Espiritualidad Católica como fuente testimonial. Tras el reconocimiento de nuestro carisma cristiano, buscamos ser consecuentes y por lo tanto expandir el Evangelio de Cristo en nuestra sociedad.
TIEMPOS LITURGICOS
domingo, 22 de septiembre de 2024
SEPTIEMBRE : ADORAR A CRISTO
PRESO
Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar
LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS
DIVINO PRISIONERO
“Vuestro encierro voluntario.... es un portento de caridad que asombra al que advierte y considera vuestra voluntaria clausura en el tabernáculo, que es la última forma de humildad de un Dios hecho hombre, que no contento con reducirse a la última expresión de la materia, cumple su promesa infalible de estar con nosotros hasta la consumación de los siglos. Todo lo pasa el Señor amantísimo, por afecto a sus hermanos en la carne, y porque ha querido renunciar a su libertad de acción, declarándose doblemente preso: por su promesa y por su amor inefable.” (Artículo escrito por don Luis estando preso y publicado en la revista La Lámpara del Santuario, tomo 3, (1872) págs. 168-171)
Trelles nos invita a
contemplar a Cristo en la Eucaristía, medito en el Sagrario, como a un cautivo
medito en una prisión. No puede salir de ahí si no le abren la
puerta, pasa las horas y los días sin compañía, agradece las
visitas de todo corazón… Pero hay
algunas diferencias: Cristo está ahí ¡voluntariamente! y ¡es inocente! Los
presos normalmente acaban en la cárcel por sus propias culpas, Cristo está en
el sagrario para purificar las nuestras. Los presos normalmente van al
cautiverio contra su propia voluntad, Cristo está en el sagrario
por iniciativa propia… por una iniciativa de amor. Para poder
estar cerca de nosotros y para suscitar nuestra misericordia. Cristo se hizo
mendigo, se hizo hambriento y se hizo… preso, para tocar nuestro corazón.
El Magisterio de la Iglesia siempre nos
ha recordado que visitar a los presos es una de las obras corporales de
misericordia. Nada tan hermoso como ofrecer nuestra
compañía y consuelo a quien sufre la soledad de su encierro y el peso de su
culpa. Los Papas, dando ejemplo, han acudido en muchas ocasiones a cárceles y
prisiones para practicar así la misericordia. En una de estas ocasiones
Benedicto XVI les decía a los presos: «Estuve en la cárcel y
vinisteis a verme» (Mt
25, 36). Estas son las palabras del juicio final, contado por el
evangelista san Mateo, y estas palabras del Señor, en las que él se identifica
con los detenidos, expresan en plenitud el sentido de mi visita de hoy entre
vosotros. Dondequiera que haya un hambriento, un extranjero, un enfermo, un
preso, allí está Cristo mismo que espera nuestra visita y nuestra ayuda. Esta
es la razón principal por la que me siento feliz de estar aquí, para rezar,
dialogar y escuchar. La Iglesia siempre ha incluido entre las obras de
misericordia corporal la visita a los presos.”
En los presos, los
cristianos hemos de ver a Cristo, pero también hemos de recordar que Cristo
quiso permanecer preso en el Sagrario. En la Hostia, adoremos a
Cristo Preso. Sintámonos también nosotros felices de estar ante la Custodia
para rezar, dialogar y escuchar. Cristo a la espera de
nuestra visita. La Escritura nos recuerda en efecto cómo
Cristo estuvo preso: “Los hombres que le tenían preso se burlaban de él y le
golpeaban; y cubriéndole con un velo le preguntaban: «¡Adivina! ¿Quién es el
que te ha pegado?» Y le insultaban diciéndole otras muchas cosas. En cuanto se
hizo de día, se reunió el Consejo de Ancianos del pueblo, sumos sacerdotes y
escribas, le hicieron venir a su Sanedrín y le dijeron: «Si tú eres el Cristo,
dínoslo.» El respondió: «Si os lo digo, no me creeréis. Si os pregunto, no me
responderéis. De ahora en adelante, el Hijo del hombre estará sentado a la
diestra del poder de Dios.» (Lc 22, 63-69)
Cristo estuvo preso durante
su pasión, quiso sufrir esa humillante condición de
no poder moverse con libertad, de someterse su cuerpo a la decisión de otros,
de sufrir vejaciones e insultos de sus carceleros, para solidarizarse con todos
los presos de la historia. Pero con el agravante, en su caso, de la suma
injusticia. De alguna manera en el sagrario continua esta
pasión, en la medida en que no tratamos con el
cuerpo de Jesús como a un ilustre huésped sino como a algo despreciable. ¡Qué
soledad la de Jesús en aquella noche de prisión!
¡Cuántas penas las de Jesús en el Sagrario!
Pero como contrapunto a
ese rosario de insultos, hubo sin duda otras almas durante esas largas horas
que quisieron ofrecer a Jesús un rosario de consuelos. Sin duda María, en
aquella noche, no pudo pegar ojo, y se postró en adoración del cuerpo de Cristo
prisionero por amor. María permaneció velando, consolando con su
oración, en su presencia espiritual, no por silenciosa menos real.
María fue consuelo y misericordia para Jesús en aquella noche de su cautiverio.
Nosotros en nuestras noches
de Adoración también debemos practicar la Misericordia, es decir, visitar a
Cristo Preso en la Eucaristía. Limitado y cautivo por las
especies eucarísticas, pero todo poderoso por su divinidad. Cristo nos da
ejemplo de suma humildad, pues al abajarse hasta el grado material más ínfimo
se priva de su misma libertad, pero eso mismo, por la intención con la que está
realizado, es modelo de una gran caridad.
Misteriosa paradoja, el
preso debería ser yo y Jesús el inocente el que pudiera consolarme, pero Jesús
quiso cambiar los papeles, todo lo puso patas arriba, y me
encuentro que soy yo, el culpable, quien viene a visitarte a ti, el cautivo.
Gracias Jesús.
Más de un santo ha tenido
que pasar por una análoga experiencia de la prisión, y a
muchos aquello les ha marcado, los pastorcitos de Fátima son un ejemplo:
Cuando, pasado algún tiempo estuvimos
presos, a Jacinta lo que más le costaba era el abandono de los padres; y decía
corriéndole las lágrimas por las mejillas: – Ni tus padres ni los míos vienen a
vernos; ¡no les importamos nada! - No llores –le dice
Francisco–; ofrezcámoslo a Jesús por los pecadores. Y
levantando los ojos y las manos al cielo hizo él el ofrecimiento. – ¡Oh mi
Jesús, es por tu amor y por la conversión de los pecadores! Jacinta añadió: – Y
también por el Santo Padre y en reparación del Inmaculado Corazón de María.
Determinamos entonces rezar nuestro Rosario. Jacinta sacó una medalla que
llevaba al cuello, y pidió a un preso que la colgara de un clavo que había en
la pared y, de rodillas delante de la medalla, comenzamos a rezar. Los presos
rezaban con nosotros, si es que sabían rezar; al menos, se pusieron de
rodillas. (Memorias de Lucía de Fátima, 12-13)
Pero quizá el mayor ejemplo
es el de nuestro mismo fundador “A primera vista, parece
que no se halla relación alguna entre la santa Eucaristía y la situación de un
preso, y entre las circunstancias en que se hallan respectivamente el Santísimo
Sacramento y el encarcelado. Pero penetrando con la consideración, hay una
afinidad entre uno y otro que no puede ocultarse. […] Sí,
Dios mío, vos estáis también preso por amor en la Hostia Consagrada… Preso por
amor y por voluntad… sois el consuelo de los que están encerrados
por orden de los tribunales…” La lámpara del Santuario”
(1.05.1872)
En dos de sus grandes apostolados Trelles supo mirar a Cristo Preso, en la Eucaristía y en los prisioneros. Para consolarlo en el Sacramento fundó la Adoración Nocturna, para aliviarlo en los prisioneros fue comisionado para los canjes durante la Primera Guerra Carlista consiguiendo canjear más de 40.000 prisioneros, verdadero precursor del derecho humanitario, por amor de Jesús. Él siempre tuvo la convicción de que sirviendo a los presos se consolaba a Jesús Preso de Amor.
Preguntas para el diálogo y la meditación.
■ ¿Conoces la pastoral
penitenciaria de tu diócesis?
■ ¿Alguna vez había pensado a
Cristo Eucaristía como un prisionero de amor?
■ ¿Qué semejanzas y
diferencias hay entre el sagrario y una cárcel?
martes, 10 de septiembre de 2024
La cruz es la gloria y exaltación de Cristo
Por la cruz,
fueron expulsadas las tinieblas y devuelta la luz. junto con
el Crucificado, nos elevamos hacia lo alto, para, dejando abajo la tierra y el
pecado, gozar de los bienes celestiales; tal y tan grande es la posesión de la
cruz. Quien posee la cruz posee un tesoro. Y, al decir un tesoro, quiero
significar con esta expresión a aquel que es, de nombre y de hecho, el
más excelente de todos los bienes, en el cual, por el cual y para el cual
culmina nuestra salvación y se nos restituye a nuestro estado de justicia
original. Porque, sin la cruz, Cristo no hubiera sido crucificado. Sin la cruz,
aquel que es la vida no hubiera sido clavado en el leño. Si no hubiese sido
clavado, las fuentes de la inmortalidad no hubiesen manado de su costado la
sangre y el agua que purifican el mundo, no hubiese sido rasgado el documento
en que constaba la deuda contraída por nuestros pecados, no hubiéramos sido
declarados libres, no disfrutaríamos del árbol de la vida, el paraíso
continuaría cerrado.
Sin
la cruz, no hubiera sido derrotada la muerte, ni despojado el lugar de los
muertos. Por esto, la
cruz es cosa grande y preciosa. Grande, porque ella es el origen de
innumerables bienes, tanto más numerosos cuanto que los milagros y sufrimientos
de Cristo juegan un papel decisivo en su obra de salvación. Preciosa, porque la cruz
significa a la vez el sufrimiento y el trofeo del mismo Dios: el
sufrimiento, porque en ella sufrió una muerte voluntaria; el trofeo, porque en
ella quedó herido de muerte el demonio y, con él, fue vencida la muerte. En la cruz
fueron demolidas las puertas de la región de los muertos, y la cruz se
convirtió en salvación universal para todo el mundo.
La cruz es
llamada también gloria y exaltación de Cristo. Ella es el
cáliz rebosante de que nos habla el salmo, y la culminación de todos los
tormentos que padeció Cristo por nosotros. El mismo Cristo nos enseña que la
cruz es su gloria, cuando dice: Ahora
es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él, y pronto lo
glorificará. Y también: Padre,
glorifícame con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo
existiese. Y asimismo dice: «Padre,
glorifica tu nombre». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he
glorificado y volveré a glorificarlo», palabras que se referían a la gloria
que había de conseguir en la cruz. También nos enseña Cristo que la cruz es su
exaltación, cuando dice: Cuando yo
sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Está claro,
pues, que la cruz es la gloria y exaltación de Cristo.
miércoles, 28 de agosto de 2024
EL SACRIFICIO ESPIRITUAL
La oración
es el sacrificio espiritual que abrogó
los antiguos sacrificios.
“¿Qué me
importa el número de vuestros sacrificios?” -dice el Señor-. “Estoy harto de holocaustos de carneros, de
grasa de cebones, la sangre de toros, corderos y machos cabríos no me agrada.
¿Quién pide algo de vuestras manos?” Lo que Dios desea, nos lo
dice el evangelio: “Se acerca la hora” -dice- “en que los que quieran dar culto verdadero adorarán
al Padre en espíritu y verdad. Porque
Dios es espíritu”, y desea un culto espiritual.
Nosotros somos, pues, verdaderos
adoradores y verdaderos sacerdotes cuando oramos en espíritu y ofrecemos a Dios nuestra oración como
una víctima espiritual, propia de
Dios y acepta a sus ojos.
Esta víctima, ofrecida del fondo de
nuestro corazón, nacida de la fe, nutrida con la verdad, intacta y sin defecto,
íntegra y pura, coronada por el amor, hemos de presentarla ante el altar de Dios, entre
salmos e himnos, acompañada del cortejo de nuestras buenas obras, seguros de
que ella nos alcanzará de Dios todos los bienes. ¿Podrá Dios negar algo a la
oración hecha en espíritu y verdad, cuando es él mismo quien la exige? ¡Cuántos
testimonios de su eficacia no hemos leído, oído y creído!
Ya la oración del antiguo Testamento
liberaba del fuego, de las fieras y del hambre, y, sin embargo, no había
recibido aún de Cristo toda su eficacia. ¡Cuánto más
eficazmente actuará, pues, la oración cristiana! No coloca un ángel para apagar con agua
el fuego, ni cierra las bocas de los leones, ni lleva al hambriento la comida
de los campesinos, ni aleja, con el don de su gracia, ningún sufrimiento; pero
enseña la paciencia y aumenta la fe de los que sufren, para que comprendan lo
que Dios prepara a los que padecen por su nombre.
En el pasado, la oración alejaba las
plagas, desvanecía los ejércitos de los enemigos, hacía cesar la lluvia. Ahora,
la verdadera oración aleja la ira de Dios, implora a favor de los enemigos,
suplica por los perseguidores. ¿Y qué tiene de sorprendente que pueda hacer
bajar del cielo el agua del bautismo, si pudo también impetrar las lenguas de
fuego? Solamente la oración vence a
Dios; pero Cristo la quiso incapaz del mal y todopoderosa para el bien.
La oración sacó a las almas de los muertos
del mismo seno de la muerte, fortaleció a los débiles, curó a los enfermos,
liberó a los endemoniados, abrió las mazmorras, soltó las ataduras de los
inocentes. La oración perdona los delitos, aparta las tentaciones, extingue las
persecuciones, consuela a los pusilánimes, recrea a los magnánimos, conduce a
los peregrinos, mitiga las tormentas, aturde a los ladrones, alimenta a los
pobres, rige a los ricos, levanta a los caídos, sostiene a los que van a caer,
apoya a los que están en pie.
Los ángeles oran también, oran todas las criaturas, oran los ganados y las fieras, que se arrodillan al salir de sus establos y cuevas y miran al cielo, pues no hacen vibrar en vano el aire con sus voces. Incluso las aves, cuando levantan el vuelo y se elevan hasta el cielo, extienden en forma de cruz sus alas, como si fueran manos, y hacen algo que parece también oración. ¿Qué más decir en honor de la oración? Incluso oró el mismo Señor, a quien corresponde el honor y la fortaleza por los siglos de los siglos.
Tertuliano, Tratado sobre
la oración (Caps. 28-29)
sábado, 10 de agosto de 2024
LA VIRGEN MARÍA FUE ASUNTA AL CIELO, EN CUERPO Y ALMA
Assumpta est María in Caelum
…y se extendió
por toda la Tierra, como un perfume, la Devoción a Nuestra Señora, que era una
quintaesencia de su presencia en la Tierra…
El dogma de la Asunción de Nuestra Señora
fue ardientemente deseado por las almas católicas del mundo entero, porque es
una afirmación más a respecto de la Madre de Dios que la coloca completamente
fuera de paralelo con cualquier otra mera criatura y justifica el culto de
hiperdulía que la Iglesia le tributa.
Nuestra
Señora tuvo una muerte suavísima, tan suave que es calificada por los autores,
con una propiedad de lenguaje muy bonita, la “Dormición de la Bienaventurada
Virgen María” (Dormitio Beatae Mariae
Virgine), indicando que Ella tuvo una muerte
tan suave, tan próxima de la resurrección, que a pesar de constituir verdadera
muerte, entretanto es más parecida con un simple sueño. Nuestra Señora después de la muerte resucitó como Nuestro Señor Jesucristo, fue llamada a la vida por Dios y subió a los Cielos en
presencia de todos los Apóstoles allí reunidos, y de muchos fieles.
Esa
Asunción representa para la Virgen santísima una verdadera glorificación a los
ojos de los hombres y de toda la humanidad hasta el fin del mundo, bien como
anticipación de la glorificación que Ella debería recibir en el Cielo.
La Iglesia Triunfante entera va a recibirla con todos
los coros de ángeles; Nuestro Señor Jesucristo la acoge; San José asiste a la
escena; después Ella es coronada por la Santísima Trinidad. Es la glorificación de Nuestra Señora a los ojos de
toda la Iglesia triunfante y a los ojos de toda la Iglesia militante.
Con certeza en ese día, la Iglesia purgante también
recibió una efusión de gracias extraordinarias. Y no es temerario pensar que casi todas las almas que
estaban en el Purgatorio fueron entonces liberadas por Nuestra Señora en ese
día, de manera que allí hubo igualmente una alegría enorme. Así podemos
imaginar como fue la gloria de nuestra Reina.
Algo de eso
se repetirá – creo – cuando fuere instaurado el Reino de María, cuando viéremos
el mundo todo transformado y la gloria de Nuestra Señora brillar sobre la
Tierra.
(Profesor Plinio Correa de Oliveira el 14
de Agosto de 1965)
LA DEFINICIÓN
DOGMATICA
Asunción significa que María fue
llevada en cuerpo y alma al cielo por el
poder de Dios, a diferencia de
la Ascensión del Señor que lo hizo por su propio poder. El Papa Pío XII,
en la Bula “Munificentissimus Deus”, del 1 de noviembre de 1950, proclamó
solemnemente el dogma de la Asunción de María con estas palabras:
"Pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente
revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el
curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste" (Dz. 2333).
EXPLICACION DEL CONTENIDO DEL DOGMA
De la
definición pontificia conviene destacar dos aspectos importantes:
1.-Que la Asunción
de María ocurre inmediatamente después del término de su vida mortal y,
2.-Se hace
hincapié en la glorificación de su cuerpo más que en la glorificación de su alma, como se explicará a continuación.
-Cumplido el Curso
de su vida terrena:
La Asunción de María, ocurre
inmediatamente después del término de su vida inmortal, así pues, para entender
correctamente esta frase hay que considerar las siguientes cuestiones:
a) el significado de la fórmula: La fórmula
significa que la Asunción de
María no hay que aplazarla hasta el final de los tiempos, como sucederá con todos los hombres, sino como hecho
que ya ocurrió; y, además que el cuerpo santísimo de la Virgen no sufrió descomposición alguna, como ocurre con los cadáveres.
b) la intención del Papa al usar dicha fórmula y no otra: El Papa quiso prescindir de la cuestión de la muerte de María en la fórmula definitoria, y por ello la expresión
utilizada es igualmente válida, tanto si se entiende que la Virgen murió al
final de su vida terrena, cuanto si se piensa en la glorificación del cuerpo
mediante la donación de la inmortalidad gloriosa sin pasar por la muerte.
c) las posibles conclusiones: En la Bula
aparece repetidas veces el tema de la muerte de María, pero ello (estudiado
bien el texto), no favorece ni niega la postura contraria. Hay que decir, en
resumen, que aún no se ha llegado a una solución definitiva sobre este punto.
-La glorificación
celeste del cuerpo de Santa María:
Este es el
elemento esencial del dogma de la Asunción. Enseña que la Virgen, al término de su vida en este mundo, fue llevada al cielo en cuerpo y alma, con todas las
cualidades y dotes propias del alma de los bienaventurados e igualmente con todas las cualidades de los cuerpos gloriosos. Se trata, pues, de la glorificación de María, en su
alma y en su cuerpo, tanto si la incorruptibilidad y la inmortalidad le
hubieren sobrevenido sin una muerte previa como si le hubiesen sobrevenido
después de la muerte mediante la resurrección.
Una vez visto el contenido del dogma, con más fuerza y claridad se
aprecia el hincapié que se hace sobre la glorificación corporal de María (más
que la de su alma), si tenemos en
cuenta lo siguiente:
a) María estuvo exenta de todo pecado: del original y del actual.
b) Tuvo plenitud de gracia y santidad correspondientes a su condición y dignidad de ser la
Madre de Dios.
c) El premio o castigo del alma (para todos los
hombres) es inmediato a la muerte. Por consiguiente, resulta sencillo entender que el premio del alma de María (por su excelsa santidad) estaba ya decidido, esto es, su glorificación; por ello, resultaría superflua
la definición si no tratara sobre todo de la glorificación inmediata del
cuerpo, que es en lo que consiste el privilegio de la Asunción.
FUNDAMENTOS O RAZONES DE ESTE DOGMA
La
definición pontificia sobre la Asunción de María estuvo precedida, desde muchos
siglos atrás, de múltiples razones teológicas y testimonios que llevaron (en su
momento) a la feliz proclamación de este dogma mariano. Las principales razones
fueron las siguientes:
-La creencia
universal de la Iglesia.
Desde los
primeros siglos hasta nuestros días, la unanimidad de la fe del pueblo cristiano, quedó de
manifiesto con la
respuesta unánime y afirmativa de todos los obispos del mundo (que a su vez
representaba al pueblo fiel de todo el orbe), a la consulta que sobre la
definibilidad de la Asunción de María hiciera el Papa Pío XII en el año de 1949.
-El testimonio de los Santos Padres.
La Tradición de la Iglesia, expresada en sus Padres y
Doctores, pone de manifiesto su intuición y su
fe en esta verdad, la cual se
refleja ejemplarmente en los autores que enseguida se citan.
San Juan Damasceno, en el siglo VII, escribe: "convenía
que aquella que en el parto había conservado íntegra su virginidad, conservase
sin ninguna corrupción su cuerpo después de la muerte; convenía que Aquella que
había llevado en su seno al Creador, hecho niño, habitara en la morada celeste;
convenía que la Esposa de Dios entrara en la casa celestial; convenía que
Aquella que había visto a su Hijo en la Cruz, recibiendo así en su corazón el
dolor de que había estado libre en el parto, lo contemplase sentado a la
diestra del Padre; convenía que la Madre de Dios poseyera lo que corresponde a
su Hijo y que fuera honrada como Madre y esclava de Dios por todas las
criaturas.
San Germán
de Constantinopla, del siglo VII: "Así como un hijo busca y desea estar
con la propia madre, y la madre ansía vivir con el hijo, así fue justo también
que Tú, que amabas con un corazón materno a tu Hijo y Dios, volvieses a Él. Y
fue también muy conveniente que Dios, que te amaba como Madre suya, te hiciere
partícipe de la comunidad de vida con Él mismo. De esta forma, Tú, habiendo
sufrido la pérdida de la vida, propia de las cosas caducas, has emigrado a las
moradas que durarán por los siglos, allí donde mora Dios, junto al que Tú vives,
oh Madre de Dios, sin separarte de su compañía".
Recogiendo
la doctrina de sus predecesores, Juan Duns Scoto, en el siglo XIV, podía
afirmar: "Convenía, Dios podía hacerlo, luego lo
hizo".
-Los grandes privilegios marianos.
El fundamento del dogma de la Asunción de María se desprende y es consecuencia de
los anteriores dogmas marianos. En efecto, si por la plena asociación de María a la
persona y a la obra de su Hijo se debió su
redención anticipada; por esa misma
razón, convenía también su
glorificación anticipada, su asunción corporal, como veremos enseguida:
a) Por su
Inmaculada Concepción.-
b) Por
su divina Maternidad.- Si Adán y Eva
introdujeron en el mundo la muerte del alma, que es el pecado y, con él también
la muerte del cuerpo, que es la corrupción; Cristo, por el contrario, introduce
la vida del alma (que es la gracia), y la inmortalidad del cuerpo por medio de
la resurrección. Por estas dos consideraciones, María que es Madre de Cristo y
Madre de los hombres, es lógico
que la que es causa de vida y antídoto contra la muerte, Ella, no
permanezca en el sepulcro presa de la misma muerte. Así pues, dado que nuestro Redentor es
Hijo de María, su glorificación anticipada parece ser exigida: Cristo que
pudiendo dar a su Madre tanto honor y tanta gloria, necesariamente lo hizo.
c)
Por su perpetua virginidad.- Finalmente la virginidad perpetua de María, nos conduce a la conveniencia de su incorruptibilidad. Cuando pensamos en el cuerpo santísimo de María, tan
divinamente poseído de Dios, no se concibe que sea presa de la corrupción; por
ello puede afirmarse que su misma virginidad exige los esplendores de la glorificación corporal.
CONSECUENCIAS PARA LA FE Y LA PIEDAD
a) La Asunción de
la Virgen es un argumento prueba de que todos los
hombres, de los que Ella es Madre, estaremos también en el Cielo con nuestro cuerpo
glorificado: si aprendemos
a gastar la vida en el cumplimiento de la voluntad de Dios como lo hizo Santa
María.
b) María es
nuestra esperanza, pues en Ella
se ha dado con plenitud lo que todo hombre está llamado a ser al final de los
tiempos. María es nuestro consuelo, ya que podemos dirigirnos a Aquella que antes de
nosotros recorrió este valle de lágrimas y ahora fija sus ojos en la luz
eterna. María es nuestro refugio porque con su ternura nos devuelve la paz y, por su poderosa
intercesión nos sabemos amparados. Glorificada
anticipadamente, vive en el cielo con una solicitud maternal y amorosa por
todos sus hijos.



.jpg)


