TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

sábado, 13 de noviembre de 2021

(Mt 5, 9)

 

NOVIEMBRE 2021


«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5, 9)

 

     El Evangelio de Mateo lo escribió un cristiano proveniente del ambiente judaico de su tiempo; por eso contiene tantas expresiones propias de esa tradición cultural y religiosa. En el capítulo 5 Jesús es presentado como un nuevo Moisés que sube al monte a anunciar la esencia de la Ley de Dios: el mandamiento del amor. Para dar solemnidad a esta enseñanza, el Evangelio nos dice que Él está sentado, como un maestro. No solo eso: Jesús es además el primer testigo de lo que anuncia. Esto destaca de modo evidente cuando proclama las Bienaventuranzas, el programa de toda su vida. En ellas revela la radicalidad del amor cristiano con sus frutos de bendición y alegría plena. Eso es bienaventuranza.

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» 

     En la Biblia, la paz -shalom en hebreo- indica la condición de armonía de la persona consigo misma, con Dios y con lo que la rodea; aún hoy es un saludo entre las personas, como un deseo de vida plena. La paz es ante todo don de Dios, pero también depende de nuestra adhesión.

     Entre todas las bienaventuranzas, esta resuena como la más activa, pues nos invita a salir de la indiferencia para convertirnos en constructores de concordia a partir de nosotros mismos y a nuestro alrededor, poniendo en acción inteligencia, corazón y brazos. Requiere el esfuerzo de preocuparse por los demás, sanar heridas y traumas personales y sociales provocados por el egoísmo que divide y promover todos los esfuerzos en esta dirección. Como Jesús, el Hijo de Dios, quien cumplió su misión cuando dio su vida en la cruz para volver a unir a los hombres con el Padre y traer de nuevo la fraternidad a la tierra. Por eso, cualquiera que sea constructor de paz se asemeja a Jesús y, como Él, es reconocido hijo de Dios.

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios»

     Siguiendo las huellas de Jesús, también nosotros podemos transformar cada día en una «jornada de paz» poniendo fin a las pequeñas o grandes guerras que cada día se libran a nuestro alrededor. Para realizar este sueño es importante construir redes de amistad y solidaridad, tender la mano para ofrecer ayuda, pero también para aceptarla. Como cuentan Denise y Alessandro: «Cuando nos conocimos nos iba bien juntos. Nos casamos y al principio fue muy bonito, incluyendo el nacimiento de nuestros hijos. Con el pasar del tiempo comenzaron los altibajos; ya no había ningún tipo de diálogo entre nosotros, y cualquier cosa era objeto de discusión continua. Decidimos permanecer juntos, pero seguíamos cayendo en los mismo errores, rencores y enfrentamientos. Un día, una pareja de amigos nos propuso participar en un taller de apoyo a parejas con problemas[1]. No solo encontramos personas competentes y preparadas, sino además una «familia de familias» con la que compartir nuestros problemas: ¡ya no estábamos solos! Volvió a encenderse una luz, pero fue solo el primer paso: una vez en casa no era fácil, y volvíamos a caer. Lo que nos ayuda es preocuparnos por el otro, con el compromiso de volver a empezar y seguir en contacto con estos nuevos amigos para seguir adelante juntos».

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios».

     La paz, la de Jesús, como dice Chiara Lubich, «exige de nosotros corazones y ojos nuevos para amar y ver en todos otros tantos candidatos a la fraternidad universal». Y añade: «Nos podemos preguntar: "¿También en los vecinos pendencieros?, ¿también en los compañeros de trabajo que entorpecen mi carrera?, ¿también en los militantes de otro partido o en los hinchas de un equipo de fútbol adversario?, ¿también en las personas de religión o nacionalidad distintas a la mía?': Sí, cada uno es mi hermano o mi hermana. La paz empieza precisamente por ahí, por la relación que sé instaurar con cada prójimo. "El mal nace del corazón del hombre -escribía Igino Giordani-, y para apartar el peligro de la guerra hace falta desterrar el espíritu de agresión y de explotación y egoísmo del que procede la guerra: hace falta reconstruir una conciencia”[2]. El mundo cambia si cambiamos nosotros, [...] sobre todo poniendo de relieve lo que nos une podremos contribuir a crear una mentalidad de paz y a trabajar juntos por el bien de la humanidad. […] Al final es el amor el que vence, porque es más fuerte que cualquier otra cosa. Probemos a vivir así en este mes, para ser levadura de una nueva cultura de paz y de justicia. Veremos renacer en nosotros y alrededor de nosotros una nueva humanidad"[3].


Leticia Magri



[1] Cf. 10 anni di «Percorsi di luce»: https//www.focolare.org/famiglienuove (en italiano e inglés).

[2] l. GIORDANI, L'inutilità della guerra, Roma 2003, p. 111

[3] Cf. C. LUBICH, Palabra de vida, enero 2004: Ciudad Nueva n. 405 (1/2004), pp. 22-23. 

martes, 2 de noviembre de 2021

lunes, 1 de noviembre de 2021

viernes, 29 de octubre de 2021

REFLEXIONES PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA

 

NOVIEMBRE TODOS LOS SANTOS

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar


Reflexiones que nos animen y ayuden a encontrarnos con Jesús sacramentado y descansar en su corazón

viviendo la Comunión de los Santos y pidiendo por las Almas del Purgatorio, como lo hacía y aconsejaba el Venerable Trelles.


TODOS LOS SANTOS


     Apocalipsis 7,9 “Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos”.

     San Juan Pablo II, 5 de noviembre de 1989: “La muerte forma parte de la condición humana: es el momento terminal de la fase histórica de la vida. En la concepción cristiana, la muerte es un paso: de la luz creada a la luz increada, de la vida temporal a la vida eterna. Ahora bien, si el Corazón de Cristo es la fuente de la que el cristiano recibe luz y energía para vivir como hijo de Dios, ¿a qué otra fuente se dirige para sacar la fuerza necesaria para morir de modo coherente con su fe? Como “vive en Cristo”, así no puede menos que “morir en Cristo”. Significa cerrar los ojos a la luz de este mundo en la paz, en la amistad, en la comunión con Jesús; en aquella hora suprema, el cristiano sabe que, aunque el corazón le reproche algunas culpas, el Corazón de Cristo es más grande que el suyo y puede borrar toda su deuda si él está arrepentido (1 Jn 3,20). La Virgen estuvo  junto a la cruz de su Hijo; como madre está al lado de sus hijos moribundos, Ella que, con el sacrifico de su corazón, cooperó a engendrarlos a la vida de la gracia (Lumen Gentium, 53) está al lado de ellos, presencia compasiva y materna, para que del sufrimiento de la muerte nazcan a la vida de la gloria”.

     Así vivía Santa Teresa del Niño Jesús la Comunión de los Santos, “Cuaderno amarillo” 15.7.5: “Sor María de la Eucaristía quería encender las velas para una procesión; no tenía cerillas, pero al ver la lamparilla que arde ante las reliquias, se acercó. ¡Ay, la encontró medio apagada, no quedaba más que un débil destello sobre la mecha carbonizada! No obstante, consiguió encender su vela, y con la suya fueron encendidas todas las de la comunidad. Fue, pues, aquella lamparilla medio apagada la que produjo aquellas hermosas llamas, las cuales, a su vez, hubieran podido producir infinitas otras, y hasta incendiar el universo. Sin embargo, siempre se debería a la lamparilla la causa primera del incendio. ¿Cómo podrían las hermosas llamas, sabiendo esto, gloriarse de haber provocado semejante incendio, cuando ellas mismas recibieron el fuego de la centellica?...  Pasa lo mismo con la comunión de los santos. Con frecuencia, sin que nosotros lo sepamos, las gracias y las luces que recibimos se deben a un alma escondida, porque Dios quiere que los santos se comuniquen los unos a los otros la gracia mediante la oración, a fin de que en el cielo se amen con gran amor, con un amor mucho más grande aún que el de la familia, aunque se trate de la familia más ideal de la tierra. ¡Cuántas veces he pensado si no podría yo deber todas las gracias que he recibido a las oraciones de un alma que haya pedido por mí a Dios y a quien no conoceré más que en el cielo!...  Sí, una centellica podrá hacer brotar grandes lumbreras en toda la Iglesia, como los doctores y los mártires, que estarán, sin duda, muy por encima de ella en el cielo. ¿Pero quién podría afirmar que la gloria de aquellos no se convertirá en la suya propia?...  En el cielo no habrá miradas de indiferencia, porque todos los elegidos reconocerán que se deben mutuamente las gracias que les han merecido la corona”.

   San Manuel González. Obras Completas 1085 “Padres, madres, hermanos, hermanas y amigos buenos, cuando lloréis los extravíos que acusan la presencia del demonio en el alma de vuestros seres queridos sabed que el Jesús callado del Sagrario tiene poder sobre todos los demonios y espera vuestra oración”.

    Imitación de Cristo L.1, 23,4: ¡Qué bienaventurado y prudente es el que vive de tal modo cual desea le halle Dios en la muerte!

     La Senda Eucarística, p. 268,271,291: “La comunión de los santos se deriva, no sólo por consecuencia lógica del dogma de que la santa Iglesia es un cuerpo místico cuya Cabeza es Cristo y que así como los miembros se unen a la cabeza, así estos viven de Cristo so pena de ser un sarmiento sin jugo de la vid espiritual, porque la vid es Cristo como dice el Evangelio; sino que también los miembros forman entre sí una sola organización de  nuestras afinidades que concurren a crear una especie de atmósfera que se exhala de los actos y méritos de todos los individuos de las tres iglesias, triunfante, purgante y militante, siendo la base fundamental de aquella creencia la comunión sacramental”.

     Promesas del Corazón de Jesús a Santa Margarita M.ª de Alacoque: Amemos a este único amor de nuestras almas, porque Él nos amó primero, y todavía nos ama con tanto ardor que se consume de continuo en el Santísimo Sacramento.

Preguntas para el diálogo y la meditación.

¿Tengo presentes en las vigilias, como el Venerable, a las almas del Purgatorio?

¿Encomiendo con frecuencia a los fieles difuntos, viviendo la comunión de los santos?

¿Pienso en la bienaventuranza eterna y hablo de ella con esperanza gozosa?

 

Oración a San José, abogado de la buena muerte


¡Oh José, Custodio amante de Jesús y de María,

enséñame a vivir siempre en tan dulce compañía!

Sé mi maestro y mi guía en la vida de oración;

dame paciencia, alegría y humildad de corazón.

No me falte en este día tu amorosa protección,

ni en mi última agonía tu piadosa intercesión.


sábado, 23 de octubre de 2021



     Como cada año, Obras Misionales Pontificias desarrolla una nueva edición del Domund, que en esta ocasión tendrá lugar el próximo domingo día 24 de octubre. La de este 2021 lleva por lema el de ‘Cuenta lo que has visto y oído’. El Secretariado Diocesano de Misiones de Cádiz y Ceuta ha hecho un llamamiento a todos los Misioneros y Misioneras adscritos a la Diócesis, para que envíen sus vídeos aportando su testimonio.

     En ellos explican por qué se hicieron misioneros, cuál es su Misión en el país en el que la llevan a cabo y, parafraseando el lema del Domund de este año, qué han visto y oído allí. Algunos también han añadido cuál es el mensaje que los demás pueden ver y oír de ellos a través de su trabajo. Como refuerzan algunos, “son las personas empobrecidas las que nos evangelizan”.

     Hemos recibido testimonios como los de Manolo Jiménez, Salesiano de Don Bosco originario de Tarifa y que ejerce su labor en Kinshasa (Congo R.D.); José Manuel Nogueroles, también Salesiano, natural de la capital gaditana y que desarrolla su misión en Cotonou (Benín); Manuel Ogalla, Misionero Claretiano igualmente nacido en Cádiz y que trabaja en Zimbabue; María de los Ángeles Torres, de la Pequeña Compañía de Jesús, que teniendo como punto de origen San Fernando ahora se encuentra en Paraguay. A ellos se suman los de Milagros García, Religiosa Adoratriz procedente de Algeciras y que actualmente se halla en Cabo Verde; Antonio Sánchez, Misionero Vicenciano que llegó desde Medina Sidonia a Honduras; e Isabel Fernández, de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, gaditana que despliega su experiencia en Camerún. A todos ellos se sumarán los que formen parte de las actividades que se lleven a cabo durante la presente semana con motivo del Domund.

 

     Dichos testimonios pueden visualizarlos a través de la página oficial del obispado en el siguiente enlace:

  http://www.obispadocadizyceuta.es/2021/10/20/los-misioneros-y-misioneras-de-la-diocesis-nos-cuentan-lo-que-han-visto-y-oido/

 

Mensaje del Sr. Obispo de Cádiz y Ceuta con ocasión del día del Domund 


viernes, 15 de octubre de 2021

(Rm 8, 28)

 
OCTUBRE 2021

 «Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman» (Rm 8, 28).

 

    La Palabra que nos proponemos vivir en este mes está sacada de la carta del apóstol Pablo a los Romanos. Es un texto largo y lleno de reflexiones y enseñanzas, escrito antes de dirigirse a Roma, para preparar su visita a aquella comunidad, que Pablo aún no conocía en persona. El capítulo 8 subraya en particular la vida según el Espíritu y la promesa de la vida eterna que espera a los individuos, a los pueblos y a todo el universo.

«Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman».

    Cada palabra de esta frase está cargada de significado. Pablo proclama que, ante todo como cristianos, hemos conocido el amor de Dios y somos conscientes de que toda esperanza humana forma parte del gran designio de salvación de Dios. Todo contribuye, dice Pablo: los sufrimientos, las persecuciones, los fallos y debilidades personales, pero sobre todo la acción del Espíritu de Dios en el corazón de las personas que lo acogen. Además, el Espíritu recoge y hace suyos los gemidos de la humanidad y de la creación (cf. Rm 8, 22-27), y esta es la garantía de que el designio de Dios se realizará.

    Por nuestra parte, hemos de responder activamente a este amor con nuestro amor, encomendándonos al Padre en cualquier necesidad y dando testimonio de esperanza en el cielo nuevo y la tierra nueva (cf. Ap 21, 1) que Él prepara para quienes confían en Él.

«Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman». 

   ¿Cómo acoger, entonces, esta fuerte propuesta en nuestra vida personal y cotidiana? Chiara Lubich nos sugiere: «Ante todo, no debemos detenernos nunca en el aspecto puramente externo, material y profano de las cosas, sino creer que cualquier hecho es un mensaje con el que Dios nos expresa su amor. Entonces veremos que la vida, que se nos puede mostrar como un tejido del cual no vemos más que nudos e hilos confusamente entrelazados, en realidad es distinta: es el dibujo maravilloso que el amor de Dios va tejiendo sobre la base de nuestra fe. En segundo lugar, debemos abandonarnos con confianza y totalmente a este amor en todo momento, tanto en las pequeñas cosas como en las grandes. Es más, si sabemos encomendarnos al amor de Dios en las circunstancias comunes, Él nos dará la fuerza para confiarnos a Él en los momentos más difíciles, como pueden ser una gran prueba, una enfermedad o el mismo momento de la muerte. Entonces, probemos a vivir así, y, por supuesto, no de una manera interesada, es decir, para que Dios nos manifieste sus planes y tengamos de este modo su consuelo, sino solo por amor, y veremos que este abandono confiado es fuente de luz y de paz infinita para nosotros y para muchos otros»[1]

   Encomendarnos a Dios en las decisiones difíciles, como la que nos cuenta O. L. de Guatemala: «Trabajaba como cocinera en una residencia de ancianos. Al pasar por el pasillo, oigo a una viejita pedir agua. A riesgo de saltarme las normas, que me prohíben salir de la cocina, le alcanzo un vaso de agua con cariño. Los ojos de la anciana se iluminan. A mitad del vaso, me agarra la mano: "¡Quédate conmigo 10 minutos!”: Le explico que no debería, que me expongo a que me despidan. Pero esa mirada... Me quedo. Me pide que recemos juntas: "Padre nuestro... “: Y al final: "Canta algo, por favor”. Se me ocurre: "No nos llevaremos nada, solo el amor... “. Los demás residentes nos miran. La mujer está feliz y me dice: "Dios te bendiga, mi hijita"; y al poco se apaga. De todos modos, me despidieron por haber salido de la cocina. Mi familia, que vive lejos, necesita mi ayuda, pero yo estoy en paz y feliz: respondí a Dios, y esa mujer no dio sola el paso más importante de su vida».

Leticia Magri



[1]C. LUBICH, Palabra de vida, agosto de 1984, en EAD., Palabras de Vida/1 (1943-1990), Ciudad Nueva, Madrid 2020, pp. 313-314.