TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

lunes, 18 de abril de 2016

REFLEXIONES PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA



TIEMPO DE PASCUA: TIEMPO DE RESURRECCIÓN. 

     “En el mismo instante se levantaron, y volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a sus compañeros, que les dijeron: El Señor en verdad ha resucitado y se ha aparecido a Simón. Ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo le reconocieron en la fracción del pan” (Lc. 24, 33-35).
     Después de haber vivido con el Señor su Pasión y su Muerte, contemplando las escenas del Viacrucis, y después de haber muerto en nuestra alma al pecado –en el Sacramento de la Reconciliación-, y a la muerte –en la Eucaristía-, vivimos en este tiempo litúrgico la gloria de la Resurrección, como la vivieron aquel día los discípulos de Emaús.
“Verdaderamente ha resucitado”.
     En los Evangelios de estos días de Pascua, la Iglesia nos invita a participar con los primeros cristianos del asombro y de la sorpresa del anuncio de la Resurrección, y vivir con ellos el gozo de ver a Cristo Resucitado.
     La fe de la Magdalena, la fe y el arrepentimiento de santo Tomás, la revivida esperanza de los discípulos de Emaús - “Su corazón ardía mientras oían las palabras del Señor en el camino”-, el arrepentimiento y la caridad de Pedro. Todos reciben la luz después de haber estado un tiempo en tinieblas. Como nos habrá sucedido a nosotros tantas veces a lo largo de nuestra vida. Vemos quizá muchas veces a Cristo derrotado, maltratado, profanado y no tenemos ojos para verlo a nuestro lado, Resucitado.
     Como a los apóstoles y a los discípulos, el Señor nos busca, y se manifiesta por caminos que no esperamos. ¿Quién les podría decir a los de Emaús, que era Cristo aquel hombre que caminaba a su lado? Las dudas de santo Tomás también nos son familiares. Los cristianos somos conscientes del misterio que engendra, rodea y embarga nuestra vida. Queremos “tocar” al Señor; “experimentar” su Resurrección. Y nos equivocamos.
     Es Él quien escoge los momentos, las circunstancias para acercarse a nosotros. Mejor, porque está cerca siempre, para despertarnos de nuestros “sueños”.
     Cristo Resucitado quiere también resucitar en el origen de nuestra vida, en el manantial que salta hasta la ida eterna que mana en nuestro espíritu, y sanar las raíces que, por falta de fe, de esperanza y de caridad, se hayan agostado, enmohecido, muerto.
     Las santas mujeres, con María Magdalena a la cabeza, aún abatidas por la muerte, buscan con amor el cadáver del Señor para venerarlo y transmitirle todo el amor que no han podido manifestarle la tarde del Viernes Santo. No buscan al Resucitado. El Resucitado les sale al encuentro, las busca, las encuentra, y las convierte en los primeros testigos de la Resurrección. 
     Cristo Resucitado no pide a los Apóstoles cuenta de su pecado, de su traición, del abandono en que lo han dejado solo en la Cruz. Les transmite paz, les infunde el Espíritu Santo para que perdonen los pecados de los hombres. Y aprovecha la ocasión para arrancar del alma de Pedro las heridas provocadas por sus negaciones. Tres veces negó conocerle, tres veces reafirma su amor. Y el Señor le indica que cuide de sus hermanos, que sostenga a todos en la Fe.
     Cristo Resucitado llena de luz la inteligencia y el corazón de los apóstoles y de los discípulos, hombres y mujeres. No ven fantasmas. No lo reconocen enseguida, porque sus ojos están todavía en el horizonte del tiempo, de la muerte y del pecado.
     Ante Jesús Sacramentado renovemos la Fe en la Resurrección. “Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él; pues sabemos que Cristo resucitado ya no muere, la muerte no tiene dominio sobre Él” (Rm 6, 8-9).
     La Resurrección de Cristo, un hecho real, histórico, más allá de la muerte, será siempre la piedra de toque de toda la predicación de la Iglesia, del anuncio de la vida de Cristo  “Señor Dios, decimos en la oración colecta de la misa del día de la Resurrección, que en este día nos has abierto las puertas de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte, concede a los que celebramos la solemnidad de la resurrección de Jesucristo, ser renovados por tu Espíritu, para resucitar en el reino de la luz y de la vida”.
     Resucitado y en el Cielo, Cristo nos envía el Espíritu Santo. El tiempo pascual termina el día de Pentecostés. El Espíritu Santo, que nos lleva a clamar, “Abba, Padre”, nos da la luz para que lleguemos a ser conscientes de nuestra vida cristiana, la vida de los hijos de Dios en Cristo Jesús: “Los que son llevados por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios” (Rm 8, 14)
     “Vivir según el Espíritu Santo es vivir de fe, de esperanza, de caridad; dejar que Dios tome posesión de nosotros y cambie de raíz nuestros corazones, para hacerlos a su medida” (San Josemaría. Es Cristo que pasa, n. 134).
     Mirando a Cristo Resucitado, en compañía de la Santa Virgen María, ese “reino de la luz de la vida” comienza ya en este lado de nuestro vivir a echar raíces de vida eterna, de resurrección eterna.
Cuestionario
¿Me acuerdo con frecuencia de que soy hijo de Dios, y de que el Espíritu Santo actúa en mí?

¿Tengo la alegría de dar testimonio de la fe en Cristo Resucitado, entre mis amigos y conocidos? 

Cristo ha resucitado, ¿por qué a veces me entristezco, me aíslo de los demás, pierdo la esperanza?


viernes, 15 de abril de 2016

DOMINGO 17 DE ABRIL, 4º DE PASCUA - JORNADA DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES


COMO PASTOR BUENO

     El Buen Pastor era una imagen cercana para aquellos oyentes de Jesús, tan acostumbrados al pastoreo tanto en su vida nómada como en la asentada. Pero aquella parábola era casi una crónica autobiográfica de Jesús en relación con aquellas gentes: no ser extraño ni extrañarse, dar vida y darse en la vida, hasta dejarse la piel antes que nadie pueda arrebatarlas. Aquí se dibujaba el estupor ante Jesús que experimentaban cuantos oían su voz y ya no dejarían de reconocerla permaneciendo junto a Él.
     En esa convivencia con Jesús, rápidamente se entendía su “secreto”. Y consistía en que este Maestro no estaba huérfano: tenía un Padre, en cuyas manos Jesús cuidaba sus ovejas, y de allí nadie podrá arrebatarlas. Jesús, el Padre, nosotros. El Pastor, el Redil, las ovejas. Como en la metáfora del evangelio y como en la vida de cada día. En nuestro mundo, hay tantas voces de gente que se ofrece a “cuidarnos” y a velar por nuestras mil “seguridades”. Pero uno sospecha de tanto favor “desinteresado” cuando en el fondo te ves a la intemperie, cargado de avisos, de normas, de recortes, de intereses y controles, de amenazas... y con demasiado poco corazón, buscando tal vez tan sólo que compremos su marca, o votemos sus siglas, o coreemos su afición. El Buen Pastor no tenía ninguno de esos precios, sino que el dar la vida se hacía gratis, por amor.
     No obstante, aquel Buen Pastor no se quedó allí, hace dos mil años. Él ha prometido su presencia y cercanía hasta el final de los tiempos. Seremos “ovejas” de tan Buen Pastor si también nosotros oímos su voz, palpamos su vida entregada, y las manos del Padre de las que nadie nos podrá arrebatar. En la medida en que permanecemos en ese Pastor Bueno, crece nuestro corazón y se ve rodeado de una paz que no engaña, y de una esperanza sin traición. Tenemos necesidad de pastores que nos recuerden las actitudes del Buen Pastor, y debemos pedir al Señor que nos bendiga con muchos y santos sacerdotes según el corazón de Dios. Pero cada uno, desde la vocación que haya recibido, debe testimoniar lo que supone la compañía de tal Buen Pastor: dejarse pastorear es dejarse conducir hacia el destino feliz para el que fuimos creados, para que aquello que Él nos prometió se siga cumpliendo, y esto llene de alegría a nuestro corazón, de esa alegría de la pascua, que como las ovejas de Jesús de las manos del Padre, nadie nos podrá arrebatar.
+ Jesús Sanz Montes, ofm-Arzobispo de Oviedo


jueves, 14 de abril de 2016

OREMOS POR LAS VOCACIONES



MENSAJE DEL PAPA PARA LA 53º JORNADA DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES


     “La Iglesia, madre de vocaciones” El papa Francisco explica en su mensaje que: - La vocación nace en la Iglesia - La vocación crece en la Iglesia - La vocación está sostenida por la Iglesia.
 
Algunas citas interesantes:

 “La comunidad se convierte de este modo en el hogar y la familia en la que nace la vocación”.
 “Para quienes ya están en formación, la comunidad cristiana permanece siempre como el ámbito educativo fundamental, ante la cual experimentan gratitud”.
 “Nadie es llamado exclusivamente para una región, ni para un grupo o movimiento eclesial, sino al servicio de la Iglesia y del mundo”.
 “Quien ha consagrado su vida al Señor está dispuesto a servir a la Iglesia donde esta le necesite”.
 “Los misioneros están acompañados y sostenidos por la comunidad cristiana, que continúa siendo para ellos un referente vital”. Es esencial: “Comunicar el mensaje evangélico junto a un buen catequista; experimentar la evangelización de las periferias con una comunidad religiosa; descubrir y apreciar el tesoro de la contemplación compartiendo la vida de clausura; conocer mejor la misión ad gentes por el contacto con los misioneros; profundizar en la experiencia de la pastoral en la parroquia y en la diócesis con los sacerdotes diocesanos”. 

¿Qué celebramos?


     Explicación de las 53ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.


¿Qué es? Una ocasión para recordar a los hombres y mujeres que viven su vocación como consagrados: ministerios ordenados (presbiterado y diaconado); la vida consagrada (masculina y femenina, contemplativa y apostólica); y las Sociedades de Vida Apostólica e Institutos Seculares. Fue instituida por el Papa Pablo VI en el año 1964.
¿Para qué? Para sensibilizar a la comunidad cristiana y a la sociedad en general sobre la necesidad de las vocaciones y agradecer y apoyar a quienes ya realizan este ministerio en la Iglesia. Otro objetivo es el de promover y cuidar las vocaciones en la Iglesia y pedir que entre los/las jóvenes de hoy nazcan nuevas vocaciones.
¿Quién lo organiza? Se trata de una jornada pontificia con un lema y mensaje en el que el Papa marca cada año los temas centrales para la reflexión… En este año del Jubileo Extraordinario de la Misericordia el Papa Francisco desea que todos los bautizados puedan experimentar el gozo de pertenecer a la Iglesia. En 2016 la Jornada de oración por las vocaciones pretende acentuar el sentido de pertenencia a la Iglesia. “Ojalá puedan redescubrir – afirma el Papa en su mensaje- que la vocación cristiana, así como las vocaciones particulares, nacen en el seno del Pueblo de Dios y son dones de la divina misericordia. La Iglesia es la casa de la misericordia y la «tierra» donde la vocación germina, crece y da fruto”. Por eso, invita a todos los fieles, con ocasión de esta Jornada, a “contemplar la comunidad apostólica y a agradecer la mediación de la comunidad en su propio camino vocacional”.


      Explicación de las 53ª Jornada Mundial de Oración Vocaciones Nativas


¿Qué es? Es la Jornada dedicada a la oración y la cooperación económica con los jóvenes que son llamados a la vocación sacerdotal o religiosa en los Territorios de Misión. Ellos y ellas son la muestra de que el Evangelio ha arraigado plenamente en una cultura y tiene sus frutos propios.
¿Para qué? Muy a menudo las vocaciones que surgen en los Territorios de Misión tienen serias dificultades para seguir adelante en su formación por problemas económicos. San Juan Pablo II animaba a la Iglesia a ayudarles: “Pido al Señor que nadie llamado al sacerdocio o a la vida religiosa en tierras de misión quede excluido por falta de recursos materiales o económicos”.
¿Cómo nació? Estefanía y Juana Bigard, madre e hija, leyeron en 1889 una carta del obispo francés de Nagasaki, en la que contaba que los cristianos japoneses, por temor a la persecución, tenían miedo de acercarse a los misioneros extranjeros, lo que no ocurriría si los sacerdotes fueran naturales de su mismo país. Las dos laicas francesas comienzan una gran actividad para implicar a la Iglesia en el sostenimiento de las vocaciones en los Territorios de Misión. El Papa Pío XI asumió esta iniciativa privada como suya y de toda la Iglesia, y en 1922 le dio el carácter de “pontificia”. 
 ¿Quién lo organiza? La Obra Pontificia de San Pedro Apóstol –una de las Obras Misionales Pontificias (OMP) – es la institución que se encarga de fomentar la colaboración con las vocaciones nativas, a través de esta Jornada y de otras iniciativas diversas. Esta Obra sostiene anualmente 75.563 seminaristas (uno de cada tres seminaristas del mundo) y 6.707 novicios y novicias en su primer año canónico.

¿Se puede colaborar?

     Se puede colaborar económicamente, pues la colecta de las parroquias del domingo 17 de abril será destinada a las vocaciones nativas. También durante todo el año a través de donativos domiciliados, “becas de estudio” (completas o parciales) y herencias o legados hechos para este fin. Además, se puede colaborar a través de la oración, pues la Obra de Vocaciones Nativas también resalta la importancia de la cooperación espiritual.