TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

sábado, 17 de diciembre de 2016

D. JOSÉ LUIS GONZÁLEZ AULLÓN, NUEVO PRESIDENTE NACIONAL DE LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA



     El pasado día 6 de noviembre, el Pleno Nacional de la Adoración Nocturna, ha elegido a su nuevo Presidente don José Luis González Aullón, para un nuevo período de cuatro años.
     Desde esta Zona de la Andalucía occidental, le felicitamos muy cordialmente, y le deseamos el mayor éxito para el bien de la Obra.

     Reproducimos sus palabras, en su primer saludo al Plenario que le ha elegido por una amplia mayoría:
    « “Intentaré imitar la gran labor de nuestro VENERABLE FUNDADOR DON LUIS DE TRELLES que logró con gran éxito y con su gran fe fundar esta Obra y extenderla por España. Repito mis palabras de agradecimiento por haber tenido tanta confianza en mí. Sé que entre todos haremos realidad una grandísima labor.   Quiero agradecer el quehacer de los que tanto han trabajado personal y profesionalmente en este Consejo. Llegará un día en el que todos, colaborando juntos, llevaremos a la Adoración Nocturna a un gran esplendor”. Gracias.” »


PERFIL ANE

     Su primer puesto de responsabilidad en la Adoración Nocturna Española fue como Jefe de Turno, hacia 1990. Con posterioridad fue miembro del Consejo Diocesano de Madrid desde el año 2000 hasta el 2008 aproximadamente. En 2007 Formó parte del Consejo Nacional, primero como Vocal de Zonas y a partir de 2009 como Vicepresidente.


martes, 13 de diciembre de 2016

REFLEXIONES PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA



DICIEMBRE: ADVIENTO, CAMINO HACIA LA NAVIDAD

     “A Ti, Señor, levanto mi alma: Dios mío, en Ti confío, no quede yo defraudado; que no triunfen de mí mis enemigos; pues los que esperan en Ti no quedarán confundidos” (Ps. 24, 1-3). Con estas palabras de la antífona de entrada de la Misa del Primer Domingo de Adviento, comienza este tiempo litúrgico en el que la Iglesia nos invita a todos los cristianos a preparar nuestro corazón, nuestra alma, para acoger al Hijo de Dios hecho hombre, a quien vamos a adorar recostado en un pesebre en las afueras de Belén, en Nochebuena.

“Ha llegado la plenitud de los tiempos: Dios ha enviado a su Hijo a la tierra” (cfr. Gal 4, 4).

     Es el gran Misterio que ilumina toda la creación, todo el universo. Dios, el Creador, viene a vivir con nosotros, sus criaturas. El Cielo baja a la tierra; se hace tierra.
Conscientes de nuestro pecado, de nuestra indigencia, del vacío de sentido de nuestra vida, de nuestro batallar, de la obscuridad que tantas veces inunda nuestra mente, nuestra alma, clamamos:

     “Ven, Señor, Tú que te sientas sobre los Querubines: que brille tu rostro sobre nosotros y nos salve” (Ps 80 (79), 4).   “Enviadlo, altos cielos, como rocío, que las nubes lluevan al Justo. Abrase la tierra y germine el Salvador” (Is45, 8).
Dios viene a la tierra, y en estas semanas, leyendo los evangelios del nacimiento de Juan el Bautista, de su predicación, queremos preparar nuestro espíritu para acoger a Jesucristo, y recibid su amor:
     “Preparad el camino del Señor, haced derechas sus sendas: y verá toda carne la salvación de Dios” (Lc 3, 4-6).
San Pablo nos apremia: “Ya conocéis el tiempo y ya es hora de levantaros del sueño, pues nuestra salud está ahora más cercana que cuando creímos. La noche va muy avanzada y se acerca ya el día. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistamos las armas de la luz”
(Rom 13, 11-12).

     Después de dos mil años de su nacimiento en la tierra, Jesús sigue siendo un desconocido para muchas personas; y muchos de los que lo conocen, y han oído algo de Él, rechazan la salvación que ha venido a ofrecernos. 
     Sabemos que no podemos vencer el pecado, limpiar nuestra miseria, vencer nuestra debilidad y fragilidad, sin la ayuda de Dios. En estos días, y delante del Santísimo Sacramento, renovemos nuestro deseo de ser salvados, de ser abrazados por Dios. Anhelemos la salvación, y así se lo decimos con humildad, y abiertos a sus palabras y a sus gestos, en esas antífonas que la Iglesia nos recuerda en la Santa Misa, en los días inmediatos a la Navidad.

      “¡Oh Sabiduría del Altísimo, que dispones todas las cosas con fuerza y suavidad: Ven a enseñarnos el camino de la prudencia!”.
     Y en ese caminar con el Espíritu Santo, empezamos a descubrir el Amor al hombre que ha traído a Dios a la tierra. Nunca comprenderemos plenamente este gesto de Dios que se hace Niño, que rompe todas las barreras que el pecado ha establecido entre nosotros y Él. Porque el pecado limita nuestra inteligencia, empequeñece nuestro corazón para recibir la Luz de Dios, y poder ser iluminados por el Amor que Dios nos tiene.
La Misericordia de Dios se hace sonrisa de Dios en el rostro del Niño Jesús:
     “Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto el Oriente, para alumbrar a los que están sentados en tinieblas y en sombra de muerte, para enderezar nuestros pies hacia el camino de la paz” (Lc1, 79).

      “¡Oh jefe de la casa de Israel, que diste la ley a Moisés sobre el monte Sinaí: Ven a rescatarnos con el poder de tu brazo!”
     Anhelamos corresponder al amor que Dios nos manifiesta en la criatura escondida en el seno de María; y el mejor modo de corresponder es abrirnos a la Luz del Misterio de Dios Encarnado, leyendo los Evangelios de la infancia de Jesús, a la vez que preparamos con todo cariño el Belén en nuestras casas.

      “¡Oh raíz de Jesé, que estás como estandarte de todos los pueblos: Ven a salvarnos, no tardes ya!”
     No tardes, Señor, porque nuestra obscuridad, nuestra ceguera nos esclaviza, nos lleva a vender nuestra alma al dinero, al sexo, al poder al diablo; y nos tienta para cerrarnos en nuestro egoísmo, en nuestras pequeñas ambiciones, y a olvidar las necesidades materiales y espirituales de nuestro prójimo, de nuestros hermanos.

      “¡Oh llave de David, que abres las puertas del reino eterno: Ven y saca de su prisión a los cautivos que están sentados en las tinieblas!”
     Mientras en nuestras casas vamos preparando el Nacimiento, el portal de Belén, las figuras de    los pastores, renovemos nuestra Fe, nuestra Esperanza, nuestra Caridad. Así, en nuestra familia, siempre habrá un lugar para el Niño Jesús,

      “¡Oh Oriente, esplendor de la luz eterna y sol de justicia: Ven y alumbra a los sumidos en sus tinieblas y en sombras de muerte!”

“Ha llegado la plenitud de los tiempos: Dios ha enviado a su Hijo a la tierra” (cfr. Gal 4, 4).

     Hagamos compañía muy especial a Santa María que camina con José hacia Belén. Con Ella aprenderemos a adorar, a amar, a dar nuestra vida, a quien es el Camino, la Verdad y la Vida. Y con Ella viviremos el gozo de tenerlo en nuestros brazos, de acunarlo con amor.

Cuestionario

■ ¿Me preparo para recibir la Luz de Dios en la tierra, leyendo los relatos de la infancia del Señor, recogidos en los Evangelios?

■ Al preparar la representación del Nacimiento con mi familia, con los amigos, ¿repito en mi interior actos de Fe, de Esperanza, de Caridad en Dios, a quien contemplo hecho Niño?

■ ¿Acompaño en estos días a alguna persona que esté enferma, que viva en soledad, para, además de atenderla, llevarle el calor del amor que Dios nos manifiesta en la cuna de Belén?



viernes, 9 de diciembre de 2016

DOMINGO 11 DE DICIEMBRE, 3º DEL ADVIENTO

¿ERES TÚ EL QUE HA DE VENIR…?

 


     Vuelve la figura colosal de Juan Bautista. Esta vez está en la cárcel. Le surgen  dudas, por otra parte normal. Cuando entró en la Iglesia Católica Chesterton, dijo con mucha sabiduría: al entrar en la Iglesia me quité el sombrero, pero nunca la cabeza para pensar. ¿Cuáles son las dudas de Juan en la cárcel? ¿Dónde están sus grandes interrogantes?
     Al estar encarcelado él ve que pasa el tiempo y no es liberado. Estaba convencido de que cuando viniera el Mesías, los signos más esperados y más deseados es que salten los cepos  injustos y que sean liberados los que sufren por la verdad, los que están encarcelados por fidelidad al Señor de la Vida.
     Es curioso que Jesús le diga a Juan que se están cumpliendo todos los signos mesiánicos para tranquilizarle: “los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan  y a los pobres se les anuncia el Evangelio”, pero no habla nada de liberación de los presos, que era la situación existencial de Juan. Parece como que a él le falla el Mesías porque  sus expectativas no son cumplidas.
     La clave  está en que aquellos que hemos conocido el Amor de Cristo nunca debemos desconfiar de su Él, aunque se haga esperar y, a veces, parezca que no se cumplen sus planes o que no es puntual a la cita, por eso apostilla Jesús: ¡Dichoso el que no se escandaliza de mí!
     La grandeza de Juan está en la humildad profunda que le lleva a desaparecer, aún en sus propios intereses personales, para dar paso al Dios que viene y que sólo podemos esperarlo y acogerlo en la fe, en la sorpresa, en la novedad y en el asombro. Somos contemplativos porque sabemos que de quien nos hemos fiado siempre lleva a buen término la obra que empezó en nosotros.
     Las dudas a veces son inevitables en el camino del seguimiento de Cristo. La duda es volver, una y otra vez, al amor primero, a la certeza de saber que el Amor de Dios siempre se sale con las suyas. A veces, parece que Dios calla y nos asusta tanto silencio de Dios, pero si, como decía el Hermano Rafael, “sabemos esperar”, entonces nuestra vida se transforma y las dudas se disipan como la niebla.

+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres