TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

sábado, 8 de julio de 2017

DOMINGO 9 DE JULIO, 14º DEL TIEMPO ORDINARIO

«VENID A MÍ TODOS LOS QUE ESTÁIS CANSADOS, Y YO OS ALIVIARÉ»


     Este texto de Mateo lo llamo siempre y lo he bautizado como el texto del descanso del Corazón. Sin embargo, son pocos los que aciertan a encontrar la sabiduría del Evangelio que nos lanza Jesús.
     Todos nuestros agotamientos brotan del corazón herido por el egoísmo, por el inútil esfuerzo de querernos salir, siempre, con la nuestra. Ante ello Jesús nos habla de un corazón manso y humilde y nos dice que el descanso auténtico hunde sus raíces en la humildad, en no tener un corazón ambicioso, en como dice el Salmo 130 “acallo mis deseos, como un niño en brazos de su madre”.
     Cuántos cuando vuelven de las vacaciones vuelven agotados, cansados, agobiados. Me decían mis amigos: Siempre nos venimos del veraneo unos días antes para descansar del agotamiento del descanso del verano.  ¿Qué ocurre? ¿Es una exageración?
     Uno no puede hacer nada, pero no descansa porque lo que nos agota es no encontrar la paz, el sosiego, el gozo. Alguien me decía que sus mejores días de descanso eran en el retiro que hacía de semana en el Centro de Espiritualidad ¿Qué ocurría en esos días? Que descansaba porque adquiría un corazón manso y humilde capaz de descansar en la paz.
     Jesús nos promete un descanso, pero no bebiendo del agua superficial que no suele ser buena y que tiene muchas impurezas. Él nos promete descansar profundizando en un agua que salta hasta la vida eterna, en las profundidades del corazón donde la paz se hace inmensa como la alegría de ser amado, como no tener amor propio, egoísmo y vivir en el abandono del verdadero amor.
     No descansa nunca el que se aferra a su dinero, a la seguridad del último cheque, al poder de quien cree que tiene todo asegurado. Descansa quien ha conocido el Amor de Dios y es capaz de compartir y abrirse a su infinita misericordia. Descansa quien ama desde su pobreza y quiere conectar con las aguas profundas de la mansedumbre y humildad del Corazón.
     Se agota como el que sueña con aguas superficiales que enseguida se secan porque hunde la paz, el sosiego y el descanso, en el propio yo tan vulnerable a todo.
     Jesús nos propone como modelo de descanso su Corazón manso y humilde, tan sencillo y tan bueno que  es nuestro auténtico descanso siempre, siempre.


+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres

miércoles, 5 de julio de 2017

domingo, 18 de junio de 2017

DOMINGO 18 DE JUNIO, SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO



«YO SOY EL PAN VIVO; EL QUE COMA DE ESTE PAN VIVIRÁ PARA SIEMPRE»


     La fiesta del Corpus nos trae esa compañía tan consoladora de Jesucristo cercano, amigo, que recorre nuestro camino para acompañarnos, para que podamos compartir con él nuestras preocupaciones y podamos sentir el consuelo de un amigo que siempre está ahí.
     Ha crecido notablemente en nuestros días la adoración eucarística, estar ratos largos con Jesús en la Eucaristía. Y tenemos que fomentarlo mucho más. Cómo serena el alma esa presencia, cómo enciende el corazón en el amor de su Corazón, cómo se desvanecen tantas preocupaciones y angustias con tan buen amigo presente. No acabaremos nunca de darle gracias por este precioso regalo de la Eucaristía.
     En este sacramento, Jesús trae hasta nosotros su sacrificio realizado una vez para siempre. Lo que en el Calvario fue sacrificio cruento, en la Eucaristía es sacrifico incruento. Pero es el mismo y único sacrificio, que nos invita a nosotros a ofrecernos con Él, a hacer de nuestra vida una ofrenda permanente. La vida adquiere nuevo valor cuando es ofrecida con Jesucristo, nuestra vida se convierte en ofrenda de amor por la salvación del mundo entero. Para que esta ofrenda sea agradable a Dios, Dios mismo nos envía su Espíritu Santo que nos transforma en ofrenda permanente. Y todo ello se alimenta en la Eucaristía.
   Y la Eucaristía es sacramento en forma de comida y bebida, invitándonos a comer el Cuerpo del Señor y a beber su sangre redentora. “Tomad, comed todos de él… Tomad, bebed todos de él”. Compartir la misma comida nos une en un mismo Cuerpo, eso es la comunión. La comunión tiene su fuente permanente en la Eucaristía. Es en este sacramento donde se fragua el amor cristiano, que se desborda en la caridad hacia los hermanos. Comulgar con Cristo nos lleva a comulgar con los hermanos, nos lleva a entregar nuestra vida en favor de los demás, como ha hecho Jesucristo.
     Por eso, en esta fecha tan señalada se nos recuerda el compromiso cristiano de la caridad para con los demás. Coincidiendo con la fiesta del Corpus, celebramos el Día de Cáritas, como una llamada y una provocación al ejercicio del amor fraterno.
     Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández - obispo de Córdoba.



sábado, 10 de junio de 2017

DOMINGO 11 DE JUNIO, SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD


«TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO, QUE ENTREGÓ A SU UNIGÉNITO»



     El misterio de la Trinidad se resume en lo que nos dice hoy el Evangelio; “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Único para que no perezca ninguno”.  El mismo San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, sitúa en la Segunda semana la escena de un mundo, necesitado de amor y de salvación, contemplado por la Trinidad, y con estas hermosas palabras ante la situación; “Hagamos redención”.
     El amor salvífico de Dios es la clave de la Encarnación “por obra del Espíritu Santo” y enviado por el Padreno para juzgar al mundo sino para salvarlo”.
     La clave siempre está en que lo que mueve el Amor de Dios, que no es un “solterón” que vaga sin sentido por el espacio sideral, sino Trinidad, es decir comunión de amor y familia, amor compartido.
     La Trinidad será la fuente del Amor, la fuente de la comunión de la vida comunitaria, de la Iglesia, cuando quiere vivir como familia que comparte los gozos, las esperanzas, las alegrías y los sufrimientos humanos, de una humanidad que sigue necesitada de redención, de salvación, de liberación.
     El misterio de la Trinidad está presente en la vida de los cristianos y de toda la Iglesia desde el comienzo. En todas las celebraciones litúrgicas se empieza en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Es la novedad permanente de la Revelación, del Amor de Jesús, que nos habla de su Padre que nos ama y que nos envía Resucitado desde el Espíritu Santo como “otro Abogado”, otro intercesor que tiene como misión formar en nosotros “los sentimientos del Corazón de Cristo”.
     La Trinidad nos abre y nos lanza porque está constantemente, como nos recuerda el Papa Francisco, “en salida”, no se queda tranquilamente viviendo en una bola de cristal sino que nos lleva a compartir, como familia, el Amor de Dios en comunidad, en comunión, en fraternidad de personas.
     También nos lanza en salida hacia la auténtica Encarnación, donde Jesús se viene a vivir “con nosotros”, enviado por el Padre y nos regala el Espíritu Santo que, como “Señor y Dador de vida”, hace que tengamos en nuestro interior la vida trinitaria y el deseo de evangelizar, de llevar la Buena Noticia a los que sufren.


+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres