TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

viernes, 7 de marzo de 2025

PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN

MARZO : ADORAR Y ALABAR

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

 LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS

LAUS DEO…

   Entre los distintos modos de orar, la adoración y la alabanza están íntimamente unidos. Uno es fundamento, el otro es culmen. Nuestras Vigilias de Adoración Nocturna tienen por esto que llevarnos también a una verdadera alabanza divina. Nos unimos al culto de la Iglesia celeste, purgante y terrena que sin cesar alaba a su Dios. Precisamente para que no cese esta alabanza ni siquiera por las noches se levantaban los monjes en sus oraciones nocturnas. Algo parecido es lo que hacemos desde la Adoración Nocturna Española, participando también nosotros de este privilegio de poder velar junto al Señor para alabar su Santo Nombre. Con qué belleza lo expresa nuestro fundador Trelles: «Haremos resonar acentos de alabanza y bendición. Unas veces uniremos nuestras voces a las de los Serafines que cantan el eterno cántico de gloria a la adorable Trinidad, repitiendo sin cesar: «Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios de los Ejércitos», glorificando también así a esa Trinidad augusta de las divinas personas que acaban de hacer su morada en nosotros. (S. Juan, XIV.) Otras veces diremos como los hijos de los hebreos, que aclamaron a Jesús el día de su entrada triunfal en Jerusalén: «¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor! iHosanna en lo alto de los cielos!» (S. Mateo, XXI.) Podremos también, como David, excitar a todas las potencias de nuestra alma a glorificar a nuestro Salvador, exclamando con él: «iOh alma mía, bendice al Señor; que todo lo que está en mí exalte su santo nombre! Oh alma mía, bendice al Señor y nunca olvides sus beneficios. Mi corazón saltará de alegría en el Señor y se regocijará en su Salvador. Todo mi ser exclama: Señor ¿quién es semejante a vos?»  (LS, T.I, p.204)

   Según el Catecismo [2639]  “la alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios”. Porque su motivación no es otra que su grandeza, su Ser. Por ser vos quien sois Bondad Infinita. No hace falta más motivo. Al adorar y alabar a Dios no miramos beneficios legítimos, sino que nos centramos en el que nos llena de sus gracias. En la alabanza se unen la adoración, la petición, la acción de gracias y se llevan a su raíz más profunda: la bondad, la grandeza de Dios:  “La alabanza integra las otras formas de oración y las lleva hacia Aquel que es su fuente y su término”.

   Quien aprende a alabar “Participa en la bienaventuranza de los corazones puros que le aman en la fe antes de verle en la gloria”. Todos hemos experimentado cómo después de una noche de adoración y alabanza al Señor estamos, de alguna manera, más cerca del cielo. Además, el hecho de mirarle a Él, de fijarnos en su humildad, en su bondad, en su sencillez, en su grandeza, en su poder etc… nos purifican a nosotros mismos descentrándonos de nuestro ego y nuestras pequeñeces. La mejor escuela de alabanza se encuentra en la Eucaristía. No por casualidad se le llama a la santa Misa “sacrificio de alabanza”. La Misa contiene y expresa todas las formas de oración.

   La Escritura está llena de cánticos de alabanza, ante los milagros del Señor, en las cartas inspiradas, en los Hechos de los Apóstoles. Son como ecos de la melodía eterna que se canta en el Cielo alabando al que está sentado en el Trono y al Cordero. El apocalipsis nos enseña a entonar este cántico nuevo. Para san Juan, la alabanza lleva a la adoración y viceversa: (Apoc 19, 1-10) Después oí en el cielo como un gran ruido de muchedumbre inmensa que decía: «¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos; porque ha juzgado a la Gran Ramera que corrompía la tierra con su prostitución, y ha vengado en ella la sangre de sus siervos.» Y por segunda vez dijeron: «¡Aleluya! La humareda de la Ramera se eleva por los siglos de los siglos.» Entonces los veinticuatro Ancianos y los cuatro Vivientes se postraron y adoraron a Dios, que está sentado en el trono, diciendo: «¡Amén! ¡Aleluya!» Y salió una voz del trono, que decía: «Alabad a nuestro Dios, todos sus siervos y los que le teméis, pequeños y grandes.» Y oí el ruido de muchedumbre inmensa y como el ruido de grandes aguas y como el fragor de fuertes truenos. Y decían: «¡Aleluya! Porque ha establecido su reinado el Señor, nuestro Dios Todopoderoso. Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha engalanado y se le ha concedido vestirse de lino deslumbrante de blancura - el lino son las buenas acciones de los santos». -Luego me dice: «Escribe: Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero.» Me dijo además: «Éstas son palabras verdaderas de Dios.». Entonces me postré a sus pies para adorarle, pero él me dice: «No, cuidado; yo soy un siervo como tú y como tus hermanos que mantienen el testimonio de Jesús. A Dios tienes que adorar.»

   Cuando cantamos en la noche al Santísimo debemos sentirnos parte de esta nube de testigos, de esta muchedumbre que se postra ante el trono y que reconoce en el Cordero, a Aquel que puede quitar el pecado del mundo. En el Cielo lo hacen en la Gloria, nosotros lo hacemos por la fe, ellos contemplan ya el rostro del Padre, nosotros lo advertimos velado por las especies del pan. Pero en realidad estamos haciendo lo mismo. Pidamos a la corte de los santos que nos enseñen a perseverar y a hacerlo cada vez mejor. Con un corazón más puro y reverente, más amante y devoto.

   Para ayudarnos a alabar tienen su importancia los cantos que hacemos durante la Vigilia. Saberse bien las letras, cantar lo mejor posible, nos ayuda a poner todo el corazón, la voz y la mente en Dios. Ya nos dice san Agustín: Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles. Se nos exhorta a cantar al Señor un cántico nuevo. El hombre nuevo sabe lo que significa este cántico nuevo. Un cántico es expresión de alegría y, considerándolo con más atención, es una expresión de amor. (…) ¡Oh, hermanos! ¡Oh, hijos de Dios! Germen de universalidad, semilla celestial y sagrada, que habéis nacido en Cristo a una vida nueva, a una vida que viene de lo alto, escuchadme, mejor aún, cantad al Señor, junto conmigo, un cántico nuevo. «Ya lo canto», me respondes. Sí, lo cantas, es verdad, ya lo oigo. Pero, que tu vida no dé un testimonio contrario al que proclama tu voz. (…) Cantad con la voz y con el corazón, con la boca y con vuestra conducta: Cantad al Señor un cántico nuevo. ¿Os preguntáis qué alabanzas hay que cantar de aquel a quien amáis? Porque, sin duda, queréis que vuestro canto tenga por tema a aquel a quien amáis. ¿Os preguntáis cuáles son las alabanzas que hay que cantar? Habéis oído: Cantad al Señor un cántico nuevo. ¿Os preguntáis qué alabanzas? Resuene su alabanza en la asamblea de los fíeles. Su alabanza son los mismos que cantan. ¿Queréis alabar a Dios? Vivid de acuerdo con lo que pronuncian vuestros labios. Vosotros mismos seréis la mejor alabanza que podáis tributarle, si es buena vuestra conducta”

Preguntas para el diálogo y la meditación.

¿Qué atributos de Dios te mueven más a la alabanza?

¿Cómo está presente esta dimensión de la oración en nuestras vigilias?

¿Qué cantos te ayudan más a unirte a Dios?

QUÉ SIGNIFICA

«ENTRAR EN LA CUARESMA»

Queridos hermanos y hermanas:

   Con el ayuno y el rito de imposición de la ceniza, hemos entrado en la Cuaresma. Pero, ¿qué significa "entrar en la Cuaresma"? Significa iniciar un tiempo de particular empeño en el combate espiritual que nos opone al mal presente en el mundo, en cada uno de nosotros y en torno a nosotros. Quiere decir mirar el mal cara a cara y disponerse a luchar contra sus efectos, sobre todo contra sus causas, hasta la causa última, que es Satanás. Significa no descargar el problema del mal en los demás, en la sociedad o en Dios, sino reconocer las propias responsabilidades y afrontarlo conscientemente.

   A este propósito, resuena con mucha urgencia, para nosotros cristianos, la invitación de Jesús a que cada uno tome su "cruz" y lo siga con humildad y confianza (cf. Mt 16,24). La "cruz", por pesada que sea, no es sinónimo de desventura, de desgracia que hay que evitar lo más posible, sino de oportunidad para seguir a Jesús y así adquirir fuerza en la lucha contra el pecado y el mal. Por tanto, entrar en la Cuaresma significa renovar la decisión personal y comunitaria de afrontar el mal junto con Cristo. En efecto, el camino de la cruz es el único que conduce a la victoria del amor sobre el odio, del compartir con los demás sobre el egoísmo, de la paz sobre la violencia. Vista así, la Cuaresma es en verdad una ocasión de fuerte empeño ascético y espiritual, fundado en la gracia de Cristo.

De una carta Pastoral de Benedicto pp. XVI 

martes, 4 de marzo de 2025

LA MÍSTICA DEL MIÉRCOLES DE CENIZA


      Ni la ceniza ni la Cuaresma son un fin en sí mismos, sino un medio que quiere ayudar a llegar renovados a la celebración de la Pascua.

    El Miércoles de Ceniza, fecha litúrgica que marca el comienzo de la escalada cuaresmal. Desde este día hasta antes del Triduo Pascual son los cuarenta días simbólicos que recuerdan el tiempo que Jesús estuvo en el Desierto venciendo las tentaciones que le ofreció Satanás. Esta cifra que recordamos por la estancia de Jesús en el desierto, hace un guiño a gran cantidad de acontecimientos del Antiguo Testamento efectuados en 40 días o 40 años.

     El Miércoles de Ceniza envuelve una mística especialísima que marca la pauta de lo que será toda la Cuaresma. Se abre paso poniendo la mirada en el otro, en los demás, especialmente en los más necesitados. Insiste en la caridad sobria, sin anunciarlo con trompetas como lo hacen los hipócritas gritándolo por las calles. Jesús insiste que, al hacer la caridad se haga con extremo cuidado, sin que la mano izquierda sepa lo que hace la derecha. Es muy claro al señalar que es vital que la caridad quede en secreto.

   Más adelante insiste en la oración en secreto, ante el Padre Celestial que ve lo secreto; sin poses ni actuaciones farisaicas que se satisfacen con la mirada de los demás. Llama a una oración íntima y en intimidad. Así como es Jesús al hablar, con una progresividad pedagógica, luego de insistir en la mirada a los otros por medio de la caridad. Insiste en mirar a Dios por medio de la oración. La última mirada es a uno mismo por medio del ayuno, este es un llamado a la sobriedad y a la solidaridad, al recato en lo que justamente se le ofrece al cuerpo para su alimentación y nutrición.

     La caridad, la oración y el ayuno es la insistencia del Día de la Ceniza, y es la ruta con la que se ha de seguir cada uno de los días de la Cuaresma. Ni la ceniza ni la Cuaresma son un fin en sí mismos, sino un medio que quiere ayudar a llegar renovados a la celebración de la Pascua. Hacia allá apunta todo.

Del Semanario Alégrate

sábado, 15 de febrero de 2025

 ARRODILLARSE, UN GESTO NECESARIO

                            "Nadie coma esta carne sin antes adorarla"          (San Agustín)

 

  Disminuye paulatinamente el número de fieles que se arrodillan en las iglesias, sea ante la Sagrada Forma expuesta en la custodia o durante el canon de la misa.

  Algunos perciben el estar de rodillas como una costumbre algo humillante, que coarta su libertad. Otros quizás opinan que es un gesto innecesario, que nada añade a la devoción interna. También se invocan las primeras comunidades cristianas, donde arrodillarse no se practicaría, a la vista de algunas representaciones orantes –de pie y con las manos extendidas– que figuran en las catacumbas.   Determinados movimientos eclesiales nuevos parecen empeñados en erradicar la postración, el arrodillamiento y la genuflexión en la liturgia, pese a lo contenido en el misal.

  Por último, dado el rechazo generalizado por sus raíces que siente la sociedad occidental, somos capaces de ver espiritualidad en las posturas del yoga y no en las del rito católico; sin duda el clima de cristofobia que padece nuestra Europa occidental llega incluso a “seducir” a los creyentes y a provocarnos una especie de complacencia en negar los usos litúrgicos, o mantener frente a ellos una actitud de superior condescendencia.

  La Ordenación General del Misal Romano (2002) establece que los fieles durante la consagración deben estar de rodillas, salvo que no puedan por razón de enfermedad, estrechez del lugar u otra causa razonable que lo impida. Por otra parte, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en una instrucción del año 2002 (1322/02/L) reconoce el derecho a comulgar de rodillas a los fieles que lo deseen.

  Por otra parte es falso que la postración sea un gesto poco evangélico y ajeno a las primeras comunidades cristianas. No hay más que leer las Sagradas Escrituras:

“Josué rasgó sus vestiduras y se postró rostro en tierra ante el arca de Yavé” (Jos, 7, 6). “Ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua jurará” (Is, 45, 23).“Los que estaban (en la barca) se postraron ante El” (Mt, 14, 33). “Dijo (el ciego): creo Señor, y se postró ante Él” (Jn, 9, 38). “toda rodilla se doblará ante mí, y toda lengua rendirá homenaje a Dios” (Rm, 14, 11). “al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos” (Flp, 2, 10). “Puesto de rodillas (Esteban mártir, al ser lapidado), gritó con fuerte voz: Señor, no les imputes este pecado” (Hc, 7, 60). “Pedro los hizo salir fuera a todos, y puesto de rodillas oró” (Hc, 9, 40). “Diciendo esto (San Pablo) se puso de rodillas con los otros y oró” (Hc, 20, 36). “Allí, puestos de rodillas en la playa, oramos” (Hc, 21, 5)

  La postración aparece en el Nuevo Testamento cincuenta y nueve veces. En ocasiones aparece en narraciones de acontecimientos que ocurrieron; en otras, como en el Apocalipsis, son figuras metafóricas de adoración, pero no por ello menos apreciables. De todas ellas, la más impresionante es la oración del propio Jesús a Dios Padre en el Huerto de los Olivos: tres evangelistas -San Mateo, San Marcos y San Lucas- coinciden en afirmar que rezó postrado.

  Al ponernos de hinojos, el gesto corporal y el significado espiritual forman una unidad que, como bien señala el Papa Benedicto XVI, es del todo inseparable debido a la unidad físico-espiritual del ser humano. En su obra “El espíritu de la Liturgia”, publicada como Cardenal Ratzinger, estudia la cuestión con un párrafo muy acertado: “La expresión con la que Lucas describe el acto de arrodillarse de los cristianos (theis ta gonata) es desconocida en el griego clásico. Se trata de una palabra específicamente cristiana”… Puede ser que la cultura moderna no comprenda el gesto de arrodillarse, en la medida en que es una cultura que se ha alejado de la fe, y no conoce ya a aquél ante el que arrodillarse es el gesto adecuado, es más, interiormente necesario. Quien aprende a creer, aprende también a arrodillarse. Una fe o una liturgia que no conociese el acto de arrodillarse estarían enfermas en un punto central. Allí donde este gesto se haya perdido, hay que volver a aprenderlo, para permanecer con nuestra oración en comunión con los apóstoles y mártires, en comunión con todo el cosmos y en unidad con Jesucristo mismo”.

 En su primera Exhortación Apostólica, Sacramentum Caritatis (2007), el Santo Padre reafirma esta opinión: “Un signo convincente de la eficacia que la catequesis eucarística tiene en los fieles es sin duda el crecimiento en ellos del sentido del misterio de Dios presente entre nosotros. Eso se puede comprobar a través de manifestaciones específicas de veneración de la Eucaristía, hacia la cual el itinerario mistagógico debe introducir a los fieles. Pienso, en general, en la importancia de los gestos y de la postura, como arrodillarse durante los momentos principales de la plegaria eucarística”.

  De la misma opinión, el (entonces) Secretario para la Congregación para el Culto Divino, Monseñor Albert Ranjith, recuerda como en el postconcilio se introdujeron cambios de manera abusiva, que aún se mantienen a pesar de los efectos nocivos sobre la fe y la vida litúrgica de la Iglesia como la comunión recibida en la mano, la abolición de la barandilla en el presbiterio, de los reclinatorios en las iglesias y la introducción de prácticas que obligan a estar sentados o de pie durante la elevación del Santísimo Sacramento.

  Los usos tradicionales de la liturgia católica están respaldados teológicamente y no son meras reliquias. Por eso el conocimiento de estos usos y su motivación es interesante para todos

ACCIÓN LITÚRGICA.

viernes, 24 de enero de 2025

PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN

 

ENERO :  ADORACIÓN Y SALMOS

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

 LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS


     Una parte esencial de nuestras vigilias de Adoración es orar con los Salmos. Trelles fue pionero a la hora de hacer partícipes a los laicos del tesoro del Oficio Divino. En las vigilias de Adoración es frecuente que se recen las Vísperas, así como el Oficio de Lectura, y en ocasiones las Completas o los Laudes para finalizar. Esto no es porque sí. La Iglesia aprecia la oración de los Salmos porque con ellos su utilizan las mismas palabras que Dios inspiró para darle gloria y alabanza. También Trelles apreciaba el gran rico tesoro espiritual que contenía el orar con los salmos delante del Soberano Señor Sacramentado: «Al Rey de estos imperios, al Monarca de estas regiones deliciosas en que el Señor mora y permanece por su gracia, y. en que hace morada : al gran Emperador de todos estos reinos en que es regla el orden más perfecto de los hijos de Dios, invocamos y pagamos pleito-homenaje los cristianos en el Invitatorio, descubriéndole con la mirada de la Fe, bajo el solio de las especies, en el Santísimo Sacramento del altar, y cantando sus alabanzas después de la recitación del Oficio divino que se inaugura con esta triunfal invocación, que forma la delicia de los que saborean y gustan con espiritual contentamiento el tesoro que encierran los bellísimos salmos de David contenidos en el Oficio divino del Sacramento augusto. Disponerse así por este canto, que es como la divisa del adorador nocturno, su entendimiento para penetrar los arcanos de la salmodia eucarística, y el corazón para desarrollar el amor de Dios en el santo ejercicio y disponerse a comulgar en la aurora que sigue». (LS T. X, p.418)

  Al usar las bellas composiciones del inspirado Rey David, vamos configurando nuestro corazón "según el corazón de Dios". Igual que el Rey, nosotros, pueblo de reyes y asamblea santa, intercedemos por toda la humanidad a la vez que nos unimos en confianza cordial y gozosa en el único Rey y Señor. Pedimos por todo el pueblo, por las generaciones futuras, por el perdón de sus pecados y sus necesidades diarias, para que todas las naciones sepan que Dios es el único Dios y que el corazón del pueblo le pertenece por entero a Él. Los salmos contienen expresiones de súplica, de desaliento en la dificultad, de gozo en la alegría, de temor ante las adversidades, de esperanza en la ayuda del Cielo. Toda nuestra vida espiritual está ahí reflejada. Y aún más, está profetizada y como "prefigurada" la misma oración de Jesús. No hemos de olvidar que Jesús como buen judío también oraba con los Salmos. Usamos las mismas palabras que nuestro Salvador, pero además las entendemos en plenitud, porque Jesús cumple lo anunciado en los Salmos. Trelles gustaba en especial de los salmos que él llamaba "eucarísticos", donde veía anunciado el gran regalo de la Eucaristía o donde se enseña cómo recibir y sacar fruto de esta presencia misteriosa de Dios en medio de su pueblo.

   Así dice el Catecismo: Los Salmos alimentan y expresan la oración del pueblo de Dios como asamblea, con ocasión de las grandes fiestas en Jerusalén y los sábados en las sinagogas. Esta oración es indisociablemente individual y comunitaria; concierne a los que oran y a todos los hombres; brota de la Tierra santa y de las comunidades de la Diáspora, pero abarca a toda la creación; recuerda los acontecimientos salvadores del pasado y se extiende hasta la consumación de la historia; hace memoria de las promesas de Dios ya realizadas y espera al Mesías que les dará cumplimiento definitivo. Los Salmos, recitados por Cristo en su oración y que en Él encuentran su cumplimiento, continúan siendo esenciales en la oración de su Iglesia (CEC 2586)

  Con este espíritu hemos de rezar la salmodia en nuestras vigilias. De manera pausada y digna, con devoción personal y con fervor por la comunidad. A través de la oración de los salmos acudimos al pasado para traer al corazón las grandes gestas de la historia de la salvación de Dios y también hacemos acto de esperanza en el futuro, cuando todos los bienes prometidos puedan llegar a cumplirse. El hecho de que podamos rezar los salmos como parte del Cuerpo místico de Cristo nos asegura que nuestra oración es verdaderamente eficaz, no sólo un simple recuerdo o un deseo vano, sino una memoria transformadora y una promesa que se ha de cumplir. Nuestra oración en la noche a través de los salmos llega a toda la Iglesia y a toda la Humanidad. La misma Escritura nos anima en incontables ocasiones a que realicemos este tipo de oración vocal:-"Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor, dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo."- (Ef 5,19-20)

  No es otra nuestra tarea en el tiempo en la noche de la Adoración. Cuando oramos conjuntamente tomamos los salmos de la Escritura, los himnos de la Tradición y otros cánticos inspirados de los Profetas para dar gracias al Padre a través de Cristo presente ante nosotros. De alguna manera, no hacemos sino acompañar a Jesús en la Eucaristía que está orando continuamente por nosotros, nos unimos a su oración y nos dejamos enseñar por Él. La Escritura nos enseña cómo el misterio de la Eucaristía está íntimamente ligado a este tipo de oración. Cuando tras la Misa rezamos el Oficio, imitamos a Jesús en la Última Cena: -“Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo.» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre.» Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos”- (Mt 26, 26-30). De hecho, en el mismo momento de la Cruz, cuando Cristo ofrece el Sacrificio supremo al Padre, cita y reza el Salmo 22 Dios mío, Dios mío… que es verdaderamente profético y se va a cumplir más allá de lo humanamente esperable.

   Todos los santos han tenido este aprecio a la oración de los salmos. Algunos de ellos han compuesto bellos comentarios y meditaciones. Quizá San Ambrosio brilla entre todos: «¿Qué cosa hay más agradable que un Salmo? Como dice bellamente el mismo David: “Alabad al Señor, que los salmos son buenos; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa”. Y con razón: los salmos, en efecto, son la bendición del pueblo, la alabanza de Dios, el elogio de los fieles, el aplauso de todos, el lenguaje universal, la voz de la Iglesia, la profesión armoniosa de nuestra fe.» (San Ambrosio, Enarrationes in Psalmos, 1, 9).

Preguntas para el diálogo y la meditación.

¿Rezas con los salmos con frecuencia? ¿Cuál es tu favorito?

¿Conoces el salmo 22? ¿por qué es tan apropiado para el momento del sacrificio de la Cruz?

¿Sueles releer los salmos meditándolos para sacarles todo el jugo?

¿Puedes compartir alguna idea al respecto?


jueves, 9 de enero de 2025