TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

jueves, 4 de agosto de 2016

DOMINGO 7 DE AGOSTO, 19º DEL TIEMPO ORDINARIO



DICHOSOS A LOS QUE EL SEÑOR ENCUENTRE EN VELA…


     La liturgia de este XIX domingo del tiempo ordinario nos prepara, de algún modo, a la solemnidad de la Asunción de María al cielo, que celebraremos el próximo 15 de agosto. En efecto, está totalmente orientada al futuro, al cielo, donde la Virgen santísima nos ha precedido en la alegría del paraíso. En particular, la página evangélica, prosiguiendo el mensaje del domingo pasado, invita a los cristianos a desapegarse de los bienes materiales, en gran parte ilusorios, y a cumplir fielmente su deber tendiendo siempre hacia lo alto. El creyente permanece despierto y vigilante a fin de estar preparado para acoger a Jesús cuando venga en su gloria. Con ejemplos tomados de la vida diaria, el Señor exhorta a sus discípulos, es decir, a nosotros, a vivir con esta disposición interior, como los criados de la parábola, que esperan la vuelta de su señor. "Dichosos los criados —dice— a quienes el Señor, al llegar, encuentre en vela" (Lc 12, 37). Por tanto, debemos velar, orando y haciendo el bien.
     Es verdad, en la tierra todos estamos de paso, como oportunamente nos lo recuerda la segunda lectura de la liturgia de hoy, tomada de la carta a los Hebreos. Nos presenta a Abraham, vestido de peregrino, como un nómada que vive en una tienda y habita en una región extranjera. Lo guía la fe. "Por fe —escribe el autor sagrado— obedeció Abraham a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber a dónde iba" (Hb 11, 8). En efecto, su verdadera meta era "la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor es Dios" (Hb 11, 10). La ciudad a la que se alude no está en este mundo, sino que es la Jerusalén celestial, el paraíso. Era muy consciente de ello la comunidad cristiana primitiva, que se consideraba "forastera" en la tierra y llamaba a sus núcleos residentes en las ciudades "parroquias", que significa precisamente colonias de extranjeros (en griego, pàroikoi) (cf. 1 P 2, 11). De este modo, los primeros cristianos expresaban la característica más importante de la Iglesia, que es precisamente la tensión hacia el cielo.
     Por tanto, la liturgia de la Palabra de hoy quiere invitarnos a pensar "en la vida del mundo futuro", como repetimos cada vez que con el Credo hacemos nuestra profesión de fe. Una invitación a gastar nuestra existencia de modo sabio y previdente, a considerar atentamente nuestro destino, es decir, las realidades que llamamos últimas: la muerte, el juicio final, la eternidad, el infierno y el paraíso. Precisamente así asumimos nuestra responsabilidad ante el mundo y construimos un mundo mejor.
     La Virgen María, que desde el cielo vela sobre nosotros, nos ayude a no olvidar que aquí, en la tierra, estamos sólo de paso, y nos enseñe a prepararnos para encontrar a Jesús, que "está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso y desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos".
Benedicto XVI, pp emérito.


ORAR SIEMPRE, SIN DESANIMARSE




     Si deseáis encontraros con Dios y no sabéis cómo, aprended a orar, esforzaos simplemente en orar cada día. Podéis orar donde sea, en el momento que sea. En absoluto es necesario estar dentro de una capilla o en alguna iglesia. Podéis orar mientras trabajáis: el trabajo no impide la oración, ni la oración el trabajo. Si sentís la necesidad de una ayuda, podéis pedir consejo a un sacerdote o a un pastor de almas.
     Intentad dirigiros directamente a Dios. Hablad con Él, decídselo todo, espontáneamente, directamente, tal como viene. Él es nuestro Padre, el Padre de todos. Cualquiera que sea nuestra religión, todos hemos sido creados por él y somos sus hijos. Podemos, pues, tener confianza en Él, amarle, creer en ÉL, trabajar por ÉL. Cuando oramos, nuestros problemas se resuelven en la medida que es bueno para nosotros. Sin la oración, yo no podría llevar a cabo mi trabajo, aunque fuera tan sólo media hora. Yo saco mi fuerza de Dios por medio de la oración. 



LEER PARA LA COMUNIDAD



CADA LECTURA TIENE UN TONO DIFERENTE

     Busquemos por ejemplo, en nuestro Misal, el primer domingo de Adviento del ciclo B, y fijémonos en las tres lecturas.
* La primera lectura, del capítulo 63 de Isaías ("!Ojalá rasgases el cielo y bajases!"), es una oración llena de angustia y anhelo ante Dios. Una oración en situación de desconcierto, que pide con confiadamente que Dios actúe.
* El salmo 79 ("Pastor de Israel, escuchas") es, como la mayoría de los salmos, una oración en forma de poema.
* La segunda lectura, del comienzo de la carta a los Corintios ("Aguardáis la manifestación de Jesucristo"), tiene un tono de conversación escrita, con palabras de satisfacción y de estímulo.
* El evangelio, del capítulo 13 de Marcos (Velad"), es una exhortación vehemente, una llamada de Jesús a sus discípulos que pide una respuesta decidida.
     Ya se ve que la manera como se tiene que leer cada una de estas lecturas será diferente. Es cierto que cada uno de nosotros tiene su propio tono y si queremos cambiarlo se notará que estarnos haciendo comedia. Pero, dentro de nuestro estilo, sí que, si hemos entendido bien lo que leemos, se notará la diferencia en la manera de comunicar cada lectura: la primera lectura y el salmo los leeremos de forma más pausada y sentida, la segunda lectura de manera más sencilla y directa, el evangelio de forma más fuerte y vehemente. Aunque, como hemos dicho anteriormente, siempre sin hacer comedia. 

UN MISAL Y UNA BIBLIA

    Cualquier cristiano tendría que tener estos dos libros en casa, y un lector más aún.
     El primer lugar, el Misal manual, donde se encuentran las lecturas de los domingos y fiestas. Para poderse preparar lo que tiene que leer, e irse empapando también de la Palabra de Dios que leemos cada domingo. Aunque aquel domingo no le toque leer, hará bien si lee en casa las tres lecturas, para ir adentrándose cada vez más en el mensaje de la palabra de Dios.
     En segundo lugar, la Biblia. Porque es un punto de referencia fundamental de la vida cristiana y nos puede ayudar a conocer mejor lo que leernos. Por ejemplo, a veces nos irá bien leer las introducciones que hay en cada libro, o las notas a pie de página_