro, lo que me interesa es estar con Dios. No importa qué tema le trate ni cómo lo
haga.
■ Al estar con Dios busco sobre todo escucharle, conocerle, saber
cuál es su voluntad.
■ Lo busco a Él, no a mí mismo. Por eso, no me importa si siento especialmente
o no, me basta creer que está presente.
■ Mi oración ordinaria consiste en dialogar con Él a partir de Su
Palabra, de mi situación
personal y los acontecimientos de la vida.
■ Busco el contacto personal de amor con
Dios, el saberme libre
buscando a quien libremente me busca.
■Para mí, el mejor lugar para el encuentro con Dios es la Eucaristía.
■La Sagrada
Escritura es mi libro preferido para la meditación.
■ Me conforta saber que Dios me amó
primero, que quiere establecer
una relación íntima de amor conmigo y que sale a mi encuentro en todo momento y
circunstancia. Este interés de Dios por mí me llena de confianza.
■ Procuro cultivar el hábito de la presencia de Dios, saber que me mira, que estoy en su
presencia, tenerlo siempre a mi lado, haga lo que
haga, esté donde esté.
■ Más que pensar ideas en la meditación,
procuro bajar
las ideas al corazón profundo,
amar mucho.
■ Me gusta conocer la vida de los santos y leer
maestros de vida espiritual:
me sirven de inspiración para llegar más alto y más lejos en mi relación de
amor con Cristo.
■ Mi tiempo le pertenece a Dios, trato de estar siempre en su presencia
y dedicarle tiempos de calidad para estar a solas con Él, sin hacer otra cosa
que estar juntos. Procuro no limitarme a las oraciones que ya
tengo incorporadas en mi rutina diaria, sino cultivar la gratuidad en mi relación con Él.
■ Cada vez que escucho hablar de Dios y la
oración, me
siento pequeño,
limitado, miserable, un aprendiz. Suplico
al Espíritu Santo que sea mi maestro y mentor, que Él me levante y me muestre el
rostro de Cristo.
■Me gusta la misa y otros momentos de
oración con mi familia, mis amigos y la comunidad. Recuerdo que Jesús nos dijo que “donde
están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt
18,20).
■Para orar me busco un espacio
silencioso, procuro recoger mis sentidos, centrarme sólo en Él, actuar mi fe, establecer contacto con
Él.
■ Creo que Dios me creó para vivir en comunión de amor con Él, en el tiempo y en la
eternidad. Por eso todos
los días le suplico me conceda la gracia de realizar Sus planes sobre mí.
■ El alimento de la oración es la Eucaristía,
por eso procuro recibirla con frecuencia. Trato de confesarme con frecuencia, tengo un director espiritual y trato de vivir las virtudes
cristianas, siguiendo el ejemplo de Jesucristo.
■ Rezo siempre, sé que lo necesito, me
sienta digno o indigno, con ganas o sin ganas. Sé que Dios escucha siempre mi
oración y que, aunque sea tan
miserable y lo haga tan pobremente, a Él le complace que me acerque como el más
pequeño de sus hijos.
■Más allá de obligaciones y compromisos
asumidos, quiero rezar porque amo a Dios. Cumplo mis deberes religiosos con amor y por
amor, no sólo por cumplir.
Orar es cuestión de amor, es un modo de
acoger y corresponder al Amor. Elige
un renglón en el que quieras mejorar, de uno en uno.
P. Guillermo Serra, L.C.
viernes, 10 de julio de 2026
BENDITA SEA SU PRECIOSÍSIMA SANGRE
En las alabanzas al
Santísimo Sacramento repetimos esta: “Bendita sea su
preciosísima sangre”, porque en la Eucaristía están contenidos el cuerpo, la
sangre, el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Y
cuando comulgamos recibimos a Jesucristo entero, su
cuerpo y su sangre, entramos en comunión con él y junto con él con las otras
personas divinas. La comunión eucarística es comunión con Dios,
por medio del cuerpo y la sangre de Cristo.
La devoción a la
preciosísima Sangre de Cristo viene de lejos; fue
instituida por el Papa Pio IX y elevada a fiesta universal. Su
fiesta estaba fijada para el 1 de julio y todo el mes siguiente giraba en torno
a esta devoción, como el mes de junio ha estado referido al Sagrado Corazón de
Jesús.
Se trata de la sangre preciosa de Cristo, que
es el precio de nuestra redención: “Ya sabéis que fuisteis
liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con
algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un
cordero sin defecto y sin mancha, Cristo” (1Pe 1, 18-19). Una sola gota de esta
sangre hubiera sido suficiente para redimir el mundo entero, como
cantamos en el himno Adoro te devote.
San Pablo nos recuerda:
“Habéis sido comprados a buen precio. Por tanto, glorificad a
Dios con vuestro cuerpo” (1Co
6, 20).
San Juan Crisóstomo decía:
“... Esta Sangre derramada purifica el mundo... Es el precio del
universo, con ella Cristo redime a la Iglesia... Semejante pensamiento tiene que frenar
nuestras pasiones. Pues ¿hasta cuándo permaneceremos inertes? ¿Hasta cuándo
dejaríamos de pensar en nuestra salvación?
Consideremos los beneficios que el Señor
se ha dignado concedernos, seamos agradecidos, glorifiquémosle no sólo con la
fe, sino también con las obras”.
En el lenguaje bíblico, la
sangre es la linfa vital, es como el alma de la persona. De
hecho, todo el lenguaje sacrificial del Antiguo Testamento incluye la sangre
como elemento esencial en la víctima que se ofrece y como ingrediente esencial
para comunicar los dones de Dios. “Según la ley, casi todo se purifica con
sangre,
y sin efusión de sangre no hay perdón” (Hb 9,22).
Jesucristo ha tomado este elemento de su naturaleza humana para expresar todo
su amor de entrega sacrificial al Padre y de amor redentor hacia los hombres. El culto nuevo que Él ha
inaugurado, consiste en la ofrenda de la propia vida,
incluye el derramamiento de su sangre preciosa en la Cruz.
Por las heridas de su cuerpo crucificado
brota a borbotones la sangre preciosa. En tantas representaciones artísticas la
sangre aparece con toda vivacidad como un amor que se desborda. Y, cuando ya
estaba muerto, la lanza del soldado traspasó su costado y abrió su corazón, del
que brotó sangre y agua.
Vivamos este mes de julio dedicado a la devoción de la preciosísima Sangre como una invitación a recibir esa sangre preciosa. No desperdiciemos este tesoro, esta abundancia de amor expresada en la sangre para el perdón de nuestros pecados.
De una Carta pastoral de D. Demetrio Fernández, Obispo emérito de Córdoba.
20 ERRORES COMUNES EN LA ORACION.
Hoy te ofrezco un elenco de errores
frecuentes en la vida de oración, tal vez te sientas identificado con algunos
de ellos. Posteriormente ofreceré la contrapartida.
■ Acudo a Dios sólo para pedirle que me resuelva
problemas y necesidades que me
interesan: salud, trabajo, familia, tranquilidad, etc.
■ Cuando voy con mis preocupaciones, mi
oración termina siendo una reflexión personal acerca
de cómo resolverlas. Ya no hablo con Dios sino sólo conmigo.
■ Hablo,
hablo y hablo, sin escuchar a Dios.
Más aún, no sé qué significa escuchar a Dios, ni cómo habla Él.
■ Creo que oro bien si los sentimientos son
bonitos. Si no, pienso que
algo estoy haciendo mal, que no sé orar.
■ Mi
oración se reduce a fórmulas memorizadas
que la mayoría de las veces repito sin atención.
■ Cuando rezo hago cosas, pero no entro en contacto personal de
corazón con Dios. Mi “oración” es una especie de acto intimista en solitario.
■ Trato
poco a Cristo Eucaristía.
■ Uso
muy poco la Biblia en mis meditaciones.
■ Concibo
la oración sólo como iniciativa humana: soy yo quien tiene la iniciativa de
establecer comunicación con Dios y me esfuerzo por alcanzarlo.
■ Mi relación con Dios va en paralelo de mi vida ordinaria, es
un apartado en la rutina diaria o semanal, como una actividad más junto al resto de mis
quehaceres.
■ No medito o mi meditación se limita a pensar, a
desarrollar reflexiones teológicas.
■ Rezo
como me enseñaron de niño y allí me quedé.
■ Mido y cuento el tiempo que le dedico a Dios. Soy tacaño con Dios, mi tiempo con Él no es tiempo de
calidad, con frecuencia le dejo las migajas del día.
■ Creo que ya me las sé todas en materia de oración, que no tengo más que aprender. Cuando otros hablan del tema, pienso
que yo sé más…
■ Evito
las oraciones comunitarias.
■ Voy a rezar tan distraído que al final sé que entré y salí
de la iglesia
o capilla sin haber entablado un mínimo contacto personal con Dios.
■ Estoy tan acostumbrado y me he resignado ya a cómo es mi oración,
que ya no deseo ni suplico a Dios que me
conceda una mayor intimidad con Él, ni creo en el fondo que Él me la desee
conceder.
■ Considero que tengo hilo directo con
Dios y descuido
sin embargo mi vida sacramental (misa, comunión, confesión) y
espiritual (vida interior,
virtudes, recurso a medios de perseverancia como la dirección espiritual, etc.)
■ Rezo
sólo cuando me siento digno de rezar.
Cuando me siento indigno, porque he pecado, o me he enojado, o no estoy bien
conmigo mismo o con los demás, me excuso diciendo que sería hipócrita si
rezara, y dejo de hacerlo.
■ Mi
objetivo es cumplir con aquello a lo que me comprometí. Muchas veces no sé ni lo que hago, sólo
rezo con tal de cumplir (misa dominical, liturgia de las horas, rosario…)
Si quieren completar la lista, adelante…
P. Guillermo Serra, L.C.
