TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

sábado, 14 de mayo de 2022

REFLEXIONES PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA

 

MAYO :  MES DE MARÍA

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

 

LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS

 

     Hace ciento cinco años que la Virgen se apareció en Fátima y prometió a unos pastorcillos: “Mi Corazón Inmaculado triunfará"; dos de ellos, los hermanos Francisco y Jacinta ya canonizados, y su prima, Hermana Lucia del Corazón Inmaculado de María, Sierva de Dios. A los pastorcillos les prometió llevarlos pronto al Cielo, pero a Lucia, la mayor, le dijo que se quedaría para difundir la devoción a su Corazón Inmaculado; ante los temores y miedos que le manifestó la niña, la Virgen le dijo: “Mi Inmaculado Corazón será siempre tu refugio”.

     Aquellos pastorcillos adoctrinados por el Ángel, en el amor a Jesús Sacramentado y en el espíritu de reparación por los pecados que ofenden al Señor, les enseña la oración de reparación: Santísima Trinidad… Dios mío yo creo…, que la rezaban unida a sus sacrificios, conscientes de los designios de la Providencia.  Desde su inocencia y guiados por la acción del Espíritu Santo por medio de la Virgen, vivieron el amor a Ella y a Jesús, y por los pecadores, ofreciendo sacrificios, rezando el rosario diariamente, Francisco pasaba muchas horas acompañando a Jesús en el sagrario, “que está muy solo”. Vivo ejemplo para nosotros adoradores, para imitar y pedir la intercesión a estas “luminarias”, que nos enseñen el camino que nos ha mostrado el Cielo.

     La última aparición de la Virgen, en el mes de octubre, además de varias manifestaciones sobrenaturales, comprobadas por más de setenta mil personas, apareció san José con el Niño bendiciendo al mundo; no olvidemos la insistencia del Papa Francisco en acudir en TODO a san José, en estos tiempos que nos toca vivir; a la vez dijeron aquellas palabras que deben resonar en nuestro corazón de adorador, “No ofendan más a Dios que ya está muy ofendido”.

   Desde entonces, todos los Papas han tenido muy presentes las peticiones de la Virgen en Fátima, animándonos, con su palabra, ejemplo y peregrinación a hacer vida el mensaje de la Virgen.  Mensaje de rezar el Rosario todos los días, sobre todo en familia, bajo el patrocinio de San José, amor a la Eucaristía y actos de reparación y sacrificios por la conversión de los pecadores, como recuerda la oración enseñada por la Virgen, para rezar después de cada misterio del Rosario, “Oh Jesús mío perdonad nuestros pecados…

   La promesa del triunfo del Corazón Inmaculado de María, vinculada a la celebración de los cinco primeros sábados de mes en reparación, con las indicaciones que Ella nos ha dado, sigue siendo urgente y actual: 1º Reparar las blasfemias contra la Inmaculada Concepción. 2º Reparar las blasfemias contra la Virginidad de la Virgen Nuestra Señora. 3º Reparar las blasfemias contra la Maternidad Divina, rechazando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres. 4º Reparar por los que procuran influir en el corazón de los niños: ignorancia, indiferencia, desprecio y odio hacia esta Inmaculada Madre. 5º Reparar las ofensas con las que la ultrajan directamente en sus sagradas imágenes. La Virgen muestra la preocupación por sus hijos, y por la salvación eterna de los mismos, en la Patria del Cielo; así se lo recordamos en el rezo de la Salve, “vuelve tus ojos misericordiosos” , “Muéstranos a Jesús”. 

   Juan Pablo II, unido estrechamente al mensaje de Fátima, en sus viajes a España, nos recordaba “España tierra de María”.  Ella sigue mostrándonos la misericordia de su Hijo, en cientos de santuarios marianos extendidos por toda nuestra Patria, con tan queridas advocaciones, títulos entrañables y familiares para nosotros sus hijos, para mantener y aumentar la fe del Pueblo de Dios. Nos recuerda Juan Pablo II : “que, en este amor misericordioso de su Hijo, manifestado ante todo en contacto con el mal moral y físico, participaba de manera singular y excepcional el corazón de la que fue Madre del Crucificado y del Resucitado. En Ella y por ella, tal amor no cesa de revelarse en la historia de la Iglesia y de la humanidad (Dives in misericordia).

     De la mano de la Virgen, y en su Corazón Inmaculado, acudimos a nuestra vigilia mensual para, con Ella y como los pastorcillos, consolar, reparar, orar por la conversión de los pecadores y  por el Papa al que tenía especial predilección Jacinta; darle todo  nuestro amor al Corazón eucarístico de su Hijo, para que, a través de su Madre, nos haga apóstoles  de su misericordia para tantas personas tan necesitadas que la están buscando sin saberlo; para que no ofendan más a nuestro Señor…, y, desde nuestra pequeñez, ser “luminarias”, para que se acelere el triunfo del Inmaculado Corazón de María, como lo ha prometido.

    El Papa Francisco nos dice en Evangelii gaudium: “Nosotros hoy fijamos en Ella la mirada, para que nos ayude a anunciar a todos el mensaje de la salvación, y para que los nuevos discípulos se conviertan en agentes evangelizadores; vivamos mirando a María y volveremos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes”.

     Los santos pastorcillos, aprendieron en la escuela de la Virgen esas virtudes que han de ser propias de los adoradores, que el mismo Señor nos enseñará, como lo hizo su Madre, con los santos Francisco y Jacinta Marto, en las horas de silencio nocturno, sintiendo el latido de su Corazón.

Preguntas para el diálogo y la meditación.

■ ¿Soy apóstol del Inmaculado Corazón en unión a la Eucaristía, celebrando los cinco primeros sábados, me he consagrado a su Corazón?

■ ¿Vivo el espíritu de reparación siendo apóstol de la misericordia?

■ ¿Sigo la petición de la Virgen de rezar el rosario todos los días, y lo difundo en familia?

■ ¿Tiene un lugar preferencial San José en mi familia?


EL MARTIRIO DEL CUERPO INCORRUPTO DE SAN PASCUAL BAILÓN EVITÓ LA PRO-FANACIÓN DEL SAGRARIO


350 años después de muerto,  San  Pascual Baylón adoró la Eucaristía

 

    Quizás pocos recuerden la vida de Pascual Bailón, pero este santo fraile iletrado, que gozó del don de la ciencia infusa, fue uno de los más afamados santos de España, durante siglos. Su amor por Cristo Eucaristía fue tal que, incluso, «impidió» la profanación del Santísimo durante el inicio de la Guerra Civil

   Le llamaron Pascual porque nació el 16 de mayo de 1540, en la Pascua de Pentecostés. Y aunque Baylón era su verdadero apellido familiar, casi se convirtió en su apodo porque, según cuentan las crónicas, danzaba ante la imagen de la Virgen:  como era un iletrado, decía, no sabía qué otra cosa podía ofrecer para agradar a la Madre. Sus padres eran campesinos, gente pobre,  por lo que tuvo que trabajar como pastor desde los 7 años. Cuando apacentaba las ovejas en los campos de su Torrehermosa natal (Zaragoza), aprendió a leer pidiendo a los viajeros que le enseñasen a reconocer letra por letra las oraciones de un devocionario que llevaba consigo. A veces, se arrodillaba en el campo mirando hacia el campanario de la iglesia, y sus compañeros se asombraban al llegar al pueblo y comprobar que Pascual había puesto rodilla en tierra cuando el sacerdote consagraba el pan y el vino para que Jesús Eucaristía se hiciese presente.

   A los 24 años, ingresó en los franciscanos alcantarinos, después de tener una visión mística que le mostraba y demostraba la presencia real del Resucitado en la Eucaristía. En el convento, fue barrendero, portero y cocinero, y rehusó ser sacerdote porque se consideraba un ignorante. Pero sus superiores pronto descubrieron la sabiduría y hondura espiritual del humilde fraile:

De ciencia infusa dotado,/siendo lego sois  Doctor/Profeta y Predicador,/Teólogo consumado...

     Pasaba horas, e incluso noches enteras, postrado ante el Santísimo, en adoración de su Señor y amigo. Por encargo del superior de la Orden, hubo de atravesar Francia cuando los calvinistas hugonotes quemaban iglesias y asesinaban a todo católico que encontraban por el camino. Pascual hizo el trayecto a pie, porque no sólo no temía a la muerte, sino que deseaba dar su vida por Cristo. Pero Dios tenía otros planes para él: salió ileso de varias persecuciones, y, en cierta ocasión, supo rebatir con argumentos teológicos las objeciones que le planteó un grupo de hugonotes que negaban la presencia de Cristo en la Eucaristía. Cuando se vieron rebatidos, le tundieron a palos hasta casi matarlo. En Francia, convirtió a no pocos protestantes, y, de regreso a España, contó lo torpe que había sido cuando un hugonote a caballo, amenazándolo con una lanza, le preguntó si Dios estaba en el cielo. Él dijo que sí, y el hugonote se fue. Después, rompió a llorar porque no se le ocurrió añadir «y en la Eucaristía», lo que le habría valido el martirio.

     Murió en 1592, en el convento de Nuestra Señora del Rosario, en Villarreal (Castellón), el 17 de mayo, también Pascua de Pentecostés. Lo hizo entre visiones místicas y cuando, en la iglesia del convento, se consagraba la Sagrada Hostia. Fue canonizado en 1690; la Iglesia lo nombró Patrono de los Congresos Eucarísticos, de la Adoración Nocturna y la Casa Real.

      Su cuerpo permaneció incorrupto y flexible casi 350 años, hasta el 13 de agosto de 1936. Aquel día, una horda de milicianos de la República entró en la capilla de Nuestra Señora del Rosario para profanar el sepulcro del santo, al que miles de católicos solían peregrinar. Meses antes, el capellán había rehusado llevar el cuerpo al cementerio para protegerlo: «No llegarán a tanto», dijo. Pero llegaron. Los milicianos rompieron el sepulcro-relicario y entre blasfemias, sacaron el cuerpo a la plaza y le prendieron fuego, tras ultrajarlo con salivazos y orines. Un sacerdote, que presenciaba escondido el sacrilegio, recordó que el Santísimo seguía en el sagrario de la iglesia. Encomendándose a san Pascual, le pidió ayuda para salvar a  Cristo- Eucaristía de una profanación segura.

   El sacerdote, vestido con la sotana, atravesó la turbamulta de milicianos, entró en la iglesia tomada por los asaltantes, sacó al Señor y huyó con Él, pasando de nuevo entre los milicianos, y así, cuando las llamas y las ofensas consumían su cuerpo incorrupto: San Pascual alcanzó el martirio tres Siglos y medio después de muerto, mientras adoraba, en el cielo y en la tierra, a su amigo y Señor, Jesús Eucaristía.

DE UN ARTÍCULO DE ALFA Y OMEGA

sábado, 23 de abril de 2022

(Mc 16, 15)

ABRIL 2022

 

«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16, 15).

 

     El Evangelio de Marcos reserva las últimas palabras de Jesús Resucitado a una única aparición de Él a los apóstoles.

     Estos están sentados a la mesa, como los habíamos visto a menudo con Jesús ya desde antes de su pasión y muerte, pero esta vez la pequeña comunidad está marcada por el fracaso: han quedado once en lugar de los doce que Jesús había escogido, y en el momento de la cruz alguno de los presentes lo había negado y muchos habían huido. En este último y decisivo encuentro, el Resucitado los reprende por haber cerrado el corazón a las palabras de quienes habían dado testimonio de la resurrección (cf. Mc 16,9-13). pero al mismo tiempo confirma su elección: a pesar de que son frágiles, les encomienda precisamente a ellos que anuncien el Evangelio, esa Buena Noticia que es Él mismo, con su vida y sus palabras.

     Después de este solemne discurso, el Resucitado vuelve al Padre, pero al mismo tiempo «permanece» con sus discípulos y les confirma sus palabras con signos prodigiosos.

«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación».

     Así pues, la comunidad que Jesús envía a continuar su misión no es un grupo de personas perfectas, sino más bien llamadas ante todo a «estar» con Él (cf. Mc 3, 14-15) a experimentar su presencia y su amor paciente y misericordioso. Luego, solo en virtud de esta experiencia, los envía a «proclamar a toda la creación» esta cercanía de Dios. Y está claro que el éxito de la misión no depende de sus capacidades personales, sino de la presencia del Resucitado, que él mismo encomienda a sus discípulos y a la comunidad de los creyentes, en la cual crece el Evangelio en la medida en que es vivido y anunciado[1]. Por tanto, lo que podemos hacer nosotros como cristianos es gritar el amor de Dios con nuestra vida y con nuestras palabras, saliendo de nosotros mismos con valentía y generosidad, para ofrecer a todos con delicadeza y respeto los tesoros del Resucitado, que abren los corazones a la esperanza.

«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación».

     Se trata de dar siempre testimonio de Jesús y nunca de nosotros mismos; incluso de «negarnos» a nosotros mismos, de «menguar» para que Él crezca. Hay que hacer sitio en nosotros a la fuerza de su Espíritu, que empuja a la fraternidad: «[…] Debo seguir al Espíritu Santo, el cual, cada vez que me encuentro con un hermano o hermana, me pone en actitud de "hacerme uno" con él o con ella, de servirles con perfección; me da la fuerza de amarlos si son en cierto modo enemigos; me llena el corazón de misericordia para saber perdonar y poder entender sus necesidades; me lleva a comunicar con diligencia, cuando llega el momento, las cosas más bellas de mi alma. A través de mi amor se revela y se transmite el amor de Jesús. […] Con este y por este amor de Dios en el corazón podemos llegar lejos y hacer partícipes de nuestro descubrimiento a muchas otras personas […] hasta que el otro, dulcemente herido por el amor de Dios en nosotros, quiera "hacerse uno" con nosotros, en un intercambio recíproco de ayudas, ideales, proyectos y afectos. Solo entonces podremos dar la palabra, y será un don, en la reciprocidad del amor»[2].

«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación».

     «A toda la creación»: es una perspectiva que nos hace conscientes de nuestra pertenencia al gran mosaico de la creación y de la cual somos especialmente sensibles hoy. En este nuevo camino de la humanidad, los jóvenes son en muchos casos una punta de lanza; siguiendo el estilo del Evangelio, confirman con los hechos lo que anuncian con palabras.

     Robert, de Nueva Zelanda, compare su experiencia en la web[3]: «Una actividad en curso en nuestro territorio apoya la recuperación del puerto de Porirua, en la parte meridional de la región de Wellington, en Nueva Zelanda. Esta iniciativa ha implicado a las autoridades locales, la comunidad católica maorí y la tribu local. Nuestro objetivo es apoyar a esta tribu en su deseo de liderar la recuperación del puerto, asegurar que las aguas discurran limpias y permitir la recogida de moluscos y la pesca habitual sin miedo a la contaminación. Estas iniciativas han tenido éxito y han creado un nuevo espíritu comunitario.

     El desafío es evitar que se quede en algo pasajero y mantener un plan a largo plazo que preste ayuda y apoyo y marque la diferencia sobre el terreno».

Leticia Magri



[1] Cf. CONCILIO VATICANO II, constitución dogmática Dei Verbum sobre la Divina Revelación, 8.

[2] C. Lubich, Palabra de vida, junio de 2003: Ciudad Nueva 399 (6/2003). pp. 24-25.

[3]El texto íntegro de esta y otras experiencias está en varios idiomas en: http://www.unitedproject.org/workshop.

 


jueves, 14 de abril de 2022

DEL BLOG DEL OBISPO

 MI MENSAJE AL INICIO DE LA SEMANA SANTA.

Identificarnos con los sufrimientos de Cristo en la Pasión


  Ha terminado la cuaresma, tiempo de conversión interior y de penitencia, y ha llegado el momento de conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Ahora empieza la Semana Santa, llamada “Semana Mayor” o “Semana Grande”, por la importancia que tiene para los cristianos el celebrar el misterio de la Redención de Cristo, quien por su infinita misericordia y amor al hombre, decide libremente tomar nuestro lugar, morir por nosotros, y redimirnos de nuestros pecados. Tenemos la oportunidad de vivir en profundidad los eventos centrales de la Redención, de revivir el misterio pascual, el gran misterio de la fe.

 Después de la entrada triunfal en Jerusalén, asistiremos a la institución de la Eucaristía, oraremos junto al Señor en el Huerto de los Olivos y le acompañaremos por el doloroso camino que termina en la Cruz. Contemplaremos también a María —una Madre desconsolada pero que sigue confiando en Dios—, que al pie de la Cruz, le da su “sí” al cumplimiento de la voluntad de Dios. 

 Este es el momento para hacer un alto en camino cotidiano, contemplar detenidamente el misterio pascual y vivirlo con recogimiento interior, con una actitud activa, es decir, con el corazón dispuesto a volver a Dios y el ánimo de lograr un verdadero dolor de nuestros pecados y un sincero propósito de enmienda para corresponder a todas las gracias obtenidas por Jesucristo.

    La Semana Santa no pretende ser simple recuerdo de un hecho histórico, aunque sea tan importante como el de la muerte y Resurrección del Señor, sino que aspira a introducirnos en la contemplación del amor de Dios que permite el sacrificio de su Hijo, en el dolor de Jesús crucificado, en la esperanza de reconocer a Cristo que vuelve a la vida y nos trae el júbilo de su Resurrección […]

   La Resurrección del Señor nos abre las puertas a la vida eterna, su triunfo sobre la muerte es la victoria definitiva sobre el pecado. Resucitar en Cristo es volver a las fuentes de nuestro bautismo y salir de las tinieblas del pecado para vivir reconciliarnos con Dios en la gracia divina que nos otorgan la penitencia y los sacramentos. Es recuperar la dignidad de los hijos de Dios que Cristo nos alcanzó con la Resurrección.

   Contemplemos el misterio pascual agradeciendo a  Dios su amor infinito por nosotros haciendo propósitos para vivir como verdaderos cristianos. 

 + Rafael, Obispo de Cádiz y Ceuta

viernes, 25 de marzo de 2022

MARZO 2022

 

«Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (Mc 6, 12).

 

    La Palabra de vida de este mes está sacada de la oración que Jesús enseñó a sus discípulos, el Padrenuestro. Es una oración profundamente enraizada en la tradición hebraica. También los judíos llamaban y llaman a Dios «Padre nuestro».

     En una primera lectura, las palabras de esta frase nos comprometen: ¿podemos pedirle a Dios que borre nuestras deudas, como sugiere el texto griego, del mismo modo que nosotros somos capaces de hacerlo con quienes tienen alguna falta respecto a nosotros? Nuestra capacidad de perdón es siempre limitada, superficial, condicional. Si Dios nos tratase según nuestra medida, ¡sería una condena en toda regla!

«Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden»

     Sin embargo, son palabras importantes que expresan ante todo la conciencia de que necesitamos el perdón de Dios. El propio Jesús se las dijo a sus discípulos -y a todos los bautizados-, de modo que puedan usarlas para dirigirse al Padre con sencillez de corazón. Todo nace de descubrirnos hijos en el Hijo, hermanos e imitadores de Jesús, que fue el primero que hizo de su vida un camino de adhesión cada vez más completa a la voluntad amorosa del Padre.

     Solo después de haber acogido el don de Dios y su amor sin medida podemos pedirle todo al Padre, incluso que nos haga cada vez más semejantes a Él, con su misma capacidad de perdonar a nuestros hermanos y hermanas con corazón generoso, día a día. Cada acto de perdón es una decisión libre y consciente que hay que renovar siempre con humildad. Nunca es un hábito, sino un camino exigente, por el cual Jesús nos llama a rezar cada día, como por el pan.

«Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden» 

     ¡Cuántas veces las personas con las que vivimos -en la familia, en el barrio, en el lugar de trabajo o de estudio--- pueden habernos hecho una faena, y nos cuesta reanudar una relación positiva! ¿Qué hacer? Aquí es donde podemos pedir la gracia de imitar al Padre: «Levantémonos por la mañana con una "amnistía" completa en el corazón, con ese amor que todo lo cubre, que sabe acoger al otro tal como es, con sus limitaciones, sus dificultades, precisamente como haría una madre con el hijo que actúa mal: lo excusa siempre, le perdona siempre, no pierde la esperanza en él... Acerquémonos a cada uno viéndolo con ojos nuevos, como si nunca hubiese incurrido en esos defectos. Volvamos a empezar cada vez, sabiendo que Dios no solo perdona, sino que olvida: esta es la medida que nos pide también a nosotros»[1]. Es una meta alta hacia la cual podemos avanzar con la ayuda de la oración confiada.

«Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden» 

   Además, toda la oración del Padrenuestro tiene la perspectiva del «nosotros», de la fraternidad: no pido solo por mí, sino también por los demás y con los demás. Mi capacidad de perdón está sostenida por el amor de los demás, y por otra parte mi amor puede en cierto modo sentir como propio el error del hermano: tal vez dependa también de mí, puede que no haya hecho toda mi parte para que se sintiese acogido, comprendido... En Palermo, una ciudad italiana, las comunidades cristianas viven una intensa experiencia de diálogo que requiere superar ciertas dificultades. Cuentan Biagio y Zina: «Un día un pastor amigo nuestro nos invitó a un encuentro con varias familias de su Iglesia que no nos conocían. Habíamos llevado cosas para compartir en la comida, pero esas familias nos dieron a entender que no les gustaba ese encuentro. Con delicadeza, Zina les dio a probar algunas especialidades que había preparado y al final comimos juntos. Después de comer empezaron a decir los defectos que veían en nuestra Iglesia. No queriendo entrar en una guerra verbal, dijimos: ¿qué defecto o diferencia entre nuestras Iglesias puede impedir que nos queramos? Ellos, acostumbrados a atacar continuamente, se quedaron asombrados y desarmados con una respuesta así, y empezamos a hablar del Evangelio y de lo que nos une, que seguro que es mucho más que lo que nos divide. Cuando llegó la hora de despedimos, no querían que nos fuésemos. En ese momento les propusimos rezar el Padrenuestro, y mientras lo rezábamos percibimos fuertemente la presencia de Dios. Nos hicieron prometer que volveríamos, porque querían presentarnos al resto de la comunidad, y así ha sido en todos estos años».

                                                                                                        Leticia Magri



[1] C. LUBICH, Palabra de vida, diciembre 2004: Ciudad Nueva 415 (12/2004), pp. 22-23.

REFLEXIONES PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA

 

MARZO :  SINODALIDAD – MISIÓN

 Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

 

LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS


     La común unión con Jesucristo en su Iglesia nos lleva a participar de la misma vida divina de la Santísima Trinidad.  Nos ha hecho un reino y sacerdotes, y de esa comunión y participación, nos manda a la misión, “Id al mundo entero y anunciad el Evangelio a toda criatura”. Los envió de dos en dos a ser testigos de lo que habían visto, oído y hacerlo vida con la fuerza del Espíritu Santo.

     Los Santos, muchedumbre inmensa que nadie podía contar, han realizado con su vida y enseñanzas la misión de Jesucristo, como nos dice el Concilio Vaticano II, haciendo de la Eucaristía su centro en el crecimiento de la Iglesia “la Iglesia, o Reino de Cristo presente ya en misterio, crece visiblemente en el mundo por el poder de Dios”, respondiendo a la pregunta ¿Cómo crece?, añade: “Cuantas veces se celebra en el altar el sacrificio de la cruz, en el que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado se realiza la obra de nuestra redención y la unidad de los creyentes que forman un solo cuerpo en Cristo”.

     En la Eucaristía recibimos la fuerza espiritual necesaria para cumplir nuestra misión de bautizados, por lo que intentar anunciar la Buena Nueva sin la presencia de la Eucaristía, celebrada, adorada y recibida, es un acto de infidelidad a Cristo y a la Iglesia, lo opuesto a la sinodalidad. Cuando más nos dejemos ser Eucaristía, mejor mostramos el tesoro inestimable de Cristo al mundo, de tal forma que al estar con Él, reclinados sobre su pecho como el discípulo predilecto, palpar el amor infinito de su corazón. Nos recuerda santa Margarita M.ª lo que le manifestaba el Corazón de Jesús: “Quiero que tu corazón sea para Mí un refugio en que pueda retirarme y tomar un poco de reposo cuando los pecadores me persiguen y me echan de sus corazones”. Realizando la unión de corazones, que el mundo necesita.

     Misión que vivió nuestro fundador el Venerable Luis de Trelles; tras su conversión se dio cuenta de que para alcanzar la regeneración moral de la sociedad, había que buscarla desde los medios de la fe, la piedad y la catequesis; en ese proceso reflexivo, Trelles, se transforma en un hombre renovado que busca en su interior un nuevo ideal y se propone impetrar a Jesucristo, desde la Eucaristía, el remedio de tantos males, de ayer y hoy de la sociedad “líquida”, La Lámpara del Santuario 1890, p.335: “Vemos tan claro, como la luz del mediodía, que tal es nuestra vocación como Adoradores: Orar, meditar, expiar, satisfacer y reparar, interceder y compensar los ultrajes que recibe el Augusto Sacramento”. De su vida eucarística brotará la misión concretada en las Conferencias de San Vicente de Paul, el abogado de los Pobres, periodista, diputado, el canje de prisioneros, adelantándose al derecho internacional, y cómo no, las obras eucaristías, para hombres y mujeres, animadas con la Lámpara del Santuario: así es considerado “Apóstol de la Eucaristía”. Trelles vive la misión de dar a conocer a Jesucristo, como lo dice la hija de un santo adorador, Teresa del Niño Jesús: “Sólo tenemos que hacer una cosa durante la noche, la única noche de la vida, que no vendrá más que una vez: amar, amar a Jesús con todas las fuerzas de nuestro corazón y salvarle almas para que sea amado”.

     Contemplemos la misión en San José, como nos insiste el Papa Francisco, su común unión familiar con su esposa y con su Niño, colaborando directamente en la obra redentora de Jesucristo. Misión confiada por el Padre sobre su Hijo y la madre de su Hijo, su esposa. Misión de José, que muestra la ternura y el cariño del Padre hacia sus hijos: esa misma ternura y cariño debemos mostrar como adoradores con el Señor sacramentado y con los hermanos: José nos enseñará. Misión en obediencia al plan de Dios en su vida, haciendo de su propia historia una aceptación gozosa de dicho plan, acogiendo a su esposa y a su niño. Misión que le lleva a salir de sí mismo, de su casa, de su tierra, para proteger al Hijo de Dios, alimentarlo con su trabajo cotidiano de la carpintería, colaborando en la misión corredentora con el Hijo del carpintero, enseñándole el oficio en el taller de Nazaret.

     Como adoradores nocturnos debemos acercarnos a Jesús, para descansar mutuamente en su Corazón y ser fieles al don y la misión que nos ha transmitido el Venerable Trelles, donde el silencio de José, bajo cuya sombra creció, en estatura, sabiduría y gracia el Hijo de Dios; tenemos que pedirle a San José  amar, gustar y practicar el silencio ante su Hijo, (Fuge… Tace… Quiesce…), (Huye, Calla, Descansa), como lo hizo Jesús en los brazos de José.

     Adorar, cuidar, vivir la redención en la Eucaristía, como José y Luis de Trelles, llevarla a las personas para que conozcan la misión del Padre en Cristo para sus vidas, y desde cada encuentro nocturno, ser lámpara que alumbre en medio de las tinieblas de este mundo; les pedimos al Venerable y a San José la fidelidad en la misión, como ellos la vivieron, lo hacemos con la oración del Papa Francisco:

Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.

A ti, Dios confió a su Hijo,

en ti, María depositó su confianza,

contigo, Cristo se forjó como hombre.

     Para ser adoradores de noche y testigos de día.

Preguntas para el diálogo y la meditación.

■ ¿Aprovecho el don de la misión de ser y vivir la adoración nocturna?

■ ¿Cómo vivo mis silencios ante el Santísimo, en unión de San José y Luis de Trelles?

■ ¿Busco en la Eucaristía la fuerza renovadora para la misión evangelizadora que  lleva?