Adoración Nocturna de Cádiz
Espiritualidad Católica como fuente testimonial. Tras el reconocimiento de nuestro carisma cristiano, buscamos ser consecuentes y por lo tanto expandir el Evangelio de Cristo en nuestra sociedad.
TIEMPOS LITURGICOS
miércoles, 25 de marzo de 2026
sábado, 21 de marzo de 2026
CAMINO HACIA LA PASCUA
En nuestro itinerario cuaresmal hemos
llegado al quinto domingo, caracterizado por el evangelio de la
resurrección de Lázaro (cf. Jn 11, 1-45). Se trata del
último gran «signo» realizado por Jesús, después del cual los sumos sacerdotes reunieron
al sanedrín y deliberaron matarlo; y decidieron
matar incluso a Lázaro, que era la prueba viva de la divinidad de Cristo,
Señor de la vida y de la muerte.
En realidad, esta página evangélica
muestra a Jesús como verdadero hombre y verdadero Dios. Ante todo, el
evangelista insiste en su amistad con Lázaro y con sus hermanas Marta y María.
Subraya que «Jesús los amaba» (Jn
11, 5), y por eso quiso realizar ese gran prodigio. «Lázaro,
nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo» (Jn 11, 11),
así les habló a los discípulos, expresando con la metáfora del sueño el punto
de vista de Dios sobre la muerte física: Dios la considera precisamente como un
sueño, del que se puede despertar.
Jesús demostró un poder absoluto
sobre esta muerte: se ve cuando devuelve la vida al
joven hijo de la viuda de Naím (cf.
Lc 7, 11-17) y a la niña de doce años (cf. Mc 5, 35-43).
Precisamente de ella dijo: «La niña no ha muerto; está dormida» (Mc 5, 39),
provocando la burla de los presentes. Pero, en verdad, es precisamente así:
la muerte del cuerpo es un sueño del que Dios nos puede despertar en cualquier
momento.
Este señorío sobre la muerte no
impidió a Jesús experimentar una sincera compasión
por el dolor de la separación. Al ver llorar a Marta y María y a cuantos habían
acudido a consolarlas, también Jesús «se conmovió
profundamente, se turbó» y, por último, «lloró» (Jn 11, 33. 35). El
corazón de Cristo es divino-humano: en él Dios y hombre se
encontraron perfectamente, sin separación y sin confusión. Él es la imagen, más
aún, la encarnación de Dios, que es amor, misericordia, ternura paterna y
materna, del Dios que es Vida.
Por eso declaró solemnemente a
Marta: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree
en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá
para siempre». Y añadió: «¿Crees esto?» (Jn 11, 25-26). Una
pregunta que Jesús nos dirige a cada uno de nosotros; una
pregunta que ciertamente nos supera, que supera nuestra capacidad de
comprender, y nos pide abandonarnos a él, como
él se abandonó al Padre.
La respuesta de Marta es ejemplar: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo» (Jn 11, 27). ¡Sí, oh, Señor! También nosotros creemos, a pesar de nuestras dudas y de nuestras oscuridades; creemos en ti, porque tú tienes palabras de vida eterna; queremos creer en ti, que nos das una esperanza fiable de vida más allá de la vida, de vida auténtica y plena en tu reino de luz y de paz.
Encomendemos esta oración a María
santísima. Que su intercesión fortalezca nuestra fe y nuestra esperanza en
Jesús, especialmente en los momentos de mayor prueba y dificultad.
De una alocución de Benedicto XVI, Pp
¿MIEDO A
QUEDAR ANTICUADOS?
En diversos
momentos de la historia surge un miedo íntimo a perder el tren del progreso, a
quedarse anticuados, a sucumbir bajo acontecimientos e ideas que avanzan
triunfantes. Ése miedo es sano si lo nuevo resulta mejor que lo antiguo. Ése
miedo es confuso si no hemos pensado seriamente donde está lo mejor y donde lo
peor. Ése miedo es suicida y enfermizo cuando algo nuevo destruye elementos
buenos del pasado y avanza hacia metas irracionales, incluso negativas.
Un Adorador, ¿puede tener miedo a
quedar anticuado? En
realidad, si está
profundamente enraizado en Cristo Eucaristía, si cree con fe autentica en la Victoria del Maestro,
si lee y busca vivir el Evangelio, si acoge lo que dicen el Papa y los
obispos cuando exponen su doctrina... un cristiano así no tendrá nunca miedo a quedar anticuado. Porque
vivir según la fe de la Iglesia no es anclarse en ideas caducas que hoy sirven y mañana se tiran,
sino que permite al
creyente construir su existencia sobre una Roca viva y presente en el tiempo y más allá
del tiempo: Jesucristo.
Por eso no
tenemos miedo a quedar anticuados. Él Evangelio conserva una vitalidad y un
empuje que vale para todos los hombres, en todos los tiempos, a través de las
diferentes culturas. Es levadura que rejuvenece, es sal que purifica, es agua
que lava, es alimento que da Vida Eterna.
Solo queda anticuado quien sigue
modas pasajeras, quien abraza novedades sin un sano discernimiento, quien promueve libertades orientadas
al capricho y a la comodidad, quien renuncia al sano sacrificio, quien avanza por la puerta
amplia que lleva a la
perdición (cf. Mt
7,13-14).
No tenemos miedo a quedar anticuados, porque la verdad nunca pasa, mientras que cielos y tierras quedan enjaulados en el flujo del tiempo (cf. Mt 24,35). Ante nuestros ojos sucumben los engaños del mundo, del demonio y de la carne. La belleza de la Eucaristía brilla con la frescura de una mañana eterna y joven. No tenemos miedo, sino esperanza, porque Él ha vencido al mundo (cf. Jn 16,33)…. Y nosotros le adoraremos en la noche.
De un artículo rescatado por Ricardo Nieto, Adorador Nocturno.
sábado, 14 de marzo de 2026
CAMINO HACIA LA PASCUA
En estos domingos de
Cuaresma, a través de los
pasajes del evangelio de san Juan, la liturgia nos
hace recorrer un verdadero itinerario bautismal: el domingo pasado, Jesús prometió a la samaritana el don del
"agua viva"; hoy, curando al ciego de
nacimiento, se revela como "la luz del mundo"; el domingo próximo, resucitando a su amigo Lázaro, se presentará como "la resurrección y la vida". Agua, luz y vida: son símbolos
del bautismo, sacramento que
"sumerge" a los creyentes en el misterio de la muerte y resurrección
de Cristo, liberándolos de la esclavitud del pecado y dándoles la vida eterna.
Detengámonos brevemente en el relato del ciego de nacimiento (cf. Jn 9,
1-41). Los discípulos, según la mentalidad común
de aquel tiempo, dan por descontado que su ceguera es consecuencia de un pecado
suyo o de sus padres. Jesús, por el contrario, rechaza este prejuicio y afirma:
"Ni este pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de
Dios" (Jn 9, 3). ¡Qué consuelo nos proporcionan estas palabras! Nos hacen
escuchar la voz viva de Dios, que es Amor providencial y sabio. Ante el hombre marcado por su limitación y por el sufrimiento,
Jesús no piensa en posibles culpas, sino en la voluntad de Dios que ha creado al hombre para la vida. Y por eso declara
solemnemente: "Tengo que hacer las obras
del que me ha enviado. (...) Mientras estoy en el mundo, soy la luz del
mundo" (Jn 9, 4-5).
Inmediatamente pasa a la
acción: con un poco de tierra y de saliva hace barro y lo unta en los ojos del
ciego. Este gesto alude a la creación del hombre, que la Biblia narra con el símbolo de la tierra modelada y
animada por el soplo de Dios (cf. Gn 2,
7). De hecho, "Adán" significa "suelo", y el
cuerpo humano está efectivamente compuesto por elementos de la tierra. Al curar al hombre, Jesús realiza una nueva creación. Pero esa curación suscita una encendida discusión, porque Jesús
la realiza en sábado, violando, según los fariseos, el precepto festivo. Así,
al final del relato, Jesús y el ciego son "expulsados" por los
fariseos: uno por haber violado la ley; el otro, porque, a pesar de la
curación, sigue siendo considerado pecador desde su nacimiento.
Al ciego curado Jesús le revela que ha venido al mundo para
realizar un juicio, para separar a los ciegos curables de aquellos que no se
dejan curar, porque presumen de sanos. En
efecto, en el hombre es fuerte la tentación de construirse un sistema de
seguridad ideológico: incluso la religión puede convertirse en un elemento de
este sistema, como el ateísmo o el laicismo, pero de este modo uno queda cegado
por su propio egoísmo.
Dejémonos curar por Jesús, que puede y quiere darnos la luz de
Dios. Confesemos nuestra ceguera, nuestra miopía y, sobre todo, lo que la Biblia llama el
"gran pecado" (cf. Sal 19,
14): el orgullo. Que nos ayude en esto María santísima, la cual, al engendrar a
Cristo en la carne, dio al mundo la verdadera luz.
De una alocución de Benedicto XVI, Pp
NADA ES NUEVO
La Vigilia es nuestro
acto de servicio, nuestra razón de Adorador. Tú, que no faltas a tu oficina, a tu
trabajo, a tus citas; unos impuestos por la necesidad de vivir, otras por
conveniencias sociales, ¿serás capaz de faltar a tu real servicio nocturno por
razones que no te hubieras atrevido a alegar para tus compromisos humanos?
Me dirás: “en ello no hay pecado”. ¡Tibio, tibio solamente! Y además desertor. Si todos tus hermanos de Adoración tuvieran ese espíritu, corroería la carcoma nuestros abandonados reclinatorios y estarían cegados de sucias telarañas los ventanales de nuestros templos solitarios. No, el día en que el Señor nos honró con tan alta distinción quedamos obligados a Él con todo nuestro cuerpo y alma, y si ni dándole ambos por entero podemos pagarle en nada, ¿crees tener mejor moneda?
No es pecado, cierto, y , para mayor tranquilidad de tu conciencia, así te lo advierte el Reglamento; pero no queda muy alto el concepto que pueda tenerse te tu fidelidad a la palabra dada, cuando faltas al compromiso fundamental del Adorador de asistir a sus vigilias. ¿Qué cicatería, qué tacañería de alma es esa? ¿No puedes dedicarle a tu Señor una noche al mes? ¿Tan apretado andas de tiempo?
Con
toda tu honda amargura vibra el dulce reproche que no ha perdido vigor a través
de los siglos: ¿De modo que no habéis podido velar conmigo
una hora?” Y luego la terrible frase: “dormid ya y descansad, que
ya se acerca la hora y el hijo del hombre va a ser entregado en manos de los
pecadores”. ¡Sí, durmamos y descansemos para que tengan libre el camino los
Judas que le venden, los Herodes que le injurian y los Pilatos que le condenan!
¡Dejémosle solo, como
entonces, como siempre, mientras le quede una gota de sangre que derramar, un
insulto que sufrir, un tormento que padecer!
Y mientras su Cuerpo cuelga hecho jirones de la cruz, ¡sus leales guardias nocturnos hacen su vela… durmiendo! Y ahora, ¿entiendes, hermano Adorador, por qué, aunque no sea pecado, debes de asistir por encima de todo a tu Vigilia? Sé de tus ocupaciones, de tus achaques, de tu familia, de tu cansancio, de tu falta de tiempo; pero se también que un día se borrará todo eso como un mal sueño; El, que está aquí y allí, seguirá allí y aquí y al sumergirte en la infinita felicidad de su presencia lamentarás no haberle dedicado todas las noches de tu vida. ¡Hermanos, una sola noche al mes!
(De la Lámpara del Santuario. Noviembre de 1.956)
sábado, 7 de marzo de 2026
CAMINO HACIA LA PASCUA
En este tercer domingo de
Cuaresma la liturgia vuelve a proponernos este año uno de los
textos más hermosos y profundos de la Biblia: el diálogo entre
Jesús y la samaritana (cf. Jn 4,
5-42). San Agustín... se sentía con razón fascinado por este
relato, e hizo un comentario memorable de él. Es imposible expresar en una
breve explicación la riqueza de esta página evangélica: es preciso leerla y
meditarla personalmente, identificándose con aquella mujer que, un día como
tantos otros, fue a sacar agua del pozo y allí se encontró a Jesús
sentado, «cansado del camino», en medio del calor del mediodía. «Dame de
beber», le dijo, dejándola muy sorprendida. En efecto, no era
costumbre que un judío dirigiera la palabra a una mujer samaritana, por lo
demás desconocida. Pero el asombro de la mujer estaba destinado a aumentar: Jesús
le habló de un «agua viva» capaz de saciar la sed y de convertirse
en ella en un «manantial de agua que salta hasta la vida
eterna»; le demostró, además, que conocía su vida personal; le
reveló que había llegado la hora de adorar al único Dios verdadero en espíritu
y en verdad; y, por último, le aseguró —cosa muy rara— que era el Mesías.
Todo esto a partir de la
experiencia real y sensible de la sed. El tema de la sed atraviesa
todo el evangelio de san Juan: desde el encuentro con la samaritana, pasando
por la gran profecía durante la fiesta de las Tiendas (cf. Jn 7, 37-38),
hasta la cruz, cuando Jesús, antes de morir, para que se cumpliera la
Escritura, dijo: «Tengo sed» (Jn 19, 28). La
sed de Cristo es una puerta de acceso al misterio de Dios, que
tuvo sed para saciar la nuestra, como se hizo pobre para enriquecernos (cf. 2 Co 8, 9).
Sí, Dios tiene sed de
nuestra fe y de nuestro amor. Como un padre bueno y
misericordioso, desea para nosotros todo el bien posible, y este bien es él
mismo. En cambio, la mujer samaritana representa la
insatisfacción existencial de quien no ha encontrado lo que busca:
había tenido «cinco maridos» y convivía con otro hombre; sus continuas idas al
pozo para sacar agua expresan un vivir repetitivo y resignado. Pero
todo cambió para ella aquel día gracias al coloquio con el Señor Jesús,
que la desconcertó hasta el punto de inducirla a dejar el cántaro del agua y
correr a decir a la gente del pueblo: «Venid a ver un hombre que me ha dicho
todo lo que he hecho: ¿será este el Mesías?» (Jn 4, 28-29).
Que nos obtenga este don María, la primera y
perfecta discípula del Verbo encarnado.
De una alocución de Benedicto XVI, Pp
viernes, 6 de marzo de 2026
PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN
MARZO : HORNO
ENCENDIDO.
Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar
LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA
INTIMIDAD CON DIOS
Eucaristía, Pan recién salido del horno del Amor.
Todos hemos vivido la sensación de sentir
cómo un horno con su calor va convirtiendo una masa de harina y otros
ingredientes en un delicioso bizcocho o en unos bollitos que huelen de
maravilla… El horno es esencial para convertir lo que no sería más
que una masa informe en una repostería apetitosa… El calor hace
cosas maravillosas cuando se aplica bien.
La analogía culinaria puede servirnos. Muchas
veces se ha llamado al Corazón de Jesús “horno encendido de caridad”. Y
es que hay mucha relación entre el amor y el calor. También el amor, bien
aplicado es capaz de sacar de las personas las cosas más hermosas, de convertir
su masa en verdaderas maravillas. Lo que está crudo y frío, se hace cuando se
sabe amado, sabroso y entregado.
Cuando nosotros nos dejamos
hornear por Jesús poniéndonos a su vera en la Eucaristía, sin
que nos demos cuenta, Jesús va infundiendo sobre nosotros el calor
de su caridad, de tal manera que
nos prepara para entregarnos a los demás con gusto. Él
mismo, de alguna manera está ardiendo en el fuego del Espíritu Santo, por eso
dice que “he venido a prender fuego a la tierra” y
que “ojalá estuviera ya ardiendo”. El fuego puede arrasar y abrasar todo lo
malo, y así hace Jesús, pero también puede hacer aparecer, como en el caso de
la cocina, virtudes insospechadas en la masa y en los ingredientes.
Nuestra masa son nuestros
deseos de santidad, nuestras pobres mortificaciones, nuestros
sentimientos de amor tan chicos, nuestras buenas intenciones y nuestros
propósitos mil veces repetidos. En realidad, con todo esto uno piensa que es
difícil hacer un buen alimento, alcanzar la santidad. Pero si lo juntamos todo
y lo ponemos en el Corazón Eucarístico de Jesús, al calor
del Espíritu Santo... Dios que es el mejor cocinero, puede
con su amor, convertir nuestra pobre masa en alguna delicia,
como ha hecho con tantos santos. Además, en el bendito
Corazón de Jesús, se “hornea” cada día el pan más maravilloso del mundo, la
Eucaristía. Pan recién salido del horno del Amor. Pan
para alimentar a los pobres del mundo de las almas -a nosotros-. Este pan no es
prefabricado e insulso, es un pan que sacia, un pan de ángeles. ¿Sabías que
Belén significa literalmente Casa-del-pan?
Hagamos hoy como D. Luis de Trelles, juntemos nuestros
ingredientes, nuestras poquitas cosas, y
presentémoselos a María, la divina panadera, para que ella nos amase y nos
introduzca en el horno encendido del Corazón de Jesús.
Unamos incluso nuestro grano al trigo de
Jesús ofrecido para dar vida, y horneados con él por el amor, convirtámonos en
alimento para el mundo. -“Os ofrezco estos mis humildes votos y
tibios deseos, reunidos a los que emanan del divino
corazón de Jesús en la santa Eucaristía, y os presento los sentimientos y
latidos de ese horno incandescente de caridad por mis pecados y por los del
mundo; y para sufragio de las benditas almas del purgatorio: esperando
que admitáis esta ofrenda, pobre en cuanto mía, y grande por lo
que de ella es vuestro, para otorgarme la gracia de no pecar más
y luego la dicha de veros eternamente en la gloria, con el Padre Eterno y el
Espíritu Santo, por los siglos sin fin”-. (Trelles, LS 3, 1872)
Preguntas
para el diálogo y la meditación.
■
¿En
qué se parece el amor y el calor? ¿Qué relaciones tienen?
■
¿Cómo
se puede aplicar a la Eucaristía?
■ ¿Qué cosas hay en nuestra vida que podemos “hornear” en la Eucaristía?
jueves, 5 de marzo de 2026
PLENO NACIONAL DE A.N.E. 2026
Durante los días 27, 28 y 01 del pasado
mes de febrero-marzo tuvo lugar, en la Casa de Ejercicios San José de El
Escorial (Madrid), el anual Pleno Nacional, reuniendo con tal motivo un
considerable número de Presidentes Diocesanos, algunos de Sección; Consiliario
Nacional Ilmo. Rvdmº. D. José Rico Pavés; los Viceconsiliarios Rvds. D. Juan M. Melendo
y D. Francisco Casas, así como los Vocales del Consejo Nacional, Sacerdotes y
Religiosas colaboradoras.
La tarde del viernes 27 fue de emotivos
encuentros entre viejos amigos y conocidos, venidos desde muy diversas partes
de nuestro país y a los que une el sentimiento de pertenencia a un carisma
común: el de la Adoración Nocturna a Jesús Sacramentado.
Oficialmente comenzó el Pleno con el
saludo y bienvenida del Presidente Nacional D. José María Pérez-Mosso Nenninger
a todos los asistentes y la presentación de Monseñor Rico Pavés, que en esta
ocasión nos distinguía con su presencia; continuándose seguidamente con el rezo
de Vísperas en el Salón-Capilla de la Residencia, rogando al Señor por los
frutos de este nuevo encuentro.
Tras la presentación de los asistentes y
posterior cena, en la que además de los alimentos, los comensales compartieron en
animada charla, opiniones, confidencias y experiencias; finalizó el día con la
celebración de la Santa Misa, presidida, en esta ocasión, por nuestro Obispo
Consiliario y el rezo de Completas.
El sábado 28 comenzó con la oración de
Laudes. Tras el desayuno se inicia el Pleno en el salón de actos de la Casa, abriéndose
con el rezo de las Preces y Oración conmemorativa del 150 aniversario que dan
paso a la lectura y aprobación del Acta del Pleno anterior. Continuó la sesión
con la exposición de los distintos informes: Secretaría, Tesorería con la
aprobación de presupuestos y balances, así como otros correspondientes a las
actividades propias del Consejo Nacional.
Al medio día, y tras el rezo del Ángelus,
la conferencia del Consiliario Nacional y Obispo de Asidonia-Jerez Monseñor D.
José Rico Pavés, titulada “La forma eucarística de la vida cristiana” (Grabada para su visualización en
YouTube).
Acabado el preceptivo descanso y almuerzo
se pasó al Salón-Capilla para el rezo de la Coronilla de la Misericordia y la
Hora Intermedia; reanudándose el Pleno que comienza con el informe de las
diferentes Vocalías: de Juventud, de Zonas, etc. Significando la exposición por
parte de la Vocal para la Causa de los Santos, sobre las incoadas desde las
distintas diócesis sobre los llamados “mártires de la guerra”; también el Vocal
encargado de la “Lámpara del Santuario”, revista oficial de la Adoración
Nocturna en España y fundada por D. Luis de Trelles, emitió su informe y nos
animó a seguir aumentando sus suscripciones. Recordando la fusión del Consejo
Nacional con la Fundación Luis de Trelles se tuvo un especial recuerdo a todos
los que trabajaron incansablemente en dicha Fundación con sus múltiples
trabajos y publicaciones y que hoy ya descansan y participan de la Eterna
Adoración.
Tras la merienda dio comienzo una mesa de trabajo, organizada por grupos y coordinados por Beatriz, Vocal del Consejo nacional, que consistió en un pequeño estudio de varios escritos de los publicados por D. Luis de Trelles en la “Lámpara del Santuario”, finalizando con una muy instructiva puesta en común para la comprensión de dichos textos.
Concluía
el sábado con el rezo de Vísperas y el Santo Rosario antes de pasar a cenar,
para que, tras un pequeño descanso, celebrar la Santa Misa y comenzar los
turnos de la Vigilia Nocturna, quedando expuesto el Santísimo Sacramento toda
la noche hasta la mañana siguiente, siendo velado por los adoradores/as asistentes.
El domingo, primero del mes de marzo, comenzó la actividad finalizando la Vigilia Nocturna con la Bendición de Su Divina Majestad y el rezo de Laudes. Acabado el desayuno y el desalojo de las habitaciones se pasó al jardín para la tradicional foto de grupo como recuerdo de tan gratas jornadas vividas; reanudándose el Pleno para concluir los últimos asuntos, entre ellos la presentación de la Peregrinación anual de la Federación Mundial de Obras Eucarísticas de la Iglesia; finalizado este, y tras el rezo del Ángelus, se cerró la asamblea con una pequeña exposición sobre el artículo publicado por D. José Mª Pérez-Mosso en la revista Cristiandad, titulado “La Adoración Nocturna y la Realeza de Cristo” y con unas sentidas palabras de agradecimiento del Sr. Presidente a todos los asistentes, animando a perseverar adorando a Jesús Sacramentado en las horas de la noche, se concluyó con la concesión de una mención honorífica y entrega de sendas Placas a dos Veteranos Vocales del Consejo Nacional que generosamente siguen entregado su tiempo al servicio de la Obra.
Como despedida, puso el colofón la celebración de la Santa Misa, antes de pasar al comedor para la última comida de fraternidad, poniendo seguidamente camino a las diferentes localidades de origen.
Francisco de la Torre, Presidente Diocesano de Cádiz.


