TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

sábado, 10 de agosto de 2024

LA VIRGEN MARÍA FUE ASUNTA AL CIELO, EN CUERPO Y ALMA 


     Assumpta est María in Caelum

…y se extendió por toda la Tierra, como un perfume, la Devoción a Nuestra Señora, que era una quintaesencia de su presencia en la Tierra…

  El dogma de la Asunción de Nuestra Señora fue ardientemente deseado por las almas católicas del mundo entero, porque es una afirmación más a respecto de la Madre de Dios que la coloca completamente fuera de paralelo con cualquier otra mera criatura y justifica el culto de hiperdulía que la Iglesia le tributa.

  Nuestra Señora tuvo una muerte suavísima, tan suave que es calificada por los autores, con una propiedad de lenguaje muy bonita, la “Dormición de la Bienaventurada Virgen María” (Dormitio Beatae Mariae Virgine), indicando que Ella tuvo una muerte tan suave, tan próxima de la resurrección, que a pesar de constituir verdadera muerte, entretanto es más parecida con un simple sueño. Nuestra Señora después de la muerte resucitó como Nuestro Señor Jesucristo, fue llamada a la vida por Dios y subió a los Cielos en presencia de todos los Apóstoles allí reunidos, y de muchos fieles.

 Esa Asunción representa para la Virgen santísima una verdadera glorificación a los ojos de los hombres y de toda la humanidad hasta el fin del mundo, bien como anticipación de la glorificación que Ella debería recibir en el Cielo.

   La Iglesia Triunfante entera va a recibirla con todos los coros de ángeles; Nuestro Señor Jesucristo la acoge; San José asiste a la escena; después Ella es coronada por la Santísima Trinidad. Es la glorificación de Nuestra Señora a los ojos de toda la Iglesia triunfante y a los ojos de toda la Iglesia militante.

  Con certeza en ese día, la Iglesia purgante también recibió una efusión de gracias extraordinarias. Y no es temerario pensar que casi todas las almas que estaban en el Purgatorio fueron entonces liberadas por Nuestra Señora en ese día, de manera que allí hubo igualmente una alegría enorme. Así podemos imaginar como fue la gloria de nuestra Reina.

   Algo de eso se repetirá – creo – cuando fuere instaurado el Reino de María, cuando viéremos el mundo todo transformado y la gloria de Nuestra Señora brillar sobre la Tierra.

(Profesor Plinio Correa de Oliveira el 14 de Agosto de 1965)

LA DEFINICIÓN DOGMATICA

   Asunción significa que María fue llevada en cuerpo y alma al cielo por el poder de Dios, a diferencia de la Ascensión del Señor que lo hizo por su propio poder. El Papa Pío XII, en la Bula “Munificentissimus Deus”, del 1 de noviembre de 1950, proclamó solemnemente el dogma de la Asunción de María con estas palabras:     

"Pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste" (Dz. 2333).

EXPLICACION DEL CONTENIDO DEL DOGMA

 De la definición pontificia conviene destacar dos aspectos importantes:

1.-Que la Asunción de María ocurre inmediatamente después del término de su vida mortal y,

2.-Se hace hincapié en la glorificación de su cuerpo más que en la glorificación de su alma, como se explicará a continuación.
     -Cumplido el Curso de su vida terrena:

   La Asunción de María, ocurre inmediatamente después del término de su vida inmortal, así pues, para entender correctamente esta frase hay que considerar las siguientes cuestiones:

a) el significado de la fórmula:  La fórmula significa que la Asunción de María no hay que aplazarla hasta el final de los tiempos, como sucederá con todos los hombres, sino como hecho que ya ocurrió; y, además que el cuerpo santísimo de la Virgen no sufrió descomposición alguna, como ocurre con los cadáveres.

b) la intención del Papa al usar dicha fórmula y no otra:  El Papa quiso prescindir de la cuestión de la muerte de María en la fórmula definitoria, y por ello la expresión utilizada es igualmente válida, tanto si se entiende que la Virgen murió al final de su vida terrena, cuanto si se piensa en la glorificación del cuerpo mediante la donación de la inmortalidad gloriosa sin pasar por la muerte.

c) las posibles conclusiones: En la Bula aparece repetidas veces el tema de la muerte de María, pero ello (estudiado bien el texto), no favorece ni niega la postura contraria. Hay que decir, en resumen, que aún no se ha llegado a una solución definitiva sobre este punto.
     -La glorificación celeste del cuerpo de Santa María:

   Este es el elemento esencial del dogma de la Asunción. Enseña que la Virgen, al término de su vida en este mundo, fue llevada al cielo en cuerpo y alma, con todas las cualidades y dotes propias del alma de los bienaventurados e igualmente con todas las cualidades de los cuerpos gloriosos. Se trata, pues, de la glorificación de María, en su alma y en su cuerpo, tanto si la incorruptibilidad y la inmortalidad le hubieren sobrevenido sin una muerte previa como si le hubiesen sobrevenido después de la muerte mediante la resurrección.

  Una vez visto el contenido del dogma, con más fuerza y claridad se aprecia el hincapié que se hace sobre la glorificación corporal de María (más que la de su alma), si tenemos en cuenta lo siguiente:

a) María estuvo exenta de todo pecado: del original y del actual.

b) Tuvo plenitud de gracia y santidad correspondientes a su condición y dignidad de ser la Madre de Dios.

c) El premio o castigo del alma (para todos los hombres) es inmediato a la muerte.  Por consiguiente, resulta sencillo entender que el premio del alma de María (por su excelsa santidad) estaba ya decidido, esto es, su glorificación; por ello, resultaría superflua la definición si no tratara sobre todo de la glorificación inmediata del cuerpo, que es en lo que consiste el privilegio de la Asunción.

FUNDAMENTOS O RAZONES DE ESTE DOGMA

   La definición pontificia sobre la Asunción de María estuvo precedida, desde muchos siglos atrás, de múltiples razones teológicas y testimonios que llevaron (en su momento) a la feliz proclamación de este dogma mariano. Las principales razones fueron las siguientes:

-La creencia universal de la Iglesia.

 Desde los primeros siglos hasta nuestros días, la unanimidad de la fe del pueblo cristiano, quedó de manifiesto con la respuesta unánime y afirmativa de todos los obispos del mundo (que a su vez representaba al pueblo fiel de todo el orbe), a la consulta que sobre la definibilidad de la Asunción de María hiciera el Papa Pío XII en el año de 1949.

-El testimonio de los Santos Padres.

  La Tradición de la Iglesia, expresada en sus Padres y Doctores, pone de manifiesto su intuición y su fe en esta verdad, la cual se refleja ejemplarmente en los autores que enseguida se citan.
    
San Juan Damasceno, en el siglo VII, escribe: "convenía que aquella que en el parto había conservado íntegra su virginidad, conservase sin ninguna corrupción su cuerpo después de la muerte; convenía que Aquella que había llevado en su seno al Creador, hecho niño, habitara en la morada celeste; convenía que la Esposa de Dios entrara en la casa celestial; convenía que Aquella que había visto a su Hijo en la Cruz, recibiendo así en su corazón el dolor de que había estado libre en el parto, lo contemplase sentado a la diestra del Padre; convenía que la Madre de Dios poseyera lo que corresponde a su Hijo y que fuera honrada como Madre y esclava de Dios por todas las criaturas.

     San Germán de Constantinopla, del siglo VII: "Así como un hijo busca y desea estar con la propia madre, y la madre ansía vivir con el hijo, así fue justo también que Tú, que amabas con un corazón materno a tu Hijo y Dios, volvieses a Él. Y fue también muy conveniente que Dios, que te amaba como Madre suya, te hiciere partícipe de la comunidad de vida con Él mismo. De esta forma, Tú, habiendo sufrido la pérdida de la vida, propia de las cosas caducas, has emigrado a las moradas que durarán por los siglos, allí donde mora Dios, junto al que Tú vives, oh Madre de Dios, sin separarte de su compañía".

  Recogiendo la doctrina de sus predecesores, Juan Duns Scoto, en el siglo XIV, podía afirmar: "Convenía, Dios podía hacerlo, luego lo hizo".

 -Los grandes privilegios marianos.

  El fundamento del dogma de la Asunción de María se desprende y es consecuencia de los anteriores dogmas marianos. En efecto, si por la plena asociación de María a la persona y a la obra de su Hijo se debió su redención anticipada; por esa misma razón, convenía también su glorificación anticipada, su asunción corporal, como veremos enseguida:

  a) Por su Inmaculada Concepción.- 

  b) Por su divina Maternidad.- Si Adán y Eva introdujeron en el mundo la muerte del alma, que es el pecado y, con él también la muerte del cuerpo, que es la corrupción; Cristo, por el contrario, introduce la vida del alma (que es la gracia), y la inmortalidad del cuerpo por medio de la resurrección. Por estas dos consideraciones, María que es Madre de Cristo y Madre de los hombres, es lógico que  la que es causa de vida y antídoto contra la muerte, Ella, no permanezca en el sepulcro presa de la misma muerte.   Así pues, dado que nuestro Redentor es Hijo de María, su glorificación anticipada parece ser exigida: Cristo que pudiendo dar a su Madre tanto honor y tanta gloria, necesariamente lo hizo.

c) Por su perpetua virginidad.- Finalmente la virginidad perpetua de María, nos conduce a la conveniencia de su incorruptibilidad. Cuando pensamos en el cuerpo santísimo de María, tan divinamente poseído de Dios, no se concibe que sea presa de la corrupción; por ello puede afirmarse que su misma virginidad exige los esplendores de la glorificación corporal.

CONSECUENCIAS PARA LA FE Y LA PIEDAD

a) La Asunción de la Virgen es un argumento prueba de que todos los hombres, de los que Ella es Madre, estaremos también en el Cielo con nuestro cuerpo glorificado: si aprendemos a gastar la vida en el cumplimiento de la voluntad de Dios como lo hizo Santa María.

b) María es nuestra esperanza, pues en Ella se ha dado con plenitud lo que todo hombre está llamado a ser al final de los tiempos. María es nuestro consuelo, ya que podemos dirigirnos a Aquella que antes de nosotros recorrió este valle de lágrimas y ahora fija sus ojos en la luz eterna. María es nuestro refugio porque con su ternura nos devuelve la paz y, por su poderosa intercesión nos sabemos amparados. Glorificada anticipadamente, vive en el cielo con una solicitud maternal y amorosa por todos sus hijos.


PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN


AGOSTO ADORAR CON CARIDAD

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS

POR EL AMOR DE DIOS

     ¡Oh Madre de Dios! Nos postramos a los pies de vuestra grandeza, para implorar con humildad un destello de vuestra luz de gloria que ilumine con sus resplandores nuestra comunión, encendiendo nuestro corazón en el amor divino para recibir con fruto, real y sustancialmente, al mismo Dios y hombre verdadero que, bajo las especies sacramentales, se acerca a nosotros por su amorosa condescendencia, no obstante nuestra miseria e indignidad. (L.S. Tomo XV (1874) Pág. 288)

   Bella esta oración con la que Luis de Trelles pide a la madre de Dios que encienda nuestro amor en amor divino, es decir, en caridad, para poder acercarnos de una manera más fructuosa a la Eucaristía, a la comunión y a la adoración. La caridad, he ahí el secreto de toda nuestra relación con Dios, lo que marca la calidad de nuestro encuentro con él. Caridad es calidad. Cualquier obra, si está hecha con amor de Dios, cobra un valor enorme, se hace merecedora de gracia. ¡Cuánto más si esa obra es tan digna como la adoración eucarística!

   Adorar con caridad, con intenso y fervoroso amor de Dios en el pecho debería ser nuestro objetivo cada vez que acudimos ante el sagrario. No sin motivo la Eucaristía se llama Sacramentum caritatis. Porque es signo del amor de Jesús, pero también porque el modo de acercarnos a él es amando.

     La Santísima Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por cada hombre. En este admirable Sacramento se manifiesta el amor «más grande», aquel que impulsa a «dar la vida por los propios amigos» (cf. Jn 15,13). En efecto, Jesús «los amó hasta el extremo» (Jn 13,1). Con esta expresión, el evangelista presenta el gesto de infinita humildad de Jesús: antes de morir por nosotros en la cruz, ciñéndose una toalla, lava los pies a sus discípulos. Del mismo modo, en el Sacramento eucarístico Jesús sigue amándonos «hasta el extremo», hasta el don de su cuerpo y de su sangre. ¡Qué emoción debió embargar el corazón de los Apóstoles ante los gestos y palabras del Señor durante aquella Cena! ¡Qué admiración ha de suscitar también en nuestro corazón el Misterio eucarístico! (Sacramentum caritatis, 1)

    Entregándonos su presencia sacramental, Jesús nos confirma que su amistad va en serio. A la hora de marcharse, encuentra la manera de, a pesar de todo, quedarse. Porque nada quiere más el amigo sino la presencia del otro amigo. Para Jesús sus delicias es estar con los hijos de los hombres, para nosotros ¿nuestra delicia es estar con el Hijo de Dios?

   Hoy deberíamos tratar de imitar a Juan en la última Cena. Es decir, ponernos en su lugar para con él, amar y adorar a Jesús Eucaristía. Que sintamos fuertemente la pena de ver cómo ante el amor de Cristo entregado hay sin embargo quienes piensan en traicionarlo. (Jn 13, 22-26) En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará.» Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús.

   El que Jesús amaba, ese eres tú. Haz como Juan, procura situarte bien en esta noche. Ahí, al lado de Jesús, ante su altar. Piensa cuantas veces tú mismo le has entregado a Jesús. Simón Pedro le hace una seña y le dice: «Pregúntale de quién está hablando.». El, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: «Señor, ¿quién es?» Le responde Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar.»

  Y haz lo que Juan, recuéstate en el corazón de Jesús, recuerda su grandeza y recuerda tu pequeñez, y piensa como el amor ha deshecho la distancia. Ten caridad con Cristo, él la tiene contigo. A Jesús le duele especialmente que es uno de los suyos quien le traiciona. “Si mi enemigo me injuriase lo aguantaría, si mi adversario fuera contra mí, me burlaría de él, pero eres tú mi amigo y confidente, a quien me unía una dulce intimidad” el que moja en mi mismo plato… Pero aquello no apaga el amor de Jesús, lo hace crecer: (Jn 15,9-17) Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.

   Permanecer ahí, en el amor de Jesús, en su corazón, junto a su Sacramento. Ahí estamos ante el torrente que baja del Cielo, desde el Seno de la Trinidad hasta nosotros, pasando por el corazón humano del Verbo encarnado. Permanecer en su amor y adorar en su amor, acabará por llenarnos de gozo. El gozo colmado es la felicidad. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer

   Jesús nos llama amigos, lo somos realmente, y nos pide que extendamos su amor. La Eucaristía nos debe llevar a amar a los hermanos, con caridad. Caritas es amor divino no simplemente ayuda económica a gente que no conocemos. Se trata de hacerse amigos, en Cristo. Una adoración verdadera sin duda nos debería comprometer más en la labor caritativa de la Iglesia.

   Los santos nos dan ejemplo de ello. Quizá la Madre Teresa es quien mejor lo recuerda para nuestro mundo de hoy. -"Nuestra vida tiene que desarrollarse en tomo a la Sagrada Eucaristía. ... fijen los ojos en Aquél que es la luz; acérquense de corazón a Su Divino Corazón; pídanle que les conceda gracia para conocerlo, amor para amarlo, valentía para servirlo. Búsquenlo con todas sus fuerzas."-

  -"Por intermedio de María, la causa de nuestra alegría, ustedes descubrirán que nadie en la tierra les recibirá con mayor alegría, nadie en la tierra los amará más que Jesús, que vive y que está verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento... Él está ciertamente allí, en Persona, esperándolos.” - “No podemos separar nuestra vida de la Eucaristía, porque si llegamos a hacerlo, en ese mismo momento algo se rompe. La gente pregunta, “¿De dónde sacan las hermanas la alegría y las fuerzas para hacer lo que hacen?” La Eucaristía no implica sólo el hecho de recibir, sino también el hecho de saciar el hambre de Cristo. Él nos dice, “Vengan a mí, porque Él tiene hambre de almas."

 Preguntas para el diálogo y la meditación.

¿Adoro a Cristo con amor?

¿Qué muestras de amor hay en el ritual de nuestras vigilias?

¿Cómo llevo la caridad que recibo ante la Eucaristía a los demás?

 

viernes, 5 de julio de 2024

SAN FERNANDO  ACOGIÓ ESTE AÑO LA VIGILIA DE LAS ESPIGAS EN EL 125º ANIVERSARIO FUNDACIÓNAL DE SU SECCIÓN 


    Durante la noche del sábado 29 al domingo 30 de junio celebramos la tradicional Vigilia de las Espigas en la parroquia de Ntr.ª. Señora del Carmen Coronada de la ciudad de San Fernando, para conmemorar los 125 años transcurridos desde la fundación de la Sección Isleña, coincidiendo con este año Jubilar de la Eucaristía.

  Organizada por el Consejo diocesano de la Adoración Nocturna Española para agradecer a Dios, de manera particular, por tantos años de vida adoradora nocturna como ha cumplido esta Sección gaditana. Y en esta ocasión contando con la presencia de las Secciones de Cádiz, San Fernando ANFE, Barbate ANFE, puerto Real, San Roque, Ceuta,  Chiclana de la Frontera, y la de San Fernando ANE que ejerció de anfitriona.

  Comenzaba esta querida Vigilia con la tradicional procesión de Banderas que, seguidas por los Adoradores participantes, partía desde los patios del Colegio de los PP. Carmelitas hasta el Templo, continuando con el saludo del Presidente diocesano que recordaba, en palabras de D. Ricardo Garrido, Presidente-fundador de la nueva  Sección… que -“ es preciso confesar en público y privado que amamos a Cristo que le adoramos y reconocemos como único Dios y Señor… ¡Adoradores nocturnos, enorgulleceos de serlo! No rehuséis el honor tan grande que habéis aceptado, y perseverad en la Obra […]”-

  Con el rezo solemne de Vísperas y la Santa Misa, que presidió nuestro querido Consiliario D. Guillermo Domínguez Leonsegui y concelebrada por los presbíteros colaboradores de la Obra, los Rvds. D. Luis Pedro González y D. Emilio Sánchez OCD, continuaba la celebración.         

     En su homilía, D. Guillermo, tras felicitarnos cordialmente por este ANIVERSARIO, nos  exhortó a -“…que seamos constructores de esperanza, de vida y de alegría a imitación de Él; y que no nos importe la incomprensión del mundo, limitándonos  cumplir su voluntad que sabemos es el único futuro, poniéndolo todo a los pies del Divino Sacramento […]”-


  Tras los turnos de vela al Santísimo Sacramento, que ocuparon toda la noche, se continuó con el rezo del Santo Rosario y la oración de Laudes que, acompañados en esta ocasión del Rvd. D. Mario Luis Almario, finalizamos con la bendición Eucarística.

  Despuntando el alba, y tras la procesión Eucarística desde el Templo parroquial hasta el altar preparado en los patios del Colegio del Sagrado Corazón, el Rvd. D. Guillermo Domínguez, Consiliario diocesano de la Adoración Nocturna, impartía la Bendición Eucarística  sobre el mar y los campos de nuestra diócesis así como sobre toda la actividad humana que, gracias a la Providencia, hace posible que de los “frutos del mar y de  la tierra y del trabajo del hombre” podamos obtener lo necesario para nuestro sustento.

   Culminaba así la Vigilia de las Espigas 2024, donde se puso un sentido broche de oro al 125º aniversario fundacional de la Sección de San Fernando, que había comenzado la noche anterior sobre las 23.30 horas.

  Con el canto de la Salve y la despedida del Consiliario Diocesano, donde agradeció expresamente a las Secciones Isleñas, tanto masculina como femenina, y a los RR.PP. Carmelitas toda su disponibilidad y las esmeradas atenciones recibidas; se puso rumbo a las poblaciones de destino con un piadoso obsequio que nos hará recordar durante mucho tiempo este sentido ANIVERSARIO.

 

martes, 25 de junio de 2024



PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN

 

JUNIO :  ADORAR AL ENMANUEL

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS


MISTERIUM FIDEI

  “Dios ha afirmado y apoyado su palabra con testimonios irrefutables, y al alcance de la razón humana. El hombre sabe que Dios es infinitamente superior a él, que no puede ni quiere engañar a nadie, y que tiene el derecho de pedir al hombre que le honre por un acto de fe en su palabra, por increíble que sea esta palabra a su limitada inteligencia. Entonces se somete y dice ¡Dios mío, creo! Y lo dice con amor, porque sabe que honra a Dios y le agrada con su fe. Ved ahí un gran acto de virtud. Ved ahí una fe digna de la mirada de Dios, y de los ángeles. Ved ahí un corazón sumiso que mueve el corazón de Jesús, y hace descender sobre él grandes gracias” (L.S. Tomo VII 1876 pág. 409-420). La Eucaristía es misterio de fe como ninguno. Tenemos el testimonio irrefutable de Dios “esto es mi cuerpo”, “esta es mi sangre”, Dios tiene derecho a que le creamos, porque no puede ni engañarse ni engañarnos. Nuestra inteligencia tan limitada es elevada con ayuda de Jesús, y asentimos al gran misterio ¡Creo Jesús! En tu presencia Eucarística y en todo lo que tú nos revelas. Tu palabra es infalible. Adoro y creo Jesús, que esta sea nuestra oración en esta noche.

  En un mundo de incredulidad, donde tanta gente ha perdido la fe, donde se burla la autoridad de Dios y de la Iglesia para enseñarnos lo que no sabemos, nosotros queremos creer. Pidamos hoy al Señor, que nuestra fe nos acompañe a lo largo de nuestra historia, y que la fe nos eleve al cielo. “La naturaleza sacramental de la fe alcanza su máxima expresión en la eucaristía, que es el precioso alimento para la fe, el encuentro con Cristo presente realmente con el acto supremo de amor, el don de sí mismo, que genera vida. En la eucaristía confluyen los dos ejes por los que discurre el camino de la fe. Por una parte, el eje de la historia: la eucaristía es un acto de memoria, actualización del misterio, en el cual el pasado, como acontecimiento de muerte y resurrección, muestra su capacidad de abrir al futuro, de anticipar la plenitud final. Por otra parte, confluye en ella también el eje que lleva del mundo visible al invisible. En la eucaristía aprendemos a ver la profundidad de la realidad. El pan y el vino se transforman en el Cuerpo y Sangre de Cristo, que se hace presente en su camino pascual hacia el Padre: este movimiento nos introduce, en cuerpo y alma, en el movimiento de toda la creación hacia su plenitud en Dios”. (Lumen fidei 44)

  Como las dos direcciones de una cruz, la fe nos impulsa hacia adelante y nos eleva hacia arriba. Nos hace penetrar en lo alto y lo ancho del Amor de Cristo en la Eucaristía. Vemos con mayor profundidad que a simple vista, es como un telescopio que nos hacen ver más lejos o un microscopio que nos permite ver detalles escondidos. Acercarse a Jesús requiere fe: ¡grande es tu fe!, ¡tu fe te ha salvado! Son muchas las ocasiones en que Jesús alaba en los evangelios la fe de algunos de sus discípulos. Pero otras veces les reprocha ¡hombres de poca fe! ¡oh generación incrédula! Hoy nos sentimos así, tenemos fe en la Eucaristía, pero en realidad, si tuviéramos fe como un granito de mostaza… Pidamos más fe.

  Toda la gente, al verle, quedó sorprendida y corrieron a saludarle. Él les preguntó: «¿De qué discutís con ellos?» Uno de entre la gente le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo y, dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espumarajos, rechinar de dientes y le deja rígido. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.» Acudamos a Jesús, como aquella gente, corriendo a saludarle, sorprendidos de su presencia entre nosotros, presentemos el motivo de nuestra dificultad: los malos espíritus no nos dejan ponernos en postura de adoración. Para ellos nada hay más humillante que inclinarse respetuosamente ante Jesús y prestar atención a su palabra.  Él les responde: «¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo!» Y se lo trajeron. Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos.

  Pero los mismos espíritus caen ante la Presencia Majestuosa de Jesús. Nosotros también nos inclinamos, pero voluntariamente, y reconocemos con pena, que Jesús tiene razón, que nuestra fe es muy poquita, que apenas nos creemos que Jesús pueda librarnos de las malas inclinaciones, de las culpas acumuladas… con timidez le decimos, si puedes… 

  Entonces él preguntó a su padre: «¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?» Le dijo: «Desde niño. Y muchas veces le ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros.» Jesús le dijo: «¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!» Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!» Y ante aquella muestra de debilidad, Jesús parece airado ¿cómo que si puedes? ¡Puedo, pero tú has de tener fe! En realidad, es una cara de enfado un poco engañosa, Jesús está llevándonos a una súplica más confiada, más auténtica: ¡Creo, pero aumenta mi pobre fe!

  Sea esta hoy nuestra adoración, como la de aquel hombre, humillándonos ante su presencia, reconozcamos nuestra limitación y acudamos a su poder: puedes Jesús, lo creo, y puedes tanto, que puedes incluso fortalecer mi fe.

  Cuando Jesús entró en casa, le preguntaban en privado sus discípulos: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?» Les dijo: «Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración.» Fe y oración, fe y adoración, no hay otra receta para expulsar algunos malos espíritus. Los santos lo han tenido siempre muy claro. San Manuel González, propuesto por Juan Pablo II como modelo de fe eucarística nos decía…

   «¡Está aquí! ¡Santa, deliciosa, arrebatadora palabra, que dice a mi fe más que todas las maravillas de la tierra y todos los milagros del Evangelio, que da a mi esperanza la posesión anticipada de todas las promesas, y que pone estremecimientos de placer divino en el amor de mi alma! ¡Está aquí! Sabedlo, demonios que queréis perderme, enfermedades que ponéis tristeza en mi vida, contrariedades, desengaños, que arrancáis lágrimas a mis ojos, pecados que me atormentáis con vuestros remordimientos, cosas malas que me asediáis, sabedlo, que el Fuerte, el Grande, el Magnífico, el Suave, el Vencedor, el Buenísimo Corazón de Jesús está aquí, ¡aquí, en el Sagrario mío! «Padre eterno, ¡bendita sea la hora en que los labios de vuestro Hijo unigénito se abrieron en la tierra para dejar salir estas palabras: «Sabed que yo estoy todo los días con vosotros hasta la consumación de los siglos»!

Preguntas para el diálogo y la meditación. 

  ¿Qué sería de mí si perdiera la fe en la Eucaristía?

  ¿Mis actitudes en la Iglesia corresponden a mi fe eucarística?

  ¿Me duele cuando tengo noticia de una profanación?