TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

sábado, 14 de junio de 2025

 VIVIR LA ORACIÓN

NUESTRA PARTICIPACIÓN EN LA ORACIÓN:

   La persona debe poner su deseo y su disposición, principalmente su actitud de silencio (apagar ruidos exteriores e interiores). El silencio aún no es contemplación, pero es el esfuerzo que Dios requiere para dársenos y transformarnos.

     El que actúa en la oración es el Espíritu Santo, pero Él no puede actuar en nosotros si no estamos en actitud de adoración, en actitud de reconocernos creaturas dependientes de Dios y, como consecuencia, nos abandonamos a su Voluntad. Es cierto que el Espíritu Santo puede actuar en nosotros aunque no estemos en adoración.  Es cuando el Espíritu Santo nos vence … Puede hacerlo.  De hecho lo hace a veces … como a San Pablo.  El Espíritu Santo puede actuar con fuerza o con suavidad (cf. Sb. 8, 1 en traducción de la Vulgata) Pero normalmente el Espíritu Santo sólo actúa en la medida en que estemos en oración, en disposición de adorar.  Y en la medida que se lo pidamos.  Y debemos pedirle que nos transforme, que nos cambie, que nos santifique, que nos dé tal o cual gracia que necesitamos para ser más parecidos a Jesús y a su Madre.

     La oración de adoración nos hace receptivos y dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo.  La oración nos permite escuchar la suave brisa de la cual le habló Jesús a Nicodemo (cf. Jn. 3, 8), que sopla donde quiere, pero que casi no se escucha … menos aún si no nos silenciamos.

En el silencio recibimos las inspiraciones del Espíritu Santo. En la adoración nos hacemos dóciles al Espíritu Santo.

   ¿Cuál es la participación de Dios en la oración?

     La participación de Dios escapa totalmente a nuestro control, porque El -soberanamente- escoge cómo ha de ser su acción en el alma del que ora. En ese recogimiento cuando oramos, Dios puede revelarse o no, otorgar o no gracias místicas o contemplativas.  Esta parte, el don de Dios, no depende del orante, sino de El mismo, que se da a quién quiere, cómo quiere, cuándo quiere y dónde quiere.

     Es muy importante tener en cuenta que la efectividad de la oración contemplativa no se mide por el número ni la intensidad de las gracias místicas.  Se mide por la intensidad de nuestra transformación espiritual: crecimiento en virtudes, desapego de lo material, entrega a Dios, aumento en los frutos del Espíritu, etc.

   ¿Por qué se habla de la oración como un combate? 

     Es corriente que los maestros espirituales hablen de la vida espiritual como un combate, comenzando por San Pablo que describe el combate espiritual en Ef 6, 10-18. El campo de batalla es el interior de la persona.  El arma del cristiano es la oración.  Podemos perder ese combate o podemos ganarlo.   Podemos ganar algunas batallas y perder otras, igual que en las guerras.

     Para ganar este combate, tenemos que luchar contra la acedia o pereza espiritual, que es básicamente la falta de interés en las cosas de Dios.  Luego tenemos que vencer las excusas:  “no tengo ganas” o “no tengo tiempo”.

     En resumen tenemos que vencer al Enemigo que no le interesa que nadie ore, pues no quiere que nadie se entregue a Dios, ni que esté del lado de Dios. La oración es un don de la gracia, pero presupone siempre una respuesta decidida por nuestra parte, pues el que ora combate contra sí mismo, contra el ambiente y, sobre todo, contra el Tentador, que hace todo lo posible para apartarlo de la oración. El combate de la oración es inseparable del progreso en la vida espiritual: se ora como se vive, porque se vive como se ora.  (CIC-C #572)

     Así es el combate espiritual.  ¿Estás dispuesto a ganarlo?  ¿O te vas a dar por vencido?

miércoles, 4 de junio de 2025

 VIGILIA NACIONAL, PREPARATORIA DEL 150º ANIVERSARIO FUNDACIONAL ANE

  Durante los días 17 y 18 de mayo, Zaragoza acogió la segunda jornada preparatoria con motivo del 150º aniversario de la fundación de la Adoración Nocturna Española; Encuentro que, bajo el lema «Don Luís de Trelles y el espíritu de la Adoración Nocturna a Jesús Sacramentado», fue una oportunidad para profundizar en la figura del Fundador y reflexionar sobre la vigencia de su legado espiritual.

 En esta ocasión nuestra provincia de Cádiz estuvo representada por adoradores/as las Secciones de Cádiz, de Ceuta y de Asidonia-Jerez.

  Comenzó la inauguración oficial en el Salón de Actos de la Casa de la Iglesia, -Plaza de la Seo-, con la Oración dirigida por el Viceconsiliario Nacional de la Obra, Reverendo D. Miguel Ángel Bondía, y continuando esta jornada de sábado con el acto de apertura y la 1ª Conferencia programada, donde se abordó el tema «La espiritualidad de la Adoración Nocturna a la luz de don Luís de Trelles», ponencia impartida por D. Juan Carlos Mollejo Sánchez.  D. Juan Carlos, joven adorador nocturno de la diócesis de Madrid y padre de familia numerosa, ejerce como abogado en el Tribunal Eclesiástico de la capital. En su intervención, destacó los pilares fundamentales de la espiritualidad de la ANE y subrayó la necesidad de conservar sus principios fundacionales para no desvirtuar su misión esencial. Según explicó, recuperar ese espíritu original permitiría devolverle a la Obra su fuerza evangelizadora.

  Tras un pequeño receso la siguiente conferencia corrió a cargo de Dª. Gloria Bermejo Reigada, psicóloga de las Fuerzas Armadas y también adoradora nocturna en Madrid. Que centró su intervención en «La importancia de la Lámpara del Santuario como legado espiritual de nuestro fundador», un recorrido por la historia y simbolismo de la revista homónima creada por don Luís de Trelles en 1870.  Dª. Gloria destacó cómo esta publicación fue el primer medio escrito ideado para promover el culto eucarístico en un contexto especialmente adverso. Durante dos décadas, entre 1870 y 1890, Trelles asumió en solitario tanto la dirección como la redacción de la revista, y en mayor medida, también, los costos de la misma.

  Concluyó el programa del sábado con una ofrenda floral a la Virgen del Pilar, realizada en la Santa Capilla de la Catedral-Basílica. Ceremonia presidida por el deán del Cabildo, D. Juan Sebastián y como oferente el Presidente Nacional de la Adoración Nocturna D. José María Pérez-Mosso Nenninger; a cuyo término y con la tradicional procesión de Banderas, en esta ocasión por el interior de la Basílica, se celebró la Vigilia Eucarística Nacional presidida por el arzobispo de Zaragoza, Monseñor D. Carlos Manuel Escribano Subías y concelebrada por un nutrido presbiterio.

  El domingo 18, en el mismo recinto, se desarrolló la tercera y última conferencia de las jornadas, bajo el título «Don Luís de Trelles y la Sección Adoradora y de las Camareras de Jesús Sacramentado de Zaragoza». Dicha exposición fue ofrecida por la doctora Dª. Carmen Pérez Bustelo, quien profundizó en el papel clave que desempeñó Zaragoza en la vida y obra del venerable fundador.

  Con la clausura de estas segundas Jornadas de preparación al 150º aniversario fundacional finalizaron los actos programados, que no cabe duda, dejaron un imborrable recuerdo a los asistentes, tanto por el incomparable marco en el que se desarrollaron como por la espiritualidad compartida en los mismos. Y con la marcha de los participantes a sus respectivas localidades de destino quedamos comprometidos para el próximo encuentro que celebraremos Dm. en Valencia, y que coincidirá con la celebración del tercer Año Jubilar del Santo Cáliz, considerando la misma como Peregrinación privilegiada.

FRANCISCO DE LA TORRE - PRESIDENTE DIOCESANO

martes, 6 de mayo de 2025

PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN

MAYO :  ADORAR Y BENDECIR

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

 LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS

    BENDITO Y ALABADO SEA

   Ben-decir es decir bien. Hablar bien de algo, de alguien. ¡Cuánto necesitamos cambiar nuestro espíritu de crítica, de maledicencia por un Espíritu de Bendición! ¡Cómo cambiaría el mundo si por cada crítica dicha la cambiáramos en una alabanza a dicha persona! Mirar el bien para decir el bien. Ver lo bueno para cantar lo bueno… Adorar la Eucaristía debe ayudarnos a esto. Por eso ante el Santísimo se cantan bendiciones. Porque bendiciendo a Dios nos hacemos más capaces de bien-decir de los hermanos. La Eucaristía es sacramento de bendición.

   San Cirilo llama a este augusto Sacramento de bendición. De bendición, porque de hijos de ira y de maldición, Cristo nos mereció la bendición y la gracia ... de bendición, porque en Él y por Él serán benditas todas las gentes: de bendición, porque es la vida de la gracia: de bendición, porque es la salvación del ánima: de bendición, porque es la que se ha de dar en el día tremendo de la Justicia final. (LS, TI, 1870 p.10.)

   En realidad, la bendición funciona en dos direcciones. De abajo arriba y de arriba abajo. Nosotros bendecimos a Dios, queremos ensalzar su nombre sus bondades, sus cualidades: ¡Bendito sea Dios! ¡Qué expresión tan bella y qué fácilmente viene a nuestros labios estando junto al Santísimo! Pero nosotros no podríamos hacer esto si previamente Jesús no nos hubiera bendecido él, como Dios eterno. Él nos dio la vida por su palabra “dijo Dios”… “y vio que era bueno”. La creación misma es una inmensa ben-dición. Pero además su redención, su misericordia no hace sino multiplicar la bendición en nuestros corazones.”

   “La oración de bendición es la respuesta del hombre a los dones de Dios: porque Dios bendice, el corazón del hombre puede bendecir a su vez a Aquel que es la fuente de toda bendición” (CEC 2626). El Espíritu Santo es el Mensajero de esta bendición. Tanto la que asciende como la que desciende… “Dos formas fundamentales expresan este movimiento: o bien la oración asciende llevada por el Espíritu Santo, por medio de Cristo hacia el Padre (nosotros le bendecimos por habernos bendecido) o bien implora la gracia del Espíritu Santo que, por medio de Cristo, desciende de junto al Padre” (CEC 2627).

   Así podemos entender la gran bendición que supone cada vigilia de Adoración Nocturna. Es un encuentro entre dos movimientos, nosotros buscamos a Dios, Dios nos busca a nosotros. Cada convocatoria mensual es un lugar propio de bendición mutua. Uno de los momentos más hermosos del ritual de Adoración es cuando después de haber recibido la Bendición del Santísimo nosotros respondemos con una letanía de bendiciones “Bendito sea su santo nombre”, “Bendito sea Jesucristo en el Santísimo sacramento del Altar” …

   San Pablo proclama con emoción el plan de amor de Dios y dice así: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado» (Ef 1,3-6) … Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él.» Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos (Mc 10, 13-16).

   Una experiencia intensa es la de leer estos textos bíblicos de bendición en una prisión, o en un centro de desintoxicación. Hacer sentir a esas personas que permanecen bendecidas, no obstante sus graves errores, que el Padre celeste sigue queriendo su bien y esperando que se abran finalmente al bien. Si incluso sus parientes más cercanos les han abandonado, porque ya les juzgan como irrecuperables, para Dios son siempre hijos. Dios no puede cancelar en nosotros la imagen de hijo, cada uno de nosotros es hijo, es hija. A veces ocurren milagros: hombres y mujeres que renacen. Porque encuentran esta bendición que les ha ungido como hijos. Porque la gracia de Dios cambia la vida: nos toma como somos, pero no nos deja nunca como somos … No podemos solo bendecir a este Dios que nos bendice, debemos bendecir todo en Él, toda la gente, bendecir a Dios y bendecir a los hermanos, bendecir el mundo: ésta es la raíz de la mansedumbre cristiana, la capacidad de sentirse bendecidos y la capacidad de bendecir. Si todos nosotros hiciéramos así, seguramente no existirían las guerras. Este mundo necesita bendición y nosotros podemos dar la bendición y recibir la bendición. El Padre nos ama. Y a nosotros nos queda tan sólo la alegría de bendecirlo y la alegría de darle gracias, y de aprender de Él a no maldecir, sino bendecir. Y aquí solamente una palabra para la gente que está acostumbrada a maldecir, la gente que tiene siempre en la boca, también en el corazón, una palabra fea, una maldición.

Para el diálogo y la meditación.

     Cada uno de nosotros puede pensar: ¿yo tengo esta costumbre de maldecir así? Y pedir al Señor la gracia de cambiar esta costumbre para que nosotros tengamos un corazón bendecido y de un corazón bendecido no puede salir una maldición. Que el Señor nos enseñe a no maldecir nunca sino a bendecir.


jueves, 1 de mayo de 2025

 TRES MODOS DE EXPRESAR Y VIVIR LA ORACIÓN

(Continuación)


LA ORACION DE CONTEMPLACION

   La contemplación es el más alto grado de oración que podemos practicar como esfuerzo necesario del hombre (ascética). Lo importante en la contemplación es el silencio interior, un silencio que nos pide el recogimiento de la mente y la quietud de la voluntad para permanecer en la presencia de Dios, en una unión Intima y espiritual que se convierte en adoración al Amor de los amores, pues el divino Espíritu anhela acercarse a sus criaturas para edificarlas espiritualmente. Por eso decimos que es el Espíritu Santo el que realiza la verdadera formación espiritual del ser humano, pues solo el amor de Dios puede configurarnos con Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, único mediador entre Dios y los hombres (CEC 480-481). Recordemos que con su ofrenda voluntaria en la cruz, con su muerte y resurrección, ha alcanzado para la humanidad el retorno a la semejanza divina que perdimos por el pecado original.

   El lugar por excelencia de esta práctica de oración es ante Jesús Eucaristía, en la que el Señor está presente realmente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. También ante la exposición del Santísimo Sacramento o ante el Sagrario, pues su presencia permanente en el pan consagrado deriva del sacrificio eucarístico y se ordena a la comunión de los fieles. El Señor ha querido quedarse con nosotros «hasta el final de los tiempos» (Mt 28,20). Cuando no podemos estar la presencia real del Señor, lo adecuado es recogernos para contemplarlo en nuestro corazón, como nos ensena el Apóstol: «Tu, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensara» (Mt 6, 6).

   Si en la oración vocal nuestras potencias estaban activas, y en la meditación estaban receptivas; en la contemplación, las potencias están recogidas en la presencia del Señor, en silencio y quietud, pero abiertas a la acción de la gracia: la memoria, el entendimiento y la voluntad se disponen a la acogida del Espíritu Santo. Con todo, las potencias siguen haciendo un esfuerzo necesario (ascética), pues lo normal es que tengamos un combate continuo contra los pensamientos que nos sugiere la mente humana, esa 'loca de la casa' -diría santa Teresa- que no para de proponernos ideas que nos hacen apartarnos de la presencia de Dios. Se oponen al recogimiento de la mente los pensamientos inoportunos, negativos o inútiles, las preocupaciones, las maquinaciones y las obsesiones, pues nos apartan de la unión espiritual y perfecta con Dios. Entendido así, la oración contemplativa es una tarea comparable a la que realiza el campesino cuando dispone las acequias necesarias para el riego de la semilla, a fin de que pueda dar el fruto esperado por el sembrador.

   Al comienzo de la práctica de esta oración, es frecuente que nos pasemos el tiempo apartando pensamientos inoportunos e inútiles. Con la perseverancia, iremos experimentando la paz interior, un don de Dios que favorece el recogimiento de la mente y la quietud de la voluntad, pues nuestro corazón anhela estar unido a Él y hacer en todo su voluntad. Observemos que la unión espiritual perfecciona el entendimiento y armoniza la unión de la mente y la voluntad, de forma que, con ayuda de la gracia, iremos venciendo los vicios y las tendencias desordenadas, de suerte que irán aflorando las virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Nos puede parecer que no nos sirve de nada por el combate de los pensamientos: al contrario, esto nos confirma que estamos experimentando la limitación humana en el seguimiento de Cristo, lo cual nos hará más humildes y confiados.

  Cuando no tenemos experiencia en la oración contemplativa, conviene iniciarse con unos minutos cada día, sin querer avanzar a pasos de gigante, hasta que seamos capaces de permanecer, al menos, media hora diaria, siguiendo las enseñanzas de Jesús a Pedro: «No habéis podido velar una hora conmigo?» (Mt 26,40).

   La oración de contemplación fue una novedad que aporto a la Adoración Nocturna Española nuestro Fundador, el venerable Luis de Trelles: media hora de “oración personal” ante el Santísimo Sacramento. La práctica correcta de esta oración contemplativa es muy importante para nuestro provecho, pues en ella, sin ocuparnos en otra cosa, buscamos la unión con el único y divino Espíritu que procede del Padre y del Hijo. Hemos de permanecer en silencio, sin cantos ni otras ocupaciones, pues es un elemento necesario de nuestro carisma, al que debemos ser fieles, a pesar de que hayan surgido nuevos carismas de adoración al Santísimo Sacramento con otras prácticas diferentes. Ayudémosles en su promoción, pero sin perder nuestro carisma.

   En conclusión, la oración es una vía de perfección que nos dispone a recibir mayores gracias por la acción del Espíritu Santo: «Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos» (Ez 36, 27). Perseveremos en hacer nuestras las enseñanzas de la Iglesia, siempre de la mano de la Virgen María, Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Ella es nuestra protectora e intercesora, y la mediadora de todas las gracias. 

                                             FRANCISCO JAVIER CEBRIÁN DEL POZO                                                              Vocal nacional de formación.

martes, 29 de abril de 2025

lunes, 21 de abril de 2025

viernes, 18 de abril de 2025

TRES MODOS DE EXPRESAR Y VIVIR LA ORACIÓN

(Continuación)


LA ORACION DE MEDITACION

     La oración de meditación supone llevar al corazón la Palabra de Dios, pero también es meditación la reflexión que educa la fe y edifica espiritualmente a la persona. Por tanto, podemos meditar también los textos de las enseñanzas de los Padres de la Iglesia y del Magisterio más reciente y actual. También las reflexiones y enseñanzas de los santos que nos han precedido. Todo es llevado al corazón con el ejemplo de la Virgen María que “conservaba todo en su corazón” (Cf. Lc 2, 19 y 51). Distingamos así que una cosa es tener conocimiento de la Palabra de Dios y otra cosa es acogerla y conservarla para la propia edificación espiritual y su puesta en práctica.

     Si en la oración vocal nuestras potencias están activas, en la meditación, nuestras potencias están receptivas. La memoria, el entendimiento y la voluntad se disponen a la lectura o a la escucha atenta de la Palabra de Dios. Observemos que la dispersión de las potencias, o la distracción, nos hace perder la concentración y la debida atención a la Palabra de Dios. Por esta razón, necesitamos esforzarnos en mantener el recogimiento de las potencias en la presencia de Dios. Este es el esfuerzo humano necesario (ascética) que permitirá que la gracia de Dios, con la fuerza del Espíritu Santo, pueda depositar su obra en lo más íntimo de nuestro corazón (mística).

     Este grado de oración es el que practicamos en nuestras vigilias nocturnas, al leer los textos que nos propone la Iglesia en la Liturgia de las Horas. En ellos meditamos la Palabra de Dios contenida en las Escrituras (lecturas, salmos, etc.). En el Oficio de Lecturas también leemos las reflexiones de los Padres de la Iglesia y del Magisterio, e incluso, se nos proponen los ejemplos de la vida de los santos en las reflexiones mensuales. La atención en estas meditaciones es muy importante para nuestro provecho, pues hemos de procurar meditarlas con serenidad y reposo de nuestras potencias, conscientes de que el corazón percibe la presencia del Señor, sin ocuparnos en otra cosa, y evitando que las lecturas se queden en una simple recitación vocal, tal y como lo ensenaba nuestro fundador, el Venerable don Luis de Trelles. En definitiva, solo una buena disposición permitirá que, por la meditación, el Espíritu de Dios haga una perfecta edificación espiritual en el corazón de todos los que meditan su Palabra.

     En consecuencia, la oración de meditación nos es necesaria para que la semilla pueda ser depositada en nuestro corazón. Es por la oración de meditación que la Palabra de Dios es sembrada en el corazón de los hombres para que podamos dar fruto abundante. Si la oración vocal preparo las potencias del alma para la siembra, ahora, la oración de meditación permite la siembra de la Palabra de Dios que necesita toda criatura para dar el fruto esperado por el Creador. Con ello, recibimos nuevas gracias y seguimos afianzando el recogimiento de la mente, la quietud en la voluntad y la vivencia de las virtudes que el espíritu evangélico nos va proponiendo (pobreza, castidad y obediencia). Entendido así, la oración de meditación es una tarea comparable a la que realiza el campesino en la siembra de la semilla, tras haber preparado la tierra (oración vocal). Recordemos en todo momento que, sin oración, la gracia de Dios no puede actuar para acrecentar y fortalecer los dones naturales que hemos recibido, con lo que se pierde el fruto esperado por el Viñador.

   En conclusión, esforcémonos en practicar el recogimiento de nuestras potencias (memoria, entendimiento y voluntad), pues la oración de meditación es la oración que prepara la acequia que nos ha de acercar a las fuentes de la contemplación. Perseveremos en hacer nuestras las enseñanzas de la Iglesia, siempre de la mano de la Virgen María, Madre de la Iglesia y Madre nuestra, pues Ella es nuestra protectora e intercesora y la mediadora de todas las gracias.

                                   FRANCISCO JAVIER CEBRIÁN DEL POZO                                                             Vocal nacional de formación A.N.E.

lunes, 14 de abril de 2025

TRES MODOS DE EXPRESAR Y VIVIR LA ORACIÓN

     La tradición cristiana ha conservado tres modos principales de expresar y vivir la oración:  la oración vocal, la meditación y la oración contemplativa. Su rasgo común es el recogimiento del corazón. (CIC-C #568).  Así que, de acuerdo al Catecismo, y de acuerdo a la experiencia de vida de oración de los católicos, hay tres formas de expresión en la oración:  vocal, meditación u oración mental y contemplación.

       A pesar de que cada forma de orar tiene características especiales que hacen que se diferencien entre sí, las tres tienen el mismo fin (la unión con Dios), y las tres requieren el recogimiento de la mente y del corazón.  Es decir, las tres presuponen el deseo de tomar contacto con Dios a través de la oración.

La vida de oración - Catholic.net 

LA ORACION VOCAL

     Podemos decir que la oración vocal es la oración inicial y más básica que practicamos los fieles. Con ella, seguimos la inspiración del Espíritu Santo que ya ha puesto la semilla en nuestro corazón. Es el don incipiente que desarrollara el don de piedad, don que se acrecienta más y más cuando vamos experimentando la acción de la gracia de Dios.

     La oración vocal, personal o comunitaria, siempre expresa la pertenencia a una comunidad plural, la Iglesia, en la que fuimos injertados por la gracia de Dios en nuestro Bautismo. La oración nace entonces en lo más íntimo, en el corazón, y se expresa con la boca en forma de alabanza, de petición por nuestras necesidades o las de otras personas, y como no, de acción de gracias. Nada se pierde, pues los ángeles recogen nuestras oraciones y las presentan al Padre con la mediación de los santos, de la Virgen María y del mismo Cristo, nuestro Señor, en unión de su Santo Espíritu.

     Con todo lo dicho, podemos decir que la oración vocal nos es necesaria como le es el agua a todas las criaturas, sin la cual no tendríamos vida en nosotros. Por estas razones, no debemos abandonar la oración vocal bajo ningún pretexto, más bien, debemos apreciar en todo momento los bienes que produce: activa las potencias del alma (memoria, entendimiento y voluntad), de suerte que nos dispone a aprovechar más aun la oración de meditación y la contemplación, afianzando nuestro recogimiento de la mente, la quietud en la voluntad y la vivencia personal en la práctica de las virtudes que el espíritu evangélico nos comunica (pobreza, castidad y obediencia). La oración, en definitiva, es una tarea comparable a la que realiza un campesino en la preparación de la tierra para recibir la semilla: el campesino vigila la tierra y no cesa de labrarla para que pueda respirar, eliminando constantemente las piedras que obstaculizan la siembra. Tal es la tarea de la oración para el alma que quiere dar frutos de santidad: sin oración, la gracia de Dios no puede actuar y pierde el fruto esperado por el Viñador. En conclusión, perseveremos unánimes en la oración del Santo Rosario, pues es la oración que la Virgen María nos ha pedido para atraer la fuerza del Espíritu y los dones de la gracia de Dios, tanto en el ámbito personal como en el ámbito eclesial y por la paz del mundo.                  

 FRANCISCO JAVIER CEBRIÁN DEL POZO                                                        Vocal nacional de formación A.N.E.