TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

sábado, 11 de febrero de 2017

COLECTA DE LA CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE EN EL MUNDO



“EL MUNDO NO NECESITA MÁS COMIDA. NECESITA MÁS GENTE COMPROMETIDA”
     Es el lema de la campaña anual que lanza Manos Unidas en su lucha contra el hambre en el Mundo. Además del lema, en esta campaña quiere resaltar unas cifras: un tercio de nuestros alimentos acaba en la basura. Mientras, 800 millones de personas siguen pasando hambre en el mundo.
     El próximo domingo, día 12 de febrero, se celebra la Jornada Nacional de Manos Unidas. Dos días antes, el viernes10 de febrero, es el Día del Ayuno Voluntario, como gesto de apoyo a los casi 800 millones de personas que sufren, cada día, el hambre en el mundo. Habrá eventos en toda España y Manos Unidas propone donar el importe de nuestra comida de ese día a los proyectos de desarrollo que realiza la ONG en 60 países.
     Además, durante todo el año 2017,  Manos Unidas hará hincapié en tres cuestiones esenciales y urgentes para acabar con la pobreza y el hambre en el mundo como son el desperdicio de alimentos, la lucha contra la especulación alimentaria y el compromiso con una agricultura respetuosa con el medio ambiente que asegure el consumo local.


sábado, 4 de febrero de 2017

DOMINGO 5 DE FEBRERO DEL 2017, 5º DEL TIEMPO ORDINARIO

«VOSOTROS SOIS LA LUZ DEL MUNDO»



     Somos llamados a iluminar a un mundo triste y a oscuras.  A dar sabor a la vida, a una tierra que se vuelve insípida cuando se aleja del Amor de  Dios y del servicio a los pobres.
     Tanto la luz como la sal están llamadas a desaparecer.  Tanto si quieren dar luz, como si quieren dar sabor. La luz es siempre la que nos hace salir de nuestras oscuridades, de las tinieblas del pecado, para vivir en el gozo de que todo se ilumina y se esclarece cuando vivimos en el Amor de Dios.
     Con la sal ocurre que nunca se presenta como un alimento lujoso. No conozco saleros de oro o plata. Es más, para condimentar, dar sabor y preservar de la corrupción, la sal debe desaparecer. La sal es un alimento humilde que sólo se presenta en recipientes humildes.
     Así es la vida de un cristiano, es siempre dar sabor a la vida, es saber que cuanto más fecunda es una vida más tiende a ocultarse, a desaparecer. Lo había dicho Jesús “si el grano de trigo no cae en tierra, no desaparece, no muere y no cae en el surco, no da fruto”. Hay que morir para vivir. El sabor de la vida es el amor que debe condimentarlo todo.
     Volvamos a lo que provoca la mayor santidad, la mayor alegría, lo que ilumina el mundo, el unirse a Jesús, a su Corazón, a su proyecto y, en su humildad como la sal, desaparecer por convertirse y ser el sabor que tanto necesita nuestro mundo, harto de unas relaciones insípidas y superficiales. ¡Cuánta gente vuelve a casa sin haber experimentado, ni un momento, que ha sido amado de verdad! ¡Cuántos jóvenes cuando vuelven a casa, después de una noche divertida, descubren que no han vivido nada que merezca la pena y sí descubren que han sido instrumentalizados!
     Es preciso volver a vivir a Jesús como la Luz, como la Sal de la vida. Es Él, el Amor que todos necesitamos. Perderse a Jesús es perderse lo mejor de la vida. Es no saber vivir a tope la alegría del Evangelio. Es no iluminar tantos rincones, a oscuras, de una humanidad a veces sin futuro y una sal que falta para dar sabor a la vida.
     ¡Cuántas veces Jesús habría visto a su madre sazonando la comida con sal o tomando la luz para que iluminara! Estas sencillas catequesis, enseñanzas de la vida familiar, Jesús las explica con un sabor nuevo y nos lanza a vivir siendo la sal de la tierra y la luz del mundo.

+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres  

CUATRO POSTURAS PARA VIVIR LA EUCARISTÍA

     Nuestro ser está definido por cuerpo, alma y corazón. Y, porque sabemos que de Dios venimos y a Dios vamos, le expresamos nuestro profundo amor  –no solamente desde el interior- sino, también y además, con diversos gestos corporales. Nuestro cuerpo transmite lo que, interiormente, conmueve a nuestro corazón, nuestra mente y nuestro ser.
      Desgraciadamente, muchas veces por pura justificación, oímos aquello de “lo importante es lo interno, no lo externo”. Pero puede ocurrir que, en el fondo,  cuando cuesta enarbolar una bandera es porque, tal vez, se ha perdido el sentido de pertenencia a un pueblo. Lo malo no es  reverenciar con una u otra postura determinada a Dios, lo malo es el por qué algunas de ellas las hemos olvidado y dejado en el cubo de nuestro propio criterio o capricho.
     Entre otras cosas, incluso los gestos dentro de la liturgia, son expresión de unidad. De un pueblo que se mueve en la misma dirección, con los mismos sentimientos. Pues, ese pueblo, pertenece a un mismo Cuerpo de Cristo y, por lo tanto, en gestos y posturas, lo hacemos visible. 

LA SEÑAL DE LA CRUZ
     Respecto a este gesto corporal, el Reverendo Padre Romano Guardini, erudito y profesor de liturgia, escribió lo siguiente:
     Cuando nos hagamos la señal de la cruz, que ésta sea una verdadera señal de la cruz. En lugar de un gesto diminuto e imperceptible que no proporciona ninguna noción acerca de su significado; hagamos, en vez, una gran señal, sin ningún apuro, que empiece desde la frente hasta nuestro pecho, de hombro a hombro, sintiendo conscientemente cómo involucra todo nuestro ser, nuestros pensamientos, nuestras actitudes, nuestros cuerpos y nuestras almas, cada una de las partes de nosotros mismos y de una sola vez, de modo que nos consagra y nos santifica... (Señales Sagradas, 1927).

ADORACION
     El estar de rodillas, aunque para algunos suponga un esfuerzo y una penitencia, es adoración y vasallaje al Señor. Es inclinación de un pueblo que cree y espera en su Señor. Es veneración a la presencia real y misteriosa del Señor en el altar. Ponerse de rodillas es saber que Dios está por encima de todo. ¿Por qué se nos hace tan duro ponernos de rodillas ante Dios y tenemos tan pocos escrúpulos en hacerlo delante de cualquier poderoso?

RESPETO
     Cuando entra y sale el sacerdote nos ponemos de pie (no porque sea sacerdote) sino porque representa a Jesús. Nos ponemos de pie, entre otras cosas, porque con Jesús buscamos bienes superiores, razones más elevadas para vivir en la tierra con la presencia del Señor. De pie nos ponemos en el Evangelio, culmen de la revelación, porque sabemos que, de en vela, es como el Señor nos ha de encontrar cuando vuelva: escuchando, meditando, pregonando sus alabanzas.

ACCION DE GRACIAS
     El permanecer sentados, no significa ser indiferentes. Conlleva e incita a meditar, a saborear la Palabra que se ha escuchado. Sentarse, delante del sagrario, en la homilía o después de la comunión, implica proyectar en la pantalla de nuestra mente nuestra propia vida e intentar iluminarla con la vida de Jesús. Sentarse, en la Eucaristía, no es pensar “aquí me las den todas”. Es sentir cómo, la Eucaristía, es una gran ola que nos acaricia, nos refresca la memoria y nos invita a profundizar en lo que somos y vivimos.
J. Lehoz