Espiritualidad Católica como fuente testimonial. Tras el reconocimiento de nuestro carisma cristiano, buscamos ser consecuentes y por lo tanto expandir el Evangelio de Cristo en nuestra sociedad.
TIEMPOS LITURGICOS
jueves, 24 de diciembre de 2015
sábado, 19 de diciembre de 2015
DOMINGO 20 DE DICIEMBRE, 4º DE ADVIENTO
María, Madre y Maestra de Misericordia
En este cuarto domingo de Adviento, a pocos días de la
Navidad, debemos
entonar un canto de alabanza a Dios por la Virgen María. La Iglesia nos
la propone hoy como un modelo a imitar cuya respuesta al proyecto de Dios fue
donarse sin reserva y ponerse en camino. Su ejemplar
respuesta es referente para los hombres y mujeres de hoy, tal como nos pide el
Papa Francisco, salir a la calle y ofrecer a Dios a los demás como hizo María,
que ya lo llevaba en su seno, con una sencillez admirable y con la naturalidad
de quien se fía totalmente del Señor. Ella le dio al Padre respuestas de amor.
Su modelo es fácil de imitar, fiarse de Dios y ponerse en camino todo es uno.
En el Evangelio
escucharemos cómo la prima Isabel,
haciendo de profetisa, le ayuda a entender a María que su valentía y su gran
generosidad se verá compensada por el Señor y le da ánimo con estas palabras: "Lo que te ha dicho el
Señor, se cumplirá". Es evidente que como entre
el corazón de Dios y el de María hay sintonía, por eso no echó la mirada atrás
y se puso en camino. Su equipaje es de mano: salir al encuentro del otro,
querer ayudar, sencillez y olvido de sí... María lleva dentro de su ser a Dios
y a través de ella Dios se acerca al hombre. Por medio de su Madre, el Señor se hace presente en
casa de Isabel y Zacarías y la criatura
que llevaba Isabel en el seno saltó de gozo y la madre se llenó del Espíritu
Santo.
Ya está
Dios cerca, muy cerca de nosotros y viene de la mano de María. Ponte en camino, como Ella,
para servir; en este año Jubilar de la Misericordia ponte en el camino de la caridad, ve de prisa a
llevarle al hermano la alegría y la paz; vamos, salid de vuestras comodidades y
acercaos al necesitado, al que padece hambre, al desconsolado, al que va sin
rumbo por la vida... Estamos en condiciones de aprender otra bella y gran
lección, en esta ocasión de parte de una Maestra excepcional, la Virgen María: fíate del Señor, para poder
servir mejor, mostrando a Jesús en tu
regazo; quédate en un segundo plano, en silencio, con el rostro iluminado por
la alegría, pero sabiendo que el protagonista es Jesús y que la mirada se
centrará en el Hijo de Dios.
La lección
de Dios que nos enseña a ser humildes, sencillos y entregados a sus planes es
un buen camino para seguir tras las huellas de Cristo, y que ser coherentes con
la fe no quiere decir que estemos condenados a ocultar o disimular los valores
y la belleza del Evangelio. Jesús nos envía a evangelizar, sin miedo, que la
evangelización del mundo es la razón de ser Iglesia, aunque nos cueste sacrificios. Encender la cuarta luz del
Adviento es comprometerte con el Señor y sentirte enviado a decirle a todos dónde pueden encontrarse con el
Salvador, dónde está la fuente de la Vida: en JESÚS. Nacido en Belén, en el
regazo de su Madre, María.
+ José Manuel Lorca Planes - Obispo
de Cartagena
EL «BELÉN» COMO PREPARACIÓN A LA NAVIDAD
Queridos hermanos y hermanas:
…En muchas familias, siguiendo una hermosa y
consolidada tradición, inmediatamente después de la fiesta de la Inmaculada se
comienza a montar el belén, para revivir juntamente con María los días llenos
de conmoción que precedieron al nacimiento de Jesús. Construir el belén en casa
puede ser un modo sencillo, pero eficaz,
de presentar la fe para transmitirla a los hijos.
El belén nos ayuda a contemplar el misterio
del amor de Dios, que se reveló en la pobreza y en la sencillez de la cueva
de Belén. San Francisco de Asís quedó tan prendado del misterio de la
Encarnación, que quiso reproducirlo en Greccio con un belén viviente; de este
modo inició una larga tradición popular que aún hoy conserva su valor para la
evangelización.
En
efecto, el belén puede ayudarnos a
comprender el secreto de la verdadera Navidad, porque habla de la humildad
y de la bondad misericordiosa de Cristo, el cual «siendo rico, se hizo pobre» (2 Co
8,9) por nosotros. Su pobreza enriquece a quien la
abraza y la Navidad trae alegría y paz a los que, como los pastores de Belén,
acogen las palabras del ángel: «Esto os servirá de señal: encontraréis un niño
envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12).
Esta sigue siendo la señal, también para nosotros, hombres y mujeres del siglo
XXI. No hay otra Navidad…
Benedicto XVI, pp emérito
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