TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

sábado, 15 de febrero de 2025

 ARRODILLARSE, UN GESTO NECESARIO

                            "Nadie coma esta carne sin antes adorarla"          (San Agustín)

 

  Disminuye paulatinamente el número de fieles que se arrodillan en las iglesias, sea ante la Sagrada Forma expuesta en la custodia o durante el canon de la misa.

  Algunos perciben el estar de rodillas como una costumbre algo humillante, que coarta su libertad. Otros quizás opinan que es un gesto innecesario, que nada añade a la devoción interna. También se invocan las primeras comunidades cristianas, donde arrodillarse no se practicaría, a la vista de algunas representaciones orantes –de pie y con las manos extendidas– que figuran en las catacumbas.   Determinados movimientos eclesiales nuevos parecen empeñados en erradicar la postración, el arrodillamiento y la genuflexión en la liturgia, pese a lo contenido en el misal.

  Por último, dado el rechazo generalizado por sus raíces que siente la sociedad occidental, somos capaces de ver espiritualidad en las posturas del yoga y no en las del rito católico; sin duda el clima de cristofobia que padece nuestra Europa occidental llega incluso a “seducir” a los creyentes y a provocarnos una especie de complacencia en negar los usos litúrgicos, o mantener frente a ellos una actitud de superior condescendencia.

  La Ordenación General del Misal Romano (2002) establece que los fieles durante la consagración deben estar de rodillas, salvo que no puedan por razón de enfermedad, estrechez del lugar u otra causa razonable que lo impida. Por otra parte, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en una instrucción del año 2002 (1322/02/L) reconoce el derecho a comulgar de rodillas a los fieles que lo deseen.

  Por otra parte es falso que la postración sea un gesto poco evangélico y ajeno a las primeras comunidades cristianas. No hay más que leer las Sagradas Escrituras:

“Josué rasgó sus vestiduras y se postró rostro en tierra ante el arca de Yavé” (Jos, 7, 6). “Ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua jurará” (Is, 45, 23).“Los que estaban (en la barca) se postraron ante El” (Mt, 14, 33). “Dijo (el ciego): creo Señor, y se postró ante Él” (Jn, 9, 38). “toda rodilla se doblará ante mí, y toda lengua rendirá homenaje a Dios” (Rm, 14, 11). “al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos” (Flp, 2, 10). “Puesto de rodillas (Esteban mártir, al ser lapidado), gritó con fuerte voz: Señor, no les imputes este pecado” (Hc, 7, 60). “Pedro los hizo salir fuera a todos, y puesto de rodillas oró” (Hc, 9, 40). “Diciendo esto (San Pablo) se puso de rodillas con los otros y oró” (Hc, 20, 36). “Allí, puestos de rodillas en la playa, oramos” (Hc, 21, 5). 

  La postración aparece en el Nuevo Testamento cincuenta y nueve veces. En ocasiones aparece en narraciones de acontecimientos que ocurrieron; en otras, como en el Apocalipsis, son figuras metafóricas de adoración, pero no por ello menos apreciables. De todas ellas, la más impresionante es la oración del propio Jesús a Dios Padre en el Huerto de los Olivos: tres evangelistas -San Mateo, San Marcos y San Lucas- coinciden en afirmar que rezó postrado.

  Al ponernos de hinojos, el gesto corporal y el significado espiritual forman una unidad que, como bien señala el Papa Benedicto XVI, es del todo inseparable debido a la unidad físico-espiritual del ser humano. En su obra “El espíritu de la Liturgia”, publicada como Cardenal Ratzinger, estudia la cuestión con un párrafo muy acertado: “La expresión con la que Lucas describe el acto de arrodillarse de los cristianos (theis ta gonata) es desconocida en el griego clásico. Se trata de una palabra específicamente cristiana”… Puede ser que la cultura moderna no comprenda el gesto de arrodillarse, en la medida en que es una cultura que se ha alejado de la fe, y no conoce ya a aquél ante el que arrodillarse es el gesto adecuado, es más, interiormente necesario. Quien aprende a creer, aprende también a arrodillarse. Una fe o una liturgia que no conociese el acto de arrodillarse estarían enfermas en un punto central. Allí donde este gesto se haya perdido, hay que volver a aprenderlo, para permanecer con nuestra oración en comunión con los apóstoles y mártires, en comunión con todo el cosmos y en unidad con Jesucristo mismo”.

 En su primera Exhortación Apostólica, Sacramentum Caritatis (2007), el Santo Padre reafirma esta opinión: “Un signo convincente de la eficacia que la catequesis eucarística tiene en los fieles es sin duda el crecimiento en ellos del sentido del misterio de Dios presente entre nosotros. Eso se puede comprobar a través de manifestaciones específicas de veneración de la Eucaristía, hacia la cual el itinerario mistagógico debe introducir a los fieles. Pienso, en general, en la importancia de los gestos y de la postura, como arrodillarse durante los momentos principales de la plegaria eucarística”.

  De la misma opinión, el (entonces) Secretario para la Congregación para el Culto Divino, Monseñor Albert Ranjith, recuerda como en el postconcilio se introdujeron cambios de manera abusiva, que aún se mantienen a pesar de los efectos nocivos sobre la fe y la vida litúrgica de la Iglesia como la comunión recibida en la mano, la abolición de la barandilla en el presbiterio, de los reclinatorios en las iglesias y la introducción de prácticas que obligan a estar sentados o de pie durante la elevación del Santísimo Sacramento.

  Los usos tradicionales de la liturgia católica están respaldados teológicamente y no son meras reliquias. Por eso el conocimiento de estos usos y su motivación es interesante para todos

ACCIÓN LITÚRGICA.

viernes, 24 de enero de 2025

PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN

 

ENERO :  ADORACIÓN Y SALMOS

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

 LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS


     Una parte esencial de nuestras vigilias de Adoración es orar con los Salmos. Trelles fue pionero a la hora de hacer partícipes a los laicos del tesoro del Oficio Divino. En las vigilias de Adoración es frecuente que se recen las Vísperas, así como el Oficio de Lectura, y en ocasiones las Completas o los Laudes para finalizar. Esto no es porque sí. La Iglesia aprecia la oración de los Salmos porque con ellos su utilizan las mismas palabras que Dios inspiró para darle gloria y alabanza. También Trelles apreciaba el gran rico tesoro espiritual que contenía el orar con los salmos delante del Soberano Señor Sacramentado: «Al Rey de estos imperios, al Monarca de estas regiones deliciosas en que el Señor mora y permanece por su gracia, y. en que hace morada : al gran Emperador de todos estos reinos en que es regla el orden más perfecto de los hijos de Dios, invocamos y pagamos pleito-homenaje los cristianos en el Invitatorio, descubriéndole con la mirada de la Fe, bajo el solio de las especies, en el Santísimo Sacramento del altar, y cantando sus alabanzas después de la recitación del Oficio divino que se inaugura con esta triunfal invocación, que forma la delicia de los que saborean y gustan con espiritual contentamiento el tesoro que encierran los bellísimos salmos de David contenidos en el Oficio divino del Sacramento augusto. Disponerse así por este canto, que es como la divisa del adorador nocturno, su entendimiento para penetrar los arcanos de la salmodia eucarística, y el corazón para desarrollar el amor de Dios en el santo ejercicio y disponerse a comulgar en la aurora que sigue». (LS T. X, p.418)

  Al usar las bellas composiciones del inspirado Rey David, vamos configurando nuestro corazón "según el corazón de Dios". Igual que el Rey, nosotros, pueblo de reyes y asamblea santa, intercedemos por toda la humanidad a la vez que nos unimos en confianza cordial y gozosa en el único Rey y Señor. Pedimos por todo el pueblo, por las generaciones futuras, por el perdón de sus pecados y sus necesidades diarias, para que todas las naciones sepan que Dios es el único Dios y que el corazón del pueblo le pertenece por entero a Él. Los salmos contienen expresiones de súplica, de desaliento en la dificultad, de gozo en la alegría, de temor ante las adversidades, de esperanza en la ayuda del Cielo. Toda nuestra vida espiritual está ahí reflejada. Y aún más, está profetizada y como "prefigurada" la misma oración de Jesús. No hemos de olvidar que Jesús como buen judío también oraba con los Salmos. Usamos las mismas palabras que nuestro Salvador, pero además las entendemos en plenitud, porque Jesús cumple lo anunciado en los Salmos. Trelles gustaba en especial de los salmos que él llamaba "eucarísticos", donde veía anunciado el gran regalo de la Eucaristía o donde se enseña cómo recibir y sacar fruto de esta presencia misteriosa de Dios en medio de su pueblo.

   Así dice el Catecismo: Los Salmos alimentan y expresan la oración del pueblo de Dios como asamblea, con ocasión de las grandes fiestas en Jerusalén y los sábados en las sinagogas. Esta oración es indisociablemente individual y comunitaria; concierne a los que oran y a todos los hombres; brota de la Tierra santa y de las comunidades de la Diáspora, pero abarca a toda la creación; recuerda los acontecimientos salvadores del pasado y se extiende hasta la consumación de la historia; hace memoria de las promesas de Dios ya realizadas y espera al Mesías que les dará cumplimiento definitivo. Los Salmos, recitados por Cristo en su oración y que en Él encuentran su cumplimiento, continúan siendo esenciales en la oración de su Iglesia (CEC 2586)

  Con este espíritu hemos de rezar la salmodia en nuestras vigilias. De manera pausada y digna, con devoción personal y con fervor por la comunidad. A través de la oración de los salmos acudimos al pasado para traer al corazón las grandes gestas de la historia de la salvación de Dios y también hacemos acto de esperanza en el futuro, cuando todos los bienes prometidos puedan llegar a cumplirse. El hecho de que podamos rezar los salmos como parte del Cuerpo místico de Cristo nos asegura que nuestra oración es verdaderamente eficaz, no sólo un simple recuerdo o un deseo vano, sino una memoria transformadora y una promesa que se ha de cumplir. Nuestra oración en la noche a través de los salmos llega a toda la Iglesia y a toda la Humanidad. La misma Escritura nos anima en incontables ocasiones a que realicemos este tipo de oración vocal:-"Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor, dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo."- (Ef 5,19-20)

  No es otra nuestra tarea en el tiempo en la noche de la Adoración. Cuando oramos conjuntamente tomamos los salmos de la Escritura, los himnos de la Tradición y otros cánticos inspirados de los Profetas para dar gracias al Padre a través de Cristo presente ante nosotros. De alguna manera, no hacemos sino acompañar a Jesús en la Eucaristía que está orando continuamente por nosotros, nos unimos a su oración y nos dejamos enseñar por Él. La Escritura nos enseña cómo el misterio de la Eucaristía está íntimamente ligado a este tipo de oración. Cuando tras la Misa rezamos el Oficio, imitamos a Jesús en la Última Cena: -“Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo.» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre.» Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos”- (Mt 26, 26-30). De hecho, en el mismo momento de la Cruz, cuando Cristo ofrece el Sacrificio supremo al Padre, cita y reza el Salmo 22 Dios mío, Dios mío… que es verdaderamente profético y se va a cumplir más allá de lo humanamente esperable.

   Todos los santos han tenido este aprecio a la oración de los salmos. Algunos de ellos han compuesto bellos comentarios y meditaciones. Quizá San Ambrosio brilla entre todos: «¿Qué cosa hay más agradable que un Salmo? Como dice bellamente el mismo David: “Alabad al Señor, que los salmos son buenos; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa”. Y con razón: los salmos, en efecto, son la bendición del pueblo, la alabanza de Dios, el elogio de los fieles, el aplauso de todos, el lenguaje universal, la voz de la Iglesia, la profesión armoniosa de nuestra fe.» (San Ambrosio, Enarrationes in Psalmos, 1, 9).

Preguntas para el diálogo y la meditación.

■ ¿Rezas con los salmos con frecuencia? ¿Cuál es tu favorito?

■ ¿Conoces el salmo 22? ¿por qué es tan apropiado para el momento del sacrificio de la Cruz?

■ ¿Sueles releer los salmos meditándolos para sacarles todo el jugo?

■ ¿Puedes compartir alguna idea al respecto?


jueves, 9 de enero de 2025

lunes, 6 de enero de 2025

EPIFANÍA DEL SEÑOR

…  es decir, su manifestación a los pueblos del mundo entero, representados por los Magos que llegaron de Oriente para adorar al Rey de los judíos. Estos misteriosos personajes, observando los fenómenos celestes, vieron aparecer una nueva estrella e, instruidos también por las antiguas profecías, reconocieron en ella la señal del nacimiento del Mesías, descendiente de David (cf. Mt 2,1-12).

   Por consiguiente, desde su primera aparición, la luz de Cristo comienza a atraer hacia sí a los hombres «que ama el Señor» (Lc 2,14), de toda lengua, pueblo y cultura. Es la fuerza del Espíritu Santo que mueve los corazones y las inteligencias que buscan la verdad, la belleza, la justicia y la paz. Es lo que afirma el siervo de Dios Juan Pablo II en la encíclica Fides et ratio: «El hombre se encuentra en un camino de búsqueda, humanamente interminable: búsqueda de verdad y búsqueda de una persona de quien fiarse» (n. 33): los Magos encontraron ambas realidades en el Niño de Belén.

   Los hombres y las mujeres de toda generación, en su peregrinación, necesitan orientarse: entonces, ¿qué estrella podemos seguir? La estrella que había guiado a los Magos, después de detenerse «encima del lugar donde se encontraba el niño» (Mt 2,9), terminó su función, pero su luz espiritual está siempre presente en la palabra del Evangelio, que también hoy puede guiar a todo hombre a Jesús.

     La Iglesia hace resonar con autoridad esa palabra, que no es más que el reflejo de Cristo, verdadero hombre y verdadero Dios, para toda alma bien dispuesta. También la Iglesia, por tanto, desempeña en favor de la humanidad la misión de la estrella. Asimismo, algo semejante se puede decir de todo cristiano, llamado a iluminar, con la palabra y el testimonio de su vida, los pasos de los hermanos.

   Por eso, ¡cuán importante es que los cristianos seamos fieles a nuestra vocación! Todo auténtico creyente está siempre en camino en su itinerario personal de fe y, al mismo tiempo, con la pequeña luz que lleva dentro de sí, puede y debe ayudar a quien se encuentra a su lado y tal vez no logra encontrar el camino que conduce a Cristo.

De una carta pastoral de Benedicto XVI, pp.

martes, 24 de diciembre de 2024

domingo, 15 de diciembre de 2024

PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN

 

DICIEMBRE : ADORAR CON ESPERANZA

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

 LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS


ADOREMUS IN AETERNUM…

    No hay una jaculatoria más usada entre la gente devota. Pero tal vez no hay una oración menos reflexivamente pronunciada. ¿Qué es? ¿Qué significa? ¿Qué debe pensar o sentir el cristiano al pronunciarla? ¿Qué frutos de espiritual aprovechamiento pueden sacarse de esta idea tan sencilla como profunda? He aquí lo que se nos ocurrió estudiar, y decir a nuestros queridos lectores. La jaculatoria que nos preocupa es una alabanza a Dios, Nuestro Señor, en el Augusto Sacramento. Significa un acto de fe, de esperanza y de caridad al huésped carísimo del sagrario. El católico que pronuncia dichas palabras atestigua su presencia real, y he ahí el ejercicio de la fe. Espera en Él como principio y fin de nuestra peregrinación sobre la tierra. Y anuncia también un pensamiento de amor, deseando que sea bendito y alabado el Verbo divino encarnado y sacramentado. (La Lámpara del Santuario, 5 (1874) 405-410) Espero Dios mío que por los méritos de Jesucristo Nuestro Señor me perdonarás todos mis pecados, y me darás la gloria, si vivo como un buen cristiano. Amén. En las jaculatorias se encierra a veces verdaderos tesoros de piedad. Saborearlas y meditarlas hace que cuando las repetimos nuestra mente saque mayor provecho de sus palabras. Adorar al Santísimo Sacramento, siempre, aunque sea por una breve jaculatoria conlleva un acto de fe, un acto de amor y un acto de esperanza. Hoy nos fijaremos en la esperanza.

     Nadie puede vivir sin esperanza, y la vida cristiana, sin esperanza, acaba marchitándose irremediablemente. ¿Qué hemos de esperar? ¡El Cielo! Nada menos, nuestra salvación eterna, y la de los nuestros, y el triunfo de la Iglesia Católica en el mundo, y la conversión de los pecadores, y la perseverancia final, y los “cielos nuevos y la tierra nueva”. ¿Cabe todo esto en mi esperanza? ¿No? ¡Pues necesito más esperanza!

     Sería iluso pretender que todo eso lo vamos a alcanzar por nuestros proyectos o estrategias. Esperanza significa poner nuestra confianza en la promesa de Cristo y en la ayuda de su Espíritu. Qué esperar y de quién confiar obtenerlo son dos cosas que se aprenden ante el Santísimo Sacramento. La Eucaristía es como un adelanto de todo el tesoro que un día nos será concedido, la prenda de la gloria futura, el trailer de la nueva creación.  Y, a la vez, es el punto firme de apoyo donde hemos de anclar nuestra confianza. “De esta gran esperanza, la de los cielos nuevos y la tierra nueva en los que habitará la justicia (cf 2 P 3,13), no tenemos prenda más segura, signo más manifiesto que la Eucaristía”. En efecto, cada vez que se celebra este misterio, "se realiza la obra de nuestra redención" (LG 3) y "partimos un mismo pan [...] que es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, sino para vivir en Jesucristo para siempre" (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Ephesios, 20, 2).” (CEC 1405)… Se han puesto distintas imágenes para representar la esperanza. Muchas veces se habla de ella como de un ancla. Si nuestra alma es una navecilla en el mar tempestuoso de la vida, la esperanza es el ancla que nos proporciona seguridad y firmeza. También se habla en la Escritura de un yelmo. Dentro del combate cristiano, protegemos la cabeza, lo más importante con la esperanza.

     Una de las cosas más hermosas de la esperanza es que no sólo impulsa para conseguir lo deseado sino que además atrae ya lo que busca y de alguna manera sólo con esperarlo se pre-gusta. Esperar es ya ir gozándolo. Esto es palpable en cada Vigilia de adoración. En ellas esperamos, el alba, la gracia de Dios, la gloria del Cielo… pero haciéndolo de alguna manera empezamos ya a vislumbrar las maravillas que gozaremos. Pregustamos lo que habrá.  Es por eso que la esperanza se expresa y se alimenta en la oración. Esperar adorando la Eucaristía es lo que harían las vírgenes sensatas: (Mt 25, 1-13) “Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas”.

   Todas ellas esperaban, pero algunas, más inteligentes supieron armar su espera con una ayuda luminosa. Todo cristiano espera la vuelta del esposo, pero ojalá que sepamos esperar con la luz de la piedad eucarística.  Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: "¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!" Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: "Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan."… Muchas veces el novio tarda, nuestra espera se adormila, pero pidamos que nunca nos veamos sin el aceite para nuestra lámpara. Salgamos al encuentro de Jesús, desde ya mismo, en cada noche, en cada vigilia de adoración. Pero las prudentes replicaron: "No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis." Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta.

    La piedad eucarística no se puede intercambiar, es un bien que hay que cultivar día a día, mes a mes, es algo muy personal, como un regalo de bodas para cuando el esposo aparezca por fin. Celebrar la boda es alcanzar lo que se esperaba. Un día toda la humanidad, cual Jerusalén celeste será vestida de novia y alcanzará el anhelo más profundo de la creación: su renovación en Cristo…  «Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción. Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo» (Rm 8, 19-23).

     Hay un santo que con especial finura supo resumir todo lo que significa la esperanza, todo lo que nos permite esta virtud cuando la ponemos en juego ante la Eucaristía. Acaba San Claudio su famoso Acto de Confianza diciendo: «Para mí es seguro que nunca será demasiado lo que espere de Ti, y que nunca tendré menos de lo que hubiere esperado. Por tanto, espero que me sostendrás firme en los riesgos más inminentes y me defenderás en medio de los ataques más furiosos, y harás que mi flaqueza triunfe de los más espantosos enemigos. Espero que Tú me amarás a mí siempre y que te amaré a Ti sin intermisión, y para llegar de un solo vuelo con la esperanza hasta dónde puede llegarse, espero a Ti mismo, de Ti mismo, oh Creador mío, para el tiempo y para la eternidad»

A Ti, de Ti. Eso es la esperanza.

Preguntas para el diálogo y la meditación.

■ ¿cómo es mi capacidad de espera?

■ ¿hay alguna cosa en que ya haya tirado la toalla?

■ ¿conoces a alguien que haya desesperado en algún sentido?