Espiritualidad Católica como fuente testimonial. Tras el reconocimiento de nuestro carisma cristiano, buscamos ser consecuentes y por lo tanto expandir el Evangelio de Cristo en nuestra sociedad.
TIEMPOS LITURGICOS
domingo, 9 de abril de 2023
domingo, 2 de abril de 2023
INDULGENCIA PLENARIA Y EL SANTO TRIDUO PASCUAL
Durante la Semana Santa podemos
ganar para nosotros o para los difuntos el don de la Indulgencia Plenaria si
realizamos algunas de las siguientes obras establecidas por la Santa Sede.
obras que
gozan del don de la indulgencia plenaria en semana santa
Jueves Santo
1.- Si durante la solemne reserva del Santísimo Sacramento, que sigue a la Misa de la Cena del Señor, recitamos o cantamos el himno eucarístico del "Tantum Ergo" ("Adorad Postrados este Sacramento…").
2.- Si visitamos por
espacio de media hora el Santísimo Sacramento reservado en el Monumento para
adorarlo.
Viernes Santo
1.- Si asistimos
piadosamente a la Adoración de la Cruz en la solemne celebración de la Pasión
del Señor.
Sábado Santo
1.- Si rezamos juntos el Santo Rosario.
Vigilia Pascual
1.- Si asistimos a la
celebración de la Vigilia Pascual (Sábado Santo por la noche) y en ella
renovamos las promesas de nuestro Santo Bautismo.
CONDICIONES:
Para ganar la Indulgencia
Plenaria además de haber realizado la obra enriquecida se requiere el
cumplimiento de las siguientes condiciones:
a.- Exclusión de todo afecto hacia cualquier pecado, incluso
venial.
b.- Confesión sacramental, Comunión eucarística y
c.- Oración por las intenciones del Sumo Pontífice.
Estas tres condiciones pueden cumplirse unos días
antes o después de la ejecución de la obra enriquecida con la Indulgencia
Plenaria; pero conviene que la comunión y la oración por las intenciones del
Sumo Pontífice se realicen el mismo día en que se cumple la obra.
Es oportuno señalar que con una sola
confesión sacramental pueden ganarse varias indulgencias. Conviene, no
obstante, que se reciba frecuentemente la gracia del sacramento de la
Penitencia, para ahondar en la conversión y en la pureza de corazón. En cambio,
con una sola comunión eucarística y una sola oración por las intenciones del
Santo Padre sólo se gana una Indulgencia Plenaria.
La condición de orar por las intenciones del Sumo Pontífice se cumple si se reza a su intención un solo Padrenuestro y Avemaría; pero se concede a cada fiel cristiano la facultad de rezar cualquier otra fórmula, según su piedad y devoción.
miércoles, 22 de febrero de 2023
MIERCOLES DE CENIZA
QUÉ SIGNIFICA
«ENTRAR EN LA CUARESMA»
Queridos hermanos y hermanas:
Con el ayuno y el rito de imposición de la ceniza, hemos entrado
en la Cuaresma.
Pero, ¿qué significa "entrar en la Cuaresma"? Significa iniciar un tiempo de particular empeño en el combate espiritual que nos
opone al mal
presente en el mundo, en cada uno de nosotros y en torno a nosotros. Quiere
decir mirar el mal cara a cara y disponerse a luchar contra sus efectos, sobre
todo contra sus causas, hasta la causa última, que es Satanás. Significa no descargar el
problema del mal en los demás, en la sociedad o en Dios, sino reconocer las
propias responsabilidades y afrontarlo conscientemente.
A este propósito, resuena con mucha
urgencia, para nosotros cristianos, la invitación de Jesús a que cada uno tome su
"cruz" y lo siga con humildad y confianza (cf. Mt 16,24). La
"cruz", por pesada que sea, no es sinónimo de desventura, de
desgracia que hay que evitar lo más posible, sino de oportunidad para seguir a
Jesús y así adquirir fuerza en la lucha contra el pecado y el mal. Por tanto,
entrar en la Cuaresma significa renovar la decisión personal y
comunitaria de afrontar el mal junto con Cristo. En efecto, el camino de la cruz
es el único que conduce a la victoria del amor sobre el odio, del compartir con
los demás sobre el egoísmo, de la paz sobre la violencia. Vista así, la
Cuaresma es en verdad una ocasión de fuerte empeño ascético y espiritual,
fundado en la gracia de Cristo.
De una carta de Benedicto XVI, pp
sábado, 18 de febrero de 2023
REFLEXIONES PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA
Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar
LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS
“¡Ahí está Jesús! ¡No dejadlo abandonado!”
Siempre es bueno recordar
que venimos a la adoración porque Dios previamente nos ha llamado… Primero, Él, “el
Dios vivo y verdadero, llama incansablemente a cada persona al encuentro
misterioso de la oración”. Segundo, nosotros respondemos “esta
iniciativa de amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oración, la
actitud del hombre es siempre una respuesta.” ¡Qué privilegiados somos de ser
llamados a este encuentro con Dios!
Y para encontrarse con Dios
hay muchas maneras, lo sabemos: su presencia está en la Sagrada
Escritura, por su palabra, donde dos o tres se reúnen
en su nombre por su promesa; en
nuestros corazones, por la gracia; en
los sacerdotes como en sus ministros... Sí,
todo eso es cierto, pero, "sobre todo, (está
presente) bajo las especies eucarísticas".
Entonces, ¡doblemente privilegiados de ser
llamados a este encuentro de oración y a este encuentro con la Eucaristía!
Recordemos que el modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas es
singular. Eleva la Eucaristía por encima de todos los sacramentos y hace de
ella “como la perfección de la vida espiritual y el fin al que tienden todos
los sacramentos”.
Estas varias maneras de presencia llenan
el espíritu de estupor y llevan a contemplar el misterio de la Iglesia. Pero es
muy distinto el modo, verdaderamente sublime, con el cual Cristo está presente
a su Iglesia en el sacramento de la Eucaristía, que por ello es, entre los
demás sacramentos, el más dulce por la devoción, el más bello por la
inteligencia, el más santo por el contenido; ya que contiene al mismo Cristo (San Pablo VI Mysterium fidei).
Y, sin embargo, ¡cuántos no escuchan
esta llamada! ¡cuánto desprecio e indiferencia ante esta sublime presencia! Por
eso, estamos llamados a la Adoración sí, pero a la adoración reparadora. Que
repare tanto amor ofendido, tan poca respuesta a un Amor tan grande. Esta
vigilia mensual, que sea de adoración y de reparación.
Tenemos ejemplos de adoración
reparadora en la Sagrada Escritura. Cuando María Magdalena se
adelanta y llora ante Jesús sus pecados, y limpia con sus lágrimas
los pies de Jesús; cuando, más tarde, María en Betania, de nuevo, se pone a sus
pies y rompe un frasco de perfume en honor de Cristo.
También nosotros en
esta velada nos vamos a colar en la sala donde está Jesús; somos conscientes de
nuestros pecados, y de cuántas veces no hemos respondido a su llamada o no
hemos hecho aprecio de su presencia… pero venimos, como María a
reparar. Primero, nuestros propios pecados. Se trata de que,
esta noche, hagamos como María: “colocándose detrás de él, se puso a llorar a
sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos,
los cubría de besos y los ungía con perfume.”
Queremos acompañar hoy a Jesús con
especial cariño porque somos conscientes de que nos ha
perdonado mucho. También nosotros somos unos pecadores. ¡Él
ha pasado por alto muchas de nuestras indiferencias! Nos ha perdonado una deuda
no simplemente de unos “eurillos”, le debíamos millones, ¡pero todo nos lo ha
perdonado! ¿Cuál de los dos amará más?» «Pienso que aquel a quien perdonó más».
Y no sólo eso, esta noche no se trata
simplemente de ponernos a los pies de Jesús (adorar) agradeciendo su amor que
nos ha perdonado (reparar), sino también de poner amor donde
otros han puesto desamor. De poner detalles de cariño donde otros
se han olvidado totalmente. A Jesús esas faltas de Simón también le afectan y
le duelen. Pero, por suerte, tiene a María que sabe bien cómo consolar a Jesús:
“Entré en tu casa y tú no derramaste
agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con
sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de
besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies.”
Imitemos a María, no a
Simón. Adoremos y reparemos. Con la misma amorosa
audacia… “Cuando veo a la Magdalena adelantarse, en presencia de los numerosos
invitados, y regar con sus lágrimas los pies de su Maestro adorado, a quien
toca por primera vez, siento que su corazón ha comprendido los abismos de amor
y de misericordia del corazón de Jesús, y que por más pecadora que sea, ese
corazón de amor está dispuesto, no sólo a perdonarla, sino incluso a prodigarle
los favores de su intimidad divina y a elevarla hasta las cumbres más altas de
la contemplación” (Carta
de santa Teresita).
También los Santos nos
animan a la adoración y la reparación…, como san Manuel González.
Gran apóstol de los sagrarios abandonados… después de aquella experiencia que
él tuvo en aquel pueblecito andaluz, su primera parroquia, y ver el sagrario
tan olvidado, sucio y descuidado. Aquello le marcó para siempre. ¡Cómo podemos
tratar así a Jesús!... “fuime derecho
al sagrario. Ahí mi fe veía a un Jesús tan callado, tan paciente, que me
miraba, que me decía mucho y me pedía más, una mirada en la que se reflejaba
todo lo triste del Evangelio: lo triste de no tener posada, de la traición, de
la negación, del abandono de todos”
Con
qué fuerza nos dice hoy estas palabras:
“ve al Santísimo, te espera desde hace miles de años, solo a ti. Quiere verte
a ti. Da igual el enfado, el poco tiempo que tengas. Da igual
que te sientas alejado de él, que no entiendas, que te cueste. Entra,
mírale y observa. Tú le necesitas y Él te necesita. ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí
está!”
Preguntas para el
diálogo y la meditación.
■ ¿Soy
sensible a las distintas presencias de Cristo, además de la Eucarística?
■ ¿Reparo
con pequeños gestos de amor el desamor de los hombres?
■ ¿Tengo “adoptado” un
sagrario, donde visitar a Jesús?
¡NO LO DEJEN
ABANDONADO!
(Gn 16, 13)
El versículo de la Palabra de vida de este
mes está tomado del libro del Génesis. Son unas palabras pronunciadas por Agar,
la esclava de Sara entregada como mujer a Abrahán porque aquella no podía tener
hijos y asegurar así una descendencia. Cuando Agar descubre que está encinta se
siente superior a su señora. El maltrato recibido por parte de Sara la obliga
más tarde a huir al desierto. Y allí precisamente tiene lugar un encuentro
único entre Dios y la mujer, la cual recibe una promesa de descendencia semejante
a la que Dios le había hecho a Abrahán. El hijo que nacerá se llamará Ismael, que
significa «Dios ha escuchado», pues ha acogido la angustia de Agar y le ha dado
una estirpe.
«Tú eres el Dios que me ve»
La reacción de Agar refleja una idea común
en el mundo antiguo: que los seres humanos no pueden mantener un encuentro muy
de cerca con la divinidad. Agar se queda sorprendida y agradecida de haber
sobrevivido a él. Experimenta el amor de Dios precisamente en el
desierto, el lugar privilegiado donde se puede experimentar un encuentro
personal con Él; siente su presencia y se siente amada por un Dios
que la ha «visto» en su situación dolorosa, un Dios que se preocupa por sus
criaturas y las envuelve con su amor. «No es un Dios ausente, lejano,
indiferente a la suerte de la humanidad, como tampoco a la suerte de cada uno
de nosotros. Así lo experimentamos muchas veces. [...] Él está aquí conmigo, lo
sabe todo de mí y comparte cada pensamiento, alegría o deseo mío, lleva conmigo
cada preocupación y cada prueba de mi vida»[1].
«Tú eres el Dios que me ve»
Esta palabra de vida
reaviva una certeza y nos conforta: nunca estamos solos en nuestro camino; Dios
está ahí y nos ama. A veces, como Agar, nos sentimos «extranjeros» en
esta tierra, o buscamos modos de huir de situaciones duras y dolorosas. Pero
hemos de estar seguros de la presencia de Dios y de nuestra relación con Él,
que nos hace libres, nos sosiega y nos permite empezar siempre de nuevo.
Esta ha sido la experiencia de P., que
vivió sola durante la pandemia. Cuenta: «Desde el inicio de la clausura de toda
actividad en nuestro país, estoy sola en casa. No tengo físicamente cerca a
nadie con quien poder compartir esta experiencia, y procuro ocupar el día como
puedo. Con el pasar de los días me siento cada vez más desanimada. Por la noche
me cuesta mucho quedarme dormida. Me parece que no podré salir nunca de esta
pesadilla. Pero siento fuertemente que debo encomendarme completamente a Dios y
creer en su amor. No tengo dudas de su presencia, que me acompaña y me
reconforta en estos meses de soledad. Me llegan pequeñas señales de los
hermanos que me hacen comprender que no estoy sola. Como una vez en que estaba
festejando el cumpleaños de una amiga on line y en ese momento me llegó un
trozo de tarta de parte de mi vecina»,
«Tú eres el Dios que me ve»
Así, protegidos por la
presencia de Dios, también nosotros podemos ser mensajeros de su amor: estamos llamados a ver
las necesidades de los demás, a socorrer a nuestros hermanos en sus desiertos,
a compartir sus alegrías y sus dolores. El esfuerzo consiste en mantener los
ojos abiertos a la humanidad en la que estamos inmersos también nosotros.
Podemos
pararnos y mostrar nuestra cercanía con quienes están buscando un sentido y una
respuesta a los muchos «por qué» de la vida: familiares, amigos, conocidos,
vecinos, compañeros de trabajo, personas con problemas económicos y quizá
marginadas socialmente.
Podemos recordar y compartir esos momentos
preciosos en los que hemos conocido el amor de Dios y hemos redescubierto el
sentido de nuestra vida. Podemos afrontar juntos las dificultades y descubrir
en los desiertos por los que pasamos la presencia de Dios en nuestra historia,
que nos ayuda a proseguir el camino con confianza.
Patrizia Mazzola
martes, 14 de febrero de 2023
El adorador nocturno no
solamente debe ser activo en la 0ración, sino también en el sacrificio.
El reglamento nos pide que asistamos una
noche de cada mes a la Vigilia ordinaria y que velemos en esa noche durante la
hora que se nos designe. Indudablemente que para cumplir ese deber es necesario
hacer muchos pequeños sacrificios. Dejar las comodidades,
pocas o muchas, de nuestro hogar; abandonar a la familia que queda intranquila
por nuestra ausencia; pasar la noche en un sitio poco adecuado, a veces verdaderamente
incómodo, como sucede en algunas Secciones; permanecer en vela durante algún
tiempo, cuando el cansancio natural nos agobia; sufrir las inclemencias del
tiempo y a veces largas y peligrosas caminatas, como tienen que soportarlo
hermanos alejados de los centros poblados ... , todo esto
es sacrificio y a veces bastante duro.
¿Cuál es la actividad qua el
adorador puede desarrollar en ese aspecto?
En primer lugar, cumplir
fielmente con esos deberes, sea cual fuere el trabajo y
dificultades que se nos presenten. Ser
pues, estrictamente puntuales en nuestra
asistencia, aunque nos sintamos ligeramente indispuestos, aunque la familia se
acongoje un poco, aunque la lluvia o el frio traten de impedirnos el asistir.
Además, aceptar de buen agrado la hora de vela que
se nos fije, el sitio para descanso que se nos señale, el cambio de turno que
nos ordenen y, en general, cualquier cosa que quizá pueda
contrariar nuestro gusto.
No olvidemos, además, que en el sacrificio
hay tres grados: 1º, el aceptarlo sin repugnancia; 2º , que es más alto, el
desearlo con amor; y 3º, más alto todavía, el buscarlo con gozo y alegría.
Cuando tú, hermano adorador nocturno,
asistas a tus vigilias con verdadero anhelo y procures que te sean dadas las
horas de vela más pesadas, el rinconcito más humilde para descansar y todo lo
que sea más duro y difícil, entonces serás verdaderamente activo en
el sacrificio.
LA LÁMPARA DEL SANTUARIO noviembre 1949
sábado, 4 de febrero de 2023
ADORADORES DE NOCHE Y APÓSTOLES DE DÍA
Esta es la realidad de la Adoración
Nocturna, que debería estar presente en todas las parroquias, por ser algo
medular, necesario y fácil en la vida cristiana. Nada resta a que se milite en
cualquier Asociación o Movimiento, al contrario favorece e impulsa esta
militancia por su aporte espiritual e impulso apostólico.
1. La eucaristía es la clave de la vida cristiana.
Jesucristo es el principio y
fin de nuestra fe. Por eso nos enseña la Sagrada Escritura que
debemos tener “fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús” (Heb 12, 2). Él
es el enviado del Padre para ser nuestro Salvador, maestro y Modelo. En
Él se encierran todos los tesoros de la sabiduría, de la ciencia, de la gracia,
de la vida y del amor. En Él habita la plenitud de la divinidad, Él
sostiene el universo entero y es la fuente de todo bien. Por eso nos dice San
Pablo: “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os de
espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de
vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama,
cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos” (Ef 1,17-18).
Algo grandioso que Jesús ha realizado para estar más cerca de nosotros “hasta el
fin de los tiempos”, incluso, ser nuestro propio alimento,
es la Eucaristía, que es el mayor de todos los milagros,
porque puso toda su omnipotencia al servicio del Amor.
Es importantísimo ser conscientes de esta
realidad, adorar, contemplar y vivir de la Eucaristía, por ser algo prioritario,
porque
Dios está ahí. Si en todas las parroquias
existiese, al menos, un turno de Adoración Nocturna, os aseguro que haríamos
mucho bien, tendríamos más entusiasmo y con más vida y coraje el apostolado
seglar, que es imprescindible, y que se encuentra tan débil.
2. Raíces y frutos de la Adoración Nocturna.
La Adoración Nocturna hunde
sus raíces en la necesidad que, desde el inicio del cristianismo,
tenemos todos los cristianos de vivir
unidos a Jesucristo. Ya desde el siglo primero
se reunían los cristianos en vigilias eucarísticas de oración y formación, que
en muchos casos duraban toda la noche.
Es en 1264 cuando, por una serie de hechos
prodigiosos, se instituye la solemnidad del Corpus Christi y se impulsa la
adoración a Jesús en el Santísimo Sacramento. En el siglo XVI la gran seglar,
corresponsable en la Iglesia, esposa, madre de familia y mujer noble, doña
Teresa Enríquez, la “loca del Sacramento”, es la gran apóstol de la Eucaristía.
Ella extiende esta singular devoción, funda las cofradías sacramentales y
promueve el culto eucarístico.
La Adoración Nocturna nace
en Roma en 1810, con ocasión del cautiverio de Pío VII. Tal
como la conocemos hoy surge en Francia, con el seglar Hermann Cohen y 18
hombres más, el 6 de diciembre de 1848. En España se inicia el 3 de
noviembre de 1877, con el seglar Luis Trelles Noguerol, hoy
en avanzado proceso de canonización. La Adoración Nocturna Femenina Española es
mucho más reciente, nace en Valencia en1925.
Los fines de adorar,
reparar, ofrecerse, expiar, desagraviar a Jesucristo en la Eucaristía dimanan,
principalmente, de estas cuatro fuentes: la Bula “Transiturus”, de
Urbano IV, el Papa que instituye el Corpus Christi en 1264; la doctrina del
Concilio de Trento; la Encíclica “Mediator Dei”, de Pío XII, en 1947; y la
Exhortación postsinodal del Vaticano II “Eucaristicum misterium”, de Juan Pablo
II.
3. ¿Qué nos exige?
Primero, que valoremos y
extendamos la Adoración Nocturna como medio de intimidad con Cristo, de
adoración, expiación, desagravio y para dar impulso espiritual y apostólico a nuestra
vida. Además, merece la pena y es necesario que, al menos, una vez al mes, más
las tres Vigilias extraordinarias y las especiales, las pasemos junto al Señor,
para
incrementar nuestra vida espiritual, adorarle, desagraviarle y ofrecernos.
Finalmente, propagar esta sencilla y hermosa
fórmula eucarística, para que tengamos Vida y
ésta en abundancia, como nos pide Jesús, y podamos hacer el mayor bien posible a
todos los hombres, en todas las parroquias y en la Iglesia universal,
mereciendo y pidiendo por todos, y dando testimonio público de fe.
D. José Díaz Rincón - Adorador nocturno
(Lámpara del Santuario. Nº
17; 1 de junio de 2019)
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