TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

domingo, 16 de diciembre de 2018

DOMINGO 16 DE DICIEMBRE DE 2018, 3º DE ADVIENTO

«MAESTRO, ¿QUÉ DEBEMOS HACER NOSOTROS?»



      Juan Bautista que proclama a Jesús ya próximo entre los hombres y prepara el camino del Señor, acoge todas las preguntas que le hacen en ese momento. Preguntas que quizás algunos no esperen que les dé la respuesta.
     Primero pregunta el pueblo pobre, humilde y sencillo. Los que no tienen casi nada que ganar ni perder. Entonces ¿QUÉ HACER?      Que vivamos el momento presente. Es lo que más nos preocupa en el día a día, la comida y el sustento para poder vivir dignamente.
     También se preguntan los hombres y mujeres de su tiempo, buscadores incansables desde su realidad de pecadores, de pobres de solemnidad, despreciados por los demás y que se han ido a bautizar al Jordán. Maestro, qué hacemos nosotros. Le llaman maestro, y sobre todo contesta Juan, como un auténtico maestro desde la humildad y sencillez de la vida. No seáis demasiado exigentes ni rigoristas. Sed buenos de corazón. Sembrad de esperanza los caminos de la tierra, el orden establecido, luchar por la justicia...
     También están los militares, ellos también buscan el Rostro de Cristo. También preguntan y se preguntan ¿Qué hacemos nosotros? Juan va al grano: No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga. Sed de corazón bueno y aceptad lo que tenéis, no se os meta en el corazón la tentación de tener más, de poseer más, de buscar el éxito. Contentaos con lo que ahora tenéis porque el Señor está cerca.
     La expectación del pueblo es grande. El asombro se apodera de nosotros ante lo que viene en ese momento de la historia y que no saben lo que le deparará. Todas nuestras preguntas tienen una búsqueda del corazón y un nombre: JESÚS. “Yo os bautizo con agua” pero este bautismo es una figura del Bautismo de Jesús en el Espíritu Santo que provoca en nosotros la verdadera conversión del corazón. Ser de Jesús, para ser entrega a los empobrecidos. Ante Él, ante Jesús, el Mesías “no soy digno de desatarle la sandalia” Se habla aquí del Bautismo en el Espíritu Santo con su fuego que nos recuerda aquel grito de Jesús; “He venido a traer fuego a la tierra y ojalá estuviera ya ardiendo.  El Espíritu Santo es el fuego del Amor de Dios en nosotros, que viene a que arda una humanidad que muere de frío y soledad.
+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres

  


sábado, 15 de diciembre de 2018

LOS LUGARES Y LOS SÍMBOLOS DEL ADVIENTO


1.- El desierto, el ámbito donde clama la voz del Señor a la conversión, donde mejor escuchar sus designios, el lugar inhóspito que se convertirá en vergel, que florecerá como la flor del narciso.

2.- El camino, signo por excelencia del adviento, camino que lleva a Belén. Camino a recorrer y camino a preparar al Señor. Que lo torcido se enderece y que lo escabroso se iguale.

3.- La colina, símbolo del orgullo, la prepotencia, la vanidad y la “grandeza” de nuestros cálculos y categorías humanas, que son precisos abajar para la llegada del Señor.

4.- El valle, símbolo de nuestro esfuerzo por elevar la esperanza y mantener siempre la confianza en el Señor. ¡Qué los valles se levanten para que puedan contemplar al Señor!

5.- El renuevo, el vástago, que florecerá de su raíz y sobre el que se posará el Espíritu del Señor.

6.- La pradera, donde habitarán y pacerán el lobo con el cordero, la pantera con el cabrito, el novillo y león, mientras los pastoreará un muchacho pequeño.

7.- El silencio, en el silencio de la noche siempre se manifestó Dios. En el silencio de la noche resonó para siempre la Palabra de Dios hecha carne. En el silencio de las noches y de los días del adviento, nos hablará, de nuevo, la Palabra.

8.- El gozo, sentimiento hondo de alegría, el gozo por el Señor que viene, por el Dios que se acerca. El gozo de salvarnos salvados. El gozo “porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro” son quebrantados como en el día de Madían; el gozo y la alegría “como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín”.

9.- La luz, del pueblo del caminaba en tinieblas, que habitaba en tierras de sombras, y se vio envuelto en la gran luz del alumbramiento del Señor. Esa luz expresada hoy día en los símbolos catequéticos y litúrgicos en la corona de adviento, que cada semana del adviento ve incrementada una luz mientras se aproxima la venida del Señor.

10.- La paz, la paz que es el don de los dones del Señor, la plenitud de las promesas y profecías mesiánicas, el anuncio y certeza de que Quien viene es el Príncipe de la paz, el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. “De las espadas forjarán arados; de las lanzas, podaderas”. “¡Qué en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente!”

     Todos estos lugares, todos estos símbolos, conducirán, como un peregrinar, al pesebre de Belén, la gran realidad y la gran metáfora del adviento.


viernes, 7 de diciembre de 2018

DOMINGO 9 DE DICIEMBRE DE 2018, 2º DE ADVIENTO

«PREPARAD EL CAMINO DEL SEÑOR, ALLANAD SUS SENDEROS…»


     El mensajero es Juan Bautista (que junto con Isaías y María, forma parte de la tríada que nos acompañará en todo este tiempo litúrgico). Fue un profeta querido y temido, porque cantaba las verdades sin pose ni ficción. Pagó caro su amor a la verdad. Pero no sólo la decía, sino que sobre todo la vivía, la decía viviéndola.
     Su mensaje se llega hoy hasta nosotros haciéndonos la misma invitación que hace 2000 años hizo a otra gente: está por venir otro, alguien especial, por quien el corazón de todos los hombres ha estado siempre en vilo; avivad, pues, vuestra espera, encended vuestra esperanza, y cambiad, convertíos, porque Él, el esperado por todos y por ti... está para llegar.
     … Juan Bautista, entrará a saco para ir al grano y preguntar sin ambages a los de entonces y a nosotros los de acá: ¿qué caminos andas tú? Porque el Mesías no viene por todos los caminos. A saber: el camino de la injusticia, el camino de la violencia, de la inmisericordia, de la dureza, del olvido, de la idolatría, de la tibieza... por ahí no vendrá Él. Es imposible caminar por estos andurriales creyendo que nos llevan a Belén.
     En el cruce de caminos de mi vida con la suya, en las sendas allanadas y las colinas descendidas, quiere el Señor mostrar a cuantos quieran ver, su Bondad y su Ternura, sin distinción de raza, lengua y nación. Y así termina este Evangelio: “todos verán la salvación de Dios” (Lc 3,6). Tremendo misterio, que Dios haya querido en buena parte supeditar el que esa salvación sea vista, a que yo no tenga, no ande, los caminos indebidos que ofenden a Dios y manchan al hombre.
     Sólo queda enderezar lo torcido, allanar lo altanero, igualar lo escabroso. Dios nos quiere camineros y caminantes para que nuestros pies frecuenten las sendas por las que Dios vino, viene y vendrá; caminos que huelen a tomillo de paz, gracia y comunión, caminos de horizontes largos donde la gente se ve de lejos y los rostros como son, caminos llenos de la misericordia y lo entrañable, caminos propios de Dios.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm – Arzobispo de Oviedo       



LA PURÍSIMA

     En el contexto del adviento, brilla la fiesta de María Santísima, primera redimida, fruto y primicia de la redención de Cristo. Esperamos un Salvador, nuestro Señor Jesucristo. El viene a librarnos del pecado y a darnos la libertad de los hijos de Dios. Romperá nuestras cadenas, las cadenas del pecado, que nos atan a nuestros vicios y egoísmos. Y viviremos con él la libertad de la gracia, la libertad del amor, que nos hace hijos de Dios y hermanos de todos los hombres.
     En María todo esto se ha cumplido. Por eso, ella va delante de nosotros como madre buena e inspira nuestro caminar. Mirándola a ella, entendemos la vida cristiana y a dónde nos quiere llevar el Señor. María ha sido colmada de gracia en el momento mismo de su concepción, y por eso, librada de todo pecado, incluso del pecado original. Es la Inmaculada Concepción, la Purísima, la Llena de gracia. "Toda hermosa eres María y en ti no hay mancha de pecado original".
     Esta dimensión de María ha sido vivida en la historia de la Iglesia de manera universal, y particularmente en España. Por eso, María es patrona de España en este título de la Inmaculada. España contribuyó especialmente a que esta verdad se extendiera por todo el mundo. España capitaneó los votos inmaculistas, es decir, las promesas de defender la limpia concepción de María Santísima, su libertad del pecado y su plenitud de gracia desde el comienzo. En 1854 el papa Pio IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción, y desde entonces todos los años el Papa va a la plaza de España en Roma para depositar un ramo de flores a la Inmaculada. La Inmaculada y España van unidas en este gesto del Papa, que perdura hasta el día de hoy.

De una Carta semanal del Obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández.



jueves, 6 de diciembre de 2018

EL DECÁLOGO DE LA VIGILANCIA EN ADVIENTO 
de Benedicto XVI

¿Qué significa la llamada de la Palabra de Dios y de la Liturgia a la vigilancia durante el Adviento?
1.- Justo desapego de los bienes terrenos.

2.- Sincero arrepentimiento de los propios errores.

3.- Humilde confianza en las manos de Dios nuestro Padre, tierno y misericordioso.

4.- Apertura a los signos de los tiempos y a saber descubrir y discernir los acontecimientos grandes y los hechos sencillos desde un corazón abierto a la Providencia.

5.- Gozosa, íntima y orante actitud de acogida, escucha y de la contemplación de la Palabra de Dios para ver la realidad, el mundo y el prójimo con ojos nuevos, vivir con esperanza fiable y actuar con caridad efectiva.

6.- La vigilancia cristiana es seguir al Señor, caminar hacia el encuentro con Cristo que está continuamente visitándonos.

7.- La vigilancia cristiana es elegir lo que El eligió.

8.- Es amar lo que Él ha amado y ama.

9.- Es configurar la propia vida con la suya.

10.- Es recorrer cada minuto de nuestra vida y de nuestro tiempo en el horizonte de su amor sin dejarnos abatir por las dificultades pequeñas o grandes, cotidianas o extraordinarias

LOS PERSONAJES DEL ADVIENTO

     Cuatro son los grandes personajes del adviento en espera, en preparación y anuncio del Dios que llega, del Señor que se acerca. El primero de ellos es el profeta Isaías. En el Nuevo Testamento destacan María de Nazaret y su esposo José y Juan el Bautista, auténtico prototipo del adviento.
     “El gran pedagogo del adviento es Isaías. Habría que leerle con una gran paz interior, dejando que sacuda nuestras conciencias dormidas, aliente a la esperanza, anime a la conversión, promueva gestos claros de paz y de reconciliación entre los hombres y entre los pueblos Adviento es también el mes de María; es litúrgicamente más mariano que ninguno otro a lo largo del año. El icono de María gestante, o de la expectación, personifica a la Iglesia madre que está llena de Cristo y lo pone como luz en el mundo, para que el resto de sus hermanos habiten tranquilos hasta los confines de la tierra, pues él será nuestra paz -Miqueas, 5,2-5-
     María de Nazaret es la estrella del adviento… Ella llevó en su vientre con inefable amor de madre a Jesucristo… Ella vivió un adviento de nueve meses en su regazo materno y virginal, en su mente y en su corazón ¡Qué largo y hermoso adviento!… Ella es la “mater spei”, el modelo de la espera y de la esperanza. Supo, como nadie, preparar un sitio al Señor, el Hijo que florecía en sus entrañas En Ella se realizó la promesa de Israel, la esperanza, después, ahora y ya para siempre, de la Iglesia… ¿No debería ser, pues, diciembre el mes de María?”.
(José Manuel Puente)

sábado, 1 de diciembre de 2018

DOMINGO 2 DE DICIEMBRE DE 2018, 1º DE ADVIENTO

«ESTAD, PUES, DESPIERTOS EN TODO TIEMPO…»

     El texto del Primer Domingo de Adviento, de Lucas, nos habla de que se acerca el Señor que nos libera del pecado y de la muerte. Así, nos vamos preparando con el Evangelio de la Misericordia a las entrañas del núcleo esencial de la venida del Señor. ¿Por qué viene Jesús? ¿A qué viene el Dios con nosotros? Encontramos que la respuesta es siempre el Amor de Dios que nos busca a cada uno de nosotros para llenar nuestro corazón de alegría y de esperanza. No viene como amenaza, sino como Redentor.
     Él, viene para que nuestra vida sea una vida plena y abundante. Su salvación, su liberación, es precisamente lo que nos anuncia, es el misterio de la Navidad.
     El Amor de Dios ha aparecido entre nosotros y nos ha lanzado a que nosotros vivamos su vida de Amor y de gracia como Él ha vivido en las entrañas del mundo con un “Corazón manso y humilde”. Lucas, nos habla desde la Misericordia, de la realidad de una tierra necesitada de la Redención de Cristo.
     En la medida en que somos capaces de acoger al que viene y nos abrimos a su Amor Redentor, nuestro Adviento es una experiencia llena de vida y de esperanza para que nuestro corazón se transforme en el Corazón de Cristo Vivo.
     Lucas, también habla de tantos signos como aparecen. Sin embargo, la Buena Noticia, aún en medio de una realidad difícil, es el anuncio de la salvación que nos trae el Señor. Una salvación que comienza ya aquí, por eso es auténtica liberación de aquello que no nos deja vivir en el gozo y la alegría del Señor. Su Salvación es plena, comienza aquí y se prolonga más allá de lo que podemos soñar.
     Preparemos el camino del Señor con una esperanza cierta de descubrir su Amor. Se acerca nuestra liberación. Meditemos la Palabra de Dios con el Evangelio de Lucas y con la “mochila” llena de la esperanza y el Amor de Jesús. Vivamos lo que dice la Plegaria Eucarística Cuarta: “Anunció la salvación a los pobres, la liberación a los cautivos” y, a todos, la libertad verdadera que brota de su Corazón Abierto.
+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres

NOCIÓN DEL ADVIENTO

     “El adviento es un tiempo de preparación para la navidad, donde se recuerda a los hombres la primera venida del Hijo de Dios… Es un tiempo en el que se dirigen las mentes, mediante este recuerdo y esta espera a la segunda venida de Cristo, que tendrá lugar al final de los tiempos” (Misal Romano, Nº 39)
     “El adviento tiene una triple dimensión: histórica, en recuerdo, celebración y actualización del nacimiento de Jesucristo; presente, en la medida en que Jesús sigue naciendo en medio de nuestro mundo y a través de la liturgia celebraremos, de nuevo, su nacimiento; y escatológica, en preparación y en espera de la segunda y definitiva venida del Señor”.
     “El adviento, en su mismo término, en su palabra, es y El adviento es tiempo de esperanza gozosa y espiritual. No es tanto un tiempo como la cuaresma de penitencia, sino de gozo, de espera y esperanza gozosa. Toda la liturgia de este tiempo persigue una finalidad concreta: despertar en nosotros sentimientos de esperanza, de espera gozosa y anhelante”. (Vicent Ryan)

LA SÍNTESIS DEL ADVIENTO EN UN DECÁLOGO


1.- Adviento es una palabra de etimología latina, que significa “venida”.

2.- Adviento es el tiempo litúrgico compuesto por las cuatro semanas que preceden a la Navidad como tiempo para la preparación al Nacimiento del Señor.

3.- El adviento tiene como color litúrgico al morado que significa penitencia y conversión, en este caso, transidas de esperanza ante la inminente venida del Señor.

4.- El adviento es un periodo de tiempo privilegiado para los cristianos ya se nos invita a recordar el pasado, vivir el presente y preparar el futuro.

5.- El adviento es memoria del misterio de gracia del nacimiento de Jesucristo. Es memoria de la encarnación. Es memoria de las maravillas que Dios hace en favor de los hombres. Es memoria de la primera venida del Señor. El adviento es historia viva.

6.- El adviento es llamada vivir el presente de nuestra vida cristiana comprometida y a experimentar y testimoniar la presencia de Jesucristo entre nosotros, con nosotros, por nosotros. El adviento nos interpela a vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor en el justicia y en el amor. El adviento es presencia encarnada del cristiano, que cada vez que hace el bien, reactualiza la encarnación y la natividad de Jesucristo.

7.- El adviento prepara y anticipa el futuro. Es una invitación a preparar la segunda y definitiva venida de Jesucristo, ya en la “majestad de su gloria”. Vendrá como Señor y como Juez. El adviento nos hace proclamar la fe en su venida gloriosa y nos ayuda a prepararnos a ella. El adviento es vida futura, es Reino, es escatología.

8.- El adviento es tiempo para la revisión de la propia vida a la luz de vida de Jesucristo, a la luz de las promesas bíblicas y mesiánicas. El adviento es tiempo para el examen de conciencia continuado, arrepentido y agradecido.

9.- El adviento es proyección de vida nueva, de conversión permanente, del cielo nuevo y de la tierra nueva, que sólo se logran con el esfuerzo nuestro -mío y de cada uno de las personas- de cada día y de cada afán.

10.- El adviento es el tiempo de María de Nazaret que esperó, que confío en la palabra de Dios, que se dejó acampar por El y en quien floreció y alumbró el Salvador de mundo.