TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

sábado, 16 de noviembre de 2019

(Rm 12, 15)


NOVIEMBRE 2019

«Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran» (Rm 12, 15)

     Después de haber ilustrado a los cristianos de Roma sobre los grandes regalos que Dios ha hecho a la humanidad en Jesús y al donar el Espíritu, el apóstol Pablo indica cómo responder a la gracia recibida, sobre todo en las relaciones entre ellos y con todos.
     Pablo invita a pasar del amor por quienes comparten la misma fe, al amor evangélico, dirigido a todos los seres humanos, pues para los creyentes el amor no tiene fronteras ni se puede limitar a unos pocos.
     Un detalle interesante: en el primer lugar encontramos la alegría compartida con los hermanos. En efecto, según el gran padre de la Iglesia Juan Crisóstomo, la envidia hace mucho más difícil compartir la alegría de los demás que sus penas.
     Vivir así podría parecer una montaña demasiado impracticable de escalar, imposible de coronar. Sin embargo, es posible porque los creyentes están sostenidos por el amor de Cristo, del que nada ni nadie podrá nunca separarlos (cf. Rm 8, 35).
«Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran»
     Comentando esta frase de Pablo, Chiara Lubich escribió: «Para amar cristianamente hace falta "hacerse uno" con cada hermano [...]; entrar lo más profundamente posible en el ánimo del otro; comprender de verdad sus problemas, sus necesidades; compartir sus sufrimientos y alegrías; inclinarse sobre el hermano; hacerse en cierto modo él, hacerse el otro. Esto es el cristianismo; Jesús se ha hecho hombre, se ha hecho hombre para hacernos a nosotros Dios; de ese modo el prójimo se siente comprendido, aliviado»[1] 1.
     Es una invitación a ponerse «en el pellejo del otro» como expresión concreta de una caridad verdadera. Quizá el amor de una madre sea el mejor ejemplo para ilustrar la práctica de esta Palabra: la madre sabe compartir la alegría con el hijo que goza y el llanto con el que sufre, sin juicios ni prejuicios.
«Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran»
     Para vivir el amor con esta dimensión, sin cerrarnos en nuestras preocupaciones, en nuestros intereses o en nuestro mundo, hay un secreto: reforzar la unión con Dios, la relación con Aquel que es la fuente misma del Amor. Se dice que la copa de un árbol suele estar en proporción al diámetro de sus raíces. Así nos sucederá también a nosotros: si día a día hacemos crecer en profundidad nuestra relación con Dios, también en nosotros crecerá el deseo de compartir la alegría y llevar los pesos de quienes están a nuestro lado; nuestro corazón se abrirá y se hará cada vez más capaz de contener todo lo que vive en el momento presente el hermano que tenemos al lado. A su vez, el amor al hermano nos hará entrar aún más en la intimidad con Dios.
     Viviendo así veremos un cambio en los lugares donde estamos, comenzando por las relaciones familiares, en la escuela, en el trabajo y en comunidad, y experimentaremos con gratitud que, más pronto o más tarde, el amor sincero y gratuito vuelve y se hace reciproco.
     Esta es la fuerte experiencia de dos familias, una cristiana y una musulmana, que han compartido dificultades y momentos de esperanza. Cuando Ben cae gravemente enfermo, Tatiana y Paolo están en el hospital con su mujer, Basma, y sus dos hijos hasta el final. Aun en medio del dolor por haber perdido a su marido, Basma reza con sus amigos cristianos por otra persona gravemente enferma, con su esterilla dirigida a La Meca. Dice: «La alegría más grande es sentirse parte de un solo cuerpo donde cada uno tiene en el corazón el bien del otro».

Leticia Magri


[1] 1 C. LUBICH, El amor recíproco: núcleo fundamental de la espiritualidad de la unidad, congreso de los ortodoxos, Castel Gandolfo 30-3-1989, p. 4.

sábado, 9 de noviembre de 2019

DOMINGO 10 DE NOVIEMBRE DE 2019, 32º DEL TIEMPO ORDINARIO

«NO ES DIOS DE MUERTOS, SINO DE VIVOS»


     Nos vamos acercando al final del año litúrgico y la madre Iglesia nos propone lo que se llaman los novísimos, lo que San Ignacio de Loyola en sus ejercicios espirituales sintetiza como muerte, juicio y salvación o condenación. Es nuestra fe expresada en el Credo, creo en la vida eterna y en la resurrección de los muertos.
     Los saduceos que no creen en la resurrección de los muertos van a poner a Jesús en una prueba que solían argumentar para salirse con las suyas. Aquella mujer que estuvo casada con siete hermanos, ¿en la vida eterna de quién será?
     Jesús responde con tres afirmaciones que demuestran su profunda sabiduría y expresan la fe de la Iglesia.
     Primero aceptando que se puede dar el argumento demoledor de los saduceos, Jesús dice que en el cielo, El será el único Esposo de todos.  Camino de la vida verdadera. Nos sitúa en la realidad de que en el cielo no habrá las relaciones que existen en la tierra, aunque resuciten los cuerpos. El cielo no es la tierra dos. Es otra realidad y dimensión por tanto no podemos aplicar los baremos terrenales. Seremos como ángeles del cielo, aunque resucitaran los muertos. No solo creemos en la inmortalidad del alma, sino que también en el juicio final resucitaran nuestros cuerpos para siempre, pero ya sin la dimensión del creced y multiplicaros.
     Segundo el Señor explica su propia resurrección con el ejemplo de Moisés con la zarza ardiendo. Su cuerpo resucitara y su corazón ardiente vive para siempre. Es un Dios de vivos no de muertos. Como decimos en la Pascua, resucito de veras mi amor y mi esperanza. La resurrección de los muertos tiene su inicio en la resurrección de Cristo que como cabeza nos espera en el cielo, y si somos su cuerpo, resucitaremos con El.
     Por ultimo afirmamos la fe completa cuando decimos que los muertos resucitaran y como se decía en el antiguo ritual de exequias en esta carne mía contemplare a Dios mi Salvador, yo mismo lo veré y en esta carne mía contemplare a Dios mi Salvador.


+ Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria Cáceres


viernes, 1 de noviembre de 2019

TODOS LOS SANTOS Y DÍA DE LOS DIFUNTOS


… Las dos celebraciones nos sitúan ante el misterio de la muerte y nos invitan a renovar nuestra fe y esperanza en la vida eterna.

     En la fiesta de Todos los Santos celebramos los méritos de todos los santos. Eso significa sobretodo celebrar los dones de Dios, las maravillas que Dios ha obrado en la vida de estas personas, su respuesta a la gracia de Dios, el hecho de que seguir a Cristo con todas las consecuencias es posible. Una multitud inmensa de santos canonizados y otros no canonizados. Ellos han llegado a la plenitud que Dios quiere para todos. Celebramos y recordamos también la llamada universal a la santidad que nos hace el Señor: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48).
     En el Día de Difuntos, la Iglesia nos invita a rezar por todos los difuntos, no sólo por los de la familia o los seres más cercanos, sino por todos, incluyendo especialmente a aquellos de los que nadie hace memoria. La costumbre de orar por los difuntos es tan antigua como la Iglesia, pero la fiesta litúrgica se remonta al 2 de noviembre de 998 cuando fue instituida por san Odilón, monje benedictino y quinto abad de Cluny en el sur de Francia. Roma adoptó esta práctica en el siglo XIV y la fiesta se fue expandiendo por toda la Iglesia. En este día contemplamos el misterio de la Resurrección de Cristo que abre para todos el camino de la resurrección futura.
     En estos días, una de nuestras tradiciones más arraigadas es la visita a los cementerios para cumplir con los familiares difuntos. Momento de oración, momento para el recuerdo de los seres queridos que nos han dejado, momento de reunión familiar…
     Estas tradiciones y costumbres tan nuestras se ven desde hace algún tiempo invadidas por las que llegan de otros lugares, que son popularizadas por el cine y la televisión y que parecen teñidas de superficialidad y consumismo. No es mi intención minusvalorarlas, pero sería una lástima que un planteamiento meramente lúdico entre la broma y el terror a base de calabazas, calaveras, brujas, fantasmas y otros seres terroríficos, acabe desplazando las seculares tradiciones de nuestra tierra, más fundamentadas en la convivencia y el encuentro festivo con la familia y los seres queridos; en la oración por nuestros difuntos, y en la contemplación de Dios, el Santo, que nos llama a la perfección.

+ Josep Àngel Saiz Meneses, Obispo de Terrassa. (De una carta Pastoral)

sábado, 26 de octubre de 2019

DOMINGO 27 DE OCTUBRE DE 2019, 30º DEL TIEMPO ORDINARIO

«¡OH DIOS!, TEN COMPASIÓN DE ESTE PECADOR»


     Siempre esta parábola ha sido una referencia para explicar la oración. El ser de una persona religiosa se expresa en su verdad y autenticidad desde su oración. Orar es y será la dimensión esencial de la relación con Dios.
     Jesús nos habla de dos personas que suben a orar al templo. Hasta físicamente, no solo espiritualmente, se subraya que la oración es subida, es ponerse en camino.
     El fariseo le cuenta a Dios lo bueno que es. Probablemente, todo lo cumple. Claro que para decirle a Dios lo bueno que es, tiene que mirar de reojo a los demás que no son como él. Es una oración ante su propio espejo. El fariseísmo es la religión sin corazón que siempre lleva a juzgar sin piedad a los demás. Es el hijo de la parábola del Hijo Pródigo que se queda en casa, pero que se sitúa delante del Padre, como siervo que cumple leyes y sin un corazón misericordioso con los demás.
     El publicano expresa el corazón orante que no es autorreferencial. Es humilde porque camina en verdad. Le muestra sus manos vacías para que las llene el Señor con la ternura de su Corazón. No mira a nadie para juzgarlo…ya tiene bastante con sus pecados. Verdaderamente, ha subido y ha llegado a las entrañas de misericordia del Corazón del Señor. Baja transformado porque su oración no ha sido un espejo donde mirarse para decirse lo bueno que es él y lo malo que son todos los demás.
     Los dos suben y los dos bajan. Son distintos sus corazones y son distintas las realidades orantes de sus vidas. Tenemos que subir, siempre, al monte de la contemplación y, siempre, con un corazón humilde y contrito, bajar al valle de la desfiguración donde viven nuestros hermanos en todas las intemperies y en todas las periferias físicas y existenciales. Una vida cristiana sin oración es imposible. Una oración sin corazón es farisaica y nos cierra a los hermanos.

+ Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres

sábado, 19 de octubre de 2019

DOMINGO 20 DE OCTUBRE DE 2019, 29º DEL TIEMPO ORDINARIO

«HAZME JUSTICIA FRENTE A MI ADVERSARIO»


     Volvemos a uno de los temas preferidos de Lucas, la oración de los pobres, la oración de intercesión pues solo piden los necesitados de verdad. Jesús es el intercesor ante el Padre. No solo como Moisés con las manos en alto, sino con su Corazón, donde tienen resonancias todas nuestras necesidades.  
     Es necesario descubrir las tres claves de la oración de petición que nos da Lucas.
     Primero, orar de día y de noche. Sin desfallecer. Es la constancia de pedir y de interceder lo que vuelve loco el Corazón de Dios. Son muchos los hombres y mujeres de ayer y de siempre que sienten una profunda llamada a orar sin desfallecer de día y de noche. Es la profunda intercesión del pobre Lázaro, del publicano que ora desde la pobreza y sin juzgar; es la oración de la Madre de Dios que proclama que Dios escucha y alza de la basura al pobre. Orar de día y de noche es la oración de quien se siente rematadamente pobre y necesita de todo.
     La segunda clave es orar como la viuda que pide justicia e insiste con la convicción de que será escuchada aunque no sea más que por lo pesada y continúa que es su petición. Sabe que Dios hace justicia a los que le invocan de día y de noche. La insistencia es confianza en que seremos escuchados. Dios no se desentiende del pobre y abatido que se estremece ante sus palabras. El ejemplo de Jesús es siempre muy esclarecedor. La perseverancia y constancia revisten a nuestra oración de petición de la esperanza de saber esperar. 
     En la última clave Jesús habla de fe, de saber si cuando llegue el final de los tiempos el Señor encontrará esta fe en esta tierra. Es siempre como María creer en el Dios de lo imposible. Es vivir en el asombro de que el Señor se estremece con la ternura de nuestra constancia. Es vivir con la esperanza de que la oración de petición que es la oración de nuestra pobreza vuelve loco el Corazón del Señor, cuando volvemos una y otra vez constantemente y sin desfallecer. Es ganarse de cuajo al Señor porque nada ni nadie nos puede apartar de la convicción de la bondad de su Corazón


 + Francisco Cerro Chaves  -  Obispo de Coria-Cáceres



viernes, 18 de octubre de 2019



20 DE OCTUBRE, JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES


     El domingo 20 de octubre se celebra en todo el mundo la Jornada Mundial de las Misiones, el DOMUND. Un día dedicado a rezar por la Misión de la Iglesia y a ayudar a los misioneros. Este año, además, tiene un carácter especial pues es el momento principal del Mes Misionero Extraordinario, convocado por el papa Francisco para octubre de 2019, con el lema “Bautizados y enviados, la Iglesia de Cristo en misión por el mundo”. El Santo Padre celebrará la Eucaristía a las 10.30 horas desde la Basílica San Pedro.

  

    Las Obras Misionales Pontificias son las encargadas de promover esta Jornada. En España, como cada año, hacen públicos unos materiales didácticos y litúrgicos para vivir el DOMUND. También hacen públicos los datos de las misiones y las cifras de la recaudación de la campaña del año anterior.
     En la actualidad hay cerca de 11.000 misioneros españoles en el mundo, según los datos registrados en la base de datos de Obras Misionales Pontificias España:

– Los misioneros españoles están en 134 países.
– El país con más misioneros españoles es Perú (745).
– Unas 387 instituciones envían misioneros a la misión.
– Hay casi 100 obispos, que salieron de España como misioneros y han sido consagrados obispos en la misión…

     Las muertes violentas de varios misioneros españoles de este último año les han puesto, desgraciadamente, de actualidad. Hay muchas más razones por las que merecen ser conocidos los 11.000 misioneros españoles y la Misión de la Iglesia católica. El Papa Francisco nos ha dado una ocasión estupenda en octubre 2019 para dar a la Misión el protagonismo que merece. Ha pedido que ese mes de octubre sea un Mes Misionero Extraordinario, dedicado de una forma especial a las Misiones. En ese mes destaca especialmente la Jornada del Domund del 20 de octubre.