Adoración Nocturna de Cádiz
Espiritualidad Católica como fuente testimonial. Tras el reconocimiento de nuestro carisma cristiano, buscamos ser consecuentes y por lo tanto expandir el Evangelio de Cristo en nuestra sociedad.
TIEMPOS LITURGICOS
martes, 24 de febrero de 2026
miércoles, 18 de febrero de 2026
PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN
FEBRERO
: EN EL CORAZÓN DE LA TRINIDAD.
Alabado sea el Santísimo Sacramento del
Altar
LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS
Nuestro mundo está hecho para gloria de la Trinidad.
Sabemos que todas
las oraciones de la Iglesia acaban
y empiezan en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Pero a
veces no caemos en la cuenta de que cuando estamos adorando al
Señor el en Sacramento de la Eucaristía nos introducimos por así
decirlo en el Corazón de la Trinidad.
Es cierto que sólo el Verbo Eterno, el Hijo
de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad es el que se hizo hombre y por tanto
es su corazón humano el que late escondido bajo las especies del Pan. Sin
embargo, también es cierto que, en la Trinidad, donde está
una de las Personas están también las otras dos, porque son una sola
naturaleza. Por ello podemos decir que en
la Eucaristía se hace presente la Trinidad como en ningún otro lugar de la
tierra. Además, si el Hijo fue enviado por el Padre, también el
Padre y el Hijo enviaron el Espíritu Santo. Y el lugar donde más presente se
hace esta tercera persona, es precisamente el Corazón de Jesús. Hasta el punto
de que muchas veces se le llama fuente de agua viva. Porque el en su Corazón
está como en ningún otro el Espíritu Santo que se nos derrama.
Por ello cuando nos
postramos ante la Eucaristía, tenemos delante no sólo a Jesús, sino también al
Padre que lo envió y al Espíritu Santo que Padre e Hijo nos envían a nuestros
corazones. En el centro de la Trinidad está el Hijo, y el Hijo
tiene un corazón humano como el nuestro, podemos sintonizar de una manera
especial con él y a través de Él entrar en el mayor misterio de nuestra fe, por
la vía del afecto y del amor más que por la de la inteligencia y la cabeza.
Trelles se
admiraba de este misterio, de cómo podemos a través de la adoración, unir
nuestro corazón al de Cristo y así introducirnos en el corazón mismo de la
Trinidad. Y se imaginaba como una especie de cazador de corazones,
para meter a todos por ese camino a que descubrieran el fin para el que han
sido hechos, la gloria del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. -“Me
holgaría de tener para el propio fin millones de millones de corazones que
ofreceros, todos infinitos e insondables en el afecto; y abrigo el
deseo de ganar con cada uno de ellos, si los poseyese, todas las gracia e
indulgencias posibles de ganar en toda la tierra, en todos los momentos del
día, para contribuir así en aquel sentido a vuestra gloria y cumplir vuestra
voluntad santísima. Recibid, Señor Sacramentado, esos mis deseos,
ofertas y promesas, unidos en el Corazón de Jesús en la Eucaristía como si
fuesen infinitos. Y admitid, Señor el vivo deseo de
repetíroslos todos los momentos del día, todos los días de mi vida, mientras
pueda repetir esta oración y por toda la eternidad en que vivís y reináis, Dios
eterno, Padre de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra; con
vuestro Hijo Unigénito y eterno también, el Verbo divino que nos redimió con su
sangre; y el Espíritu Santo vivificante que procede del Padre y del Hijo y que
con ellos es glorificado por los siglos de los siglos Amén. (Trelles, LS 3, 1872)
Adorar la Eucaristía es
adorar la Trinidad, es como un adelanto
de lo que haremos infinitamente en el Cielo, ya sin velos ni disfraces.
Por ello pedimos en nuestras noches de adoración que además del nuestro podamos
unir otros muchos corazones al de Jesús, para que estemos todos juntos en el
Cielo, gozando de la gloria de la Trinidad.
Preguntas para el diálogo y
la meditación.
■ ¿Qué corazones pones ante la Eucaristía
cuando adoras?
■ ¿Qué otras relaciones ves entre la
Eucaristía y la Trinidad?
■ ¿Cómo habla Cristo del Padre y del Espíritu Santo en los Evangelios?
¿Cuál es el significado de la ceniza en Cuaresma?
El inicio de la Cuaresma está marcado por una liturgia en la que destaca el rito de la imposición de la ceniza. Hoy te explicamos el significado y el origen
de la ceniza utilizada en este tiempo litúrgico.
Durante una audiencia general, Benedicto
XVI explicó que la ceniza es un signo que invita a los cristianos
a la penitencia y a intensificar el compromiso de conversión,
para seguir cada vez más al Señor… El P. Antonio Lobera y Abio, sacerdote del
siglo XIX y autor del libro “El porqué de todas las ceremonias de la Iglesia y
sus misterios”, explicó esta penitencia debe venir acompañada
de arrepentimiento y dolor por haber ofendido a Dios.
El Directorio sobre piedad popular y la
liturgia recoge en su numeral 125 que el rito de la imposición de
la ceniza, “lejos de ser un gesto
puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la
actitud del corazón penitente que cada bautizado está
llamado a asumir en el itinerario cuaresmal”. Además, también
simboliza la mortalidad de los hombres. Reflejo
de esto es la fórmula que pronuncia el sacerdote cuando impone la ceniza en la
frente de los fieles: "Recuerda que polvo eres y al polvo volverás”.
Su origen
En el Antiguo Testamento las
cenizas son utilizadas para expresar luto (Jeremías 6,26),
deseo de conseguir algún favor de Dios (Daniel 9,3) y arrepentimiento (Judith
4,11)… La Enciclopedia Católica
explica que durante el Jueves Santo los primeros cristianos se colocaban ceniza
en la cabeza y un “hábito penitencial”, como símbolo de penitencia pública. Y
aunque la Cuaresma adquirió un carácter plenamente penitencial en el siglo IV,
no fue hasta el siglo XI que se implementó
el rito de la imposición de la ceniza el Miércoles de Ceniza.
Posteriormente, el rito de la imposición
de ceniza se extendió rápidamente por toda la Iglesia Católica y se
convirtió en una parte importante de la Cuaresma…
Agencia Católica de Informaciones - ACI Prensa
jueves, 29 de enero de 2026
lunes, 12 de enero de 2026
PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN
ENERO : CORAZÓN CAUTIVO
Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar
LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS
Hermosura del
Corazón de Jesús ¡Cautiva mi corazón!
Cuando pensamos en la Eucaristía y en el
Corazón de Jesús nos damos cuenta de que hay una doble cautividad.
Por un lado, Jesús se ha hecho cautivo, se
ha dejado encerrar en las especies del pan, y en la caja del sagrario.
Está allí de alguna manera “prisionero de amor”, no
tiene libertad de ir donde quiera, sino que se deja traer y llevar igual que en
el tiempo de su pasión. Su cautividad está, sin embargo, motivada por el Amor.
Se queda bajo la especia del pan para estar más cerca de nosotros, se reserva en
el sagrario para hacernos compañía.
Por otro lado, para sus
adoradores, los que buscan ratos largos de hincarse ante
la majestad de Dios escondida en el Sacramento, les
ocurre con el tiempo que quedan ellos mismos cautivos, o cautivados por el Amor
de Jesús Eucaristía. Descubren como un poderoso imán del que ya
es muy difícil separarse y sienten la atracción siempre que pasan cerca de un
sagrario. Están como cautivados por tanta humildad, por tanta paciencia, por
tanta bondad. A veces decimos que tal o cual persona nos ha cautivado. Con más
razón que nadie se lo podemos aplicar a Jesús.
Así lo hace la Iglesia, en su oración de acción de
gracias, después de la Comunión de la Misa del Sagrado Corazón
dice: “Señor, que el sacramento de la caridad encienda en nosotros el fuego del
amor santo por el que, cautivados siempre por tu Hijo,
aprendamos a reconocerle en los hermanos. Él, que vive y reina
por los siglos de los siglos”.
Es la misma actitud que
quería infundir Luis de Trelles en la ANE: “Adoradores
en la noche, testigos en el día. Dejarse cautivar por el Dios
cautivo, para poder prender con su fuego el mundo.
Acercarse al trono de la gracia para alcanzar misericordia y auxilio”. Con qué
sorpresa Trelles repasa los contrastes divinos que
ve sintetizados en la Eucaristía: “La justicia y la paz; la
misericordia y el juicio, el amor y la ira, la providencia y el respeto o mejor
la reverencia a la humana libertad, la omnipotencia y la humildad que se reúnen
en el Hombre Dios, la mansedumbre y la justicia innata del Verbo Divino imagen
sustancial y espejo sin mancilla de la divinidad; la suprema soberanía que es
inamisible en Dios y la obediencia admirable que ostenta su divino Hijo durante
su vida en carne: son fases diversas de un misma rayo de luz purísima que
irradia del Eterno Padre y brilla sin sombra a través de la encarnación en
Jesús, Dios y hombre verdadero, persona divina por quien se han hecho todas las
cosas y criatura modelo en cuanto hombre de la diestra del Altísimo”.
Se puede decir que don Luis queda
totalmente cautivado por el misterio que contempla en sus noches de adoración,
hasta el punto de no encontrar palabras. Por eso exclama: ”Jesús, manifestación
del Padre igual a él y aun idéntico en esencia, bajó en persona y vino a
acercarnos este bellísimo prototipo, para expresarnos de algún modo y a
cautivar el humano corazón por ministerio de un amor que no hay palabras para
expresar, sin que pudiese por eso menoscabarse ninguno de los atributos de la
divina esencia. ¡Arcano impenetrable de luz y de amor que es
mejor adorar que explicar, por qué es incomprensible, y
que sólo pude la criatura admitir para tributarle profunda adoración y
dedicarle un amor sin límites cuanto cabe en el corazón del hombre en cuyo
fundo hay algo de insondable e infinito! Yo te adoro Señor en estos
altísimos misterios que nos revelan una tan
perfecta bondad y que nos ofrecen tanta merced”.
Trelles entiende que Dios ha venido al mundo para
hacernos prisioneros de su amor, y ve cómo quizá la mayor
estrategia que ha encontrado para ello es precisamente la de dejarse aprisionar
él mismo en un alimento tan sencillo como el pan, para poder darnos vida y
unirse a nosotros en un abrazo espiritual misterioso. Nos apunta una bella
analogía que quizá hoy nos puede servir para hacer nuestra meditación ante el
Santísimo: ”El Hijo de Dios puede decirse que se despojó de su justicia para
humanarse y para atraer al hombre por los vínculos de su caridad. Parece como
que el rey de la gloria, al disfrazarse y sobre vestirse de la carne del
hombre, como el hijo de un monarca poderoso que viniese a traer dones a un
pobre siervo, se obligó por un afecto incomprensible a ocultar o
velar los rayos de su justicia para aparecer con la gracia que convenía a sus
fines de amor”. (Trelles
LS, 3, 1872)
Preguntas para el
diálogo y la meditación.
■ ¿Alguna vez te has
sentido cautivado por algo?
■ ¿Cómo seguiría la
historia que nos ha sugerido Trelles?
■ ¿Qué cosas son las
que más te llaman la atención del misterio eucarístico?
domingo, 28 de diciembre de 2025
martes, 23 de diciembre de 2025
EL «BELÉN» COMO PREPARACIÓN A LA NAVIDAD
… En muchas familias, siguiendo una hermosa y consolidada tradición, inmediatamente después de la fiesta de la Inmaculada se comienza a montar el belén, para revivir juntamente con María los días llenos de conmoción que precedieron al nacimiento de Jesús. Construir el belén en casa puede ser un modo sencillo, pero eficaz, de presentar la fe para transmitirla a los hijos.
El
belén nos ayuda a contemplar el misterio del amor de Dios, que se reveló en la
pobreza y en la sencillez de la cueva de Belén. San Francisco de Asís
quedó tan prendado del misterio de la Encarnación, que quiso reproducirlo en
Greccio con un belén viviente; de este modo inició una larga tradición popular
que aún hoy conserva su valor para la evangelización.
En efecto, el belén puede ayudarnos a comprender el secreto de la
verdadera Navidad, porque habla de la humildad y de la bondad
misericordiosa de Cristo, el cual «siendo rico, se hizo pobre» (2 Co 8,9) por nosotros. Su pobreza enriquece a
quien la abraza y la Navidad trae alegría y paz a los que, como los pastores de
Belén, acogen las palabras del ángel: «Esto os servirá de señal: encontraréis
un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12). Esta sigue siendo la señal, también
para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI. No hay otra
Navidad…


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