TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

viernes, 19 de febrero de 2016



FEBRERO 2016
 
«Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo» (Is 66, 13).

     ¿Quién no ha visto llorar a un niño y echarse en los brazos de su madre? Suceda lo que suceda, sea cosa pequeña o grande, la madre le seca las lágrimas, lo cubre de cariño y al poco rato el niño vuelve a sonreír. A él le basta con sentir su presencia y su afecto. Así hace Dios con nosotros, comparándose con una madre.
     Con estas palabras Dios se dirige a su pueblo que ha vuelto del exilio en Babilonia. Después de haber visto demoler sus casas y el Templo, después de haber sido deportado a tierra extranjera, donde ha experimentado decepción y desánimo, el pueblo vuelve a su patria y debe volver a empezar a partir de las ruinas que ha dejado la destrucción sufrida.
     La tragedia vivida por Israel es la misma que se repite para tantos pueblos en guerra, víctimas de actos terroristas o de explotación inhumana. Casas y calles en ruinas, lugares símbolo de su identidad arrasada, saqueo de bienes, lugares de culto destruidos. Cuántas personas secuestradas, millones se ven obligadas a huir, miles encuentran la muerte en el desierto o en el mar. Parece un apocalipsis.

«Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo»

     Esta Palabra de vida es una invitación a creer en la acción amorosa de Dios incluso donde no se percibe su presencia. Es un anuncio de esperanza. El está al lado de quienes sufren persecución, injusticias y exilio. Está con nosotros, con nuestra familia, con nuestro pueblo. Conoce nuestro dolor personal y el de la humanidad entera. Se ha hecho uno de nosotros hasta morir en la cruz. Por eso sabe comprendemos y consolamos. Precisamente como una madre, que sienta al niño en sus rodillas y lo consuela.
     Hace falta abrir los ojos y el corazón para «verlo». En la medida en que experimentemos la ternura de su amor, conseguiremos transmitirla a todos los que viven inmersos en el dolor y en la prueba; seremos instrumentos de consuelo. Así lo sugiere el apóstol Pablo a los corintios: «consolar nosotros a los demás en cualquier lucha mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios» (2 Co 1, 4).
     Es también la experiencia íntima y concreta de Chiara Lubich: «Señor, dame a todos los que están solos... He sentido en mi corazón la pasión que invade al tuyo por todo el abandono en que está sumido el mundo entero. Amo a todo ser enfermo y solo. ¿Quién consuela su llanto? ¿Quién llora con él su muerte lenta? Y ¿quién estrecha contra su pecho el corazón desesperado? Haz, Dios mío, que sea en el mundo el sacramento tangible de tu amor: que sea tus brazos, que abrazan y transforman en amor toda la soledad del mundo»[1].

Fabio Ciardi


[1] C. Lubich, Meditaciones, Ciudad Nueva, Madrid 1964,200710, p. 22. Ed. en catalán en Escrits espirituals/l, Ciutat Nova / Publicacions de l' Abadia de Montserrat 1982, p. 33.






jueves, 11 de febrero de 2016


… es un tiempo propicio para aprender a permanecer con María y Juan, el discípulo predilecto, junto a Aquel que en la cruz consuma el sacrificio de su vida por toda la humanidad (cf. Jn 19, 25). Por tanto, con una atención más viva, dirijamos nuestra mirada, en este tiempo de penitencia y de oración, a Cristo crucificado que, muriendo en el Calvario, nos reveló plenamente el amor de Dios…
     Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor la oración, el ayuno y la limosna para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual)…
     El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo…
     Mediante el encuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la Gracia que Dios nos dio en ese momento, para que ilumine y guíe todas nuestras acciones. Lo que el Sacramento significa y realiza estamos llamados a vivirlo cada día siguiendo a Cristo de modo cada vez más generoso y auténtico…
     La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual…
     Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma culmina en el Triduo Pascual, en el que este año volveremos a celebrar la justicia divina, que es plenitud de caridad, de don y de salvación. Que este tiempo penitencial sea para todos los cristianos un tiempo de auténtica conversión y de intenso conocimiento del misterio de Cristo, que vino para cumplir toda justicia…
     Encomendamos nuestro itinerario a la Virgen María, que engendró al Verbo de Dios en la fe y en la carne, para sumergirnos como ella en la muerte y resurrección de su Hijo Jesús y obtener la vida eterna… Que María, Madre y Esclava fiel del Señor, ayude a los creyentes a proseguir la “batalla espiritual” de la Cuaresma armados con la oración, el ayuno y la práctica de la limosna, para llegar a las celebraciones de las fiestas de Pascua renovados en el espíritu. Con este deseo, os imparto a todos una especial bendición apostólica.
De los escritos de Benedicto XVI, pp emérito.

sábado, 6 de febrero de 2016

DOMINGO 7 DE FEBRERO, 5º DEL TIEMPO ORDINARIO



LA PESCA MILAGROSA

     La Palabra de Dios es siempre viva, con respuestas para todas las situaciones que le afectan al hombre. Durante estos domingos seguimos viendo a Jesús cerca de la gente, aprovecha todas las circunstancias para predicar y muchos le seguían para escuchar su palabra. Él es el que lleva la iniciativa, se acerca a unos pescadores cansados y derrotados, se monta en una de las barcas y les pide que le retiren un poco de tierra para poder hablar a la gente... ¡Ellos obedecen! Luego les manda que remen mar adentro y echen las redes... Y le obedecen. Estos cansados pescadores tenían razones para desoír a Jesús, pero le obedecen. Nos preguntamos acerca de qué fuerza vieron ellos en la persona de Jesús, que no tardaron en responder, no se resistieron. El evangelista se encarga de resaltar el resultado de haberse fiado, con una pesca abundante y que no había hombres suficientes en la barca para sacar tan gran número de peces, que tuvieron que llamar a otros. ¿No podríamos pensar que Jesús llevaba una clara intención, cuando les quiso hacer ver a estos hombres, que más tarde les pedirá ser pescadores de hombres, lo que les repitió en otro momento, en aquello de que la mies es mucha y los obreros pocos?
     El ejemplo práctico se concreta en la figura de Pedro, el rudo patrón del mar de Galilea, el cual ante la cercanía y la grandeza de Dios se siente asombrado y reconoce de inmediato su propia insuficiencia hasta postrarse ante Él. No se atreve ni a mirarle a la cara, pero la lección viene de parte de Jesús: "No temas, desde ahora serás pescador de hombres...". Jesucristo le ha hablado personalmente a él, conoce las intenciones de su corazón, entra hasta lo más hondo de su ser iluminándolo todo, desde sus formas de vivir, sus miedos y preocupaciones, hasta sus posibilidades y valores y luego, le dice, no temas, confío en ti, te necesito... ¿Quién se resiste ante esta invitación determinante?
     Estas lecturas nos plantean dos temas de actualidad. Uno, la reiterada llamada a la nueva evangelización que nos han pedido, tanto los papas anteriores, como el mismo Papa Francisco con carácter de urgencia, no tanto porque se pueda pensar que le vamos a hacer un favor a Dios, sino por nosotros mismos, que somos los que nos beneficiamos de nuestro encuentro con Jesús, que nos ha llenado del todo, nos conoce más que nosotros mismos, nos ha sacado de la oscuridad de nuestros ojos con la luz de su presencia y le hemos respondido con un seguimiento incondicional, humilde, obediente y movidos por la fe en Él. El segundo tema es que Jesús sigue saliendo a los cruces de todos los caminos y a los puertos de todos los mares para decirnos: Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres. Este es el fruto principal de la pesca milagrosa, la conquista de los futuros apóstoles, convocando a la misión de trabajar por el Reino de Dios.  Esperamos que la respuesta sea generosa en tantos jóvenes que están dando vueltas en torno a Nuestro Señor. Para ellos, con el deseo de que le presten la atención necesaria, bastaría con recordar las palabras de Jesús a San Pablo: "Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad" (2Co 12,9).
+ José Manuel Lorca Planes-Obispo de Cartagena