Espiritualidad Católica como fuente testimonial. Tras el reconocimiento de nuestro carisma cristiano, buscamos ser consecuentes y por lo tanto expandir el Evangelio de Cristo en nuestra sociedad.
TIEMPOS LITURGICOS
miércoles, 29 de enero de 2020
sábado, 18 de enero de 2020
OCTAVARIO POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
Durante
los días de esta próxima semana (18 al 25
enero)
como cada año dedicamos unos días a orar por la unidad de los cristianos, a
reflexionar sobre este tema y a dar pasos eficaces en el camino hacia la unidad
plena.
El lema de este año “Nos mostraron una humanidad poco común” se refiere a
un episodio de la comunidad cristiana, en el que Pablo va camino de Roma con
sus acompañantes, naufragaron y fueron a parar a la isla de Malta, donde fueron
acogidos por los cristianos del lugar con una amabilidad y una humanidad poco
común. El camino hacia Roma se vio alterado por las condiciones del naufragio,
pero fue ocasión para experimentar el amor de los hermanos que los acogieron…
Nos evoca este camino hacia Roma por parte de
Pablo, que ha apelado al emperador cuando era condenado a muerte en su tierra
de origen, el
camino que tantas personas recorren para llegar a la plena comunión con el
sucesor de Pedro, el Papa de Roma... El lema evoca también a tantos
cientos y miles de personas que atraviesan el mediterráneo u otros lugares del
planeta en busca de una situación mejor... Encontrar una mano hermana que te
socorre es algo que se agradece enormemente.
La semana de oración por la unidad de los cristianos nos hace caer
en la cuenta de que Jesús ha fundado una sola Iglesia, y que a lo
largo de la historia esa única Iglesia se ha sentido zarandeada por
las divisiones internas de sus hijos. El camino hacia la unidad es un camino
difícil, por eso hemos de pedirle a Dios que nos conceda esa unidad deseada por
Cristo y por todos sus discípulos hoy. Y ese camino hacia la unidad, referido a
personas concretas, supone un camino arduo para tantos que buscan sinceramente la
verdad en la Iglesia de Cristo…
Oremos en esta semana especialmente por la unidad de los cristianos…
Recibid mi afecto y mi bendición.
Recibid mi afecto y mi bendición.
+ Demetrio Fernández - Obispo de Córdoba
DOMINGO 19 DE ENERO DE 2020, 2º DEL TIEMPO ORDINARIO
«ESTE ES EL CORDERO DE DIOS…»
Volver al tiempo
ordinario, es volver a descubrir que lo extraordinario de nuestra vida está en
el amor con que se vive todo. No consiste en lo que hacemos, sino, en el cómo,
y por qué lo hacemos.
El evangelio de Juan nos presenta una imagen tan querida para el pueblo judío,
la del cordero. Jesús es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
El Mesías es el Señor, el cordero inmolado
por nosotros y por nuestra salvación que quita el pecado del mundo. Es una novedad y
es que Jesús lleva sobre si el pecado del mundo. Se presenta como
cordero manso y humilde. Llevado al matadero. Humilde. No abre la boca ante el
esquiador. Jesús manso y humilde de corazón hace suyo y lleva sobre si el pecado
del mundo.
Otra novedad es que Jesús es a la vez el pastor y el
cordero. Pastor y pasto que repite un himno de la fiesta del Corpus Christi. El
Cordero es el que nos alimenta con su cuerpo y con su sangre redentora. No nos
ha amado en bromas. Su Amor incondicional le ha llevado a entregar la vida por
Amor. Es su vida entregada hasta la cruz, la que nos habla de su amor extremo,
como pan partido y sangre derramada.
El inicio, el transcurso, y el final de la vida de Jesús, se ha presentado
siempre ante los hombres, no como una amenaza contra lo bueno que hay en el corazón
humano, sino como una lucha campal contra el Maligno y el mal, que siembran las
relaciones humanas de odio y violencia. Al mal se vence a fuerza de Bien.
Es necesario mirar al Cordero traspasado en su Corazón por nuestros
pecados y repetir a todo el mundo con nuestra vida, mirad al Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo llevándolo sobre sí.
+ Francisco Cerro Chaves - Arzobispo electo de Toledo
Administrador Apostólico de Coria-Cáceres.
viernes, 17 de enero de 2020
(Hch 28, 2)
ENERO 2020
«Nos mostraron una humanidad poco común» (Hch 28, 2)
Doscientos setenta y seis náufragos llegan
a las costas de una isla del Mediterráneo después de dos semanas a la deriva.
Están empapados, extenuados, aterrorizados; han sentido su impotencia ante las
fuerzas de la naturaleza y han visto la muerte cara a cara. Entre ellos hay un
prisionero camino de Roma para someterse al juicio del emperador.
No es una crónica de las noticias de
nuestros días, sino el relato de una experiencia del apóstol Pablo, que es
llevado a Roma a coronar su misión de evangelizador mediante el testimonio del
martirio.
A pesar de su condición de preso y ayudado
por una fe inquebrantable en la Providencia, Pablo ha conseguido
sostener a sus compañeros de desventura hasta que atracan en una playa de
Malta.
Allí los habitantes van a su encuentro, los
reciben en torno a un gran fuego para reconfortarse y luego se desviven por
ellos. Al cabo de unos tres meses, al final del invierno, les dan lo necesario
para reemprender el viaje seguros.
«Nos mostraron una humanidad poco común»
Pablo y los demás náufragos experimentan
la humanidad cálida y concreta de una población que aún no ha sido alcanzada
por la luz del Evangelio. No es una acogida apresura e impersonal, sino capaz
de ponerse al servicio del huésped sin prejuicios culturales, religiosos ni
sociales. Para ello es indispensable la implicación personal y de toda la
comunidad.
La capacidad de acoger al otro forma parte del ADN
de cualquier persona como criatura que lleva impresa en sí la
imagen del Padre misericordioso, aun cuando la fe
cristiana no se haya encendido aún o esté debilitada. Es una ley grabada en el corazón
humano y que la Palabra de Dios ilumina y refuerza, desde Abraham [1]
hasta la sorprendente revelación de Jesús: «Era forastero y me acogisteis»[2].
El Señor mismo nos ofrece la fuerza de su
gracia para que nuestra frágil voluntad llegue a la plenitud del amor
cristiano.
Con esta experiencia, Pablo
nos enseña también a confiar en la intervención providencial de Dios, a reconocer y apreciar
el bien recibido a través del amor concreto de quienes se cruzan en nuestro
camino.
«Nos mostraron una humanidad poco común»
Este versículo del libro de los Hechos de los
Apóstoles ha sido propuesto por cristianos de distintas Iglesias de la isla de
Malta como lema para la Semana de oración por la unidad de los cristianos de
2020[3].
Estas comunidades apoyan conjuntamente
numerosas iniciativas a favor de pobres y migrantes: reparto de comida, ropa y
juguetes para los niños y clases de inglés para favorecer la inserción social. Su
deseo es reforzar la capacidad de acogida, pero también alimentar la comunión
entre cristianos pertenecientes a Iglesias distintas, para testimoniar la misma
fe.
Y nosotros ¿cómo
testimoniamos ante los hermanos el amor de Dios?, ¿cómo contribuimos a
formar familias unidas, ciudades solidarias, comunidades sociales verdaderamente
humanas? Esto es lo que Chiara Lubich nos sugiere:
«Jesús
nos demostró que amar significa acoger al otro tal como es, del modo en que Él nos
acogió a cada uno de nosotros. Acoger al otro, con sus gustos, sus ideas, sus
defectos, su diversidad. [...] Hacerle sitio dentro de nosotros, desalojando de
nuestro corazón toda prevención, juicio e instinto de rechazo. [...] Nunca
damos mayor gloria a Dios que cuando nos esforzamos en aceptar a nuestro prójimo,
porque entonces sentamos las bases de la comunión fraterna, y no hay nada que
dé tanta alegría a Dios como la unidad verdadera entre las personas. La unidad
atrae la presencia de Jesús entre nosotros, y su presencia lo transforma todo. Acerquémonos,
pues, a cada prójimo con este deseo de acogerlo con todo el corazón y de establecer
antes o después el amor recíproco con él»[4].
Leticia
Magri
[3]
La Semana de oración por la unidad de los cristianos se celebra cada
año: en el hemisferio norte, del 18 al 25 de enero, y en el hemisferio sur, entre
la fiesta de la Ascensión y la de Pentecostés.
[4]
C. Lubich, Palabra de vida de diciembre de 1986: Ead., Parole di vita (ed.
F. Ciardi), Cittá Nuova, Roma 2017, pp. 375-376 (próxima publicación en
castellano).
domingo, 12 de enero de 2020
DOMINGO 12 DE ENERO DE 2020, FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR
«ESTE ES MI HIJO AMADO, EN QUIEN ME COMPLAZCO
El Bautismo del Señor nos habla de la
profunda humildad del Señor y de nuestro agradecimiento por ser hijos de Dios y
hermanos de la familia del Padre. Es precioso que no se cierre el ciclo de la
Navidad sin contemplar el BAUTISMO del Señor con estas tres claves:
La profunda humildad del Señor que elige el camino de los últimos, de ponerse a la cola de los pecadores
para compartir su condición y pasar por uno de tantos. No eligió significarse.
No quiso llamar la atención. Su profunda sencilla humildad nos recuerda la del
pesebre de la Navidad.
El protagonismo del Espíritu Santo
que revela la profunda identidad de Jesús, hijo amado del Padre y hermano de
pobres y pecadores. No esta lejos de nadie. Los preferidos de su Corazón los
que nunca cuentan para nadie. Sus preferidos los últimos y los penúltimos.
El Jordán, con Jesús dentro,
se convierte, por el Bautismo, en la fuente de la salvación. Naaman el
sirio fue curado de su lepra en el Jordán por obedecer los designios de Dios.
Cuando vivimos por el Bautismo, cumpliendo los proyectos de su Corazón,
subsisten en nosotros de edad en edad, y de su Corazón abierto en la cruz, de
donde brotan por el agua y la sangre, los sacramentos de la vida que curan
nuestras heridas.
+ Francisco Cerro Chaves - Arzobispo electo de Toledo
Administrador Apostólico de Coria-Cáceres
jueves, 9 de enero de 2020
REFLEXIONES PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA
ENERO: DESDE EL CUARTO DE GUARDIA
I - A MODO DE
EXPLICACIÓN PREVIA
Alabado sea el
Santísimo Sacramento del Altar
La
reunión previa con la que comenzamos la
vigilia ordinaria mensual tiene una importancia clave
para el desarrollo del resto de los momentos en que se va a desarrollar el
encuentro con el Señor expuesto. Sin duda tienen que darse avisos, información
general, además de los saludos prescritos y nos puede parecer que
es un momento adecuado para la formación, y lo es, pero bien sabéis que el alma
de la Adoración Nocturna es la oración, orar y adorar a Nuestro Señor, no tanto
ideas claras sino corazones encendidos. ¿Qué os parece si este ratito que
estamos reunidos nos sirve para arrancar la “vela o velada” encendidos en amar
y más amar, que no es el mucho saber, sino el mucho amar lo que espera el Señor
esta noche de cada uno de nosotros? Los hombres y las mujeres de la Adoración
deben tener una actitud interior dominante: enamorados de Jesucristo como Él se
ha enamorado de cada uno de nosotros. Amor con amor se paga.
Propongo que
en cada texto del año aparezcan tres momentos: 1º
un marco con una frase eucarística de Cristo. 2º Una oración
jaculatoria al Espíritu Santo, para que nos encienda en amores. 3º
Un texto de un santo o de la Iglesia que nos inicie en la oración meditativa.
¿Por
qué no aprovechar a lo largo del año los textos patrísticos y
eclesiásticos recogidos en índice en
nuestro manual en la página 660,
aunque muchos os los sepáis de memoria, y luego en el turno de vela lo volvamos
a escuchar? A veces una idea, una frase, se detiene en nuestro corazón y va
retozando junto al Señor en nuestra alma durante toda la noche, en el silencio
de la contemplación o en momentos de alabanza.
II - REFLEXIONES DE
UN ADORADOR NOCTURNO PARA ORAR DESDE LA REUNIÓN PREVIA - ¿Y DE LA MUERTE QUÉ?
1º Marco para esta noche de enero.
“Jesús
les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si
no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida
en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene
vida eterna, y yo le resucitaré el último día.”( Juan 6: 52 – 54)
Venimos a estar con nuestro Dios. Dueño y
Señor de todas las cosas. Sí, sí, sin duda. Pero en este comienzo de año, en
medio del recuerdo del Niño que nos ha nacido, hoy nos preguntamos en el
corazón lo que proclamamos en grupo en el credo: ¿De
verdad crees que tras tu morir tienes vida eterna y que resucitarás en el
último día? Tú y yo y cada uno de nosotros. La Fe
sin esperanza es una opinión. Esta noche nos lo dice el Señor: “Yo te
resucitaré el último día”
2º Una oración
jaculatoria al espíritu santo, para que nos encienda en amores.
Ven
Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciéndelos en el fuego de
tu amor.
“Morir solo es morir, morir
se acaba” (José
Luis Martín Descalzo) ¿Me quedo en mis temores o me quedo en tus
palabras? Gracias, Gracias, “porque tú lo dijiste, Hijo de Dios, y nada hay, nada
es más cierto que esta palabra de Verdad.”
3º un texto de un
santo o de la iglesia que nos inicie en la oración meditativa.
“El
misterio de la muerte, Gaudium et Spes” 18.
El
máximo enigma de la vida humana es la muerte. El hombre sufre con
el dolor y con la disolución progresiva del cuerpo. Pero
su máximo tormento es el temor por la desaparición perpetua.
Juzga con instinto certero cuando se resiste a aceptar la perspectiva de la
ruina total y del adiós definitivo. La semilla de eternidad que en sí lleva,
por ser irreducible a la sola materia, se levanta contra la muerte. Todos los
esfuerzos de la técnica moderna, por muy útiles que sean, no pueden calmar esta
ansiedad del hombre: la prórroga de la longevidad que hoy proporciona la
biología no puede satisfacer ese deseo del más allá que surge ineluctablemente
del corazón humano.
Mientras
toda imaginación fracasa ante la muerte, la Iglesia, aleccionada
por la Revelación divina, afirma que el hombre ha sido
creado por Dios para un destino feliz
situado más allá de las fronteras de la miseria terrestre. La fe cristiana
enseña que la muerte corporal, que entró en la historia a consecuencia del
pecado, será vencida cuando el omnipotente y misericordioso Salvador restituya
al hombre en la salvación perdida por el pecado. Dios ha llamado y llama al
hombre a adherirse a Él con la total plenitud de su ser en la perpetua comunión
de la incorruptible vida divina. Ha sido Cristo resucitado el que ha ganado
esta victoria para el hombre, liberándolo de la muerte con su propia muerte.
Para todo hombre que reflexione, la fe, apoyada en sólidos argumentos, responde
satisfactoriamente al interrogante angustioso sobre el destino futuro del
hombre y al mismo tiempo ofrece la posibilidad de una
comunión con nuestros mismos queridos hermanos
arrebatados por la muerte, dándonos la esperanza de que poseen ya en Dios la
vida verdadera.”
La
Eucaristía es una garantía de vida eterna.
¿Recordáis aquella jaculatoria que se oía frecuentemente en nuestras horas
santas o en nuestras oraciones en familia: ¡admirable sacramento de la vida
dulce prenda seáis por siempre bendita en el cielo y en la tierra! El pan en
que recibimos a Dios es prenda o mejor se nos ha dejado en prenda, en
muestra o señal de que recibiremos la joya de la vida verdadera. En estas horas
junto al Señor qué consoladoras nos resultan las palabras que leemos en
la Constitución: “Dios ha llamado y llama al hombre a
adherirse a Él con la total plenitud de su ser en la perpetua comunión de la
incorruptible vida divina. Ha
sido Cristo resucitado el que ha ganado esta victoria para el hombre,
liberándolo de la muerte con su propia muerte”. ¿Le diremos como a San Pablo en
el Ágora, de esto otro día te escucharemos? ¿A dónde iremos si tú tienes
palabras de vida eterna?
Preguntas para el
diálogo y la meditación.
■ ¿Crees
que meditar en la muerte amarga la vida? ¿Saber que somos tiempo, un paréntesis
en la fuga de las horas, no nos ayuda a valorar que el tiempo no es oro, sino
vida, que la moneda más preciada con que nos pagamos unos a otros y al mismo
Dios es la del tiempo, que el tiempo que nos damos tiene valor de eternidad?
■ ¿Crees
que dejan serenas las ideas que hoy se ofrecen como respuesta: “ Hombre, no
eres más que esto: lodo que regresa al lodo, a la “arcilla apagada”. La tierra
como Madre inmensa, no distinta del hombre permite que sigamos, no como
espíritu ni menos como cuerpo resucitado unido al alma de nuestro ser personal,
sino como “barro tú en el barro”.?
■ ¿Cantas
gozosamente ante nuestro Dios, refulgente y escondido en el Pan de la Custodia
al escuchar estas consoladoras promesas: “Para todo hombre que reflexione, la
fe, apoyada en sólidos argumentos, responde satisfactoriamente al interrogante
angustioso sobre el destino futuro del hombre y al mismo tiempo ofrece la
posibilidad de una comunión con nuestros mismos queridos hermanos arrebatados
por la muerte, dándonos la esperanza de que poseen ya en Dios la vida
verdadera?
*
“Y entonces vio La Luz. La Luz que entraba
por todos los rincones de su vida.
Vio que el dolor precipitó la huida
y entendió que la muerte ya no estaba.
por todos los rincones de su vida.
Vio que el dolor precipitó la huida
y entendió que la muerte ya no estaba.
Morir solo es morir, morir se acaba,
morir es una hoguera fugitiva
es abrir una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.
morir es una hoguera fugitiva
es abrir una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.
Dejar ya de sufrir y hacer preguntas
ver el amor sin enigmas ni espejos
descansar y vivir en la ternura.
ver el amor sin enigmas ni espejos
descansar y vivir en la ternura.
Tener La Luz, La Paz, la casa juntas
y ver, dejando los dolores lejos
la vida plena tras la noche oscura”
( M. Descalzo )
y ver, dejando los dolores lejos
la vida plena tras la noche oscura”
( M. Descalzo )
domingo, 5 de enero de 2020
DOMINGO 5 DE ENERO DE 2020, 2º DE NAVIDAD
«Y LA PALABRA SE HIZO CARNE»
Jesús es nuestro Redentor y pone su tienda entre nosotros
para compartir nuestros gozos, sufrimientos y esperanzas. Dios no nos salva
desde fuera. Se hizo semejante a nosotros en todo menos en el pecado. Un
año nuevo tenemos que vivirlo con corazón nuevo. Tener los sentimientos del
Corazón de Cristo, es ser evangelio vivo para tantos hermanos, que el único
evangelio que leerán es nuestra vida.
El prólogo de San Juan es un compendio
de cristianismo puro y duro. No se va por las ramas. Va a lo esencial del
cristianismo, que es Cristo que por nosotros los hombres, y por nuestra
salvación bajo del cielo. Se metió hasta el fondo en nuestra vida, y en nuestra
historia para transformarla según su Corazón.
La encarnación del Verbo, el poner
su tienda entre nosotros, el venirse a vivir nuestra vida para que nosotros
vivamos la suya, en el fondo es el resumen del ser cristiano. Para San Juan,
Dios Amor, nos ha salvado dando la vida por amor hasta el final. No nos ha amado
el Señor en bromas como le decía Jesús a Ángela Foligno. Su Amor es el que le
ha llevado a compartir nuestra vida y ha elevado al máximo nuestra humanidad
herida por el pecado. Es en la noche buena donde descubrimos la profunda
dignidad de ser cristianos, como nos recuerda San León Magno en sus conocidas
homilías de Navidad.
Ha marcado positivamente mi vida el
misterio de la Navidad que me recuerda una y otra vez que todo lo humano es
digno de ser vivido porque lo ha vivido Cristo y quiere vivirlo en nosotros. Es
clave saber distinguir entre lo humano y lo mundano. El papa Francisco lo
explica magistralmente. Ser humanos y vivirlo con dignidad es el mensaje de la
Navidad. Dios siempre elige el camino humano y humilde de la pobreza para amar
sin condiciones. La mundanidad es otra cosa. El poder, el tener, y el éxito
hace estéril la redención. En el fondo la mundanidad saca de nosotros lo peor,
mientras que ser humano desde Cristo, saca de nosotros lo mejor.
+
Francisco Cerro Chaves - Arzobispo
electo de Toledo
Administrador
Apostólico de Coria-Cáceres.
sábado, 4 de enero de 2020
ANUNCIO DE LAS CELEBRACIONES MÓVILES DEL AÑO LITÚRGICO 2020
El día 6 de
enero, solemnidad de la Epifanía del Señor, en la Misa, después de la lectura
del evangelio, es recomendable proclamar el anuncio de las celebraciones
litúrgicas móviles del año:
"Queridísimos hermanos:
La gloria del Señor se ha manifestado y se
continuará manifestando entre nosotros, hasta el día de su retorno glorioso. En
la sucesión de las diversas fiestas y solemnidades del tiempo, recordamos y
vivimos los misterios de la salvación.
Centro
de todo el año litúrgico es el Triduo Pascual del Señor crucificado,
sepultado y resucitado, que este año culminará en la Noche Santa de
Pascua que, con gozo, celebraremos el día 11 de abril. Cada domingo, Pascua semanal, la santa
Iglesia hará presente este mismo acontecimiento, en el cual Cristo ha
vencido al pecado y la muerte. De la Pascua fluyen, como de su manantial, todos
los demás días santos: el Miércoles de Ceniza, comienzo de la
Cuaresma, que celebraremos el día 26 de febrero*. La Ascensión del Señor, que este
año será el 21 de mayo o 24 de mayo. El Domingo de Pentecostés, que
este año coincidirá con el día 31 de mayo. El primer Domingo de Adviento,
que celebraremos el día 29 de noviembre.
También en las fiestas de la Virgen María,
Madre de Dios, de los apóstoles, de los santos y en la conmemoración de
todos los fieles difuntos, la Iglesia, peregrina en la tierra, proclama la
Pascua de su Señor.
A él, el Cristo glorioso, el que era, el que es y el que viene, al que
es Señor del tiempo y de la historia, el honor y la gloria por los siglos
de los siglos."
R/ Amén.
*La fecha que aparece en la Ascensión es aquélla en que se
celebra conforme al Calendario General, y entre paréntesis, la fecha a la que
puede trasladarse por decisión de cada conferencia episcopal.
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