TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

sábado, 19 de diciembre de 2015

DOMINGO 20 DE DICIEMBRE, 4º DE ADVIENTO

María, Madre y Maestra de Misericordia

 


     En este cuarto domingo de Adviento, a pocos días de la Navidad, debemos entonar un canto de alabanza a Dios por la Virgen María. La Iglesia nos la propone hoy como un modelo a imitar cuya respuesta al proyecto de Dios fue donarse sin reserva y ponerse en camino. Su ejemplar respuesta es referente para los hombres y mujeres de hoy, tal como nos pide el Papa Francisco, salir a la calle y ofrecer a Dios a los demás como hizo María, que ya lo llevaba en su seno, con una sencillez admirable y con la naturalidad de quien se fía totalmente del Señor. Ella le dio al Padre respuestas de amor. Su modelo es fácil de imitar, fiarse de Dios y ponerse en camino todo es uno.
     En el Evangelio escucharemos cómo la prima Isabel, haciendo de profetisa, le ayuda a entender a María que su valentía y su gran generosidad se verá compensada por el Señor y le da ánimo con estas palabras: "Lo que te ha dicho el Señor, se cumplirá". Es evidente que como entre el corazón de Dios y el de María hay sintonía, por eso no echó la mirada atrás y se puso en camino. Su equipaje es de mano: salir al encuentro del otro, querer ayudar, sencillez y olvido de sí... María lleva dentro de su ser a Dios y a través de ella Dios se acerca al hombre. Por medio de su Madre, el Señor se hace presente en casa de Isabel y Zacarías y la criatura que llevaba Isabel en el seno saltó de gozo y la madre se llenó del Espíritu Santo.
     Ya está Dios cerca, muy cerca de nosotros y viene de la mano de María. Ponte en camino, como Ella, para servir; en este año Jubilar de la Misericordia ponte en el camino de la caridad, ve de prisa a llevarle al hermano la alegría y la paz; vamos, salid de vuestras comodidades y acercaos al necesitado, al que padece hambre, al desconsolado, al que va sin rumbo por la vida... Estamos en condiciones de aprender otra bella y gran lección, en esta ocasión de parte de una Maestra excepcional, la Virgen María: fíate del Señor, para poder servir mejor, mostrando a Jesús en tu regazo; quédate en un segundo plano, en silencio, con el rostro iluminado por la alegría, pero sabiendo que el protagonista es Jesús y que la mirada se centrará en el Hijo de Dios.
     La lección de Dios que nos enseña a ser humildes, sencillos y entregados a sus planes es un buen camino para seguir tras las huellas de Cristo, y que ser coherentes con la fe no quiere decir que estemos condenados a ocultar o disimular los valores y la belleza del Evangelio. Jesús nos envía a evangelizar, sin miedo, que la evangelización del mundo es la razón de ser Iglesia, aunque nos cueste sacrificios. Encender la cuarta luz del Adviento es comprometerte con el Señor y sentirte enviado a decirle a todos dónde pueden encontrarse con el Salvador, dónde está la fuente de la Vida: en JESÚS. Nacido en Belén, en el regazo de su Madre, María.

+ José Manuel Lorca Planes - Obispo de Cartagena





EL «BELÉN» COMO PREPARACIÓN A LA NAVIDAD 
Queridos hermanos y hermanas:
  
   …En muchas familias, siguiendo una hermosa y consolidada tradición, inmediatamente después de la fiesta de la Inmaculada se comienza a montar el belén, para revivir juntamente con María los días llenos de conmoción que precedieron al nacimiento de Jesús. Construir el belén en casa puede ser un modo sencillo, pero eficaz, de presentar la fe para transmitirla a los hijos. 
      El belén nos ayuda a contemplar el misterio del amor de Dios, que se reveló en la pobreza y en la sencillez de la cueva de Belén. San Francisco de Asís quedó tan prendado del misterio de la Encarnación, que quiso reproducirlo en Greccio con un belén viviente; de este modo inició una larga tradición popular que aún hoy conserva su valor para la evangelización.
     En efecto, el belén puede ayudarnos a comprender el secreto de la verdadera Navidad, porque habla de la humildad y de la bondad misericordiosa de Cristo, el cual «siendo rico, se hizo pobre» (2 Co 8,9) por nosotros. Su pobreza enriquece a quien la abraza y la Navidad trae alegría y paz a los que, como los pastores de Belén, acogen las palabras del ángel: «Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12). Esta sigue siendo la señal, también para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI. No hay otra Navidad…
Benedicto XVI, pp emérito