TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

domingo, 12 de abril de 2020

(Jn 20, 29)

ABRIL 2020

«Dichosos los que no han visto y han creído» (Jn 20, 29).

El Evangelio de Juan describe los encuentros de los apóstoles, de María de Magdala y de otros discípulos con Jesús Resucitado. Este se aparece varias veces con los signos de la crucifixión para volverles a abrir el corazón a la alegría y a la esperanza. En una de estas ocasiones el apóstol Tomás está ausente. Los otros, que han visto al Señor, le cuentan esta maravillosa experiencia, quizá queriendo transmitirle su misma alegría. Pero Tomás no es capaz de aceptar este testimonio indirecto; quiere ver y tocar a Jesús en persona.
Lo cual ocurre días más tarde: Jesús se presenta de nuevo a un grupo de discípulos, y entre ellos esta vez sí que está Tomás, quien proclama su fe, su total adhesión al Resucitado: «¡Señor mío y Dios mío!». Y Jesús le responde:
«Dichosos los que no han visto y han creído»
Este Evangelio fue escrito después de que los testigos oculares de la vida, muerte y resurrección de Jesús ya hubiesen desaparecido. Era inevitable que el mensaje evangélico se encomendase a las generaciones sucesivas, que su transmisión se fundase en el testimonio de quienes habían recibido el anuncio. Aquí comienza el tiempo de la Iglesia, pueblo de Dios que sigue anunciando el mensaje de Jesús transmitiendo fielmente su Palabra y viviéndola con coherencia.
También nosotros hemos conocido a Jesús, el Evangelio y la fe cristiana a través de la palabra y el testimonio de otros, y hemos creído. Por eso somos «dichosos».
«Dichosos los que no han visto y han creído»
Para vivir esta Palabra, recordemos esta invitación de Chiara Lubich: «Él quiere grabar, en ti y en todos los hombres que no vivieron en torno a Él, la convicción de que posees la misma dignidad que los apóstoles. Jesús quiere decirte que no estás en desventaja con respecto a los que lo vieron, pues tienes fe, y esta es el nuevo modo de "ver" -por así decir- a Jesús. Con ella puedes acercarte a Él, comprenderlo en profundidad, encontrarlo en lo más hondo de tu corazón. Con la fe puedes descubrirlo entre dos o más hermanos unidos en su nombre, o en la Iglesia, que es su prolongación. [...] Además estas palabras de Jesús son una llamada a reavivar tu fe, a no esperar apoyos o signos para avanzar en la vida espiritual, a no dudar de la presencia de Cristo en tu vida y en la historia, aunque pueda parecerte que Él está lejos. [...] Quiere que creas en su amor, aunque te encuentres en situaciones difíciles o te amenacen circunstancias que parecen imposibles».
Anne es una joven australiana nacida con una discapacidad grave. Cuenta: «En la adolescencia me preguntaba por qué no había muerto pronto, de lo mucho que me pesaba mi discapacidad. Mis padres, que viven la Palabra de vida, siempre me respondían lo mismo: "Anne, Dios te ama inmensamente y tiene un plan especial para ti': Me ayudaron a no bloquearme ante las limitaciones físicas sino a "tomar la iniciativa de amar" a los demás, como hizo Dios con nosotros. He visto que muchas situaciones a mi alrededor han cambiado y muchas personas han comenzado a su vez a abrirse más, y no solo conmigo. De mi padre recibí un mensaje personal que debía abrir tras su muerte, en el que había escrito una sola frase: "Mi noche no tiene oscuridad': Esta es mi experiencia diaria: cada vez que elijo amar y servir a quien tengo al lado, las tinieblas desaparecen y soy capaz de sentir el amor que Dios me tiene».

Leticia Magri


miércoles, 8 de abril de 2020

VIGILIA EXTRAORDINARIA DE JUEVES SANTO


ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA
          Consejo Superior Diocesano
ADORADO SEA EL SANTÍSIMO SACRAMENTO
                                                                                                                                                                                 AVE MARÍA  PURÍSIMA  
 


 Querido hermano en Xtº. Eucaristía:

   
     El pasado 28 de marzo pudimos celebrar a Dg. la Vigilia mensual ordinaria (vía YouTube) gracias a la gestión de nuestro Presidente Nacional y a la inestimable disposición de los Directores Espirituales de las Secciones ANE-ANFE de Talavera de la Reina (Toledo).
     Por tal motivo, y dado que las circunstancias que motivaron esta forma extraordinaria aún persisten, nos uniremos nuevamente a los adoradores de otras dieseis para celebrar el Ejercicio de Jueves Santo, en esta atípica Semana Santa, quizás preludio de un tiempo de Gracia extraordinario en los insondables planes de Dios.
     Esta Vigilia extraordinaria la celebraremos  el próximo jueves día 9 del actual y a las 22:00 h. desde la capilla de la Parroquia del Sagrado Corazón de Talavera de la Reyna y desde la siguiente dirección: https://www.youtube.com/channel/UCk6ZJd-hsgaQofPbuu6GFVg. y una vez dentro pincharemos  el enlace de Adoración Nocturna. Finalizando los diferentes turnos de Adoración a las 08,00 h.
     Salvo disposición contraria utilizaremos nuestro Ritual, -Jueves Santo-  desde la pagina 457 hasta su conclusión en la 509, siguiendo sus diferentes partes y prestando atención las rúbricas que se nos indican en el mismo.
      Somos conscientes que no es lo mismo estar ante la presencia real de Jesús Sacramentado en el Templo, pero Él nos espera en cualquiera de las formas. Y es ésta, -siguiendo las recomendaciones dadas para la diócesis de Cádiz-Ceuta de 13 marzo y el Decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos de  25 marzo 2020-, la manera en la que podemos estar junto a Él.
     Por tal motivo rogamos su máxima difusión a todos los adoradores de nuestras Secciones y Turnos.
     Esperando vuestra participación en esta singular Vigilia, os abraza en Xtº.



Cádiz a 7 de abril de 2020

EL VICEPRESIDENTE DIOCESANO


 Fdº: Francisco J. de la Torre Sanz



domingo, 5 de abril de 2020

DOMINGO 4 DE ABRIL DE 2020, DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

« ¡BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR! »


     Meditar la pasión de Cristo es siempre una llamada a la profunda conversión del Corazón. Tiene una fuerza única. Es capaz siempre de descubrir realidades nuevas y abrirnos a su Amor más fuerte que el pecado y la muerte.
     La pasión de Mateo, el evangelio eclesial de la comunidad, del pueblo de Dios que camina, de la familia de Dios que somos los bautizados, tiene una vida que hay que pedir al Señor para descubrirla.
     Es un Jesús que viene a los suyos y los suyos no le reciben. Destaca que no es acogido por el pueblo. Que es despreciado y desecho de los hombre como describe el impresionante canto del siervo de Yahvé.
     Podíamos fijarnos en la relación que tiene Jesús con la gente del pueblo, con las instituciones, con los apóstoles, con Pedro.
     A Jesús se le contempla pobre en su pobreza. Es la identificación con la Pasión de la Iglesia, de la comunidad, de la familia de los hijos de Dios. El Jesús de Mateo en su Pasión, es un Jesús humilde que cuida de todos y experimenta que todos le abandonaron y le seguían de lejos.
     Es la Pasión del catequista, del que transmite la fe.
     Es de los que están convencidos de que la llamada al seguimiento de Jesús es personal, de uno en uno, pero la misión es comunitaria, es a toda la Iglesia, no puede quedar nadie al margen.
     La pasión de Mateo refleja a un Jesús evangelizador, que llama a toda la comunidad a vivir juntos la aventura de creer y amar hasta el extremo. Es Jesús que cuida que no se pierda ni uno solo de los que el Padre le ha dado.
     El Jesús que grita con el salmo, Dios mío, Dios mío, porque me has abandonado, nos habla también de las horas bajas y sufrimiento de la comunidad, que por no ser fiel y coherente con el evangelio, muchas veces, más que revelar el Corazón de Cristo, lo ha desvelado.
     Cuando no nos identificamos con los proyectos de su Amor, tenemos el peligro de ser un escándalo para la humanidad.
     Hay que tomarse en serio la Pasión de Cristo que es un amor incondicional.


+ Francisco Cerro Chaves - Arzobispo de Toledo.

                                      Primado de España

lunes, 30 de marzo de 2020

CARTA PASTORAL ANTE LA SEMANA SANTA



   Queridos diocesanos:


     Ante una de las crisis más duras de cuantas ha padecido España a causa de la pandemia del Covid-19 os escribo para compartir con vosotros el sentir de la Iglesia y el mío propio, unido a los sentimientos de los sacerdotes con los que estoy en comunicación en todo momento, y fortalecernos en la fe.
     Quisiéramos estar más cerca que nunca de quienes peor lo están pasando —que sin duda son aquellas familias que sufren estos días la pérdida de un ser querido, acrecentado aún más si no han podido despedirse de ello— y acompañarlas en su sufrimiento… 
     La Cuaresma que estamos viviendo está resultando una dura prueba que puede llevarnos a la conversión en el seguimiento más radical de Cristo. La ceniza sobre nuestras cabezas con que se inició esta peregrinación hacia la vida, en la verdad de las cosas, nos recordaba la fugacidad de la existencia y la inconsistencia de todo lo nuestro, pero también que bajo ciertas cenizas de la amnesia de Dios contemporánea aún puede arder el rescoldo de una fe que, si prende de nuevo, hará que arda de amor nuestro corazón para dar luz y calor al mundo. Miremos de nuevo a Cristo que nos invita a profundizar en su amor y a cargar la cruz. Estoy comprobando que en nuestro confinamiento cuaresmal estamos reforzando la experiencia de la comunión de los santos y el firme soporte para nuestra fe de las devociones piadosas más arraigadas, como el Santo Rosario, el Vía Crucis, la Liturgia de las Horas, la meditación de la Palabra de Dios…
   Han quedado patentes nuestros limites, nuestra fragilidad, que somos caducos y débiles. A la vista están las dificultades para muchas familias, especialmente para los ancianos, y para los más frágiles, pero el dolor, sin embargo, nos une más. “El sufrimiento está presente en el mundo para provocar amor, para hacer nacer obras de amor al prójimo” (San Juan Pablo II, Salvifici Doloris 30).  Todo ello ha de ayudarnos a acrecentar entre nosotros las obras concretas de la caridad, como nos ha recordado el Papa Francisco.  Vivamos intensamente en este momento crítico la caridad entre nosotros en la convivencia del confinamiento domiciliario, con una especial solicitud por los cercanos y vecinos que necesiten consuelo y atención, cuidando especialmente a los enfermos…
     Vivamos ahora la Semana Santa acompañando a Cristo que sufre como Siervo de Dios para cargar con nuestros pecados y dolencias y para vencer la muerte en su triunfante Resurrección, por la que nos hace partícipes de la vida eterna.  En nuestra situación actual entendemos mejor su Pasión, el desprecio y la soledad que sufre el Señor, el abandono de los suyos, su entrega consciente y ejemplar para vivir amando con coherencia. Miremos a al Señor Crucificado, a quien otros años hemos contemplado piadosamente en las procesiones de nuestras calles, pero que ahora prolonga su doliente presencia entre nosotros en medio de los que sufren, y reclama nuestra ayuda como cireneos para soportar la cruz y sentir más que nunca a su lado su peso extenuante. “Me amó y se entregó por mi” (Gal 2,20). Son nuestros pecados los que le han crucificado. El, sin embargo, cura nuestras heridas y nos responde con amor, abriendo un caudal de misericordia de donde brota la salvación del mundo.
    Os recomiendo seguir las celebraciones de Semana Santa por los medios de comunicación. Pero quisiera algo más: que el impedimento doloroso de no participar comunitariamente no nos impida orar profundamente unidos a toda la Iglesia que celebra el Misterio Pascual. Hacedlo desde vuestra casa con piedad, evitad toda distracción, venerad alguna imagen o estampa que tengáis de Cristo y de María. Siguiendo las indicaciones de la Santa Sede los sacerdotes —cada uno según su prudente criterio pastoral, pero siempre íntimamente unidos a vosotros— podrán celebrar sin que el pueblo esté presente en el templo, incluso la Misa en la Cena del Señor. Sintámonos fortalecidos como Iglesia. En las retransmisiones orad con devoción y responded a los sacerdotes como si estuvieseis allí mismo en la iglesia. Gracias a ellos, que os siguen acompañando muy de cerca, tendréis todo cuidado pastoral. Se lo he agradecido personalmente y seguirán pendientes de cuánto necesitéis. Aprovechemos este largo tiempo que hemos de compartir para leer juntos la Pasión del Señor, o para participar a través de los medios de todo aquello que nos adentre en lo que estamos celebrando…
     Deseo de corazón que Cristo Resucitado nos llene de su luz para hacer su voluntad y seguir su camino. Os pido que intensifiquemos nuestra oración por los difuntos, por los enfermos, por el personal sanitario, por todos los servidores públicos; por los sacerdotes, consagrados, catequistas, familias y cuantos nos sostienen en la fe…
   Imploremos con toda Iglesia al Señor Crucificado y Resucitado para que la humanidad sea liberada del flagelo de esta pandemia, e  invoquemos la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de la Misericordia y Salud de los Enfermos, Auxilio de los Cristianos, Abogada nuestra, para que socorra a la humanidad doliente y nos obtenga todo bien necesario para nuestra salvación y santificación.


                    + Rafael, Obispo de Cádiz y Ceuta



     Para visualizar la Carta pastoral completa seguir este enlace:

CONSAGRACIÓN DE LA PENÍNSULA IBÉRICA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Y AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA


     Una oración única en la historia de la Península Ibérica en la tarde del 25 de marzo, fiesta de la Anunciación. La iniciativa surgió por impulso de unos laicos de Portugal, que juntaron miles de firmas para renovar la consagración de la Iglesia portuguesa al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, desde el santuario de Fátima. Pero enseguida la Conferencia Episcopal Española se sumó a la propuesta, y las redes sociales del santuario de Fátima detallaron que sería la primera vez que ambas iglesias ibéricas se consagraban, juntas, a ambos Corazones, el de Jesús y el de María.
     Fue al finalizar el rosario que el cardenal Dos Santos realizó la consagración "de toda la península Ibérica, España y Portugal, y sus respectivas islas al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, a la que se tiene una devoción arraigada en tantas diócesis", según explicó una nota de los obispos españoles. 
     El cardenal Dos Santos oró ante la imagen que se venera en la capilla de las Apariciones, trasladada para la ocasión a la basílica. 

texto de la oración completa de la consagración
hecha por el cardenal en nombre de todos los obispos de la península ibérica:
     Corazón de Jesucristo, médico de las almas, Hijo amado y rostro de la misericordia del Padre, la Iglesia que peregrina sobre la tierra en Portugal y España -naciones que son Tuyas-mira para Tu costado abierto, que es su fuente de salvación, y Te suplica:– en esta singular hora de sufrimiento, asiste a Tu Iglesia, inspira a los gobernantes de las naciones, escucha a los pobres y a los afligidos, enaltece a los humildes y a los oprimidos, sana a los enfermos y a los pecadores, levanta a los abatidos y a los desanimados, libera a los cautivos y prisioneros y líbranos de la pandemia que nos afecta.
     Corazón de Jesucristo, médico de las almas, elevado en lo alto de la Cruz y palpado por los dedos del discípulo en la intimidad del cenáculo, la Iglesia que peregrina sobre la tierra en Portugal y España -naciones que son Tuyas-te contempla como imagen del abrazo del Padre a la humanidad, ese abrazo que, en el Espíritu del Amor, queremos darnos unos a otros según Tu mandato en el lavatorio de los pies, y Te suplica:– en esta singular hora de sufrimiento, ampara a los niños, a los ancianos y a los más vulnerables, conforta a los médicos, a los enfermeros, a los profesionales de la salud y a los voluntarios cuidadores, fortalece a las familias y refuérzanos en la ciudadanía y en la solidaridad ,sé la luz de los moribundos, acoge en Tu reino a los difuntos, aleja de nosotros todo mal y líbranos de la pandemia que nos afecta.
     Corazón de Jesucristo, médico de las almas e Hijo de Santa María Virgen, por medio del Corazón de Tu Madre, a quien se entrega la Iglesia que peregrina sobre la tierra en Portugal y España -naciones que desde hace siglos son Suyas-y en tanto otros países, acepta la consagración de Tu Iglesia .Al consagrarse a Tu Sagrado Corazón, la Iglesia se entrega a la protección del Corazón Inmaculado de María, configurado por la luz de Tu pascua y aquí revelado a tres niños como refugio y camino que conduce a Tu Corazón. Sea Santa María Virgen, Nuestra Señora del Rosario de Fátima, la Salud de los Enfermos y el Refugio de tus discípulos nacidos junto a la Cruz de Tu amor. Sea el Inmaculado Corazón de María, a quien nos entregamos, quien diga con nosotros:– en esta singular hora de sufrimiento, acoge a los que perecen, da aliento a los que a Ti se consagran y renueva el universo y la humanidad.   Amén.

domingo, 29 de marzo de 2020

DOMINGO 29 DE MARZO DE 2020, 5º DE CUARESMA

«YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA… ¿CREES ESTO?»


     En nuestro itinerario hacia la luz pascual nos acercamos a Jerusalén y con Jesús vamos a casa de los amigos, en Betania. Lázaro ha muerto y Jesús en la resurrección y la vida, quiere dar la respuesta definitiva al dolor y la muerte con su vida entregada como Redentor del mundo. En Betania Jesús acoge tres maneras sencillas de ser amado y acogido en la amistad. María de Betania representa el amor que se hace delicadeza y ternura. Sera la que unja los pies a Jesús con un perfume carísimo. Marta representa el amor que se hace acogida, confianza y servicio. Lázaro es el amor que se deja elegir, se pone en sus manos y no dice ni una palabra que no sea la de la aceptación.
     Cercana ya la Pascua, el domingo de la resurrección de Lázaro nos prepara para vivir la gracia de la pascua, de la muerte y resurrección de Cristo.
     Descubrimos la profunda humanidad de Jesús. Cien por cien divino, cien por cien humano. Tiene un Corazón compasivo y misericordioso. Ante la tumba del amigo, llora. Se le conmueve las entrañas. Sería terrible despojar a Jesús de su profunda humanidad diciendo que su llanto es de mentirijilla...como lo va a resucitar después. En el fondo, es lo que creen que nuestra fe, no tiene en cuenta el sufrimiento humano. Por creer, no nos afectaría nada lo humano. El ejemplo también de los santos nos descubre que en su fe intensa, también sufrieron y les costó el dolor y la muerte.
     Entrar en Betania, es entrar en la cercanía de las personas que amamos y que han muerto. Es preciso afirmar con las palabras y la vida, que creemos en la vida eterna. No nos detengamos solo en la muerte, que es camino y puerta de entrada en la vida eterna. Existe el Amor redentor de Cristo que vence el pecado, el dolor y la muerte. Jesús en Betania, nos descubre la alegría de la amistad y nos lleva a vivir la vida, con la esperanza de saber que en la vida y en la muerte somos del Señor.
     Los amigos de Betania no fueron al sepulcro la mañana de resurrección como fue la Magdalena, porque ellos creían y afirmaron su fe en el Resucitado... Sabemos que tú eres la resurrección y la vida y el que cree en ti aunque haya muerto vivirá. En el Ritual de Iniciación Cristiana, al admitir a un catecúmeno para su preparación al bautismo se le pregunta, que pides a la Iglesia y responden la vida eterna.


+ Francisco Cerro Chaves - Arzobispo de Toledo. 
Primado de España                     

sábado, 21 de marzo de 2020

MENSAJE DE NUESTRO OBISPO CON MOTIVO DEL ESTADO DE ALARMA



    Vivamos este tiempo como una oportunidad para la verdadera conversión , para volver a Dios de todo corazón y volcarse con los demás, para ser más solidarios. Tomemos una mirada de fe, esperanza y caridad sobre todo lo que acontece. Pongamos en Dios nuestras seguridades, porque su amor está por encima de todo.
     Renovemos nuestra percepción del valor del otro, las relaciones, la familia. Seamos muy generosos. Que la comunión en la Iglesia, Cuerpo de Cristo, brille renovada. Vivimos en una solidaridad interna de caridad, oración, entrega. Seamos creativos en el apostolado.
     Es momento de orar juntos, ofrecer el Ángelus, el rosario, por los más indefensos, los sanitarios, los ancianos, los enfermos, los pobres. Los monasterios de clausura de la diócesis ofrecen su adoración ante el Santísimo. Nos hemos educado viendo al Señor, que ha entregado su vida por nosotros y nuestra salvación. Debemos estar a la altura.