Espiritualidad Católica como fuente testimonial. Tras el reconocimiento de nuestro carisma cristiano, buscamos ser consecuentes y por lo tanto expandir el Evangelio de Cristo en nuestra sociedad.
TIEMPOS LITURGICOS
miércoles, 3 de junio de 2026
LA GRAN FIESTA DE LOS ADORADORES NOCTURNOS
Para la Adoración Nocturna, la Solemnidad del Corpus Christi es
considerada su fiesta espiritual por excelencia y
la más importante del año. Representa
el culmen de su vocación, ya que es el día en que se
rinde culto público y solemne al Santísimo Sacramento,
celebrando la presencia real y viva de Jesucristo en la Eucaristía:
… “Queridos hermanos: Se
abre el mes de junio con la gran solemnidad del Cuerpo
y la Sangre de Cristo, el Corpus Christi, que en algunos
lugares de España se continúa celebrando en jueves, y en otros, la mayoría, el
domingo siguiente a la Santísima Trinidad… Es nuestra fiesta, la fiesta
de los adoradores, la fiesta de la Adoración Nocturna.
Porque, sin el Señor Sacramentado, que es al que adoramos, nada de esto tendría
sentido. Escuché una homilía el domingo de la Ascensión, que este año coincidió
con el día de nuestro Santo Patrón, San Pascual Bailón, en la que el
predicador, dijo que: “...gracias a que Jesús había subido al cielo, se había
ido de la tierra físicamente, podemos adorarlo en la Eucaristía, es el sacramento
que nos dejó para cumplir su promesa cuando dijo que estaría
con nosotros hasta el fin de los tiempos después de enviarnos al
Espíritu Santo…”
De esta forma, sigue con
nosotros, en la Sagrada Hostia, real y verdaderamente presente, aunque
no veamos su cuerpo, pero está ahí: la fe sí que lo ve. Quizá tampoco somos
conscientes del gran milagro que supone la Eucaristía, porque mediante Ella,
Cristo está presente en todas las partes y lugares del mundo simultáneamente; se
hace presente en todas las misas que se celebran en nuestro planeta, y en
todas ocurre el milagro de la
transubstanciación, da igual quien sea el oficiante, desde el
más humilde sacerdote hasta el mismo Papa, pasando por Obispos, Cardenales, etc…,
E incluso se hace presente independiente de las cualidades morales
del consagrante. Ya que sostenía la herejía
donatista, movimiento cismático iniciado en el siglo IV en Numidia
(actualmente Argelia), que, por diversas actuaciones contradictorias de los
eclesiásticos, Donato, obispo de Cartago, defendía que
solo los sacerdotes cuya vida fuese intachable podían administrar válidamente
los sacramentos, y muy especialmente este de la
Transubstanciación del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor, es
decir, la Sagrada Comunión; de manera, que la comunión impartida
por los sacerdotes indignos no era válida, puesto que en esas
formas no había “bajado” Cristo, no se habían transformado en su Cuerpo. En
este sentido fueron muy extremistas.
Estas doctrinas fueron
condenadas por el concilio de Arlés en 314 (aunque no consiguió
acabar con ellas), y combatidas fuertemente por San Agustín, ya
a principios del siglo V. Este santo consiguió que el emperador Honorio
convocara en el año 411 una enorme Asamblea Pública de obispos partidarios de
las dos opciones (donatistas y no donatistas), quedando
abolida esta corriente por el emperador en 412, cuyos
flecos acabaron con la islamización posterior de las tierras africanas y la
práctica desaparición del cristianismo. Triunfó, pues, la corriente
Objetivista, es decir, que la gracia de
la Ordenación Sacerdotal es la que confiere al ministro la potestad para
impartir los sacramentos por la intercesión divina, independientemente
de su entereza moral, aunque esta sea, lógicamente, deseable. Por
eso, la Iglesia, nos pide que recemos constantemente por los sacerdotes, para
que sean santos e irreprochables.
Os invito en estos días que se avecinan, a
gozar con las celebraciones en honor del Señor Sacramentado, con los Triduos,
Octavas, Procesiones… Os invito a participar a cada uno en la de su
correspondiente parroquia, Sección, etc. Y cómo no, a
vivir la gran Fiesta Diocesana de las Espigas” …
Juan Jorge García, Presidente Diocesano de Sevilla. De una carta del Boletín Diocesano
sábado, 30 de mayo de 2026
REFLEXIONES PARA
ADORADORES DE TODOS LOS TIEMPOS
El adorador nocturno no
solamente debe ser activo en la 0ración, sino también en el sacrificio.
El reglamento nos pide que asistamos una
noche de cada mes a la Vigilia ordinaria y que velemos en esa noche durante la
hora que se nos designe. Indudablemente que para cumplir ese deber es necesario
hacer muchos pequeños sacrificios. Dejar las comodidades,
pocas o muchas, de nuestro hogar; abandonar a la familia que queda intranquila
por nuestra ausencia; pasar la noche en un sitio poco adecuado, a veces
verdaderamente incómodo, como sucede en algunas Secciones; permanecer en vela
durante algún tiempo, cuando el cansancio natural nos agobia; sufrir las
inclemencias del tiempo y a veces largas y peligrosas caminatas, como tienen
que soportarlo hermanos alejados de los centros poblados ... , todo esto
es sacrificio y a veces bastante duro.
¿Cuál es la actividad que el
adorador puede desarrollar en ese aspecto?
En primer lugar, cumplir
fielmente con esos deberes, sea cual fuere el trabajo y
dificultades que se nos presenten. Ser
pues, estrictamente puntuales en nuestra
asistencia, aunque nos sintamos ligeramente indispuestos, aunque la familia se
acongoje un poco, aunque la lluvia o el frio traten de impedirnos el asistir.
Además, aceptar de buen agrado la hora de vela que
se nos fije, el sitio para descanso que se nos señale, el cambio de turno que
nos ordenen y, en general, cualquier cosa que quizá pueda contrariar
nuestro gusto.
No olvidemos, además, que en el
sacrificio hay tres grados: 1º, el aceptarlo sin repugnancia; 2º, que
es más alto, el desearlo
con amor; y 3º, más alto todavía, el
buscarlo con gozo y alegría.
Cuando tú, hermano adorador nocturno, asistas a tus vigilias con verdadero anhelo y procures que te sean dadas las horas de vela más pesadas, el rinconcito más humilde para descansar y todo lo que sea más duro y difícil, entonces serás verdaderamente activo en el sacrificio.
LA LÁMPARA DEL SANTUARIO 1949
martes, 26 de mayo de 2026
sábado, 23 de mayo de 2026
PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN
Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar
LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD
CON DIOS
Comulgar es uno de los momentos más hermosos que puede vivir el cristiano como adelanto del Cielo.
En todas la Vigilias de la Adoración
Nocturna tenemos la posibilidad de comulgar. ¡Ojalá lo hagamos como se merece
este gran acto de amor! Con fe en el misterio que
recibimos, en estado de gracia y habiendo
guardado
el ayuno eucarístico… Tres mínimos para acercarnos
a él, pero máximos no hay ninguno. Ojalá que nuestra fe sea
muy viva, nuestra caridad ardiente y nuestra preparación corporal grande.
Comulgar es uno
de esos momentos más hermosos que puede el cristiano vivir sobre la tierra.
Como un
adelanto del Cielo. Que las facilidades que la Iglesia Madre nos da en
este tiempo para poder hacerlo con frecuencia no permitan que se nos convierta
en un gesto rutinario.
Ojalá comulguemos siempre como el día de
nuestra primera comunión, con el mismo fervor e inocencia. Luis de Trelles escribió a su hija una serie
de cartas destinadas a prepararla para hacer
su
primera comunión. Son un tesoro catequístico que
nos pueden ayudar nuestra vigilia mensual para preparar el
corazón. Aquí algunas frases: “Detente en este misterio
que vas a recibir por vez primera, considerando
quién viene, cómo viene, para qué viene, lo que te pide, y los frutos que, de
esta merced, infinitamente amorosa, puedes llevar al fondo de tu
alma
y conservar allí toda tu vida. La comunión es y se compone de dos
palabras, que dicen común-unión, esto es, unión recíproca de dos seres, en
que el uno toma y recibe algo del otro mutuamente Y para el uno de los seres es
Dios,
toma para sí al comulgante y éste recibe de Dios, no sólo favores y virtudes,
sino al mismo Dios que en cierta manera se compenetra con su
criatura, comunicándose el Corazón de Jesús al del hombre o mujer
que lo recibe. Y puede entrar, si el cristiano lo desea de
veras, en intimidad adorable con el divino y amante Señor".
No hay poca materia de meditación en estas
frases. En cada comunión Dios nos abraza interiormente, es tan fuerte su deseo
de unión que no basta con un abrazo de dos cuerpos que se entrelazan. En su
caso su cuerpo entra dentro del nuestro para vivificarlos desde dentro, para
que su Corazón pueda comunicarse directamente con el nuestro. Es sin duda una
intimidad adorable, podemos adorar la Majestad de Dios, pero en
la intimidad de un abrazo interior. Además… "Esta
intimidad no se rompe si el mortal no la desecha ofendiendo al Criador,
pues, aunque después de la digestión desaparecen las especies, Jesucristo, en
cuanto Dios y hombre, queda de un modo especial unido a su criatura por
vínculos de amor inefable. Es la comunión, mi
hija querida, como un desposorio del alma con Dios, que quiere que aquella
viva de su vida, y que se congratula de hacer vida común con ella,
pudiendo decir el que guarda fidelidad a este enlace, que ya no vive sino de
Cristo como dice san Pablo: Vivo
yo, ya no yo, sino Cristo vive en mí”. (Trelles, LS 5, 1874, 165-168)
Como un desposorio, como un
vivir uno para el otro… la comunión eucarística
se ordena a la comunión de corazones. Tiene su momento fuerte en el
contacto sacramental, pero no cesa a no ser por nuestro pecado,
sino que crece en el día a día. "Adoradores en la
noche, testigos en el día". Esta es la divisa de
Trelles para nosotros.
Que nuestra comunión de hoy la vivamos
así, como un abrazo interior, en adorable intimidad, como un momento de
especial contacto con la carne de Cristo, de comunicación de corazón a corazón.
Que los diez minutos que transcurren mientras desaparecen las especies
eucarísticas sirvan de pauta e inspiración para las otras 24 horas de nuestro
día.
Preguntas para el diálogo y la meditación.
■
¿Recuerdas
alguna comunión especialmente vivida?
■
¿Cómo
te gusta recibir a Jesús cuando comulgas?
■
¿Qué
es lo primero que le dices?
jueves, 21 de mayo de 2026
sábado, 16 de mayo de 2026
LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR A LOS CIELOS
La liturgia pone ante
nuestros ojos, una vez más, el último de los misterios
de la vida de Jesucristo entre los hombres: Su Ascensión a los
cielos. Desde el Nacimiento en Belén, han ocurrido muchas cosas: lo hemos encontrado en la cuna, adorado por pastores y por reyes; lo hemos contemplado en los largos años de
trabajo
silencioso, en Nazaret; lo hemos acompañado a través de las tierras de
Palestina, predicando a los
hombres el Reino de Dios y haciendo el bien a todos. Y más tarde, en los días de su
Pasión,
hemos sufrido al presenciar cómo lo acusaban, con qué saña lo
maltrataban, con cuánto odio lo crucificaban.
Al dolor, siguió la
alegría luminosa de la Resurrección. ¡Qué fundamento más claro y más firme para
nuestra fe! Ya no deberíamos dudar. Pero quizá, como los Apóstoles, somos todavía débiles
y, en este día de la Ascensión, preguntamos a Cristo: ¿Es ahora cuando vas a
restaurar el reino de Israel?; ¿es ahora cuando
desaparecerán, definitivamente, todas nuestras perplejidades, y todas nuestras
miserias?
El Señor nos responde
subiendo a los cielos. También como los Apóstoles, permanecemos entre admirados y
tristes al ver que nos deja. No es fácil, en realidad, acostumbrarse a la
ausencia física de Jesús. Me conmueve recordar que, en un alarde de amor, se ha ido y se ha quedado; se ha ido al Cielo y se nos
entrega como alimento en la Hostia Santa. Echamos de menos, sin embargo, su palabra
humana, su forma de actuar, de mirar, de sonreír, de hacer el bien. Querríamos
volver a mirarle de cerca, cuando se sienta al lado del pozo cansado por el
duro camino, cuando llora por Lázaro, cuando ora largamente, cuando se
compadece de la muchedumbre.
Siempre me ha parecido lógico y me ha
llenado de alegría que la Santísima Humanidad de Jesucristo suba a la gloria
del Padre, pero pienso también
que esta tristeza, peculiar del día de la Ascensión, es una muestra del amor que sentimos por
Jesús, Señor Nuestro. El, siendo perfecto Dios, se hizo hombre, perfecto
hombre, carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre. Y se separa de
nosotros, para ir al Cielo. ¿Cómo no echarlo en
falta?
San José María Escrivá
de las obras del fundador del Opus Dei.
miércoles, 29 de abril de 2026
sábado, 11 de abril de 2026
PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN
ABRIL : TESORO
DE AMOR
Alabado sea el Santísimo
Sacramento del Altar
LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS
"Jesús quiere establecer en el mundo la
devoción a mi Inmaculado Corazón".
Es una de las frases que la
Virgen dijo en Fátima a los pastorcitos. Y
añadió "A quien la abrace le prometo la salvación".
Esos mismos pastorcitos poco antes habían aprendido a adorar la Eucaristía
llegando a recibir la comunión de manos de un Ángel. Unamos
también nosotros estos dos amores: a María y a la Eucaristía,
porque están así unidos en el Corazón de Jesús. Que lo que Dios ha unido en la
redención no lo separemos nosotros en nuestra devoción.
En efecto, Jesús
tiene sus delicias en estar entre los hijos de los hombres, y
es por eso que quiso permanecer en la presencia eucarística, es
por eso que el primero que disfruta en una noche de adoración es él, pues venimos
a responder a su deseo. Pero entre todos los
hijos de los hombres, quien más consuela y conforta su corazón es
sin duda María. Por tener ella el amor más puro y entregado.
En María el mismo Dios dejó
un rastro reconocible. En ella las virtudes de Dios se
convierten en una multitud de flores de gran belleza y colorido. Si cuando
hacemos cosas buenas se cultiva en nuestro corazón esas flores que lo
embellecen representando las virtudes, de alguna manera el Corazón de María es
el Jardín de Dios. Por ello su corazón se representa coronado de flores. Si
queremos dar gusto a Jesús, citémosle en el Corazón de María, si
queremos agradarle de veras, no nos olvidemos de que su
Madre esté presente.
Muchas veces rezamos ante Jesús en la
custodia: "Sagrado Corazón de Jesús, dame un corazón semejante al
tuyo". En el corazón inmaculado de María podemos ver la maravilla que Él
sería capaz de hacer si no pusiéramos obstáculos de nuestra parte. También
él nos quiere a nosotros "inmaculados e irreprochables ante él por el
amor". Quizá por ello, nos es tan útil y
conveniente cuando queremos ir a Jesús, pasar por María. Quizá por ello es tan frecuente en nuestras
vigilias de adoración empezar con el rezo del Rosario y acabar con el cántico
de la Salve.
Luis de Trelles tiene algunas preciosas
reflexiones sobre este misterio: "El
corazón de María es un tesoro de amor a Dios y a los hombres; y
por tanto este reclinatorio del Verbo en su vida dentro del claustro
materno, es un don para nosotros. Reclinatorio y fuente
purísima de la humanidad del Hijo de Dios, el Corazón de su
Madre puede decirse de alguna manera que es otra forma tierna de encarnación.
Allí dejó el Verbo el depósito de su misericordia y de sus virtudes; y lo dejó
para nosotros como medio y órgano de una caridad infinita para bien de los
pecadores. Luego que la Virgen Purísima se otorgó por Madre
de Dios, se hizo toda nuestra por su afecto maternal; y toda de Dios por
su desposorio y consagración a la Trinidad: doble punto de vista
de sus virtudes y de sus méritos que da lugar a un doble orden de
consideraciones de inefable dulzura."
¡Qué expresiones tan hermosas! Tesoro de amor, reclinatorio del Verbo, fuente purísima de su humanidad, depósito de misericordia y virtudes… incluso ¡otra forma tierna de encarnación! Qué audacia amorosa la de Trelles contemplando a María, en cuyo cuerpo y corazón ve el mejor reflejo de sus dos grandes amores: el Cuerpo -Eucarístico- y el Corazón de Jesús. Las virtudes de la Madre provienen del Hijo, pero lo más hermosos es que también es Madre Nuestra sus virtudes también nos pertenecen, y María quiere compartirlas con nosotros.
Como decía San Juan de la Cruz en su oración del alma
enamorada… quien ama a Dios sabe que María es suya:
"Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos
son míos y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios y todas
las cosas son mías; y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y
todo para mí"
Igualmente, enamorado Trelles sigue diciendo: "[El seno de
María] es un sagrario animado que ha podido tomar
y ha tomado par sí, la virtud del Verbo que dejó en su corazón y en su cuerpo
santísimo, como dice la Biblia, el olor de sus ungüentos y el aroma de sus
virtudes. Grabóse aquí más honda la bondad. Profundizóse más en el alma de la
Señora, si cabe, la humildad. Brilló más la pureza. Realzóse la santidad.
Afirmóse la fe. Aumentóse la esperanza. Encendióse la caridad. Y
resplandecieron con más brillo las virtudes todas, al
contacto interno del alma de María con el alma de Jesús, del
cuerpo de la Madre con el cuerpo sacratísimo del Hijo." (Trelles
LS, 5, 1874 pp.206-210)
Preguntas
para el diálogo y la meditación.
■
¿Has
estado en Fátima? ¿Recuerdas alguna gracia en tu vida vinculada a esta
devoción?
■ ¿Qué virtud es la que más te atrae del corazón de María? ¿y de la Eucaristía?
martes, 7 de abril de 2026
miércoles, 1 de abril de 2026
EL TRIDUO PASCUAL Y SU
SIGNIFICACIÓN
La pascua de los primitivos
cristianos, entremezclada con la
experiencia de la comunidad apostólica, giraba en torno a una sola
celebración. El criterio místico de la
concentración dominaba sobre el cronológico de los tres días, que se impuso más
adelante. La pascua era la gran celebración de la noche. Su celebración
concentraba la unidad de la
historia de salvación desde la creación a la parusía.
Pronto esta
vigilia pascual fue precedida de uno o más
días de ayuno, los cuales se transformaron
progresivamente en el triduo del viernes, sábado y domingo, dedicados, respectivamente, a la muerte,
sepultura y resurrección del Señor.
El triduo pascual, vislumbrado ya en
Orígenes, nos lo descubre no como una indicación cronológica, sino de sentido
teológico y litúrgico. Comentando Os 6,2, dice: Prima die nobis passio
Salvatoris est et secunda, qua descendit in infernum, tertia autem
resurrectionis est dies, (El primer y
el segundo día son para nosotros el sufrimiento del Salvador, que bajó a los
infiernos, y el tercero es el día de la resurrección).
Llegados al s. IV,
encontramos una formulación teológica litúrgica bien precisa del triduo sacro. En san Ambrosio podemos leer: "Triduo en el que ha sufrido, ha reposado y ha resucitado el que
pudo decir destruid este templo y en tres días lo reedificaré".
Entre otras escogemos la conocida expresión de Agustín: Sacratissimum triduum crucifixi, sepulti et
suscitati. (Triduo sacratísimo de la crucifixión,
sepultura y resurrección)
La doble tradición acerca del nombre de
pascua contribuyó también a forjar la teología del triduo. Al entrar en crisis
la primitiva, la asiática (pascha-passio), en el s. IV, va adquiriendo
preponderancia la occidental al tener conocimiento de la alejandrina (pascha-transitus).
La traducción latina de la Vulgada de Ex 12,11 de la palabra pascua como
paso, (transitus) está en la base del nuevo acento teológico.
Al interpretarse pascua por paso, como lo hace por primera
vez Clemente de Alejandría, resulta muy adecuada para significar el principio y el término del triduo. Será el vehículo de una
teología que permite poner de relieve los aspectos morales, ascéticos y
doctrinales de la pascua. Los autores cristianos expresan así la dimensión
cristológica, sacramental y escatológica de la fiesta.
CELEBRACIÓN LITÚRGICA
DEL SANTO TRIDUO
Santo Triduo Pascual es el título del misal, puesto inmediatamente antes de la misa vespertina de
la cena del Señor. El epígrafe Santísimo Triduo Pascual de la muerte y
resurrección del Señor, en la oración de las horas, encabeza los oficios que empiezan por las vísperas del
jueves de la cena del Señor. En el leccionario, con
menor precisión, la Misa Crismal del jueves va precedida de la expresión triduo
pascual. El nuevo Ordo Lectionum el orden de
las lecciones del año 1981,
rectificando, pone la Misa Crismal en la cuaresma, y la palabra triduo precede
a la Misa de la cena. Para las normas universales sobre el año litúrgico, el
triduo pascual de la pasión y de la resurrección del Señor comienza con la misa vespertina de la cena del Señor,
tiene su centro en la vigilia pascual y acaba con las vísperas del domingo de
resurrección.
Hasta aquí
una síntesis de la normativa actual según los libros litúrgicos promulgados
después del concilio Vaticano II…
… Las bases bíblicas y patrísticas en ningún caso incluían el jueves santo, ni siquiera parcialmente. Para la iglesia, el triduo pascual de la pasión y resurrección del Señor es el punto culminante de todo el año litúrgico. El triduo pascual, propiamente, comprende los tres días de la muerte, sepultura y resurrección del Señor. Así se explica que la liturgia de las Horas del jueves tenga el carácter de una feria de cuaresma. En todo caso, las vísperas de los que no participan en la misa vespertina, que ocupa el lugar de las primeras vísperas, y la propia eucaristía, son como la introducción del triduo.
Joan Bellavista
sábado, 28 de marzo de 2026
CAMINO HACIA LA PASCUA
«¡Hosanna al
Hijo de David!» (Mt 21, 9). La Iglesia repite hoy en
toda la tierra estas palabras con las que la multitud –congregada en Jerusalén
para las fiestas pascuales– aclamó a Jesús de Nazaret. «¡Hosanna al Hijo de
David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
¡Hosanna en las alturas!» (Ibid.).
Jesús, rodeado por sus discípulos, entra
en la Ciudad Santa montado sobre un asno. También en esta ocasión, como subraya
el Evangelista, se cumple en Jesús lo anunciado por el Profeta: «Decid a la hija de Sion: he aquí que viene a ti tu Rey con
mansedumbre, sentado sobre un asno, sobre un borrico, hijo de burra de carga» (Mt 21, 5). La Iglesia llama a este día Domingo de Ramos en recuerdo de los ramos que
extendieron los habitantes de Jerusalén y los peregrinos, al pasar Jesús, saludado con todo entusiasmo por la multitud. Los cantos litúrgicos de este domingo nos
recuerdan que la juventud participó, de modo particular, de aquel entusiasmo: son los «pueri Hebraeorum» –los jóvenes hebreos–, que aparecen en esos cantos como
protagonistas de la aclamación popular al Hijo de David […]
Sí. La liturgia de hoy nos recuerda que
la entrada solemne de Jesucristo en Jerusalén fue el preludio o la introducción a los sucesos
de la Semana Santa. Aquellos que al ver a Jesús preguntaban:
«¿Quién es éste?», sólo hallarán una respuesta completa si siguen sus pasos
durante los días decisivos de su muerte y resurrección […] Hoy escuchamos la
narración, que de esos hechos hace San Mateo en su Evangelio. Y, aunque sus
palabras no sean nuevas, una vez más han suscitado un hondo sentimiento en
nosotros. Cuando del texto
emerge la figura del hijo del hombre sometido a interrogatorios y torturas, las palabras del Profeta propuestas por
la liturgia de hoy, y que se remontan a muchos siglos antes de que los hechos
se cumplieran, adquieren plena realidad y elocuencia.
Isaías escribía del futuro
Mesías: «Di mi cuerpo a los que me herían, y mis mejillas a los
que mesaban mi barba; no retiré mi rostro de los que me injuriaban y me
escupían» (Is 50, 6). Comparando
sus palabras con los trágicos sucesos entre la noche del jueves y la mañana del
viernes, la semejanza es asombrosa; el Profeta escribe como
si fuera testigo de aquellas escenas. Con igual precisión, el Salmo de la
liturgia de hoy preanuncia los sufrimientos de Cristo: «Todos los
que me veían, hicieron burla de mí, / tuercen los labios y mueven la cabeza: /
Esperó en el Señor, líbrele, / sálvele, puesto que le ama» (Sal 21, 8-9). Son
palabras que el texto evangélico confirmará, hasta casi en los menores
detalles, al narrar la crucifixión de Jesús en el Gólgota.
Entonces se cumplirán también las palabras del Salmista que describen las
llagas de Cristo –«Horadaron mis manos y mis pies, pueden contar todos mis
huesos» (Ibíd.,
17-18)– y la división de sus vestiduras –« Se repartieron mis
vestiduras y sobre mi túnica echaron suertes» (Ibíd., 19)–.
El relato de la pasión del Señor nos
acompaña hoy hasta el momento en que el cuerpo de Jesús, muerto en la cruz,
queda puesto en un sepulcro de piedra. Y, sin embargo, la
liturgia de hoy quiere introducirnos más profundamente en el misterio pascual
de Jesucristo. Por eso, el texto conciso de la segunda
lectura, tomado de la Carta de San Pablo a los Filipenses, es clave para
descubrir, en el trasfondo de los acontecimientos de la Semana Santa, la plena
dimensión del misterio divino […]
¿Quién es Jesucristo?
podríamos preguntarnos de nuevo, como aquellos que lo vieron entrar en
Jerusalén […] Vienen entonces a
nuestra memoria aquellas síntesis de su actividad misionera, densas en su
brevedad, que nos ofrecen los textos inspirados: «Hacía
y enseñaba» (cf.
Hch 1, 1); «Pasó haciendo el bien... a todos...» (cf. Ibíd., 10, 38); «¡Jamás
un hombre ha hablado como habla este hombre!» (Jn 7, 46). Y
no obstante, todas nuestras respuestas sobre Jesús serían incompletas, si no
habláramos de su muerte en la cruz. En la cruz la vida de Cristo
cobra todo su sentido: la muerte es el acto fundamental de la
vida de Cristo. Por eso, el texto de San Pablo responde bien
a la pregunta antes formulada: «Mostrándose igual que los
demás hombres, se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y
muerte de cruz» (Flp
2, 7-8).
El centro de toda la vida de Cristo es su muerte en la cruz: ése es el acto fundamental y definitivo de su misión mesiánica. En esta muerte se cumple «su hora» (cf. Jn 18, 37). Cristo toma nuestra carne, nace y vive entre los hombres, para morir por nosotros […] San Pablo escribe: «Por eso Dios lo ha exaltado y le ha dado un nombre que está sobre todo nombre; para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese: ¡Jesucristo es el Señor!, para la gloria de Dios Padre» (Flp 2, 9-11) […]
Sí. El Domingo de Ramos nos introduce en el misterio total de Jesucristo, es decir, en el misterio pascual, en el que todas las cosas alcanzan su culminación, y en el que se reconfirma plenamente la verdad de las palabras y de las obras de Jesús de Nazaret. En este misterio se revela también hasta qué punto «Dios es amor» (cf. 1Jn 4, 8); y a la vez, adquirimos conciencia de la verdadera dignidad del hombre, rescatado con el precio de la Sangre del Hijo de Dios, y destinado a vivir eternamente con El en su amor [...]
Dejad que este misterio penetre, hasta el fondo, en vuestras vidas, en vuestra conciencia, en vuestra sensibilidad, en vuestros corazones, de modo que dé el verdadero sentido a toda vuestra conducta. El misterio pascual es misterio salvífico, creador. Sólo desde el misterio de Cristo puede entenderse plenamente al hombre; sólo desde Cristo muerto y resucitado puede el hombre comprender su vocación divina y alcanzar su destino último y definitivo. Dejad, pues, que el misterio pascual actúe en vosotros. Para el hombre, y especialmente para el joven, es esencial conocerse a sí mismo, saber cuál es su valor, su verdadero valor, cuál es el significado de su existencia, de su vida, saber cuál es su vocación. Sólo así puede definir el sentido de su propia vida.
Sólo acogiendo el misterio
pascual en vuestras vidas podréis «responder a cualquiera que os pida razón de
la esperanza que está en vosotros» (1P 3, 15).
Sólo acogiendo a Cristo, muerto y resucitado, podréis responder a los grandes y
nobles anhelos de vuestro corazón… Aquel que se entregó a Sí mismo haciéndose
obediente hasta la muerte de cruz, El solo tiene palabras de vida eterna. Acoged
sus palabras. Aprendedlas. Edificad vuestras vidas teniendo
siempre presentes las palabras y la vida de Cristo. Más
aún: aprended a ser Cristo mismo, identificados con El en todo.
De una alocución de San Juan Pablo II, Pp







