Espiritualidad Católica como fuente testimonial. Tras el reconocimiento de nuestro carisma cristiano, buscamos ser consecuentes y por lo tanto expandir el Evangelio de Cristo en nuestra sociedad.
TIEMPOS LITURGICOS
miércoles, 28 de abril de 2021
domingo, 25 de abril de 2021
sábado, 24 de abril de 2021
DOMINGO 25 DE ABRIL DE 2021, 4º DE PASCUA - JORNADA DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
« YO CONOZCO A
MIS OVEJAS Y ELLAS ME CONOCEN »
Domingo del buen pastor que cuida de cada
uno de nosotros si le dejamos ser nuestro Buen Pastor. Domingo para meditar si
el Señor es el que pastorea mi vida. Si le dejo cuidar de mi vocación, pues
aunque vaya por valles de tinieblas... Tu vara y tu cayado me sosiegan.
Mi vida le pertenece al Señor. En la vida
y en la muerte somos del pastor bueno. Existe la vocación a la santidad cuando
nos ponemos en sus manos, con una infinita confianza y sabemos que nada ni
nadie nos podrá quitar el amor de Jesús.
Ser de Dios no siendo de uno mismo, es
dejarse conducir por el Amor de los amores. Un pastor que nunca
nos deja a la intemperie cuando viene el lobo, sino que nos defiende para que
los lobos no hagan estragos. Es siempre dejarse cuidar para que el Señor nos
conduzca a fuentes Tranquilas y repare nuestras fuerzas.
Volver al rebaño de su corazón, es tener
como el buen pastor una vida entregada. Es saber de qué nada ni nadie nos podrá
quitar el amor de Jesús, y es sembrar por todas parte el buen
olor de Cristo, ser pastores que huelen a oveja y sembrar los caminos de la
vida de un amor vencedor en mil
batallas.
+ Francisco
Cerro Chaves - Arzobispo de Toledo
Primado de España
(Jn 10, 11)
ABRIL
2021
«Yo soy el buen pastor. El buen
pastor da la vida por sus ovejas» (Jn 10, 11).
Las imágenes de la cultura bíblica, con el ritmo tranquilo de la vida
nómada y el pastoreo, parecen alejadas de nuestra exigencia diaria de
eficiencia y competitividad. Y sin embargo, a veces también hoy sentimos la
necesidad de pararnos, de un lugar donde descansar, de encontrarnos con alguien
que nos acoja tal como somos.
Jesús se presenta como
aquel que está más dispuesto que ningún otro a acogernos, a confortarnos,
incluso a dar la vida por cada uno de nosotros. En el largo pasaje del
Evangelio de Juan del que está sacada esta Palabra de vida, Jesús nos asegura
que Él es la presencia de Dios en la historia de cada persona, como prometió a
Israel por boca de los profetas (cf. Ez 34, 24-31).
Jesús es el pastor, el guía que conoce y
ama a sus ovejas, es decir, a su pueblo cansado y a veces desorientado. No es un extraño que
ignora las necesidades del rebaño, ni un ladrón que viene a robar, o un
bandido que mata o dispersa, y tampoco un mercenario, que solo actúa por
interés.
«Yo soy el buen pastor. El buen
pastor da la vida por sus ovejas».
El rebaño que Jesús siente como suyo lo
forman ciertamente sus discípulos, todos los que han recibido el don del
bautismo, pero no solo ellos. Él conoce a cada criatura humana, la llama por
su nombre y cuida de cada uno con ternura.
Él es el verdadero pastor, que no solo nos guía
hacia la vida, no solo viene a buscarnos cada vez que nos extraviamos (cf. Lc 15, 3-7; Mt 18,
12-14), sino que ya dio la vida para cumplir la voluntad del
Padre, que es la plena comunión personal con Él y la reconquista de la
fraternidad entre nosotros, herida de muerte por el
pecado.
Cada uno puede tratar de reconocer la voz
de Dios; oír su palabra, que le dirige personalmente, y seguirla con confianza.
Sobre todo podemos tener la certeza de que quien nos ama, nos comprende y nos
perdona incondicionalmente es aquel que nos asegura:
«Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la
vida por sus ovejas».
Cuando experimentamos, al menos un poco,
esta presencia silenciosa pero poderosa en nuestra vida, se enciende en el
corazón el deseo de compartirla, de acrecentar nuestra capacidad de cuidar y
acoger a los demás. A ejemplo de Jesús, podemos tratar de conocer mejor
a las personas de la familia, al compañero de trabajo o a los vecinos, y dejar que
las exigencias de quienes tenemos cerca nos saquen de nuestra comodidad.
Podemos desarrollar la inventiva del amor,
involucrando a otros y dejándonos involucrar. A pequeña escala,
podemos contribuir a construir comunidades fraternas y abiertas, capaces de
acompañar con paciencia y resolución el camino de muchas personas.
Meditando sobre esta misma frase del
Evangelio, Chiara Lubich escribió: «Jesús dirá abiertamente de sí mismo: "Nadie tiene mayor
amor que el que da su vida por sus amigos" (Jn 15, 13). Y Él lleva hasta el final
su ofrecimiento. Su amor es un amor oblativo, es decir, un
amor dispuesto efectivamente a ofrecerse, a dar la vida. [...] Dios nos pide
también a nosotros [...] actos de amor que tengan la medida de su amor, al
menos en la intención y en la decisión. [...] Solo un amor así es un amor
cristiano: no un amor cualquiera, no una pátina de amor, sino un amor tan
grande que pone en juego la vida. [...] De este modo nuestra vida de cristianos
dará un salto de calidad, un gran salto de calidad. Y entonces veremos reunirse
en torno a Jesús, atraídos por su voz, a hombres y mujeres de todos los
rincones de la tierra»[1].
Leticia Magri
[1] C. LUBICH, Palabra de vida, abril 1997, en EAD.,
Palabras de vida/2 (1991-2006), Ciudad Nueva, Madrid 2021, pp. xx
lunes, 19 de abril de 2021
NOTA DE PRENSA SOBRE LA APROBACIÓN DE LA LEY CONTRA LA VIOLENCIA A LA INFANCIA
Sobre la Ley
Aprobada en el Congreso de los diputados la Ley
contra la violencia a la infancia (16-04-2021). Es una
buena noticia que el Congreso se haga eco de una problemática que afecta a la
sociedad española.
En el ámbito del debate
parlamentario, la ministra de Derechos Sociales y Agenda
2030, Ione Belarra, señaló a la
Iglesia como cómplice de esos abusos por encubrimiento. Es una acusación
gravemente injusta que
pretende ensuciar la actividad de millones de personas durante décadas y que no
se corresponde en absoluto con la verdad.
Estudios
independientes recientes
han puesto de manifiesto la gravedad de este problema en
nuestro país. Esos estudios han señalado que el 0,2% de los casos se han dado en actividades
religiosas, algo que
siendo para nosotros grave, pone en su magnitud las dimensiones del problema y
señala los entornos en los que se producen mayoritariamente los abusos, que
deben tener especial atención y protección.
La Iglesia y su compromiso con la protección de
menores
La Iglesia católica inició
ya en 2002 un largo proceso de actualización de sus protocolos y su código de
derecho
especialmente en cuestiones de prescripción de esos delitos y de prevención de abusos
en el presente y en el futuro, aspectos que ahora incorpora la legislación
española. Desde aquel
año se han desarrollado protocolos y entornos seguros para los menores en los
lugares en los que la Iglesia realiza su actividad. Las congregaciones religiosas
han desplegado un importante número de iniciativas para atender de manera
segura a los menores y también la Iglesia diocesana está recorriendo ese camino
y han habilitado oficinas de protección a los menores y prevención de abusos en
todas las diócesis españolas.
Como parte de su
misión, la Iglesia está
firmemente comprometida en la promoción integral de los menores y desarrolla
miles de iniciativas cada año que buscan formarlos en valores tan relevantes
como la solidaridad, el respeto a la diferencia, el servicio al bien común o el
cuidado del entorno según los principios del humanismo cristiano.
En este fin trabajan
miles de laicos, sacerdotes y religiosos con esfuerzo, capacitación, dedicación y responsabilidad. Su trabajo no puede quedar empañado ni por las acciones de
algunos de sus miembros que son indignos de ese trabajo ni por las apreciaciones de los políticos que, presas de un rancio anticlericalismo, utilizan a
la Iglesia para la confrontación política en una estrategia de ruptura y
confrontación.
Queremos finalmente renovar el compromiso de la Iglesia con la protección de los menores que seguirá dando pasos adelante y agradecer el trabajo de todos los que dentro y fuera de la Iglesia trabajan en el cuidado de los menores y en su formación, para un futuro mejor.
domingo, 18 de abril de 2021
DOMINGO 18 DE ABRIL DE 2021, 3º DE PASCUA
« PAZ A VOSOTROS…
¿ POR QUÉ OS ALARMÁIS
? »
Ese ardor nos recuerda la promesa del
Espíritu Santo, el fuego de Pentecostés que forma en nosotros los sentimientos
del Corazón de Cristo y nos lanza a evangelizar.
El saludo es la paz, fruto del Espíritu
Santo que junto con el amor y la alegría, son la prueba de algodón, de que Dios
está siempre con nosotros y que vive en nosotros con la fuerza de su
misericordia.
Siempre estamos llamados a evangelizar, a
llevar el gozo y la alegría del Señor a todos aquellos que nos encontramos en
el camino de la vida.
+ Francisco Cerro Chaves - Arzobispo de Toledo
Primado de España
viernes, 16 de abril de 2021
DE LOS ESCRITOS DEL VENERABLE D. LUIS DE TRELLES Y NOGUEROL
En
1890 don Luis de Trelles dedica el cuaderno 4, correspondiente al mes de abril,
de “La Lámpara del Santuario” a San José:
“Al glorioso Patriarca San José, Padre nutricio
del Salvador y Patrón de la Iglesia Universal, con motivo de la reciente
decisión de la Santa Sede declarando fiesta obligatoria el día de San José en
estos Reinos de España, dedica y ofrece el presente cuaderno “La Lámpara del
Santuario” y se encomienda a su alta protección”
(L.S.
Tomo XXI, 1890, pág.121)
SAN JOSÉ Y LA
EUCARISTÍA
A primera vista no
hay conexión ninguna
entre estos dos asuntos, porque es de tradición incontestada, que el Padre
nutricio y putativo de Jesús, falleció antes de la vida pública del Señor, y
que Él mismo cerró a aquél los ojos, acompañado de María Santísima, por la cual
doble circunstancia es San José abogado de la buena muerte. Pero, investigando las cosas en
su fondo, hay para el Patriarca José relaciones causales con el Santísimo
Sacramento, que no pueden pasar
inadvertidas para el devoto del Esposo de María y del misterio Eucarístico.
No cabe duda, que José ejerció
cerca de su Hijo adoptivo un ministerio de protección y patrocinio que es su más excelente mérito,
y que supone una gran dignidad en el elegido y una alta gracia de Dios,
secundada por una correspondencia perfecta. Y no es menos cierto que el grano Eucarístico,
sembrado en la tierra y de cuya muerte salió tanta vida, fue criado, formado y
desarrollado al amparo visible y por el trabajo de San José, quien alcanzó el privilegio de
mantener, con el salario o recompensa del sudor de su frente, a Cristo Nuestro
Señor; y siendo evidentes las relaciones de causa y efecto, no pueden ser lo
menos la participación en el producto, y el honor de la obra, en el que
contribuye a la primera materia, que sirve para elaborarlo y crearlo, aunque
varíe su forma y modo de existencia.
De lo que se infiere que José contribuyó y cooperó activamente
a la Eucaristía, toda vez que también tuvo parte
activa en mantener, o mejor, sostener al Hombre Dios en su vida secreta, de la
que surgió inmediatamente la vida pública, la de pasión y muerte, y todas las
evoluciones del niño al hombre que pasaron y se desarrollaron bajo el amparo
del Padre nutricio de Jesús.
Nadie duda, por otra parte, de la acción y concurrencia espiritual, intencional
y misteriosa pero real, de María a todos los trances de la vida, pasión y
muerte de Jesús, puesto caso que ésta ha sido Madre de Jesús, titulo y oficio
que no perdió nunca en todos los trámites de la vida de su Divino Hijo; ni duda
nadie que la
sustentación y vida maternal y virtudes de la Reina de los Ángeles, corrió al
abrigo de los trabajos del artesano humilde de Nazareth, otorgando Dios a Aquella en su
providencia especial el auxilio de un Esposo, uniéndola y desposándola en tal
concepto con San José.
De todos estos antecedentes y observaciones se infiere, que
José fue cooperador activo e indispensable, dados los decretos de Dios, de la obra maestra del
amor Divino, de
la Eucaristía, que es, por decirlo así, la
quinta esencia y el memorial auténtico y efectivo de todas las misericordiosas
maravillas de la vida de Cristo.
Podríamos a esto añadir, que José dispensó
al Redentor, con el título de Hijo, una especie de salvo conducto de honor,
encubriendo así a los ojos profanos el origen verdadero de Jesús y bajo el
escudo del Patriarca se conservó para los que no debían saberlo, la honra de la
Madre y la del Hijo, respecto de todos los que no conocieron en aquellos
tiempos el misterio de Dios.
(L.S. Tomo XXI, 1890, págs.125-134)
sábado, 10 de abril de 2021
DEL BLOG DEL OBISPO
Mensaje en la octava de Pascua
¡Feliz Pascua de Resurrección! Cristo
ha resucitado ¡Aleluya! “Proclamemos que el sepulcro
está vacío, la piedra ha sido movida; aquel que sufrió la pasión, que fue
crucificado y murió en la cruz, ¡HA RESUCITADO! ¡ha vencido a la muerte! Es el
que vive (Ap 1,18)”. “Esta
es la gran novedad que la Iglesia no se cansa de proclamar a través de los
siglos, esta novedad es el corazón del mensaje que ha difundido
en todos los rincones de la tierra”.
La Pascua es la fiesta más antigua que la
Iglesia celebra, puesto que empezó a celebrarse el mismo día de la resurrección
de Jesús, el domingo, para prolongar la alegría de la Resurrección y celebrarla
durante cincuenta días que culminan con la fiesta de Pentecostés. «Este
es el día en que actuó el Señor…», como reza el Salmo 117. Se
trata, en definitiva, de celebrar la Pascua prolongadamente, un período de
plenitud y de profundización en el bautismo recibido o en la fe ya vivida. La
victoria de Cristo sobre la muerte es un hecho tan grande que
no basta un día para celebrarlo [...]
El anuncio de la resurrección
del Señor es, además, la mejor palabra de esperanza, para los hombres de hoy,
desde la certeza de que “el bien triunfa siempre sobre el mal” y de que el
sepulcro vacío nos anuncia que nuestro último destino no está bajo la fría
tierra. La Resurrección de Jesús no queda en el pasado como
un acontecimiento bello pero lejano. La resurrección de Cristo
se hace presente hoy en nuestras vidas porque también hemos hoy sido capaces de
quitar las piedras, de abandonar el sepulcro y de encontrar nueva vida. Con Él,
la vida cambiará [...]
«Cada domingo, con el Credo, renovamos
nuestra profesión de fe en la Resurrección de Cristo». A
partir de este gran misterio se entiende todo en la Iglesia y cada celebración
eucarística lo hace relevante. “Siempre es posible volver a empezar, porque
existe una vida nueva que Dios es capaz de reiniciar en nosotros más allá de
todos nuestros fracasos. Él
está vivo, aquí y ahora. Camina contigo cada día, en
la situación que te toca vivir, en cada prueba. No nos cansemos nunca de buscar
a Cristo resucitado, que dona la vida en abundancia a quienes lo encuentran” (Papa Francisco, Ángelus de Pascua)










