TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

jueves, 17 de agosto de 2017

REFLEXIONES PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA



AGOSTO: La Iglesia, (VIII)
      
     Ya no es tan frecuente, como lo era hace unos años, oír, “yo reconozco el valor de Jesucristo y de sus enseñanzas, pero no creo en la Iglesia”, no obstante, el argumento encuentra nuevas modalidades en un ambiente multicultural y escéptico. Este planteamiento se retroalimenta del pecado de los cristianos, de los hijos de la Iglesia y singularmente del escándalo producido por los pecados de los clérigos o de los especialmente consagrados a Dios. En este sentido nos impulsa a una purificación constante y a vivir vigilantes y en oración, para no caer en tentación. También es cierto que tales ideas sirven muchas veces para una autoexculpación, enturbiando las aguas para escapar desapercibido de las propias miserias.
     Pero el punto más débil de tal postura es que si se acepta a Jesús y su doctrina, es imposible desligar de Él el firme propósito de dar cumplimiento a los designios del Padre, entre los que ocupa un lugar central fundar la Iglesia como pueblo de la Alianza nueva y eterna y signo de la presencia del Reino de Dios ya aquí y ahora.

     Como dice el Catecismo (n. 758):
     Para penetrar en el misterio de la Iglesia, conviene primeramente contemplar su origen dentro del designio de la Santísima Trinidad y su realización progresiva en la historia.

     Vamos a tratar de meditar ahora un poco sobre esta realidad desde la luz del Sacramento del altar, su celebración y su saboreo espiritual.

Iglesia y designio de Dios.

     Muchos comentaristas de la Escrituran señalan ya en el judaísmo que el relato de la creación de Génesis capítulo primero introduce una diferencia entre el modo de presentar la creación de todos los seres (dijo Dios…) y el modo de presentar la creación del ser humano (… hagamos…). Este “plural”, más que puramente mayestático, lo que indicaría ya una especial voluntad creadora, reforzada por la solemnidad de la expresión, se interpreta como el fruto de una deliberación de la corte divina, un acto de Dios compartido con los coros de las “celestiales Cortes”. Los autores cristianos, a la luz de las enseñanzas evangélicas, vieron sobretodo una deliberación particular de la Santísima Trinidad. Si a esto unimos la referencia a una creación a imagen y semejanza del hombre y la mujer, llamados a la unidad del amor y a la fecundidad familiar, reflejo del Misterio de Dios, la creación del hombre se presenta como reflejo del ser de Dios: uno (por ser esencialmente amor) y trino (por distinción de personas). El ser “social” del hombre no es puramente práctico, en orden a su supervivencia y bienestar (como en algunos insectos), se trata de una realidad de comunión y de amor, que, agregando, lejos de disolver la identidad de las personas, hace posible su vigencia y desarrollo.
     Así pues la Teología católica entiende, en la misma Trinidad y en tal designio creador, la voluntad de dar origen germinalmente, con el ser humano, a la Iglesia, como realidad histórica del Reino de Dios, así lo expresa un precioso Prefacio del actual Misal Romano (La Iglesia está unificada en la Trinidad, Prefacio dominical Vº para el Tiempo Ordinario).

El valor de Israel como pueblo de la Promesa.

     El Catecismo nos recuerda (n. 762) que:
     La preparación lejana de la reunión del pueblo de Dios comienza con la vocación de Abraham, a quien Dios promete que llegará a ser padre de un gran pueblo. La preparación inmediata comienza con la elección de Israel como pueblo de Dios. Por su elección, Israel debe ser el signo de la reunión futura de todas las naciones. Pero ya los profetas acusan a Israel de haber roto la alianza y haberse comportado como una prostituta. Anuncian, pues, una Alianza nueva y eterna. Jesús instituyó esta nueva alianza.

     Pese a las infidelidades de los elegidos, Dios permanece fiel, espera su conversión para hacer de ella un signo de la plena realización de sus designios (Catecismo =CEC, n. 674). Además ellos durante los tiempos anteriores a Cristo no eran “elegidos por exclusión” sino “como ejemplo” de lo que Dios quería hacer con la entera humanidad.
     Dios elige comunicarse y mantener la esperanza de los seres humanos no aisladamente, sino formando una convocatoria, una asamblea estructurada (sinagoga), un pueblo, una iglesia. La dilatación del Pueblo de las promesas hasta horizontes universales es ya evidentemente una orientación hacia la Iglesia y el Reino escatológico. No en vano la Liturgia cristiana echa sus raíces en numerosas instituciones cultuales del Judaísmo a las que Jesús da un nuevo impulso abriéndolas, en relación con su ministerio mesiánico, a una realización plena: así la Liturgia de la Palabra cristiana pone su base en la interpretación de la Ley y de los Profetas y Salmos hecha por Cristo y por las homilías apostólicas. La Liturgia Eucarística tomará como base los elementos y gestos principales de la Cena Pascual judía, tal y como Jesús los reinterpretó en su última cena con los apóstoles. El ritmo de oración continuada con que Israel se dirigía a Dios a través de las horas o momentos de oración, estará en la base de la Liturgia de las Horas de los cristianos (Vid. CEC n. 1096).

La Iglesia instituida por Cristo y manifestada por el Espíritu.

     La predicación de Jesús, dirigida al pueblo de Israel, llamando a la conversión, así como el envío de sus apóstoles a predicar esta conversión, empezando por Jerusalén, pero llegando hasta los confines del mundo, indica con claridad un deseo de salvación del Padre que abarca a todo el género humano. Tal salvación, abierta a todos,  devuelve a los seres humanos a la armonía esencial con Dios, pero también entre los hermanos, en el seno de la familia y en la Sociedad. Tiene en cada paso y gesto de Jesús una voluntad de instaurar una nueva etapa o modo de ser y de presentarse del pueblo de Dios, como sucedió con la Salida de Egipto y la Alianza en el Monte santo.
     Los “doce” son la nueva versión de las tribus que forman el Pueblo judío y nacen de Jacob. Jesús se hace “padre” para que los “doce” formen un Pueblo Definitivo. El mandato de “id y bautizadlos”, así como el “haced esto en memoria mía” tienen la firme intención de perpetuar, hasta el fin de los tiempos su venida salvadora, por medio de un pueblo estructurado y con una misión universal y trascendente. El milagro de Pentecostés no sólo da cumplimiento a antiguas profecías sino que también pone de manifiesto que el Espíritu que capacitó e impulsó la vida del Verbo encarnado, ahora fecunda a su esposa la Iglesia, su cuerpo, y lo capacita para presentarse como un sacramento de Cristo en orden a la realización plena de su obra.
     Cada Eucaristía con su ritmo progresivo para manifestar la presencia salvífica, Palabra-Sacramento, Presentación-Confección del Sacramento, Sacrificio-comunión, está mostrando la gradual recapitulación de todo en Cristo y, al mismo tiempo que la hace cumplimiento, la convierte en envío misionero, que la impulsa. No en vano comenzamos la Misa con una colecta (oración inicial que nos aúna) y la terminamos con un envío misionero (“Ite, missa est”).

Preguntas para el diálogo y la meditación.

■ ¿Tratas de ser testigo fiel, con tu testimonio, de que la Iglesia es querida por Dios para la salvación de los hombres?
■ ¿Tu modo de participar en las celebraciones de la Iglesia manifiesta tu convicción de que la Iglesia comunidad es un hecho querido por Dios?
■ ¿Tomas en serio en tus tiempos de adoración la permanente voluntad de Dios sobre la Iglesia? ¿le das gracias por pertenecer a ella? ¿rezas por el pueblo de Israel? ¿dejas que en la adoración el Espíritu te lleve a sentir cada vez más con la Iglesia y a participar en su misión desde tu vida ordinaria y tu estado de vida? ¿estás disponible para lo que la Iglesia te pida?


sábado, 12 de agosto de 2017

DOMINGO 13 DE AGOSTO, 19º DEL TIEMPO ORDINARIO


«¡ÁNIMO, SOY YO, NO TENGÁIS MIEDO!»


      Confieso que este texto siempre me ha ayudado en todos los momentos de mi vida por la sabiduría que encierra.
     Jesús ora en la madrugada. Busca los lugares solitarios. Pero, nunca se olvida de la gente. Los que dicen de los orantes que se olvidaron de la humanidad caen en la calumnia y expresa que ellos nunca oraron de verdad.
     La clave está en que Jesús, desde su oración, desde el monte, contempla a los que se debaten con miedo, con perplejidad, en los mares embravecidos de la vida. Jesús camina hacia ellos, camina hacia las aguas, que es propio de Yahvé, de Dios, del Espíritu, que se cernía sobre las aguas.
     Este pasaje expresa maravillosamente que Jesús es, cien por cien, divino y cien por cien humano. En su divinidad camina sobre las aguas, en su humanidad se conmueve ante las personas que lo está pasando muy mal.
     El miedo siempre paraliza el corazón humano y nos hunde. Jesús anima a Pedro a caminar hacia Él. Al principio lo consigue y, después, la duda y las dificultades del mar embravecido le hacen hundirse en el agua. Al final, el Señor cuando nos fiamos y confiamos en su Corazón nos saca siempre de los apuros. Ni nos traga la corriente, ni nos hundimos en el mar. Cuando nos cogemos de su mano, aunque nos digan que somos personas de poca fe y que la duda forma parte de nuestra vida de seguimiento de Jesús, salimos siempre a flote.
     Marchemos siempre tras el Señor y descubramos que no existe nada que nos lance más al auténtico compromiso con los hermanos que cuando somos capaces de entregar la vida por amor y sembrar de esperanza y de acogida a los que se debaten en el mar embravecido de la vida, con nubes de miedo y con la confianza en su Corazón

+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres 




AGOSTO 2017

«Bueno es Yahvé para con todos, tierno con todas sus criaturas» (Sal 145,9).

     Este salmo es un canto de gloria para celebrar la realeza del Señor, que domina sobre toda la historia: es eterna y majestuosa, pero se expresa en la justicia y en la bondad y se parece más a la cercanía de un padre que al poder de un dominador. Dios es el protagonista de este himno, que revela su ternura sobreabundante como la de una madre: Él es misericordioso, piadoso, lento a la ira, grande en el amor, bueno con todos...
     La bondad de Dios se ha manifestado hacia el pueblo de Israel, pero se extiende sobre todo lo que ha salido de sus manos creadoras, sobre cada persona y sobre toda la creación.
     Al final del salmo, el autor invita a todos los vivos a unirse a este canto para multiplicar su anuncio, en un armonioso coro de muchas voces:

«Bueno es Yahvé para con todos, tierno con todas sus criaturas»

     Dios mismo confió la creación a las manos laboriosas del hombre y de la mujer, como libro abierto en el que está escrita su bondad. Y ellos están llamados a colaborar en la obra del Creador y a añadir páginas de justicia y de paz caminando según su designio de amor. Pero, por desgracia, lo que vemos a nuestro alrededor son las muchas heridas infligidas a personas muchas veces indefensas y al entorno natural. Y es debido a la indiferencia de muchos y al egoísmo y la voracidad de quienes explotan las grandes riquezas del entorno solo para sus intereses, en perjuicio del bien común.
     En los últimos años se ha abierto camino en la comunidad cristiana una nueva consciencia y sensibilidad en favor del respeto a la creación; desde esta perspectiva podemos recordar muchos llamamientos autorizados que nos animan a redescubrir la naturaleza como espejo de la bondad divina y patrimonio de toda la humanidad.

  «Bueno es Yahvé para con todos, tierno con todas sus criaturas»
  
     Así lo expresa el patriarca Bartolomé I en su Mensaje para la Jornada de la Creación del año pasado: «Se requiere una vigilancia continua, formación y enseñanza, de modo que quede clara la relación de la crisis ecológica actual con las pasiones humanas [...] cuyo [...] resultado y fruto es la crisis ambiental en que vivimos. Por tanto, el único camino lo constituye el retorno a la belleza antigua [...] de la moderación y de la ascesis, que pueden llevar a gestionar sabiamente el entorno natural. En particular la avidez, con la satisfacción de las necesidades materiales, lleva con certeza a la pobreza espiritual del hombre, la cual comporta la destrucción del entorno natural».
     Y el papa Francisco ha escrito en el documento Laudato si: «El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión. Jesús nos recordó que tenemos a Dios como nuestro Padre común y que eso nos hace hermanos. El amor fraterno solo puede ser gratuito [...]. Esta misma gratuidad nos lleva a amar y aceptar el viento, el sol o las nubes aunque no se sometan a nuestro control. [...] Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos».
     Así pues, aprovechemos algún rato libre de las tareas laborales, o todas las ocasiones que tengamos durante el día, para dirigir la mirada a la profundidad del cielo, la majestad de las cimas y la inmensidad del mar, o si no a una simple brizna de hierba que ha brotado a la orilla del camino. Nos ayudará a reconocer la grandeza del Creador amante de la vida y a encontrar la raíz de nuestra esperanza en su infinita bondad, que todo lo envuelve y acompaña.
     Elijamos para nosotros y para nuestra familia un estilo de vida sobrio, respetuoso con las exigencias del entorno y proporcionado a las necesidades de los demás, para enriquecernos de amor. Compartamos los bienes de la tierra y del trabajo con los hermanos más pobres y testimoniemos esta plenitud de vida y de alegría haciéndonos portadores de ternura, benevolencia y reconciliación en nuestro entorno.
Leticia Magri