TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

domingo, 12 de junio de 2011

CULTOS A CELEBRAR EN LA FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI




ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA
Sección de Cádiz




Mi querido hermano/a Adorador:

Te ponemos estas líneas para pedir tu colaboración en la próxima festividad del CORPUS CHRISTI.


Como sabes, el Cabildo Catedralicio organiza anualmente un Triduo Eucarístico en la Santa Iglesia Catedral, proponiéndonos que nuestra participación se concrete el sábado DÍA 25 DE JUNIO A LAS 19,30H, para que asistamos como Asociación Eucarística de la que formamos parte y representamos.


Por ello te agradeceremos nos acompañes ese día para rezar en comunidad y darle la importancia que el acto requiere.


También te informo que el DOMINGO 26 DE JUNIO, en Corporación, formaremos en la procesión de la Festividad de Corpus, para lo cual, nos reuniremos a las 9,00h en la S.I. Catedral al objeto de participar en la celebración previa.


Como miembros que somos de la Adoración Eucarística, pedimos tu asistencia a estos actos, al objeto de dar testimonio presencial en estos momentos delicados para la Iglesia Católica.


¡ JESÚS SACRAMENTADO NOS ESPERA ¡

lunes, 30 de mayo de 2011

Las palabras de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque.

Hora Santa con Santa Margarita María

Esta Hora Santa ha sido redactada por el P. Gérard Dufour, capellán de Paray-le-Monial,

siguiendo las palabras de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque.


“Todas las noches de jueves a viernes, te haré partícipe de la tristeza mortal que tuve a bien sentir en el Huerto de los Olivos. Esta tristeza te reducirá, sin poder tú comprenderlo, a una especie de agonía más dura de soportar que la muerte. A fin de acompañarme en la humilde oración que hice entonces a mi Padre en medio de todas mis angustias, te levantarás entre once y doce de la noche para postrarte conmigo durante una hora, con el rostro en tierra, ya para calmar la cólera divina[1], pidiendo misericordia por los pecadores, ya para dulcificar de algún modo la amargura que sentí en el abandono de mis apóstoles, la cual me obligó a echarles en cara que no habían podido velar una hora conmigo; y durante esta hora harás lo que te enseñe.” (Autobiografía n° 57).

Primer tiempo:

“Todas las noches de jueves a viernes, te haré partícipe de la tristeza mortal que tuve a bien sentir en el Huerto de los Olivos”.

Jesús, en la noche del primer Jueves Santo, llevas contigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y comienzas a sentir tristeza y angustia. “Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo” (Mt 26, 37-38).

¿Por qué esta tristeza?

Por la traición de Judas y la debilidad de los apóstoles…

Por la hostilidad de los jefes y la volubilidad de la turba…

Pero no sólo por eso:

En muchas ocasiones has sufrido por la falta de confianza de tus amigos -¡hombres de poca fe! (Mt 8, 26)-; también, “apenado por la dureza de corazón de los fariseos” que estaban al acecho para ver si curabas a un enfermo en sábado, les has dirigido una mirada de indignación (cfr. Mc 3, 5); y al acercarte y ver la ciudad de Jerusalén, has llorado por ella diciendo: “¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado, queda oculto a tus ojos… porque no has conocido el tiempo en que fuiste visitada” (Lc 19, 41).

Además sientes sobre Ti el enorme peso del pecado de la multitud por la que vas a entregar tu vida (cfr. Mt 26, 28), Tú, el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29).

Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia,

que has pagado por nuestros pecados,

hoy en el mundo, ¿cuáles son las causas de tu tristeza?

hoy en mi vida, ¿qué es lo que te entristece?

Esta tarde, ¿seré capaz de compartir tu tristeza?

(Tiempo de meditación)

Canción: Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Segundo tiempo:

“Para acompañarme en la humilde oración que hice entonces a mi Padre en medio de todas mis angustias”.

Jesús, Tú sabías que para Ti había llegado la hora de pasar de este mundo a tu Padre… la hora en que ibas a amar a los tuyos hasta el extremo (cfr. Jn 13, 1).

Así empiezas tu humilde oración:

“Y adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que si era posible, se alejase de Él aquella hora. Y dijo: ¡Abba! Padre, Tú lo puedes todo: aparta de Mí ese cáliz; pero no lo que Yo quiero, sino lo que Tú quieres” (Mc 14, 35-36).

Permítenos contemplarte en tu oración:

- oración humilde y de adoración: te postras en tierra…

- oración de dolor: si es posible, aparta de Mí ese cáliz…

- oración filial: ¡Abba! ¡Padre!…

- oración de confianza: Tú lo puedes todo…

- oración obediente: pero no lo que Yo quiero, sino lo que Tú quieres…

Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad,

en quien el Padre ha puesto todo su amor,

Tú no quieres estar solo en tu oración.

Permítenos permanecer Contigo y en Ti.

Dígnate, mediante tu Espíritu, continuar tu oración en nuestros corazones.

(Tiempo de meditación)

Canción: Padre, me pongo en tus manos


Tercer tiempo

“Te postrarás… pidiendo misericordia por los pecadores”.

Jesús, unos instantes antes de morir, vas a decir: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34). Tenías fama de acoger bien a los pecadores: “Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada hasta que la encuentra?” (Lc 15, 2-4). “Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da la vida por las ovejas” (Jn 10, 11). “No he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo” (Jn 12, 47). “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mc 2, 17). “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante” (Jn 10, 10).

Señor Jesús, haznos entender tu sufrimiento ante los pecados de! mundo, tu deseo de perdonar a los hijos pródigos, la alegría que sientes al derramar tu misericordia y al devolver la vida a lo que estaba muerto.

Corazón de Jesús, generoso con todos los que te invocan,

paz y reconciliación nuestra,

ten piedad de nosotros que somos pecadores,

derrama tu misericordia en nuestros corazones arrepentidos,

danos corazones obedientes y llenos de amor.

(Tiempo de meditación)

Canción: Vengo ante Ti, mi Señor


Cuarto tiempo:

“Te postrarás… para dulcificar de algún modo la amargura que sentí en el abandono de mis apóstoles, la cual me obligó a echarles en cara que no habían podido velar una hora conmigo”.

Jesús, Tú elegiste doce apóstoles para que estuviesen CONTIGO (cfr. Mc 3, 14). Son tus “servidores y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador lo que se busca es que sea FIEL” (1Co 4, 1-2).

Cuando eliges a alguien, le pides una adhesión absoluta: “Como el Padre me ha amado, así os he amado Yo; permaneced en mi amor” (Jn 15, 9). “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mc 8, 34). Por eso has sufrido por el abandono de los que habías llamado: “Desde entonces (¡después del anuncio de la Eucaristía!) muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él” (Jn 6, 66). “Todos vais a caer, como está escrito: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas»” (Mc 14, 27). “Está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo” (Jn 16, 32).

Y dentro de poco, cuando te arresten, todos te van a abandonar, todos huirán (cfr. Mc 14, 50).

Señor Jesús, haznos comprender la amargura de tu Corazón ante el desamparo de tus apóstoles, su tibieza para velar una hora contigo en el Huerto de los Olivos. ¡Has sufrido tantas infidelidades, tantos abandonos, tantas respuestas a medias de los que Tú mismo habías elegido!

Corazón de Jesús, saciado de oprobios,

lleno de bondad y de amor.

Te pedimos en especial por los sacerdotes a quienes has llamado a tu servicio,

por todas las almas consagradas a Ti en la vida religiosa,

por todos los que han recibido tu llamada a seguirte más de cerca.

Ten piedad de sus flaquezas.

¡Mantenles fieles para que tu Reino se extienda!

(Tiempo de meditación)

Canción: Nadie tiene amor más grande


Quinto tiempo:

“Durante esta hora, harás lo que Yo te enseñe”.

Jesús, estas últimas palabras nos sorprenden. ¡Estamos tan poco acostumbrados a dejar que seas Tú quien guíes nuestra oración! Pero intentamos hacer silencio en nuestros corazones para decirte, con toda nuestra pobreza, toda nuestra debilidad: Aquí nos tienes, Señor Jesús… ¡Haznos conocer lo que quieres de nosotros!

(Leeremos los textos de la Sagrada Escritura sólo después de un buen rato de silencio)

“Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios ésos son hijos de Dios. Vosotros no habéis recibido un espíritu de esclavitud para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: “¡Abba! ¡Padre!” (Rm 8, 14).

“El que me ama, guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14, 23).

“Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como Yo os he amado” (Jn 15, 12).

“Permaneced en mí como yo en vosotros. El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante” (Jn 15, 4-5).

“Lo que pidáis al Padre en mi nombre, Él os lo dará” (Jn 15, 16).

“Hermanos, os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios, éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rm 12, 1-2).

Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad,

Rey y centro de todos los corazones,

renuévanos por tu Espíritu de Amor,

enséñanos a unirnos a tu oración,

¡haznos testigos de tu Amor!

(Tiempo de meditación)

Canción: Seréis mis testigos

Seréis mis testigos, testigos del Amor,

seréis mis testigos, testigos de mi Amor.

Seréis mis testigos, testigos de la paz,

seréis mis testigos, testigos de mi Paz.

Testigos de confianza, testigos de perdón,

testigos de esperanza, cada cual desde su don,

testigos de alegría, alegría del Señor.

Testigos de la Pascua, testigos de la Cruz,

testigos de la Gracia, testigos de la Luz,

testigos de alegría, la alegría de Jesús.

Testigos de María, de su maternidad,

testigos de María: “Hágase su voluntad”

testigos de alegría, de alegría y humildad.

Testigos de obediencia, de entrega en libertad,

testigos de paciencia, de escucha y de bondad,

testigos de alegría, de alegría y de verdad.

Con licencia eclesiástica


Letanía a Jesús paciente

Humildemente postrada al pie de tu santa Cruz, te diré a menudo, ¡divino Salvador mío!, para mover las entrañas de tu misericordia a perdonarme:

Jesús, desconocido y despreciado

Jesús, calumniado y perseguido

Jesús, abandonado de los hombres y tentado

Jesús, traicionado y vendido a vil precio

Jesús, censurado, acusado y condenado injustamente

Jesús, vestido con un traje de oprobio y de vergüenza

Jesús, abofeteado y burlado

Ten
piedad
de
mí

Jesús, arrastrado con la cuerda al cuello

Jesús, azotado hasta derramar sangre

Jesús, tenido por loco y endemoniado

Jesús, pospuesto a Barrabás

Jesús, despojado y desnudado con infamia

Jesús, coronado de espinas y saludado por irrisión

Jesús, cargado con la Cruz y las maldiciones del pueblo

Jesús, agobiado de injurias, dolores y humillaciones

Jesús, triste hasta la muerte

Jesús, ofendido, escupido, golpeado y ultrajado

Jesús, colgado de un infame madero, en compañía de ladrones

Jesús, anonadado y deshonrado ante los hombres

Jesús, agobiado por toda clase de dolores

¡Oh buen Jesús!, que has querido sufrir una infinidad de oprobios y de humillaciones por mi amor: imprime fuertemente su amor y estima en mi corazón y haz que desee practicarlos. Así sea.

Santa Margarita María de Alacoque

sábado, 28 de mayo de 2011

JOVENES ESPAÑOLES PROMUEVEN EL REZO DEL SANTO ROSARIO

DE LA EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL "VERBUM DOMINI" DE S.S. BENEDICTO XVI



Al recordar la relación inseparable entre la Palabra de Dios y María de Nazaret, junto con los Padres sinodales, invito a promover entre los fieles, sobre todo en la vida familiar, las plegarias marianas, como una ayuda para meditar los santos misterios narrados por la Escritura.
Un medio de gran utilidad, por ejemplo, es el rezo personal y comunitario del Santo Rosario, [302] que recorre junto a María los misterios de la vida de Cristo, [303] y que el Papa Juan Pablo II ha querido enriquecer con los misterios de la luz [304…
El Sínodo, además, ha recomendado promover entre los fieles el rezo del Angelus Domini. Es una oración sencilla y profunda que nos permite « rememorar cotidianamente el misterio del Verbo Encarnado ».[305] Es conveniente, además, que el Pueblo de Dios, las familias y las comunidades de personas consagradas, sean fieles a esta plegaria mariana, que la tradición nos invita a recitar por la mañana, a mediodía y en el ocaso…
Desde hace cuatro años durante el mes de mayo, jóvenes españoles realizan un pequeño vídeo. Se llama “MayFeelings”.
Con él quieren animar a rezar el rosario. El tema elegido para el 2011 es un mensaje de agradecimiento al papa Juan Pablo II, beatificado el 1 de mayo, el primer día del mes dedicado a la Virgen.



viernes, 27 de mayo de 2011


XXII CURSO DE VERANO EN GRANADA
Del 8 al 12 de junio de 2011.


ORGANIZA: FUNDACIÓN LUIS DE TRELLES Y
C/ Vázquez Varela 54 3º D, 36204 Vigo - Tlf. +34 986 419 245
E-mail. fundacion@fundaciontrelles.org - Web. www.fundaciontrelles.org
ADORACIÓN NOCTURNA DE GRANADA

VIAJE A GRANADA:
Deben reservar, con anterioridad, su plaza en la Fundación.

Estancia en Granada:
Hotel “Don Juan” *** Teléfono: 958 285 811 C/ Martínez de La Rosa, nº 9 Granada.

Entrada: miércoles día 8, cena a las 22 horas Salida: domingo día 12, después del desayuno.

PROGRAMA
Ponentes:
Doña María Luisa Cava de Llano y Carrió, Defensora del Pueblo de España, en funciones.
D. Antonio del Moral, Fiscal del Tribunal Supremo
D. Antonio Troncoso de Castro, Coronel Auditor del Cuerpo Jurídico del Ejército.
Rvdo. don Carlos Martínez de Tejada y del Rosal, Canónigo de la S.I.B. de Granada.
D. Francisco Puy Muñoz, Catedrático de Derecho, Universidad de Santiago de Compostela.
D. Carlos Dívar Blanco, Pdte. del Tribunal Supremo.
Coordinador:
D. Reyes Ruiz Ortiz, Vicepresidente de la Adoración Nocturna de Granada, Catedrático de Literatura.

Lugar: Auditorio de los HH. de San Juan de Dios. – C/ San Juan de Dios.


INFORMES Y RESERVAS:
E-mail: fundación@fundaciontrelles.org
Teléfono - Fax en la Fundación. 986.419.245
Pontevedra: don Eusebio Taléns 986 841.494
Vigo: don José Carlos García 986.450.179
Granada: don Salvador Ramírez 617.745.017

viernes, 5 de diciembre de 2008

«Os anuncio una gran alegría»(Lc2, 10)

«Os anuncio una gran alegría»(Lc2, 10)

El Evangelio de San Lucas pone estas palabras en boca del ángel del Señor que anuncia a los pastores de Belén el Nacimiento de Jesús.Siempre en el lenguaje bíblico los mensajes de los ángeles dan la dimensión trascendental del episodio al que se refieren. Así, el himno de la milicia celestial que a renglón seguido recoge San Lucas («Gloria a Dios en las alturas y paz sobre la tierra a los hombres del divino beneplácito») expresa de forma sintética el alcance de la Encarnación del Verbo: hacer posible la glorificación de Dios por los hombres y la reconciliación de los hombres por parte de Dios. De igual manera, el parlamento de los ángeles a la mujeres que fueron de madrugada a la tumba del Señor ( qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí: ha resucitado?) (Le 24, 5) da la explicación exacta del sepulcro vacío.Si el ángel de Belén, por tanto, califica el Nacimiento de Jesús como «una gran alegría, que lo será para todo el pueblo», es que el Espíritu Santo quiere que entendamos en clave de gozo la Encarnación del Redentor.Y así es en verdad.¿Hay —o puede haber— para la Humanidad mayor motivo de gozo que saberse visitada por Dios hecho Hombre («Dios con nosotros»)? ¿Pudo jamás el hombre soñar con ver a Dios hecho uno de nosotros, y oírle y palparle y comer con El?Cuando ya no quedaban apenas testigos presenciales del acontecimiento, ancianito y próximo a des aparecer, el Evangelista San Juan escribía a los fieles de Asia: «Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplaron y palparon nuestras manos acerca de la Palabra de la Vida... lo que hemos visto y oído os lo anunciamos... para que vuestro gozo sea completo» (l Jn 1, 1-4).Todos los días somos testigos de la ilusión con que hombres y mujeres se apiñan al paso de un «personaje» puramente humano (religioso, político, artista...) y comprobamos la felicidad que los inunda si consiguen un autógrafo, o salir juntos con él en una foto, o estrechar su mano.Pues todo eso no tiene comparación con la suerte de los pastores de Belén que fueron los primeros—después de María y José— en ver de cerca a ¡Dios con nosotros!Le sobraba razón al ángel para decir —y la expresión era pálido reflejo de la realidad— que les anunciaba una gran alegría.No me lo ha dicho nadie. Pero estoy seguro de que, cuando vieron al Niño en brazos de su Madre, in ventaron la invocación de la Letanía: ¡Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros!Y sé que se queda corto el Evangelista cuando refiere que «los pastores se volvieron glorificando y ala bando a Dios por todo lo que habían oído y visto» (Lc 2, 20).Es lo que tendríamos que hacer nosotros, sabedores de lo que aquella Noche sucedió, y seguros como estamos de que el mismo Dios con nosotros sigue estando en nuestros Sagrarios, como entonces sobre las pajas, para alegría de los creyentes.¿A qué se debe, Señor, que en el mundo todavía haya tantos agobiados de tristeza y desesperación, como si no hubiera habido Noche buena?Manda de nuevo a tu ángel para que anuncie a los hombres la gran alegría.¿O es tu designio que hagamos de ángeles nosotros, los que creemos en Ti y nos hemos enterado?Así hicieron los pastores: «Dieron a conocer lo que les habían dicho de aquel Niño» (Lc 2, 17).Hazme, Señor, como ellos y como el ángel, sembrador de alegría.Abre, Señor mis labios.Cura mi mudez... ¡y la sordera de los hombres!

CUESTIONARIO

¿Inunda mi alma el gozo de la presencia del Señor entre nosotros, o ando a caza de alegrías efímeras?

¿Me duele la tristeza desolada de los que no tienen fe?

¿Trato de contagiar la auténtica alegría del cristiano a los que ignoran los motivos de la misma?

lunes, 24 de noviembre de 2008

PUNTO DE REFLEXIÓN :«Dónde está, oh Muerte, tu victoria?»(1 Cor 15,55)

Con estas palabras apostrofa a la Muerte San Pablo al final del capítulo 15 de su Primera Carta a los Corintios, dedicado a tratar de la Resurrección de Cristo y de la futura resurrección nuestra. Dice así el himno triunfal que emplea como colofón: «Cuando este ser corruptible (nuestro cuerpo) se revista de incorruptibilidad, y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: La muerte ha sido derrotada en la victoria. ¿Dónde está, oh Muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh Muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado... Pero gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo (1Cor 15. 54-57). San Pablo alude a un pasaje de Oseas 13. 14 con cuyo texto hace un ingenioso juego de palabras. La frase que el profeta ponía en labios de Yahvé, preguntando a la Muerte dónde tenía su aguijón, para que lo empleara en castigo del pueblo infiel, la usa Pablo ahora para preguntar a la Muerte dónde esconde su aguijón, que ya no funciona. Y es que en la mañana del Primer Domingo de Pascua, aunque entonces no había periódicos que lo publicaran con grandes titulares tuvo el mundo conocimiento de que la Muerte había sido vencida. No es que se hubiera descubierto algún fármaco que curara todas las enfermedades y evitara la muerte. Es que la misma Muerte había sido derrotada y superada. Introducida en el mundo como castigo del pecado, había sido ahora aniquilada por Jesús, que, al destruir el pecado y conceder a sus seguidores la posibilidad de liberarse de el, les había dado con ello la oportunidad para liberarse de las garras de la muerte. Como él acababa de hacer resucitando de entre los muertos. Por ello, <Dios ha cumplido lo que anunció por Isaías: «Consumiré a la Muerte definitivamente» (Is 25, 8). Y así lo vio San Juan en el Apocalipsis: «y el mar devolvió los muertos que guardaba, y la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban y la Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego» (Ap 20, l3ss). «Y no habrá ya Muerte, ni llanto, ni gritos, ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado» (Ap 21, 11). Seguirá teniendo la muerte su apariencia tosca para los que vivimos aquí. Y habrá que pasar por ella, por que ése es el precio de nuestro pecado: ser aguijón de la Muerte. Pero la fe nos asegura que los muertos en Cristo no están muertos. El ha vencido a la Muerte para Sí y para nosotros.— está, oh Muerte, tu victoria? ¡Gracias sean dadas al Señor que nos ha dado la victoria sobre ella por Nuestro Señor Jesucristo!


CUESTIONARIO


¿Nos entristece la muerte como a los hombres que no tienen esperanza?


¿Estamos seguros de nuestra victoria definitiva sobre la Muerte si permanecemos unidos a Cristo?


¿Se lo agradecemos debidamente?

martes, 18 de noviembre de 2008

Tránsito de ida y vuelta


1. El fugaz recuerdo de su inicio


Había utilizado aquella misma vía de acceso, en infinidad de ocasiones a lo largo de no sé cuantos años. Aún conociendo su peligrosidad, pues los escalones, además de empinados, estaban muy desgastados, jamás había tenido el más leve percance. En definitiva que por desatención, por confianza, o por la acostumbrada mala suerte de estos casos, me deslicé escalera abajo y fui golpeándome en la espalda, escalón tras escalón, hasta completar el tramo de la escalera, unos 24 escalones. Los cuatro primeros percutieron fuertemente en mis músculos y costillas. Como consecuencia de esto mi respiración se hizo dificultosa, instantes después me sobrevino una sensación de sopor, estado previo a la inmediata e irremediable pérdida de la conciencia. La reiteración de los golpes en mi cuerpo al multiplicarse, dejó secuelas internas en mi organismo de consideración.

2. El recuerdo del primer y breve despertar. Una persona, una voz hacia la esperanza.

No puedo precisar con exactitud cuanto tiempo permanecí inconsciente. Al recobrar la conciencia, intenté levantarme, fue un acto inútil, tan solo pude incorporar mi cabeza y de manera difusa me contemplé allí tirado sobre el rellano de la escalera. Insospechadamente una voz cálida me susurraba palabras de ánimo y me aportaba tranquilidad. Mi mirada buscó con afán la procedencia de aquella reconfortante voz. Unas pequeñas manos sujetaban mi confusa cabeza y me la hacían reposar, de nuevo en el frío suelo. Adivinaba su silueta, pero mi visión borrosa no me dejaba perfilar la imagen con nitidez. Intenté articular algún sonido, mezcla de dolor y de acción de gracias. Sin embargo, fue en vano porque tan sólo pude musitar un ronquido sordo. Una sensación de asfixia me embargaba y esto me hacía caer en una excitación nerviosa, de tal envergadura, que me hacía jadear en exceso. Como consecuencia de esta frenética actividad, de nuevo, perdí el conocimiento.


3. El recuerdo del segundo despertar. La dudas de la cruda realidad.

Una luminosidad hiriente me hacía encoger mis párpados para proteger mis ojos. Un fuerte olor a cloro inundaba la estancia. Todo alrededor mío despedía un color blanco inmaculado. En mis antebrazos, notaba unos fuertes pinchazos, traté de levantarlos y me fue imposible. Levemente incorporé mi cabeza y comprobé como mis miembros inferiores y superiores estaban asidos con vendajes a los laterales de la cama. Asimismo, la sensación de presión y punción iba creciendo. Pude comprobar como existían varios tubos que se infiltraban, a través de la piel de mis antebrazos, por lo que justifiqué esta sensación desagradable y dolorosa, producida por las respectivas agujas o vías de suministro de toda suerte de sustancias y alimentos intravenosos.
Una vez reconocido el medio en el que me encontraba, porque había logrado habituar mi visión a la intensidad lumínica imperante, me sobrevino unos deseos irrefrenables por conocer, urgentemente, noticias sobre mi estado de salud y cuánto tiempo llevaba hospitalizado.
Mis pensamientos estaban demasiados confusos. Mi cerebro muy torpe, aún, no podía discurrir con normalidad. Así con la mirada perdida en la ventana de aquella habitación, pasé largos espacios de tiempo. No sé cuantificarlos, porque para mí el tiempo había perdido cualquier referencia objetiva. Minutos, horas, es difícil de precisar. Se sucedían los tiempos muertos y nadie aparecía para visitar a este torpe y convaleciente paciente. ¿Por qué no acudían las enfermeras, el personal médico a cargo?
A través de aquella gran ventana, se colaba la luz solar. Pero, por mucho que transcurriera el tiempo, el sol no caía. La luz mantenía su intensidad invariablemente.
¿Qué pasaba aquí, no había sucesión de días y noches, no había vigilancia médica, nadie me informaba de mi estado? ¿Estaba, en verdad, en un hospital?
Estas preguntas y otras muchas de parecidos planteamientos me agitaron en la cama sobremanera. Una fuerte presión en mis sienes dio paso a una necesidad de desconectar de esta tensión obsesiva por lo que de nuevo, tras no sé cuanto tiempo de vigilia, de manera gradual sucumbí al estado del descanso.

4. El recuerdo de tercer despertar. El proceso de reconocimiento de mi entorno.

Iba recuperando la actividad en mis sentidos de percepción de la realidad circundante. Aturdido todavía, quizás por el prolongado periodo de sueño al que había estado sometido, me incorporé sobre el lecho y comprobé como en la actualidad permanecía libre de ataduras y entubamientos. Con cierta cautela, me aventuré en bajar de la cama y después de soportar algunos vaivenes logré corregir mi sentido del equilibrio. Totalmente desnudo y descalzo comencé a caminar lentamente. En primer lugar me acerqué a aquella gran ventana, fuente de atención de anteriores despertares. Al llegar a ella, comprobé fielmente que la luz que provenía de ella era totalmente artificial. Una vez reconfortado con el acierto de la apreciación que había podido intuir desde mi anterior posición yacente, me encaminé hacia la puerta de la habitación. Abrí la puerta y una vez más, desde aquella posición, giré el cuello para ratificar el contenido de la que había sido hasta entonces mi lugar de confinamiento. Un cierto grado de alivio liberador recorrió mi espíritu. Posicionado en el gran pasillo tenuemente iluminado, caminaba con cautela. Miraba mis pies descalzos avanzar por aquella superficie de mármol blanco. Suelo, paredes, puertas, todo de color blanco. Era un pasillo amplio y larguísimo. A ambos lados del mismo se repartían sucesivas puertas de acceso a otras tantas habitaciones. En este amplio espacio no existían sillas, ni mesas, ni elementos decorativos, estaba iluminada con una luz indirecta distribuida con precisión matemática.
Silencio absoluto. Aquel entorno frío, despersonalizado, dotaba a la experiencia que estaba viviendo de un carácter no sólo extraño, sino también huérfano de sentimientos. Mis sensaciones no eran desagradables, pero ni mucho menos me sentía cómodo con esta situación. Allí me encontraba en un pasillo descomunal, de no sé que institución, completamente desnudo y descalzo, llevaba andando con cierta seguridad desde hacía algunos minutos y aquel pasillo no se le veía fin. Todo era nuevo para mí, pero sin embargo mi persona aceptaba aquella situación sin fuertes contrastes en mi estado de ánimo. Sí, reconocía que la situación por la que estaba pasando no era regular, no tenía información contrastada de cual era mi verdadera situación, no había contactos con ninguna otra persona desde hacía mucho. Intuía que aquellas paredes deberían ser, no podía ser otra cosa que una residencia hospitalaria, en la que me reponía de las consecuencias de la desafortunada caída. Sin embargo, esto era una sospecha que poco a poco se iba diluyendo, porque, ¿Qué centro sanitario está tan desierto de personal, de mobiliario? De personalidad intranquila, a veces nerviosa, en mi pasado inmediato, mi actual respuesta, tan solo se quedaba en un planteamiento de búsqueda de mi actual destino. Con lo que me estaba aconteciendo, para cualquier mortal, hubiera sido más que suficiente para dejarse llevar por el descontrol emocional cercano a la histeria. Sin embargo, allí estaba yo, a la expectativa, es decir levemente preocupado por mi devenir. Tan solo una inercia instintiva me hacía avanzar, de manera mecánica, dejando tras mía a izquierda y a derecha, puerta tras puerta, así, ni siquiera nacía en mi interior el más mínimo gesto de curiosidad por conocer sus interiores.
Me había convertido en un caminante errante. Un ser artificial y profundamente desmotivado, con carencias de sentimientos, sí, era como si me hubiera contagiado de la frialdad reinante entre aquellas paredes. Mi capacidad de reacción, la improvisación creativa que intenta resolver problemas, mi inteligencia como vehículo de adaptarse a las circunstancias, se había paralizado y quizás atrofiado.

5. El reconocimiento de mi incapacidad e indefensión como punto de partida.

No podría cuantificar cuantos metros de este pasadizo amplio o galería había recorrido. Decenas de puertas, a ambos lados de mi discurrir, las había dejado atrás. De manera autómata continuaba mi peregrinaje sin destino definido. Desde hacía bastante, comenzaba a estar hastiado de caminar de manera rutinaria. Sin embargo, esta sensación no daba paso a la anulación voluntaria de aquel comportamiento incesante de proseguir mi marcha. Me encontraba como manipulado y vinculado hacia una actuación que por supuesto estaba lejos de mis apetencias. No obstante, ni un momento de reflexión, ni una duda, ni un solo momento de parada. En mi faz, no había gestos de contrariedad, no transmitía lo que en mi interior trataba de aflorar. Sí, sin duda, desde lo más hondo de íntima persona, lentamente, se estaban generando algunas impresiones o elementos liberadores que podrían proyectar sobre mi futuro inmediato un cambio radical a la hora de razonar.
En efecto, mi actual disposición con respecto a mí, hasta ahora, forma de proceder había tocado fondo. Mi intelecto había estado dormido, pero una vez asumido este proceso degenerativo de inactividad, despertó y desencadenó un grado de rabia e inconformismo tales que acumuló energías suficientes para romper con la dinámica pasiva que hasta ahora había imperado. El primer fruto de esta autonomía de acción fue el cambio de actividad de manera fulminante. Repentinamente, giré hacia la derecha y penetré al interior de la estancia contigua. Sí, era un pequeñísimo hito de raciocinio, más bien producto de un impulso evasor de la rutina impuesta. Sin embargo, este sencillo ejercicio de elección, fue el principio orientador de aquel enigma en el que estaba envuelto.


6. El renacer a las fuentes del conocimiento.


Por primera vez desde hacía mucho tiempo, me embargó una tremenda sensación de miedo, era un sentimiento que se me hacía tan evidente que podía notar como los escalofríos recorrían mi cuerpo. Tomé conciencia térmica de mi desnudez, de la hinchazón de mis pies, del dolor en mis brazos por las numerosas huellas de los diversos pinchazos. Acuciado y desbordado por el mar de renovadas sensaciones y como si de un recién nacido se tratara me agaché y en posición fetal me parapeté contra la blanca pared de la habitación, escuchaba algunos sonidos de fondo y tímidamente fui elevando mi mirada hacia el origen de la información acústica que desde hacía mucho no percibía. El grado de mi admiración fue creciendo por momentos, si me vierais, podíais comprobar como la apertura de mis ojos e incluso de mi boca, retrataban a una persona perpleja y ávida de saber todo lo que allí se estaba representando. El espacio descrito era el tan recordado dormitorio de mis padres, mi padre y una señora vestida de blanco manipulaban hacia el interior del lecho. Continuaba impresionado con esta saturación de imágenes. Mis sentidos, como si estuvieran estrenándose, percibían con una agudeza y sensibilidad insospechadas para mí. Continuaba sentado y apoyado en la pared y como deseaba conocer más detalles de aquella visión, tan solo el pensar en desplazarme hacia allí provocó que mi percepción se desplazara al lugar del suceso y con una visión panorámica, lateral, de acercamiento, de vista cenital, el detalle descriptivo fue completo. Era como si mi cerebro tuviera la capacidad de atraer y adaptar el mejor plano para contemplar lo que me era necesario. Sí, era increíble, allí estaba mi madre, tendida en la cama, estaba siendo auxiliada por una enfermera y por mi padre a ambos lados. Escuchaba perfectamente la conversación de todos, mi madre gemía de dolor y la matrona con voz grave, le aconsejaba que respirase profundamente y que aprovechara los pujos. Sin, era tan real, como si estuviera ocurriendo allí mismo, era una visión tridimensional con una perfección de imagen tal que tan solo faltaba el que pudiera integrarme con ellos y participara de aquel acontecimiento. Era el nacimiento de su primer y único hijo, claro está ése era yo. Me sobrecogía de emoción, mi madre sudorosa y cansada por fin había terminado los esfuerzos propios del parto. La matrona terminaba de cortar el cordón umbilical. A continuación los pujos últimos del llamado parto chiquito, de expulsión de la placenta y todo había sido consumado. Entre paños de algodón mi primer llanto se hizo patente, y los comentarios jocosos de todos se hacían patentes. Sí, os lo aseguro, mi estado de estupefacción no tenía enmienda, había presenciado mi propio nacimiento y había sido maravilloso. Nunca, me había podido imaginar que este hecho fuera tan emotivo y conmovedor. Gracias a esta visión había vivido intensamente mi propio nacimiento y este fenómeno, más allá de su propia observación, no se había supeditado a una mera contemplación de su película, no, aquel realismo en imagen, en olor, en sonido, había otorgado unos perfiles de conocimiento inimaginables para cualquier mortal que se precie.

7. Más allá de los límites de lo razonable.


¡Ah, lo que hubiera dado por haber podido comentar con alguien este acontecimiento¡
Sí, por qué no, me gustaría departir, sobre todo con ellos acerca de esta buena experiencia. Con avidez inusitada segundos más tardes mis ojos buscaron la mirada de mis padres. Una inmensa seguridad de que aquella locura, una más, iba a tener una consecución positiva me inundaba. Así fue, nuestras miradas se encontraron y de una manera natural y directa se cruzaron afectivamente. Tras esta mirada de complicidad entre padres e hijo que destilaba esencias tan profundas, tan cálidas, tan afectivas, tan generosas de mutuos agradecimientos, hicieron que desde nuestros respectivos lagrimales brotaran lágrimas de amor incontenible por una felicidad sublime. Totalmente desbordado por este último acontecimiento mi mente quiso, aún, adentrarse en el límite de lo imposible, así, me acerqué tanto a mis progenitores que incluso pude tocarlos, abrazarlos, sentir su textura, su temperatura corporal. Extasiado, pues había encontrado a mis seres más queridos, aquellos que había perdido hacía ya más de una década, todo eran palabras entrañables, ambiente íntimo que me hacían regocijarme sin parar. Allí entre su regazo estaba el retoño, era la imagen viva de mi propia identidad en tiempos de recién nacido, era un bebé rollizo y aún enrojecido por los rigores del parto, tal cual aparecía en las fotos de familia que habitualmente había contemplado en innumerables ocasiones. Por consiguiente, allí, delante de mí, se estaba dando una duplicidad de identidad en lo que se podía denominar como dislocación o desdoblamiento temporal, el futuro observaba con deleite su propio pasado y ambos cohabitaban en un fenómeno único, increíble y casi imposible, pero la realidad de la evidencia inmediata dictaba una contradicción más, una más que añadir a esta arrebatadora aventura en la que estaba envuelto. No me resistía a seguir disfrutando de este maravilloso encuentro, pues presentía que sería muy efímero y que además todavía me quedaba mucho que recorrer y probablemente algunos hechos venideros no serían tan placenteros como el presente.
Como gesto de cariño, extendí mi mano hacia el precioso niño, que se encontraba recostado en posición fetal, llegué a palpar su abdomen sonrosado y abultado. El pequeño ajeno a mis caricias seguía libándose su pulgar derecho, en unos segundos mi cuerpo sintió una desconocida conmoción, era como una invasión masiva por cada parte de mi cuerpo de una energía potencial que al mismo tiempo que renovaba mis órganos, mis músculos, mi piel, me iba mutando en otra entidad diferenciada.
Súbitamente la estancia volvió a su normal estado. Tan solo una cama ocupaba parcialmente la vacía estancia. De nuevo había sido devuelto a la fría y cruda realidad de un ambiente, que ahora sí, estimaba desagradable y gélido. No obstante, desde mi interior algo había cambiado profundamente. Además de conservar en mi memoria las esencias positivas de la reciente experiencia vivida, como alimento estimulante en ulteriores momentos de depresión. Tenía una vitalidad extraordinaria y unos deseos de continuar sin desfallecer en mi particular éxodo por este sorpresivo mundo de lo inesperado.

8. Un guía llamado Krol.


Me dispuse a abandonar la estancia porque intuía que mis vivencias en la misma habían finalizado. Así, que me adentré, otra vez, en aquel inacabable y amplio pasillo de reiterativa presentación. Llevaba caminando bastante tiempo, aún continuaba totalmente desnudo, sin embargo, desde la renovación energética a la que me había sido sometido, no sentía ningún tipo de molestias externas. Cayendo en la rutina de andar sin destino prefijado, cerré los ojos recreando la imagen de mis padres y fue tan motivadora que permanecí así durante algunos segundos, esta pérdida de la visión exterior fue suficiente como para que de forma inesperada un obstáculo me impidiera avanzar. Abrí los ojos y allí estaba él, un hombre de cabellera rubia y vestido totalmente de blanco, su edad era aproximadamente la mía, de unos 40 años.
- Hola, me llamo Krol, soy tu guía. Me alegra comprobar que mi presencia ni tan siquiera te ha inquietado. Eso demuestra que la conversión energética ha sido un auténtico éxito. No siempre es así de efectiva, reconozco en ti a un aventajado introducido porque has sabido canalizar perfectamente tu primera gran prueba.
- Gracias, no sabes qué feliz me siento al poder contar con alguien que me pueda orientar. Aunque gracias a Dios, ahora me encuentro mucho mejor, quizás tengas razón es como si me hubiera robustecido.
- No lo dudes José, así ha sido, antes de la gran primera prueba, has pasado por el período conflictivo de la acomodación a una nueva dimensión. Tras, muchos días de debatirte entre la vida y la muerte tu etapa terrenal se transformó. Sin embargo, nuestros espíritus, cuando se disponen a transitar a otra esfera superior, si lo hacen de manera traumática, no asumen con prontitud esa faceta de ascenso. Tu opción de cambio producido por una caída brutal e inesperada, tu edad, tus asuntos pendientes en la tierra, te habían aferrado a lo terrenal, por eso dentro de ti se organizó una verdadera contienda entre lo que tendía a otro plano superior y lo que aún se aferraba al inmediato inferior.
- Te estoy muy agradecido, ahora empiezo a comprender episodios recientes. Por lo que me dices, es inequívoco el aceptar el que estoy irremediablemente muerto.
- Bueno, José, entiende, que aún tienes muy reciente tu proceso de tránsito, es lógico que el concepto de vida y muerte sea contemporáneo a tu percepción desde la esfera de lo terrenal. Sin embargo, es hora de que asumas, que el concepto de la vida es infinitamente más amplio, estamos en un plano de vida más evolucionada. Por lo tanto, la vida tal cual la has desarrollado, hasta hace poco, estaba condicionada en exceso por una estructura corpórea débil y limitada. Así tus potencialidades para poder saborear y adentrarte en las mieles del conocimiento sin barreras, estaban mediatizadas y se veían determinadas por factores de herencia y ambiente, aquí esto no sucede. En definitiva, tu vida se ha transformado y ha evolucionado más allá de lo que puedas imaginar, incluso procesos como avances y retrocesos en el Tiempo son viables.
- Comprendo ahora el porqué de estas nuevas formas de sentir. Estas nuevas experiencias que me posibilitan acceder a regresiones en el tiempo y llegar a hacerlas presentes en mi actual dimensión de percepción.
- Bien, compañero, mi trabajo no sólo es ilustrarte acerca los pormenores de esta nueva existencia, fundamentalmente es guiarte hacia tu destino. Como verás aquí, ya ha terminado este vehículo de conexión en el que has habitado durante el período de adaptación. Mira antes de que puedas tomar posesión de tu destino, deberás cumplir al menos una prueba más. La primera ha correspondido al pasado, intuitivamente tu espíritu seleccionó tu nacimiento a la vida terrena. Fue un encuentro fructífero con tus ancestros en el cual además de percibir su aceptación y apoyo te beneficiaste de la plena e intachable energía del recién nacido. Con esto, has cargado en tú haber unas energías que te vendrán muy bien para acudir a las próximas citas. A continuación desde esta otra sala en la que entramos a continuación, podrás introducirte en lo que en estos momentos sucede en el presente de tu anterior existencia. No te perturbes, estaré contigo al final de la sesión, ahora es menester que acudas solo a esta nueva cita.


9. La segunda y definitiva prueba.


Sin mediar otro comentario me dispuse, una vez más, a vivir una experiencia, que al igual que anteriores ocasiones estaba cargada de lo más imprevisible. Analizando lo que el guía me había relatado, era yo mismo quien provocaba las consiguientes imágenes que se producirían. Así, estas mismas estarían relacionadas con el estado de inquietudes y motivaciones que dentro de mis más hondos sentimientos aflorasen. Era cierto, que desde el punto de partida anterior, el que se produce después de presenciar la llamada primera prueba de mi nacimiento, los elementos que mis facultades barajaban eran además de más diversificadas, de mayor profundidad. Por consiguiente, mi expectativa en cuanto a una posible especulación de lo que me iba a encontrar a continuación era totalmente desconocida por mí. Me relajé y esperé tranquilamente. En pocos minutos las imágenes tridimensionales se sucedían de manera vertiginosa. Una gran cantidad de seres indefensos, niños, ancianos, hombres y mujeres, vagaban como almas en pena. Su estado muy precario, sus gestos de abatimiento, sus expresiones transmitían sentimientos de humillación, desesperación. A través del arcén de una estrecha carretera de arena polvorienta, al rigor de un sol de justicia, una columna irregular de personas se desplaza cansina sin un destino apreciable. Desde mi posición de espectador sobrecogido, van pasando mujeres con sus pequeños a cuestas. Algunas dirigen su mirada hacia mí, ni siquiera llegan a abrir sus labios, porque quizás ya lo hayan hecho tantas veces de manera improductiva que sus escasas fuerzas las reservan para el camino. Hombres apoyados en sus muletas, la mayoría con piernas amputadas por las contiendas bélicas. Niños mutilados de pies y manos por culpa de las minas antipersonales. Son imágenes impresionantes, conmovedoras. Es una llamada a la Solidaridad Humana, esa que aún en nuestros tiempos es tan escasa en cantidad y calidad. Muy preocupado me adentro en esa interminable columna humana, estoy sufriendo durante apenas segundos el combate insoportable de un calor seco que todo lo arrasa. Me acerco a una mujer que transita a mi lado y le hago ver que su bebé ha fallecido. Ella, no me contesta, ni siquiera se para en su lento discurrir, tan solo coge a su niño en brazos y se lo acerca a su desnudo y escuálido pecho. Giro mi cabeza hacia atrás y veo entre la escasa vegetación de este mísero camino, a infinidad de ancianos, excombatientes, mujeres y niños, que sentados y acostados, van quemando sus últimas fuerzas y esperan su fatal destino. Desolado y superado por el horror de esta experiencia, me arrodillo en tierra y exclamo un grito de impotencia. Jamás me había podido imaginar tanta miseria, tanta necesidad, tanto lamento, sí, nos habían acostumbrado a ponernos por televisión, en horas de las comidas, imágenes parecidas a las que estaba comprobando. Sin embargo, a fuerza de verlas o de cambiar de canal cuando las exponían, nos hacíamos insensibles a sus efectos. Además otra cosa muy distinta es compartir, a su lado, allí mismo, sufriendo sus carencias. Esto sí que es una forma inexcusable de hacer flaquear a mentes egoístas, personas carentes de querer compartir con quién no posee nada. Todavía permanecía arrodillado, como muestra de mi incapacidad de hacer algo por remediar aquel sufrimiento. Levanté mi mirada al cielo y supliqué compasión al Creador, para que por su intervención y por supuesto por la de todas aquellas personas e instituciones que participan en la ayuda urgente a los más necesitados, socorriesen tanta agonía. Una mano, me rozó el hombro, un niño de no más de 5 años, muy delgado, esbozaba una tenue sonrisa. A continuación me extendió, con su pequeña mano, una onza de un chocolate casi derretido y polvoriento. Este detalle me estremeció de tal manera, que después de agradecérselo, tan solo pude aupar en mis hombros a mi pequeño y gran benefactor y continuar caminando al lado de sus padres. Ya no pensaba en nada más que caminar hacia un posible auxilio, no me importaba otra cosa que aportar lo que en mi mano estuviera. Fuera de auto justificaciones, sí, aquellos interesado argumentos que nos proponemos cuando decimos que podemos hacer muy poco por quienes pasan necesidades. Ya que lo pudiéramos hacer es una insignificante aportación inútil para paliar tanta hambruna. Pues sí, ahora, había comprendido lo equivocado que estaba, cada peseta, cada gota de agua, cada medicamento, cada alimento, cada esfuerzo que hagamos por sensibilizarnos, cada persona que venga a ayudar, cada mano que se ofrezca para regalar un poco de esperanza; es un ejercicio de valor incalculable. Sí, porque los que no tienen nada, aunque que sea, tan solo, con un pequeño aliento, con un gesto de misericordia, de acercamiento, de empatía, es testimonialmente suficiente para aliviar tanto y tanto sufrimiento.
En definitiva, que mi nueva estructura de pensamiento, más idealista, más altruista, operaba en mí unas ganas irrefrenables de actuar consecuentemente. Así, decidí, incondicionalmente, atender a mis próximos. Con mis propias energías, quizás no era una gran aportación en cantidad y tal vez tampoco en calidad, pero sí tenía a mi favor un factor decisivo; cual es la convicción de que actuaba por dignificar a quienes más lo necesitaban.
Sudoroso y cubierto de polvo, llevaba a hombros a mi pequeño amigo. Sus padres, siempre cerca de mí, no perdían ni un minuto la atención sobre mí. Yo les sonreía y trataba de aliviar sus penas, dándoles ánimos a través de los gestos que más familiares me iban surgiendo de mi improvisada creación. Tras unos minutos de avanzar por aquel camino arenoso y difícil, todos sentimos una gran conmoción porque a unos kilómetros de distancia se veían ondear las banderas de asistencia de la Cruz Roja. Así, las escasas fuerzas de la mayoría se vieron renovadas y entre todos comenzaron a entonar un cántico tribal, que imagino que sería de acción de gracias. Una vez llegado al centro de asistencia, entregué a sus padres su pequeño. Estos esbozaron una leve sonrisa y se dispusieron a guardar las largas colas de atención y aprovisionamiento.
Así terminó mi segunda prueba, allí de pie en la estancia aséptica mi guía Krol, me preguntó:
- Que tal José, ¿Contento?
- Sí, me encuentro muy bien. Mira, no necesito llegar a la tercera prueba, aquí me gustaría continuar siendo útil a los demás.
- A partir de estos momentos, tú dispones de tu inmediato destino. Yo he cumplido mi misión de introductor. Creo que has cargado tu espíritu interior de gran energía. Además esa energía la vas a canalizar hacia los más desfavorecidos y eso me halaga no sólo a mí, un mero cumplidor de la misión encomendada, sino al Creador. Volverás a la esfera de lo terreno con las fuerzas intactas de un ser neonato y de una persona con vocación solidaria. Enhorabuena. José. Siempre te recordaré.

10. Un tránsito de ida para comprender y otro de vuelta para compartir.


Desperté en la cama de aquel hospital de la Seguridad Social, allí a mi lado, escuchaba la encantadora voz, sí, aquella que al precipitarme por las escaleras cogió mi cabeza y la depositó en el suelo, aquella que me consolaba. No podía olvidarla, nunca podría olvidarla.
Han pasado más de 2 años desde aquella experiencia inolvidable. Sin embargo sigo teniendo presente y actual aquel proceso de Tránsito hacia la Vida después de la Vida. Un fenómeno que ha marcado totalmente mi existencia presente. Dejé todas mis ocupaciones, me casé con la enfermera que me atendió en el hospital, durante casi 6 meses en coma profundo. Sí, es la misma que afortunadamente me encontró maltrecho en el rellano de la escalera. Hoy ambos, participamos activamente en la misión seglar de un campamento de refugiados, aquí dentro del territorio árido y esquilmado del estado africano de Etiopía. Diariamente atendemos a muchos emigrantes que huyen de la pobreza y de la guerra, cuando les atendemos, calmando su sed, curando sus heridas, entregándoles pan y arroz, ellos siempre dejan entrever una leve sonrisa de agradecimiento. Es la misma que recuerdo e identifico en aquel mi pequeño amigo, el que me dio lo que tenía, tan solo una pequeña onza de chocolate.

17/11/2008
Autor: José Manuel Relinque Quevedo