TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

jueves, 14 de septiembre de 2017

REFLEXIONES PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA



SEPTIEMBRE: La Iglesia, (IX)

     A la hora de ir desgranando, bajo forma de meditaciones, el Misterio de la Iglesia desde una perspectiva eucarística, no podía faltar una consideración sobre la relación de la Santísima Virgen María con la Iglesia tal y como nos la muestra la Liturgia y nos hace apreciarla la espiritualidad eucarística.
    María antes de contar con una fiesta litúrgica propia está presente en la profesión de fe de los cristianos (íntimamente ligada al Bautismo) y en las Plegarias Eucarísticas (pieza clave de la celebración eucarística). Si los símbolos de fe la vinculan sobre todo al misterio de la Encarnación del verbo, haciendo de su maternidad virginal un signo de la verdadera humanidad y divinidad de su Hijo; las Plegarias Eucarísticas la sitúan en el contexto de la mediación y alabanza eclesiales, tras la invocación del Espíritu Santo sobre los celebrantes (2ª epíclesis).

Lugar de María en la Iglesia.

     María no pertenece a la jerarquía ministerial de la Iglesia, ella es Madre, no vicaria ni apóstol. En cuanto Madre está por encima de tales autoridades, en cuanto discípula se somete a ellas. Como su Hijo la estuvo sujeto, y mientras, ella siguió siendo fidelísima servidora de Dios siempre pronta a la escucha de su palabra.
     Queda claro que, por su íntima unión con el Misterio del Redentor, participa de las “paradojas” que éste suscita. San Agustín bien destacaba que ella, siendo miembro de la Iglesia de su Hijo, es menos que la Iglesia, que la incluye a ella y a nosotros. Pero, a su vez, ella, en cuanto Madre, está por encima de la Iglesia y es su modelo por antonomasia.
     Al encarnarse en ella el Verbo, ella es constituida Madre, Madre de Dios y Madre nuestra. Por su actitud permanente de escucha obediente y amorosa de la Palabra de Dios, es miembro supereminente de la Iglesia. Su modo de ser Discípula de su Hijo es ser Madre nuestra. Causa ejemplar de toda la Iglesia, santificada por el Espíritu y reflejo fiel de su Hijo. Como enseñaba san Agustín Obispo, “para vosotros soy Obispo, con vosotros soy cristiano”. De María podemos decir que, para nosotros es Madre, con nosotros es discípula.

María modelo de participación en la Liturgia.

     San Juan Pablo II, puede ser que influido por los principios del profesor Jesús Castellano, carmelita descalzo, dedicó a María un capítulo en su “Ecclesia de Eucharistia”. Allí María, con su actitud definitoria, de escucha obediente de la palabra de Dios, se ofrece como maestra de participación fructuosa de la Liturgia.
     Con su ciclo de celebraciones propias, en torno al año litúrgico, aparece como “eco” de su Hijo. Una constante ayuda para cuántos meditando sus celebraciones y  descubriendo la íntima conexión entre sus dogmas, están persuadidos de que con ella y como ella podemos ser madre, hermano, hermana de Jesús.
     La participación en el Misterio no es para ella causa de vanagloria ni provoca su engolamiento. Ella sigue pequeña y humilde servidora del Señor en la sencillez de su vida doméstica, llena de amor, y rumiando las cosas de su hijo en su retiro y soledad. ¡Quién mejor que ella para definir lo que ha de ser saborear en el corazón las palabras y gestos de Jesús! Que si como “Virgen del Magníficat” es modelo de proclamación de la Palabra y de alabanza a Dios, como “Virgen que guarda las cosas de su Hijo” es ejemplo  de adoración y contemplación.

La Iglesia Virgen y Madre.

     En María la Iglesia aprende que forma parte de su naturaleza propia la feminidad. Si la imagen y semejanza del Creador está en la unión del hombre y de la mujer, lo femenino es esencial para tener una visión completa de Dios. Lo femenino no puede estar ausente de la realidad eclesial.
     La promoción y correcta ubicación de la mujer en la Iglesia no depende tanto del hecho de que halla o no “sacerdotisas, ni de la reivindicación de “cuotas de poder femenino” (paridad).  Lo verdaderamente importante es que se valore la aportación de la mujer entre los discípulos. Que se reconozca la necesidad de las mujeres para desarrollar los planes de Dios. La promoción de la mujer está en mirar como ejemplo de conducta a María, admirar y acoger el testimonio de María, aceptar la santidad de tantas hermanas nuestras, que llenan el calendario cristiano.

Preguntas para el diálogo y la meditación.

■ ¿Qué papel tiene María en mi vida eclesial? ¿Puramente devocional o impregnado de sentido sacramental?
■ ¿He orado alguna vez con el texto de las Plegarias Eucarísticas? ¿Qué significa para mí la mediación maternal de María?.
■ Para reforzar mi unión con la Iglesia ¿me dejo modelar conforme al modelo de Cristo? ¿Aprendo con María a seguir a Cristo en su Iglesia, mediante la oración y la adoración?

miércoles, 13 de septiembre de 2017

AL HABLA CON TU OBISPO



Mi querido amigo:

     ¿Qué tal has pasado este verano? Me alegro si has podido descansar y reponer fuerzas. No he querido retrasar esta comunicación por la que habitualmente te informo personalmente de las novedades más esperadas y de mis impresiones más cercanas[...]

     Espero que tengas noticias del JUBILEO DIOCESANO preparado para este curso, con motivo de los 750 años del traslado a Cádiz de la sede episcopal y los 600 de la creación de la de Ceuta. He informado a los medios de comunicación y a través de la página web de la diócesis, que te invito a seguir con asiduidad. En cualquier caso ha de ser un acontecimiento importante cuya gracia ha de renovarnos interiormente y hacernos avanzar para que, con la gracia jubilar concedida por la Santa Sede, podamos progresar en la experiencia de nuestra fe y responder a la llamada que Dios nos hace a transmitirla y evangelizar.

     La celebración de un Año Santo es una fiesta para la Iglesia. Es un tiempo de gracia que tiene como objetivo bendecir al Señor y renovar nuestra fe, un tiempo para acercarse más al Señor. Por esta razón he pedido al Santo Padre el Papa Francisco que nos conceda la gracia de la Indulgencia Plenaria durante un año a cuantos participen en las principales celebraciones o visiten la Catedral de Cádiz o de Ceuta con deseo de avivar su fe acogiendo con todas sus consecuencias la gracia del perdón. Este es el modo establecido por la Iglesia que renueva la vida de los fieles, cumpliendo las condiciones consabidas de confesar, comulgar y orar por las intenciones del Papa.
     He centrado mi carta pastoral de inicio de curso en esta celebración. Te invito a la presentación que haré de ella en las diferentes zonas de la diócesis. Espero que sirva de estímulo para vivirlo a fondo y aprovechar las gracias especiales que Dios nos concede este año. En cuanto esté disponible la recibirás.

     Quiero invitarte ahora con toda confianza a la inauguración del Jubileo el próximo jueves 14 de septiembre, Solemnidad de la exaltación de la Santa Cruz, en la Catedral de Cádiz, donde tendrá lugar la Solemne Misa concelebrada de inauguración. Que tu presencia sea signo de comunión y de apertura del corazón a los bienes que este año el Señor nos concede. Cuento contigo con el deseo de que el Señor te colme con su gracia.
     La inauguración en Ceuta será el domingo día 1 de octubre, a las 12h. También allí se hizo la presentación oficial con motivo de las fiestas de la Virgen de África.
     Espero que nos veamos pronto y nos podamos saludar.

Un abrazo.

+ Rafael, Obispo de Cádiz y Ceuta





viernes, 8 de septiembre de 2017

(Mt 16, 24)



SEPTIEMBRE 2017

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mt 16, 24).

     Pero Jesús no quiere alimentar esas ilusiones, Jesús está en la plenitud de su vida pública, en medio de su anuncio de que el Reino de Dios está cerca, y se prepara para ir a Jerusalén. Sus discípulos, que han intuido la grandeza de su misión y han reconocido en Él al Enviado de Dios que todo el pueblo de Israel aguardaba, esperan por fin liberarse del poder de Roma y ver el alba de un mundo mejor, portador de paz y prosperidad; dice claramente que su viaje hacia Jerusalén no lo llevará al triunfo, sino más bien al rechazo, al sufrimiento y a la muerte; revela también que al tercer día resucitará. Son palabras tan difíciles de entender y de aceptar que Pedro reacciona y muestra su rechazo a un proyecto tan absurdo; incluso intenta disuadir a Jesús.
     Después de una seria regañina a Pedro, Jesús se dirige a todos los discípulos con una invitación desconcertante:

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame».

     Con estas palabras, ¿qué les pide Jesús a sus discípulos de ayer y de hoy? ¿Quiere que nos despreciemos a nosotros mismos, que nos volquemos todos en una vida ascética? ¿Nos pide que busquemos el sufrimiento para ser más gratos a Dios?
     Esta Palabra nos exhorta más bien a seguir los pasos de Jesús acogiendo los valores y exigencias del Evangelio para parecernos cada vez más a Él. Lo cual significa vivir con plenitud la vida entera, como hizo Él, incluso cuando aparece en el camino la sombra de la cruz.

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame».

     No podemos negarlo: cada uno tiene su cruz. El dolor, con sus variadas caras, forma parte de la vida humana, pero nos parece incomprensible, contrario a nuestro deseo de felicidad. Pero ahí es precisamente donde Jesús nos enseña a descubrir una luz inesperada. Como sucede cuando, al entrar en algunas iglesias, descubrimos lo maravillosas y luminosas que son sus vidrieras, que desde fuera parecían oscuras y sin belleza.
     Si queremos seguirlo, Jesús nos pide que trastoquemos completamente nuestros valores, quitándonos nosotros del centro del mundo y rechazando la lógica de buscar el interés personal. Nos propone que prestemos más atención a las necesidades de los demás que a las nuestras; que usemos nuestras energías para hacer felices a los demás, como Él, que no perdió ocasión de consolar y dar esperanza a aquellos con quienes se encontraba. Y por este camino de liberación del egoísmo podemos comenzar a crecer en humanidad, a conquistar la libertad que realiza plenamente nuestra personalidad.

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame».
           
     Jesús nos invita a ser testigos del Evangelio aun cuando esta fidelidad sea puesta a prueba por pequeñas o grandes incomprensiones del entorno social en que vivimos. Jesús está con nosotros, y quiere que nos juguemos la vida con Él por el ideal más atrevido: la fraternidad universal, la civilización del amor.
     Esta radicalidad en el amor es una exigencia profunda del corazón humano, tal como atestiguan personalidades de tradiciones religiosas no cristianas que han seguido la voz de la conciencia hasta el fondo. Escribe Gandhi: «Si alguien me matase y yo muriese con una oración por mi asesino en los labios y el recuerdo de Dios y la consciencia de su viva presencia en el santuario de mi corazón, solo entonces se podrá decir que poseo la no-violencia de los fuertes».
     Chiara Lubich encontró en el misterio de Jesús crucificado y abandonado la medicina para sanar cualquier herida personal y cualquier desunidad entre personas, grupos y pueblos, y compartió con muchos este descubrimiento. En 2007, con ocasión de un congreso de movimientos y comunidades de distintas Iglesias en Stuttgart (Alemania), escribió:
     «También cada uno de nosotros sufre en la vida dolores por lo menos un poco semejantes a los de Él. [...] Cuando sentimos [...] estos dolores, acordémonos de Él, que los hizo suyos: son poco menos que una presencia de Él, un modo de participar en su dolor. Hagamos como Jesús, que no permaneció petrificado, sino que añadió a ese grito las palabras: "Padre, en tus manos pongo mi espíritu" (Lc 23, 46) Y volvió a abandonarse en el Padre.
     Como Él, también nosotros podemos ir más allá del dolor y superar la prueba diciéndole: "En ella te amo a ti, Jesús abandonado; te amo a ti, me recuerda a ti, es una expresión de ti, un rostro tuyo”. Y si en el momento siguiente nos lanzamos a amar al hermano y a la hermana y a hacer lo que Dios quiere, la mayoría de las veces experimentamos que el dolor se transforma en alegría [...]. Los pequeños grupos en que vivimos [...] pueden conocer pequeñas o grandes divisiones. También en ese dolor podemos ver su rostro, superar ese dolor en nosotros y hacer lo que sea con tal de recomponer la fraternidad con los demás. [...] La cultura de la comunión tiene como camino y modelo a Jesús crucificado y abandonado».

Leticia Magri