TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

miércoles, 9 de noviembre de 2016




     El próximo domingo día 13 se clausura en nuestra diócesis el Año Jubilar de la Misericordia. 
     Siguiendo lo establecido por el Papa Francisco "la Eucaristía de clausura del Jubileo en las Iglesias particulares será única y se celebrará en la catedral".
     En las otras iglesias o santuarios en las que el obispo ha establecido que se abra una Puerta de la Misericordia, los conocidos Templos Jubilares,  tendrá lugar una celebración eucarística de acción de gracias, presidida por el párroco o rector. 
     En nuestra diócesis, las Catedrales de Cádiz y Ceuta acogerán la Clausura oficial:
     Catedral de Cádiz: Domingo 13 de noviembre a partir de las 18:00 h., presidida por el Obispo diocesano, Mons. D. Rafael Zornoza
     Catedral de Ceuta: Domingo 13 de noviembre a partir de las 19:00 h., presidida por el Vicario General de Ceuta, D. Juan José Mateos Castro

jueves, 3 de noviembre de 2016

DOMINGO 6 DE NIVIEMBRE, 32º DEL TIEMPO ORDINARIO


LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS


     De la mano de San Lucas el año litúrgico va llegando a su fin, y con él también su relato viajero de la subida de Jesús a Jerusalén, término de su vida terrestre. Por eso el tema que nos acompañará en estos tres últimos domingos de nuestro año cristiano, será el tema del paso a la vida nueva.
    Es posible que algunas predicaciones sobre los “novísimos” (muerte, juicio, eternidad) se hayan hecho inadecuadamente, generando más un pánico temeroso que una esperanza serena. La Iglesia, fiel a la herencia de su Señor, no pretende acorralar entre miedos y amenazas la libertad del hombre. No obstante, no por ello puede callarse sobre la suerte feliz o infeliz que a todos nos espera en la tierra definitiva, en ese hogar del Padre Dios en el que Jesús nos ha preparado morada.
     Pero no es lo mismo creer en la vida eterna que en la vida larga, y hoy se practica un frenético culto a la vida larga con toda una ascética casi religiosa: aerobic, herbolarios, dietas alimenticias, naturismo... todo lo cual, obviamente, está bien, pero deja de estarlo cuando achata el horizonte existencial del hombre, cuando reduce el aprecio y la pasión por la vida a una cuestión de estética o de cosmética. Confundir la felicidad con una fórmula antiarrugas o con un plan adelgazante, es cambiar la eternidad por la longevidad, la casa de Dios por el gimnasio o la sauna, la adhesión a la vida toda por el apego a la mocedad.
     Habrá un momento de gran verdad para todos, un momento en el que se veri-ficará (hacer la verdad) nuestra vida: el momento de la muerte. Entonces, desnudos de poses y de intereses creados, podremos veri-ficar aquello que decía san Francisco: “somos lo que somos ante Dios, y nada más” (Admonición 19).
     La eternidad ya ha comenzado para nosotros con la vida. Somos inmortales. Vivir teniendo presente este momento significa vivir con la voluntad de no querer improvisarlo como quien se resiste ante un encuentro indeseado pero inevitable. Más bien es vivir en lo cotidiano siendo lo que somos en la mente y en el corazón de Dios, es decir, realizando su diseño, su designio sobre nosotros, su proyecto sobre todos y cada uno. Nuestro corazón nos reclama que las cosas más bellas, las más amadas, empezando por la misma vida y el mismo amor, no tengan ocaso. Este es nuestro destino feliz, bienaventurado y dichoso, que ha comenzado ya aunque todavía no haya llegado a su plena manifestación.
+ Jesús Sanz Montes, ofm-Arzobispo de Oviedo