TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

jueves, 12 de mayo de 2016

LAS OBRAS DE MISERICORDIA CORPORALES



EXAMEN DE CONCIENCIA
EN EL AÑO SANTO DE LA MISERICORDIA


VISITAR A LOS ENFERMOS
Cuando tengo conocimiento de personas conocidas, amigos, familiares o allegados que están enfermos, o de enfermos que no tienen a nadie, ya sea en el hospital o en sus casas, ¿acudo con prontitud a visitarlos y suelo hacerlo con frecuencia, no siendo una visita de cumplido sino mostrando un verdadero interés por ellos?
¿Pregunto al enfermo lo que necesita de mí e intento llevarlo a cabo?
¿Acompaño a los enfermos? ¿Oro con ellos y por ellos?
¿Valoro la labor del grupo de Pastoral de Enfermos de mi parroquia? ¿Y si no existe, intento crearlo? 

DAR DE COMER AL HAMBRIENTO
¿Comparto mis bienes con los más pobres? ¿Doy de lo que me sobra o de lo que necesito?
¿Tengo designado una cantidad mensual de mi sueldo para compartirlo con Cáritas?
Cuando veo a un pobre que tiene hambre, ¿busco la forma de darle de comer? ¿Le escucho y procuro solucionar su necesidad?
En las Campañas contra el Hambre, como la de Manos Unidas, colectas para Cáritas parroquial o diocesana, ¿suelo ser generoso? ¿Comparto hasta que me duela?
¿Valoro la Eucaristía como el lugar donde sacio el hambre de Dios? ¿Intento llevar también a otros para que sacien su hambre?

DAR DE BEBER AL SEDIENTO
¿Me preocupo de los pueblos donde las personas tienen que recorrer kilómetros para ir por agua? ¿Participo de alguna manera para posibilitar el hacer pozos para que tengan el agua a su alcance?
¿Cuido el agua como un bien que tenemos que proteger entre todos? ¿Tengo sed de amor, de perdón, de oración, de evangelización?
¿Intento saciar la sed espiritual de los demás? ¿Pienso en la sed que tienen los pobres e intento dar una respuesta?

DAR POSADA AL PEREGRINO
¿Me preocupo de las personas sin techo y sin hogar, e intento darles una respuesta?
Ayudo como voluntario en los comedores u hogares para los sin techo, ya sean de la Iglesia o de alguna ONG?
¿Soy acogedor con los inmigrantes e intento prestarle la ayuda que necesitan?
¿Soy una persona acogedora y hospitalaria? ¿Tengo mi casa abierta a los demás?
¿Valoro las peregrinaciones como forma de crecimiento en la fe?

VESTIR AL DESNUDO
¿Soy austero en el vestir y evito el consumismo? ¿Soy capaz de desprenderme de mi ropa cuando alguien la necesita?
¿Soy solidario cuando ocurre alguna catástrofe, desgracia o cataclismo en algún lugar de la tierra, colaborando con Cáritas para que les llegue la ayuda?
El pecado es una forma de quedarme desnudo ante Dios. Cuando peco, ¿busco con prontitud el sacramento del perdón para recuperar mi imagen y semejanza de Dios?

REDIMIR AL CAUTIVO
¿Cuando he conocido a alguien que ha sido encarcelado he ido a visitarlo? ¿Reconozco la presencia de Cristo en el que está prisionero?
¿Valoro la «Pastoral de Prisiones»? ¿Oro por los que están en la cárcel y me hago cercano a ellos?
¿Acojo a los que salen de la cárcel e intento socorrerlos?
¿Ayudo a liberar a las personas que son esclavas de sus pasiones, instintos y de su propio «ego»? ¿Lucho para que el ser humano viva en la libertad de los hijos de Dios?

ENTERRAR A LOS MUERTOS
Cuando una persona fallece, ¿acompaño a su familia y asisto al entierro, ayudando en lo que esté en mis manos?
¿Acompaño a las personas para que tengan un «buen morir» y procuro que estén asistidas sacramentalmente por un sacerdote?
Ante la muerte de una persona, ¿doy testimonio de mi fe en la resurrección y en la vida eterna?
¿Procuro que las personas sean enterradas en un lugar digno y lo mismo los que han sido incinerados?


sábado, 7 de mayo de 2016

DOMINGO 8 DE MAYO, 7º DEL TIEMPO PASCUAL - LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR.



JESÚS ASCIENDE A LOS CIELOS

     La fiesta de la Ascensión del Señor señala la entronización de Jesús como Señor y Rey a la derecha del Padre para interceder por nosotros y para venir glorioso al final de los tiempos, cuando todo le sea sometido, incluso la muerte. Es una fiesta de gloria, es una fiesta de victoria, es una fiesta muy gozosa.
     A los cuarenta días de su resurrección, Jesús subió al cielo. Es decir, dejó de ser visto por sus apóstoles, que nos enseñaron a esperarlo hasta su venida gloriosa. La ascensión de Jesús al cielo inaugura una etapa de comunicación fluida entre el cielo y la tierra. Desde entonces, el cielo no es algo lejano. Tenemos allí, junto al Padre, a uno de nuestra propia carne, el enviado del Padre para redimir a los hombres por su sangre en la Cruz.
     Y desde el cielo tira de todos nosotros como hacia la patria que nos espera. Pensar en el cielo no nos hace ajenos a la tierra, no nos distrae de los problemas de este mundo, no nos hace extraños a la misión que se nos ha encomendado. Pensar en el cielo es vivir en la realidad, hemos nacido para el cielo. Por el contrario, prescindir de este aspecto de nuestra existencia es como si nos aserraran la cabeza para caber en las medidas de este mundo, es como achatar nuestra figura para quedar reducidos a lo puramente mundano.
     La ascensión del Señor nos hace mirar a lo alto, mirar al cielo a donde Jesús se ha ido para atraernos a todos hacia él. Mirar al cielo es levantar el vuelo de nuestras aspiraciones y ensanchar el horizonte de nuestra vida. Mirar al cielo es lo propio de quien espera una vida mejor después de la vivida en la tierra, el que espera la vida eterna.
     María santísima ya está con su hijo Jesús en el cielo, en cuerpo y alma. Celebramos esta fiesta el 15 de agosto. Y no podía ser de otra manera, que la que nos ha dado la alegría de la salvación no conociera la tristeza del sepulcro. Los demás santos han volado en el espíritu hasta el cielo, mientras su cuerpo espera la resurrección gloriosa en el último día. La muerte señala el paso de la tierra al cielo, no es por tanto el final, sino el tránsito doloroso hacia una situación mejor, el cielo que nos espera.
     Si somos, por tanto, ciudadanos del cielo que todavía viven en la etapa terrena, debemos vivir con Cristo que está sentado junto al Padre. Esa es nuestra morada. Con esta certeza y con esta esperanza, nos ponemos a la tarea de cada día, cuya meta es llevar a Jesucristo a todos los hombres e ir transformando este mundo, haciéndolo cada vez más parecido al cielo. Las ideas marxistas dicen que si miramos al cielo, nos desentendemos de la tierra. Nada más falso. Precisamente los santos son los que han tenido más capacidad para transformar la historia y llenarla de amor, porque su corazón ha estado lleno de Dios. Otras ideologías de hoy prescinden de esta dimensión, que la consideran ilusoria o como muy a largo plazo. Y sin embargo, cada uno de nuestros actos adquiere una dimensión inmensa si actuamos en la perspectiva del cielo, como nos enseñan los santos.
     Fiesta de la Ascensión, para subir al cielo con Jesús. Que esta fiesta ensanche nuestro corazón, lo llene de esperanza y nos abra un horizonte que no tiene fin. Cristo ha vencido la muerte y nos garantiza la victoria sobre todos los males de nuestro mundo. Él es nuestra esperanza. Su victoria es nuestra victoria. Gocemos con él por su triunfo en este día y sepamos descubrir esta victoria en los múltiples contratiempos de la vida.
Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández - Obispo de Córdoba



viernes, 6 de mayo de 2016

REFLEXIONES PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA



MAYO: MES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA 

     Con san Bernardo digamos humildemente, “de María nunca hablaremos bastante, nunca la amaremos bastante, nunca la ensalzaremos como merece”.
     Dios Padre ha contemplado a María y la ha escogido para ser Madre de Dios Hijo, y María ha concebido en su vientre a Dios Hijo, por obra y gracia de Dios Espíritu Santo.

“…ha hecho en mí maravillas el Todopoderoso,”

     En el canto del Magníficat, la Virgen Santísima da gracias a Dios, “porque ha visto la humildad de su esclava”, me llamarán bienaventurada todas las generaciones, porque ha hecho en mí maravillas el Todopoderoso, cuyo nombre es santo” (Lc 1, 48-49).
     Contemplémosla ahora nosotros, para descubrir esas “maravillas” que Dios ha hecho en Ella. Y en este mes de mayo le pedimos gracias al Espíritu Santo para que nos ayude a alegrarnos con María y a dar también nosotros gracias a Dios por esas “maravillas”.
     La primera maravilla, la Inmaculada Concepción. María es liberada del pecado original en el mismo instante de ser concebida. Dios quiso llevar a cabo por adelantado en María la obra de la redención, que iba a realizar Cristo para toda la humanidad. 
     Criatura, con las debilidades y limitaciones de cualquier criatura, Dios la ha preservado del pecado, para que la encarnación de su Hijo, no fuera solamente en Ella, sino de Ella; para que Cristo, que iba a cargar con los pecados de todos, que iba ser hecho Él mismo “pecado”, naciera y se engendrara de una carne nunca manchada por el pecado.
     Con esta “maravilla”, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo prepara la Encarnación de Jesucristo; y al dárnosla como Madre, hace de Ella el “refugio de nosotros, pecadores”. Con Ella no pecamos; y, si pecamos, mueve nuestra alma para arrepentimos y para acudir a la misericordia de Dios, y pedir perdón. Con Ella preparamos nuestra alma para que Cristo nazca en nosotros, y seamos de verdad hijos de Dios.
     Madre de Dios, es la segunda maravilla que Dios hizo en María. El Hijo de Dios no se limita a “nacer en María”; se engendra en María y de María. María alimenta con su naturaleza y en sus entrañas al Hijo de Dios. Y como la Encarnación tuvo lugar “por obra y gracia del Espíritu Santo”, sabiéndonos hijos de María, la acogeremos con el amor filial con que la recibieron Zacarías, Isabel y su hijo Juan, cuando fue a visitarles, y quedaremos, como ellos, llenos del Espíritu Santo. Nuestras oraciones a Santa María llenan también nuestra alma, del Espíritu Santo, para que vayamos creciendo en la conciencia de conocer mejor lo que somos; y así, nuestra conversión será plena y profunda: hijos de Dios en Cristo Jesús, con Santa María.
     La devoción a la Virgen hace posible que nuestra alma acoja su calor maternal; y en este calor maternal, crezca y se arraigue la filiación divina.
     La Asunción de la Virgen al Cielo, en cuerpo y alma, es la tercera maravilla de Dios con su Madre. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo adelantan los tiempos, los llenan de eternidad. Y si en el nacimiento de la Virgen preservó a María de la mancha del pecado original, ahora vuelve a adelantar en Ella la Resurrección de la Carne anunciada para el final de los tiempos. En Ella, el tiempo es ya gozosa eternidad.
     En este Año de la Misericordia hacemos nuestras las palabras del papa Francisco:
     “El pensamiento se dirige ahora a la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompaña en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios. Nadie como María ha conocido la profundidad del misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la Misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor” (Misericordiae Vultus, n. 24).

“…y su misericordia llega a sus fieles…”

     Reina del Cielo, y en la Tierra, Reina de las Familias. El amor a la Virgen da vida a cada hogar, para que se mantenga siempre vivo en él el fuego del Espíritu Santo, el amor de Dios. María es la criatura que, como Madre, Hija y Esposa, ha vivido en la tierra y vive en el Cielo, en familia con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
     Rezar en familia un misterio del Rosario, el Rosario, una oración ante un cuadro de la Virgen, es un buen camino para que el Amor esté siempre vivo, encendido, entre esposo y esposa, padres e hijos, hijos y hermanos.
     “Madre nuestra, tú has traído a la tierra a Jesús, que nos revela el amor de nuestro Padre Dios; ayúdanos a reconocerlo en medio de los afanes de cada día; remueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad, para que sepamos escuchar la voz de Dios, el impulso de la gracia” (Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 174).
     Con María, cada familia se convierte en casa de Dios, en templo de Dios, en hogar de Dios. 

Cuestionario

¿Rezo con devoción el Santo Rosario, y contemplo, de la mano de la Virgen María, las escenas de la vida de Jesús?

¿Pido ayuda a la Santísima Virgen para recibir con mayor devoción a su Hijo Jesucristo, en la Sagrada comunión?

¿Tengo en mi casa un cuadro, una pequeña imagen de Santa María, de la Sagrada Familia, y la saludo al entrar y salir?