TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

sábado, 10 de junio de 2017

DOMINGO 11 DE JUNIO, SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD


«TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO, QUE ENTREGÓ A SU UNIGÉNITO»



     El misterio de la Trinidad se resume en lo que nos dice hoy el Evangelio; “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Único para que no perezca ninguno”.  El mismo San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, sitúa en la Segunda semana la escena de un mundo, necesitado de amor y de salvación, contemplado por la Trinidad, y con estas hermosas palabras ante la situación; “Hagamos redención”.
     El amor salvífico de Dios es la clave de la Encarnación “por obra del Espíritu Santo” y enviado por el Padre “no para juzgar al mundo sino para salvarlo”.
     La clave siempre está en que lo que mueve el Amor de Dios, que no es un “solterón” que vaga sin sentido por el espacio sideral, sino Trinidad, es decir comunión de amor y familia, amor compartido.
     La Trinidad será la fuente del Amor, la fuente de la comunión de la vida comunitaria, de la Iglesia, cuando quiere vivir como familia que comparte los gozos, las esperanzas, las alegrías y los sufrimientos humanos, de una humanidad que sigue necesitada de redención, de salvación, de liberación.
     El misterio de la Trinidad está presente en la vida de los cristianos y de toda la Iglesia desde el comienzo. En todas las celebraciones litúrgicas se empieza en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Es la novedad permanente de la Revelación, del Amor de Jesús, que nos habla de su Padre que nos ama y que nos envía Resucitado desde el Espíritu Santo como “otro Abogado”, otro intercesor que tiene como misión formar en nosotros “los sentimientos del Corazón de Cristo”.
     La Trinidad nos abre y nos lanza porque está constantemente, como nos recuerda el Papa Francisco, “en salida”, no se queda tranquilamente viviendo en una bola de cristal sino que nos lleva a compartir, como familia, el Amor de Dios en comunidad, en comunión, en fraternidad de personas.
     También nos lanza en salida hacia la auténtica Encarnación, donde Jesús se viene a vivir “con nosotros”, enviado por el Padre y nos regala el Espíritu Santo que, como “Señor y Dador de vida”, hace que tengamos en nuestro interior la vida trinitaria y el deseo de evangelizar, de llevar la Buena Noticia a los que sufren.


+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres


viernes, 9 de junio de 2017

JORNADA “PRO ORANTIBUS”



OBJETIVOS

1. Orar por los que entregan generosamente su vida a la oración diariamente: las personas consagradas en la vida contemplativa.
2. Expresar el reconocimiento, estima y gratitud por lo que estos hermanos y hermanas nuestras representan en la Iglesia y en nuestra sociedad, agradeciendo a Dios –dador de todo don– el rico patrimonio espiritual de los Institutos de vida enteramente contemplativa.
3. Dar a conocer la vocación específicamente contemplativa, tan actual y tan necesaria en la Iglesia y para el mundo, promoviendo iniciativas dirigidas a incentivar la vida de oración y la dimensión contemplativa en las Iglesias particulares, dando ocasión a los fieles –donde sea posible– de la participación en las celebraciones litúrgicas de algún monasterio, salvaguardando, en todo caso, las características propias de la clausura.

PRESENTACIÓN

     Terminada la cincuentena pascual, tras la recepción del Espíritu Santo en Pentecostés, celebramos la solemnidad litúrgica de la Santísima Trinidad, el domingo 11 de junio. «El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la jerarquía de las verdades de fe. Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela a los hombres, los aparta del pecado y los reconcilia y une consigo» En el Domingo de la Trinidad la Iglesia católica que peregrina en España celebra la Jornada Pro orantibus, para rezar por quienes se dedican a la vida íntegramente contemplativa y que tanto rezan por la Iglesia y por el mundo. Una jornada eclesial para manifestarles nuestra sincera gratitud por sus vidas entregadas a la alabanza trinitaria, la ofrenda permanente al Señor y el ejercicio activo de la caridad según la propia vocación.
     El lema para la Jornada de este año 2017 es Contemplar el mundo con la mirada de Dios; es una expresión tomada de la nueva constitución apostólica para la vida contemplativa femenina Vultum Dei quaerere (29 de junio de 2016), en su n. 10, que nos ha regalado el papa Francisco. El mismo santo padre nos recuerda cómo debe ser la contemplación al mundo y a las personas: con la mirada de Dios. ¿Y cuál es esa mirada? ¿Cómo es la mirada de Dios? El místico carmelita san Juan de la Cruz dice que el mirar de Dios es amar (cf. Cántico espiritual, comentario a la Canción XXXII); eso significa que Dios siempre mira al mundo y a cada ser humano desde el amor eterno que hay en las Tres Personas Divinas. Y san Agustín nos recuerda que el Padre es el eterno amante, el Hijo es el eterno amado, y el Espíritu es el amor eterno de ambos que ha llegado hasta nosotros (cf. De Trinitate, Lib. XV, cap. 3, 5) …
     Todos los miembros de la Iglesia estamos unidos a los contemplativos, que interceden por la humanidad y cooperan en la construcción de un mundo más evangélico. Descubramos la vida contemplativa como escuela de escucha, tanto de la voluntad de Dios como de quienes necesitan la luz de Cristo. Igualmente, descubrámosla como escuela de una «espiritualidad de la hospitalidad», para contribuir a superar la «cultura del descarte». Escuelas para enseñar y aprender a «contemplar al mundo con la mirada de Dios». (Francisco, constitución apostólica Vultum Dei quarere, n. 36. 10) …
     El místico y cardenal Nicolás de Cusa (1401-1464) decía: «¡Qué admirable tu mirada, oh, Dios de la contemplación, para todos los que la buscan! Con tu mirada, Señor, das vida a todo espíritu, regocijas a todos, alejas toda tristeza. ¡Mírame, pues, compasivo, y mi alma será salva!»
     Aprendamos todos de las personas consagradas en la vida contemplativa a mirar al Señor, fijando los ojos en Aquel que inicia y completa nuestra fe (cf. Heb 12, 2): Jesús, el Redentor del mundo. 




sábado, 3 de junio de 2017

DOMINGO 4 DE JUNIO, SOLEMNIDAD EN LA PASCUA DE PENTECOSTÉS


«PAZ A VOSOTROS… RECIBID EL ESPÍRITU SANTO»



     La Fiesta de la Cosecha, de Pentecostés es fiesta judía, Jesús le ha dado su pleno significado, porque el fruto de su Amor resucitado es Pentecostés, es el Espíritu Santo, “Señor y Dador de Vida”.
     Pentecostés está inserto en el Cenáculo, porque no hay evangelización auténtica si no existe una profunda intimidad y relación con el Corazón del Señor resucitado.
     El fruto es el Espíritu Santo que da la vida nueva resucitada y que nos convoca al Cenáculo. En la Escuela del Cenáculo se vive la Eucaristía, el amor a la Iglesia, María, los apóstoles, Pedro, el servicio a los pobres. Es vivir entregando la vida por amor y sembrando los caminos del mundo del gozo que predica Pentecostés que nos habla de amor entregado, del bautismo, de Cristo, muerto y resucitado, de hacer discípulos, de caminar junto a la humanidad, que cuanto más se aleja de Jesús, pierde el norte.
     Es necesario volver al aire del Espíritu, del Cenáculo, para salir transformados en una vida nueva que nos lleva a evangelizar. Entrar en el Cenáculo para ser una Iglesia en salida hacia las periferias.
     Decía san Juan Pablo II que la Iglesia tiene que estar en un permanente Cenáculo de intimidad con Cristo y un permanente Pentecostés que nos lleve a salir por los caminos con el mantel de la Eucaristía y con el ofrecimiento humilde de la Redención a toda la humanidad. Oración y vida para entregarse a los planes del Señor.
     Es necesario volver, una y otra vez, a la alegría y al gozo de quien ha conocido el Amor de Jesús en el Cenáculo, en la Eucaristía, en el amor fraterno, en el servicio, en el lavatorio de los pies y abre su corazón y su gozo a la esperanza cierta de quien quiere vivir en la verdadera conversión de los sentimientos de Cristo. Vivir un nuevo Pentecostés que nos conduce a una nueva etapa evangelizadora y a sembrar los caminos de la alegría del Resucitado. 

+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres