TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

domingo, 11 de febrero de 2018

DOMINGO 11 DE FEBRERO DE 2018, 6º DEL TIEMPO ORDINARIO - Jornada mundial del enfermo y colecta de la campaña contra el hambre en el mundo.


«QUIERO: QUEDA LIMPIO»



     El Señor buscó tanto curar y limpiar a los que estaban agobiados bajo el peso de la enfermedad del pecado, como de todo tipo de lepra. Sin embargo, el Señor nunca buscó la fama, se ocultó, quiso vivir siempre en la sencillez. Ni siquiera utilizó su poder de curar ni su fama para su propio provecho. Hace el bien desde la sencillez, desde la humildad y mansedumbre del corazón. Quería que le buscasen por sí mismo, por su Amor incondicional más que por ser taumaturgo famoso porque hacía prodigios. Su Amor siempre dejaba libre el corazón para aceptarlo o rechazarlo. No imponía nada. Ese es el estilo de Jesús que, incluso cuando cura, pregunta si quiere quedar limpio. Es un amor ofrecido incondicionalmente para dejar siempre abierta la puerta de la libertad del corazón humano.
     Señor, ¿cómo no va a querer quedar limpio de la lepra? Jesús propone, no impone. Incluso sus grandes dones, sus maravillas, las ofrece en la libertad de ser o no ser acogidas.
     Quizás, ahora entendemos por qué el cambio de nuestra vida es tan lento, porque el Señor respeta nuestra libertad y tiene una gran paciencia con nosotros.
     Su autoridad le lleva a que lo que dice se cumple, por eso “quedó limpio”. Su Palabra siempre es eficaz. Cuando nos ponemos en sus manos, con una infinita confianza, el Señor siempre cumple sus promesas y nos llena el corazón de la alegría de una limpieza y sanación a fondo. La pena es que muchas veces no somos conscientes de su obra en nosotros y seguimos viviendo como enfermos aunque nos haya sanado.

+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres


(Ap 21, 6)



FEBRERO 2018

«Al que tenga sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente» (Ap 21, 6).

     El apóstol Juan escribe el Libro del Apocalipsis para consolar y animar a los cristianos de su tiempo ante las persecuciones que se habían difundido en aquella época. Este libro, lleno de imágenes simbólicas, revela la visión de Dios sobre la historia y su cumplimiento final: su victoria definitiva sobre todo poder del mal. Este libro es la celebración de una meta, de un fin pleno y glorioso que Dios destina a la humanidad.
     Es la promesa de la liberación de todo sufrimiento: Dios mismo «enjugará toda lágrima [...], y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas» (Ap 21,4).

«Al que tenga sed, yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente».

     Esta perspectiva tiene sus brotes en el presente para quienes ya hayan comenzado a vivir buscando sinceramente a Dios y su Palabra, que nos manifiesta sus proyectos; para quien siente arder en él la sed de verdad, de justicia y de fraternidad. Sentir sed, estar en búsqueda es para Dios una característica positiva, un buen inicio, y Él nos promete incluso la fuente de la vida.
     El agua que Dios promete se ofrece gratuitamente. De modo que no solo se ofrece a quien espera ser grato a los ojos de Él con su esfuerzo, sino a cualquiera que sienta el peso de su debilidad y se abandone a su amor con la seguridad de ser sanado y de encontrar así la vida plena, la felicidad.
     Preguntémonos pues: ¿de qué tenemos sed? Y ¿a qué fuentes vamos a apagarla?

«Al que tenga sed, yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente».

     Quizá tengamos sed de que nos acepten, de tener un lugar en la sociedad, de realizar nuestros proyectos... Aspiraciones legítimas pero que pueden empujarnos a los pozos contaminados del egoísmo, de la cerrazón en nuestros intereses personales e incluso al abuso sobre los más débiles. Las poblaciones que sufren la escasez de pozos con agua pura conocen bien las consecuencias desastrosas de la carencia de este recurso indispensable para garantizar vida y salud.
     Y sin embargo, excavando más adentro en nuestro corazón, encontraremos otra sed que el mismo Dios ha puesto ahí: vivir la vida como un don recibido y que hay que dar. Acudamos, pues, a la fuente pura del Evangelio, liberándonos de esos detritus que tal vez la recubran, y dejémonos transformar también nosotros en fuentes de amor generoso, acogedor y gratuito para los demás, sin pararnos ante las inevitables dificultades del camino.

«Al que tenga sed, yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente».

     Además, cuando ponemos en práctica entre cristianos el mandamiento del amor recíproco, permitimos a Dios intervenir de un modo muy especial, como escribe Chiara Lubich:
     «Cada instante en que tratamos de vivir el Evangelio es una gota de esa agua viva que bebemos. Cada gesto de amor por nuestro prójimo es un sorbo de esa agua. Sí, porque esa agua tan viva y preciosa tiene esta particularidad: brota en nuestro corazón cada vez que lo abrimos al amor por todos. Es una fuente -la de Dios- que da agua en la medida en que su veta profunda sirve para calmar la sed de los demás con pequeños o grandes actos de amor. [...]Y si seguimos dando, esta fuente de paz y de vida dará agua cada vez más abundante, sin secarse nunca. Y hay otro secreto más que Jesús nos reveló, una especie de pozo sin fondo al que acudir. Cuando dos o tres se unen en su nombre, amándose con su mismo amor, Él está en medio de ellos. Y entonces nos sentimos libres, llenos de luz, y torrentes de agua viva brotan de nuestro seno. Es la promesa de Jesús, que se hace realidad porque de Él mismo, presente en medio de nosotros, mana agua que quita la sed para la eternidad».
Leticia Magri



domingo, 4 de febrero de 2018

DOMINGO 4 DE FEBRERO DE 2018, 5º DEL TIEMPO ORDINARIO

«TODO EL MUNDO TE BUSCA»


     A Jesús le lleva el Corazón a la intimidad con el Padre y a curar a los que sufren en su cuerpo y en su alma. A la vida de Jesús le mueve el amor que, unido al Padre fuente de Amor, le impulsa a curar, a ir a las aldeas, a las periferias, las físicas y las existenciales, de las que habla tanto el Papa Francisco, para llevarles la Buena Noticia de la salvación y la alegría.
     Primero, cura a la suegra de Pedro. Lo hace con la ternura y el amor con que siempre el Señor cuida y sostiene a la mujer para que recupere la alegría de servir, de hospedar, de acoger que por la fiebre no podía hacerlo. El Señor siempre nos cura para servir y para amar. Su sanación es total.
     Jesús la restablece en su dignidad y la lleva a vivir en medio de su pueblo con la sabiduría de un amor que se hace entrega, hospitalidad y servicio. El ansia de curar, el deseo de devolverle una vida saludable es el estilo del Señor de la vida.
     Vuelve a la oración, al descampado, a la soledad de contemplar el lago que está pegando a la casa de Pedro. Se une al Padre para vivir unido al que sufre. Por eso su oración no es huida sino encuentro que le lleva a encontrarse y curar a los enfermos que le traen de las aldeas.
     La oración es siempre intimidad fecunda con el Padre que nos lanza a vivir entregando la vida a los enfermos y a los que viven inmersos en todo tipo de dolor y sufrimiento, que se traduce en la incapacidad de llevar una vida con dignidad.
     La vida pública de Jesús, el Jesús caminante, que atraviesa aldeas, que recorre rincones, que se acerca al lago, a donde vive la gente, a curar a los enfermos, nos recuerda que su vida como la nuestra puede cambiar de lugar, de paisaje, pero nunca de un corazón que se entrega en todas las circunstancias de la vida.

+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres


COMPROMISOS DEL ADORADOR NOCTURNO



     “Sabemos bien, amados hijos, que pasando largas horas junto a Jesús Sacramentado, vigilando en oración mientras el mundo exterior descansa, queréis  dar a vuestra vida  el complemento sobrenatural que la sublima, la enriquece, le da una nueva dimensión. Os expresamos nuestra complacencia y os alentamos a continuar  en ese  camino. Acrecentad así vuestro amor a Jesucristo, la fidelidad a la Iglesia, la unión con la Jerarquía, la entrega a los hombres hermanos."
Audiencia del 14 de mayo de 1975
Pablo VI a la Adoración Nocturna Española:


   COMUNIÓN FRECUENTE
  Jesús, al anunciar la Eucaristía, dijo: "Si no comiereis la carne del hijo del hombre, y no bebiereis  su sangre, no tendréis vida en vosotros." (Jn 6, 53)
   La Iglesia, que exige bajo pecado mortal, comulgar por lo menos una vez al año, recomienda que se haga diariamente.
  VISITAS AL SANTÍSIMO            
         "Durante el día  no omitan los fieles el hacer la  visita  al Santísimo  Sacramento,  que debe estar reservado en  el  sitio más noble, con el máximo honor, en las iglesias conforme a las leyes litúrgicas; puesto que la visita es prueba de gratitud, signo de amor y  deber  de  adoración a  Cristo Nuestro Señor, allí presente."
PABLO VI,
Mysterium Fidei, núm. 67
    El gesto corporal —la postración, el caer de rodillas— y sobre todo la actitud del corazón, expresan la sumisión total y generosamente libre ante la soberanía absoluta de Dios."  
  
Monseñor Delicado Baeza (ut supra)

  COMPROMISO DE FIDELIDAD
Una vez al año, proclamamos públicamente:               
     "Soberano Dios y Señor: Confiados en tu misericordia, prometemos defender el dogma de la Sagrada Eucaristía y las prerrogativas de la Virgen María, Madre de Dios,  tal como nos enseña el magisterio de la Iglesia Católica.
     Prometemos, además, leal acatamiento y obediencia a cuanto enseñen y manden en el ejercicio de su Santa Misión  Apostólica  nuestro padre el Papa y nuestros Obispos en comunión con la Santa Sede.     “Creemos, Señor; pero robustece nuestra fe. Sálvanos, Señor, para que no perezcamos."
Estatutos, art. 15

VIVIR LA ESPIRITUALIDAD ESPECÍFICA DEL ADORADOR
— Nuestra noche mensual de adoración sólo será válida si es expresión,  consecuencia,  reflejo y ofrenda de toda una  actividad vital de adoración:  devolver  a  Dios la  vida  recibida a  lo largo de nuestros días,  de  nuestras alegrías  o problemas, en cualquier instante o circunstancia
Estatutos, art. 1°
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