TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

sábado, 24 de marzo de 2018

REFLEXIONES PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA



MARZO: Eucaristía y Doctrina Social de la Iglesia

     El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia afronta la Misión de la Iglesia y su relación con la acción en la Sociedad en su capítulo 2º, consagrando a la cuestión tres amplios epígrafes: 1. Evangelización y doctrina social; 2. La naturaleza de la doctrina social; y 3. La doctrina social en nuestro tiempo.

Misión de la Iglesia y doctrina social.

     Frecuentemente se frunce el ceño cuando se considera que los eclesiásticos se meten en política. Muchos consideran que lo religioso pertenece a un ámbito de la vida estrictamente personal y privado, algo totalmente subjetivo e imposible de conceptualizar de modo social. La existencia misma de “religiones” y de “hombres de lo sagrado” es vista como una peligrosa herencia de un pasado a superar donde lo religioso trataba de dominar la vida entera y la sociedad, violentando las libertades individuales y siendo origen de constantes luchas y atropellos. Pero todo esto requiere urgente clarificación y matización; no hay nada más insidioso que las medias verdades.
     Un clérigo no puede entrar en las confrontaciones partidistas de la política. Ha de aceptar una pluralidad de posibles opciones políticas, legítimas para una conciencia cristiana, y ha de poder ser padre de todos en la diversidad de dichas opciones. Su parecer personal en ese ámbito ha de quedar lo más reservado posible y nunca condicionar su acción pastoral.
     Pero otra cosa distinta de lo partidista es lo político, es decir, el interés y compromiso por la cosa pública y el bien común. La Iglesia, los eclesiásticos y los laicos, cada uno según lo específico de su vocación, han de necesariamente interesarse por lo público, por lo político. La religión, siendo siempre una vinculación libre y personal, se convierte necesariamente en un fenómeno social de primer orden, dada la naturaleza social del ser humano y el carácter totalizante de la relación de tipo religioso (Dios/hombre). Negar el derecho a la dimensión social de lo religioso se convierte en un atentado contra los fundamentos mismos de los derechos y libertades de la persona. En un clima de respeto mutuo y de libertad no se pueden limitar las libertades a expresar públicamente las propias convicciones religiosas, y a tratar de ofrecerlas a los demás. Este equilibrio puede aconsejar la aconfesionalidad del Estado que, aun llegando a respetar, como otra posible opción religiosa el ateísmo, no se debe nunca confundir con un estado ateo, arreligioso o laicista (que impiden la relación de la religión y las religiones en la cosa pública). Estos estados arreligiosos (a veces se quieren autodenominar laicos) no respetan la libertad religiosa, y lejos de representar la neutralidad de las Instituciones públicas las ponen al servicio y bajo el monopolio del ateísmo teórico o práctico.
     Valga como aclaración que la vigente Constitución española no define a España como un estado laico, sino como un estado aconfesional, pero que reconoce lo religioso y su presencia en lo político y que, incluso, proclama una peculiar relación de entendimiento y colaboración, entre Estado e Iglesia católica. Las posiciones de ciertos grupos políticos radicales de izquierda hoy en España, son claramente contrarias a la letra y espíritu de nuestra Constitución, aún vigente, y que ellos quieren enmendar, y se niegan impunemente a respetar, desgraciadamente, ante la tolerancia y silencio de los grupos políticos que se dicen constitucionalistas.
     Como veremos en próximos meses, los grandes temas de la Doctrina Social de la Iglesia se centran en: 1º La defensa de la persona humana y sus derechos (individuales y sociales); 2º La lucha por el bien común; 3º El respeto por el destino universal de los bienes (propiedad privada-necesidad-límites); 4º El principio de subsidiariedad (frente a injerencia del Estado o las grandes corporaciones); 5º El principio de participación; 6º El principio de solidaridad; 7º Valores fundamentales inalienables, verdad, libertad y justicia; 8º La vía fundamental de la caridad. Todo cristiano y toda la Iglesia hemos de tener asumidas estas líneas de vida y acción, inseparables de nuestra condición e identidad cristianas.
     La Eucaristía, singularmente vivida del modo más identitario, domingo a domingo, con su estrecha relación palabra-sacramento-misión, implica una permanente experiencia y educación, en los fundamentos de la fe y de la moral cristianas y, por tanto, de su Doctrina Social.
     La calidad de nuestras celebraciones de la Misa, la fructuosidad de nuestros encuentros de adoración tienen una relación directa con la vitalidad de nuestra presencia en la sociedad, y nuestra capacidad de instaurare omnia in Christo (Llevar a todos hacia Cristo). La primera Iglesia de Jerusalén (Hch 2, 42) se definía por su fidelidad a la enseñanza de los apóstoles, la observancia de la comunión, la asiduidad a la Fracción del Pan y a las oraciones; y esa comunidad pequeña y frágil evangelizó en pocos años todo el mundo entonces conocido. Los adoradores hemos de ser fervientes defensores de la calidad y asiduidad a la Misa dominical, como momento clave para afianzar la identidad de la Iglesia y el celo evangelizador de sus miembros.

Preguntas para el diálogo y la meditación.

■ ¿Tengo ideas claras sobre la relación de mi fe y mi implicación en la cosa pública? Cuando tomo mis opciones económicas o políticas ¿ lo hago buscando la fidelidad al Evangelio?

■ ¿Me dejo llevar por la comodidad y los respetos humanos o intento desde el respeto y la caridad dar públicamente razón de mi esperanza y persuadir a todos del lazo entre los principios y moral cristianos y el bien común? ¿Sé ser firme y valiente en la defensa de los principios y valores evangélicos, pero sin formas irrespetuosas o violentas?

■ ¿Qué podemos hacer para que nuestras Eucaristías y adoraciones sean más fructuosas, y llenen los corazones de los participantes de celo y caridad?



sábado, 17 de marzo de 2018

(Sal 25,4)



MARZO 2018

«Muéstrame tus caminos, Yahvé, enséñame tus sendas»
(Sal 25,4)

     El rey y profeta David, autor de este salmo, está agobiado por la angustia y la pobreza y se siente en peligro frente a sus enemigos. Querría encontrar un camino para salir de esta situación dolorosa, pero siente su impotencia.
     Entonces eleva sus ojos hacia el Dios de Israel, que desde siempre ha protegido a su pueblo, y lo invoca con esperanza para que acuda en su ayuda.
     La Palabra de vida de este mes subraya en particular su petición de conocer los caminos y las sendas del Señor, como luz para nuestras propias decisiones, sobre todo en los momentos difíciles.

«Muéstrame tus caminos, Yahvé, enséñame tus sendas»

     También a nosotros nos sucede que tenemos que tomar decisiones en la vida que afectan a la conciencia y a toda nuestra persona; a veces tenemos muchos posibles caminos ante nosotros y no estamos seguros de cuál es el mejor; otras veces nos parece que no hay ninguno...
     Buscar un camino por el que avanzar es profundamente humano, y a veces necesitamos pedirle ayuda a alguien a quien consideramos amigo.
     La fe cristiana nos lleva a entrar en la amistad con Dios: Él es el Padre que nos conoce íntimamente y que gusta de acompañarnos en nuestro camino.
     Todos los días Él nos invita a cada uno de nosotros a emprender libremente una aventura teniendo como brújula el amor desinteresado por Él y por todos sus hijos.
     Los caminos y sendas son también ocasiones de conocer a otros viajeros, de descubrir nuevas metas que compartir. El cristiano nunca es una persona aislada, sino que forma parte de un pueblo en camino hacia el designio de Dios Padre sobre la humanidad, que Jesús nos reveló con sus palabras y con toda su vida: la fraternidad universal, la civilización de la unidad.

«Muéstrame tus caminos, Yahvé, enséñame tus sendas»

     Y los caminos del Señor son audaces, a veces parecen llevarnos al límite de nuestras posibilidades, como puentes colgantes entre paredes de roca.
     Estos caminos desafían hábitos egoístas, prejuicios, la falsa humildad, y nos abren horizontes de diálogo, encuentro y compromiso por el bien común. Sobre todo nos reclaman un amor siempre nuevo, arraigado en la roca del amor y de la fidelidad de Dios para con nosotros y capaz de llegar hasta el perdón. Es la condición irrenunciable para entablar relaciones de justicia y de paz entre personas y entre pueblos. También el testimonio de un gesto de amor sencillo pero auténtico puede iluminar el camino en el corazón de los demás. En Nigeria, durante un encuentro en el que jóvenes y adultos podían compartir sus experiencias de amor evangélico, una niña, Maya, contó: «Ayer, mientras estábamos jugando, un niño me empujó y me caí. Me dijo "perdón" y le perdoné».
     Estas palabras abrieron el corazón de un hombre cuyo padre había sido asesinado por Boko Haram: «Miré a Maya. Si ella, que es una niña, puede perdonar, significa que también yo puedo hacer lo mismo».

«Muéstrame tus caminos, Yahvé, enséñame tus sendas»

     Si queremos encomendarnos a un guía de confianza en nuestro camino, recordemos que el propio Jesús dijo de sí mismo: «Yo soy el camino...» (Jn 14,6). Dirigiéndose a los jóvenes en Santiago de Compostela en la Jornada Mundial de la Juventud de 1989, Chiara Lubich los animó con estas palabras:
     «[...] Al definirse a sí mismo como "el Camino" quiso decir que debemos caminar como Él caminó [...]. Se puede decir que el camino que recorrió Jesús tiene un nombre: amor [...] El amor que Jesús vivió y llevó es un amor especial y único. [...] Es el mismo amor que arde en Dios. [...] Pero ¿a quién amar? Ciertamente, amar a Dios es nuestro primer deber. Y luego: amar a cada prójimo. [...]
     »De la mañana a la noche, cada relación con los demás hay que vivirla con este amor. En casa, en la universidad, en el trabajo, en los campos de deporte, en vacaciones, en la iglesia o por la calle, debemos aprovechar las distintas ocasiones para amar a los demás como a nosotros mismos, viendo a Jesús en ellos, sin descuidar a nadie; es más, siendo los primeros en amar a todos. [...] Entrar lo más profundamente posible en el ánimo del otro; comprender de verdad sus problemas, sus exigencias, sus tropiezos y también sus alegrías, para poder compartir con ellos todo. [...] Hacerse, en cierto modo, el otro. Como Jesús, el cual, siendo Dios, por amor se hizo hombre como nosotros. Así el prójimo se siente comprendido y aliviado, porque hay alguien que lleva con él sus pesos, sus penas, y comparte sus pequeñas alegrías.
     »"Vivir el otro": "vivir los otros": este es un gran ideal, es superlativo [...]».

Leticia Magri

domingo, 11 de marzo de 2018

DOMINGO 11 DE MARZO DE 2018, 4º DE CUARESMA - DOMINGO DE LAETARE


«TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO, QUE ENTREGÓ A SU UNIGÉNITO»



     El cuarto Domingo de Cuaresma, domingo llamado de gozo, de alegría, nos presenta, como no podía ser de otra manera, la alegría de la salvación que nos trae Jesús.
¿Cuáles serían las fuentes de la alegría que el Evangelio de San Juan nos invita a beber?
1.  -  Como Moisés elevó la serpiente, así será elevado el Hijo del Hombre como nuestro Redentor. Este texto nos recuerda a los israelitas en el desierto, que cuando les mordía la serpiente se curaban mirando al estandarte que Moisés hizo en el desierto. Nosotros, también mordidos y heridos por “la serpiente”, por el pecado, nos curamos mirando a Cristo Crucificado que tiene abierto y herido de Amor el Corazón ¡Sabemos, Señor, que tus heridas nos han curado!
2.  -  Creer es ser felices y dichosos. “Felices los que han creído” porque “quien cree tiene vida eterna”. La fe vivida nos lleva siempre a tener vida abundante que comienza con la vida de gracia, como una fuente “que salta hasta la vida eterna”. Sin una vida de fe no hay plenitud de vida y, por ello, tampoco hay felicidad plena.
3.  -  Por último, la clave de nuestra vida cristiana, lo sustantivo, lo esencial, es que “TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO QUE LE ENTREGÓ A SU HIJO ÚNICO”. La expresión más acertada es: ASÍ AMÓ DIOS AL MUNDO y, por otra parte, sabemos el sentido sacrificial que habla de entrega, que siempre nos recuerdan las palabras de la Consagración en la misa: “ESTE ES MI CUERPO QUE SE ENTREGA POR VOSOTROS.
     Este domingo, poco a poco, nos va acercando al Misterio central de nuestra fe celebrado místicamente  y que es el Triduo Pascual. ¿Cómo acercarnos con asombro? Mirando al Señor que nos llama a ser sanados de místicas heridas por la fe que nos lanza a “amar hasta el extremo”.

+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres