Espiritualidad Católica como fuente testimonial. Tras el reconocimiento de nuestro carisma cristiano, buscamos ser consecuentes y por lo tanto expandir el Evangelio de Cristo en nuestra sociedad.
TIEMPOS LITURGICOS
miércoles, 24 de abril de 2019
domingo, 21 de abril de 2019
DOMINGO 21 DE ABRIL DE 2019, PASCUA DE RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
«SE HAN LLEVADO AL SEÑOR Y NO
SABEMOS DÓNDE LO HAN PUESTO»
El domingo de resurrección no termina la
celebración de la Pascua, EMPIEZA. Permanezcamos como testigos gozosos de la
vida en medio de un mundo cotidiano que sufre demasiadas muertes.
Lo que celebramos los cristianos es la
pascua, el paso, de una muerte a la vida. Lo cual, no termina el domingo de
resurrección, sino que precisamente empieza, o mejor dicho, nunca terminó. De
modo que, no suframos operaciones retorno, no regresemos de lo que en estos
días hemos visto y oído, sino que permanezcamos ahí como testigos gozosos de la
vida, en medio de un mundo cotidiano que sufre en demasiadas muertes.
El
Evangelio del domingo de pascua trae un curioso protagonista: el sepulcro, que
hasta 7 veces se reseña, y los personajes se mueven en torno a él: van, vienen,
vuelven, miran, se detienen, pasan... Aquel sepulcro no era un tumba
cualquiera. Para unos, como los sumos sacerdotes y los letrados, el sepulcro
era el final de la pesadilla que para ellos tal vez fue Jesús. Para otros, como
Pilato, tal vez el final de un susto que le puso contra las cuerdas haciendo
peligrar su poltrona política. Para otros, finalmente, como los discípulos, el
sepulcro era su pena, su escándalo, su frustración. Es posible que, recordando
tantas palabras de su Maestro, aún mirarían aquel lugar con una débil
esperanza... por si acaso.
Pero
llegó Magdalena, y al ver aquello así, abierto y sin Jesús, pensó lo más
natural: que alguien había robado el cadáver. Y comunicado a los Apóstoles,
corrieron para ver. El discípulo a quien Jesús quería, vio y creyó. Y
comenzaron a entender la Escritura, a reconocer como verdad lo que ya les había
sido otras veces anunciado: que Jesús resucitaría. No hay espacio ya para el temor,
porque cualquier dolor y vacío, cualquier luto y tristeza, aunque haya que
enjugarlos con lágrimas, no podrán arañar nuestra esperanza, nuestra luz y
nuestra vida... Porque Cristo ha resucitado, y en Él, como en el primero de
todos los que después hemos seguido, se ha cumplido el sueño del Padre Dios, un
sueño de bondad y belleza, de amor y felicidad, de alegría y bienaventuranza.
El sueño que Él nos ofrece como alternativa a todas nuestras pesadillas.
+ Fr. Jesús
Sanz Montes, ofm - Arzobispo de Oviedo
martes, 16 de abril de 2019
sábado, 13 de abril de 2019
DOMINGO 14 DE ABRIL DE 2019, DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR
«EN
VERDAD TE DIGO: HOY
ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO»
La pasión según Lucas tiene matices y sugerencias que hablan
del evangelio de la misericordia, del evangelizador, del catequista, del
misionero. Se podría sintetizar en tres palabras claves: Jesús, Misericordia y
Asombro.
Aparece en la pasión el Jesús humano que nos enamora y seduce a todos.
El que contempla el buen ladrón en la puerta de la muerte y que le roba el
Corazón a Jesús. Hoy estarás conmigo en el paraíso.
Curiosamente los apóstoles y discípulos le llaman maestro, Señor, hijo de
Dios...los pobres y pecadores sencillamente Jesús. Jesús significa Yahvé salva.
Su amor es incondicional. Abre su corazón como puerta de entrada donde solo
caben los pequeños y humildes que confiesan sus pecados.
La segunda palabra es Misericordia. Lucas
es la pasión de la misericordia. Presenta en todas las escenas el Corazón
ilimitadamente bueno de Cristo. No se ve ningún
gesto de amargura. Es bueno Jesús siempre y con todos. En la pasión el
Señor encuentra la oveja perdida, acoge en su Corazón al hijo prodigo que
vuelve a casa herido por la vida. Se alegra con lo pequeño cuando es encontrado
y abrazado, como aquella mujer con la moneda insignificante perdida y que se
llena de alegría, y como misionera de la misericordia se lo cuenta a todo el
mundo.
Por último es la pasión del
asombro de todos los que entran en contacto con El, sobre todo por su bondad tan divina y humana. Acoge y perdona. Reza en su dolor al Padre y comprende a sus amigos
dormidos y cansados por tanto dolor padecido. Asombro de un amor incondicional
que se entrega y da la vida en todo y por amor a todo.
Según Lucas la pasión de Cristo es la de un amor total y verdadero llamado
Jesús.
+ Francisco Cerro Chaves
- Obispo
de Coria-Cáceres
REFLEXIONES PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA
ABRIL: NATURALEZA DE LA ADORACIÓN NOCTURNA
ESCUELA PRÁCTICA DE ORACIÓN
PARA APRENDER A AMAR COMO RAZÓN DE VIVIR
Arrancamos el segundo trimestre del año. Salidos del invierno tan propicio al recogimiento –aunque a veces, al encogimiento- se nos ha venido la primavera, que nos incita a salir de nosotros mismos y a abrir nuestros sentidos al gozo de la belleza a raudales y al resurgir de la vida. Siempre y en todo lugar hemos de dar gracias a Dios. Como lo hace todo el universo. Qué hermoso es considerar, cuando en el turno de vela, cantamos o recitamos el salmo 19, sentirnos unidos a toda la Creación, poniendo voz y corazón a lo que proclama el universo:
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.
LA MARAVILLA DE LA ORACIÓN
No es otra cosa orar, sino levantar el corazón a Dios
para alabarle o para pedirle mercedes, como nos
enseñaban en la doctrina cristiana.
No nos cansaremos de agradecer la
publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. Ya no nos escusa el
“doctores tiene la Iglesia que le sabrán responder”. Han puesto en nuestras
manos todo lo que constituye el depósito de la Fe.
Continuando con lo escrito en marzo, es
una maravilla leer atentamente todo lo que nos enseña en la parte IV
sobre la oración. Detengámonos en estos dos puntos y caeremos en la cuenta de
la inconmensurable dignidad humana que Dios nos otorga cuando entramos en
cualquier tipo de oración:
1º Es alianza con Dios
(2564) La oración
cristiana es una relación de Alianza entre Dios y el hombre en Cristo. Es acción
de Dios y del hombre; brota del Espíritu Santo y de nosotros, dirigida por
completo al Padre, en unión con la voluntad humana del Hijo de Dios hecho
hombre.
2º Es comunión con Dios
(2565) En la nueva
Alianza, la oración es la relación viva de los hijos de Dios
con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu
Santo. La gracia del Reino es “la unión de la Santísima Trinidad toda entera con
el espíritu todo entero” (San Gregorio Nacianceno, Oratio 16, 9). Así, la vida de
oración es estar habitualmente en presencia de Dios, tres veces
Santo, y en comunión con
Él. Esta comunión de vida es posible
siempre porque, mediante el Bautismo, nos hemos convertido en un mismo ser con
Cristo (cf Rm 6, 5). La oración es cristiana en tanto en cuanto es
comunión con Cristo y se extiende por la Iglesia que es su Cuerpo. Sus
dimensiones son las del Amor de Cristo (cf Ef 3, 18-21).
NECESITADOS DE SILENCIO
De sobra sabéis que son tres los tipos de oración. La oración vocal, la meditación y la contemplación. Además del ofrecimiento de obras, que convierte en
oración todo lo que hacemos durante el día.
Existen
diferencias entre esos tres tipos de oración como abordaremos en la próxima
reflexión de mayo, Pero también los tres están relacionados entre sí.
Curiosamente las tres
necesitan inexcusablemente del silencio. No es posible
la oración en el alboroto en que estamos inmersos. Hay una dictadura del ruido.
Silencio externo. Qué difícil es rezar en medio del barullo. En un
libro admirable del cardenal Robert Sarah titulado La fuerza del silencio y que
os recomiendo vivamente, lleva por subtítulo “Frente a la dictadura del ruido”.
Vivimos bajo la dictadura del ruido que no solo nos imposibilita el encuentro
con Dios, sino que no nos deja encontrarnos con nosotros mismos. El silencio y
la penumbra de las iglesitas románicas es el espacio propicio para encontrarnos
en presencia de Dios, espacio que podemos propiciar dentro de nosotros mismos,
sin salir de nosotros mismos. Silencio
exterior y silencio interior. Controlar las distracciones.
Estamos en el momento sublime de la
consagración y la mente se nos va hacia el descalabro de la política, la dureza
de los garbanzos, el regalo para el nieto, y otros mil insignes afanes, en nada
congruentes con la muerte de Jesús en la Cruz. Y así en todo. El silencio es el requisito para el encuentro con
quien sabemos nos ama. La imaginación, como loca de la casa, ya se encarga
de las mil distracciones que impiden estar a solas con nuestro Dios.
Es en el
silencio donde Dios nos habla, donde podemos escuchar lo que Dios nos dice.
Para orar Se requiere soledad y silencio: TACE, escribe Don Luis, CALLA.
NUESTRA PARTICIPACIÓN EN LA ORACIÓN:
La persona debe poner su deseo y su
disposición, principalmente su actitud de silencio (apagar ruidos exteriores e
interiores). El silencio aún no es contemplación, pero es el esfuerzo que
Dios requiere para dársenos y transformarnos. Además, orar se aprende
orando, "sin desfallecer", como nos pide la Sagrada Escritura. La única forma de aprender a orar es:
orar, orar, orar.
Aun así, unos oran de una manera y otros
de otra. A unos les es fácil la contemplación y a otros les es casi imposible.
Unos meditan, otros hacen oración vocal. ¿Entonces?
Santa Teresa de
Jesús nos responde esto. Comentando el
pasaje de Pedro cuando le pregunta al Señor qué será de Juan. Y el Señor le
responde: "¿A ti que? Tú, sígueme" (Jn 21, 20-25):
"Es cosa que importa mucho entender
que no a todos lleva Dios por un camino, y por ventura el que le pareciere va
por muy más bajo, está más alto en los ojos del Señor" [...] "Así que
no porque en esta casa todas traten de oración, han de ser todas contemplativas.
Es imposible. Y será gran desconsolación para la que no lo es"[...] "Yo
estuve más de catorce años que nunca podía tener meditación sino junto con
lección. Habrá muchas personas de este arte, y otras que, aunque sea con
lección, no pueden tener meditación, sino rezar vocalmente, y aquí se detienen
más... Y otras personas hay hartas de esta manera, y si hay humildad, no creo
saldrán peor libradas al cabo sino muy en igual de los que llevan muchos
gustos, y con más seguridad en parte; porque no sabemos si los gustos son de
Dios o si los pone el demonio"[...]
"No hay
qué temer, ni hayáis miedo que dejéis de llegar a la perfección como los muy
contemplativos." El protagonista de nuestra oración es Dios mismo. Nosotros,
abandonarnos en Él; poner en Él toda nuestra confianza. No en el mucho saber,
sino en el mucho amar. No lo olvidemos: la adoración
nocturna es una escuela práctica para aprender a orar, es decir, para que nuestro corazón aprenda a vivir
siempre y en todo lugar, en presencia de quien sabemos nos ama.
Preguntas
para el diálogo y la meditación.
■ ¿Por qué la oración en cualquiera de sus variedades
es un reconocimiento sobrecogedor de la dignidad que Dios concede al ser
humano?
■ ¿Por qué sin el silencio no es posible ponernos en presencia
de Dios?
■ ¿En qué radica
la plenitud de la oración, en la forma de oración que realicemos o en el grado
de amor que alcancemos en cualquier forma de orar?
sábado, 6 de abril de 2019
DOMINGO 7 DE ABRIL DE 2019, 5º DE CUARESMA
«EL QUE ESTÉ SIN PECADO, QUE LE TIRE LA PRIMERA PIEDRA»
Jesús va de
Betania a Jerusalén y después de la oración, de madrugada, va al templo. Le traen
a una mujer sorprendida en flagrante adulterio. Todos contra ella menos Jesús
que siempre acoge y perdona. Nadie la mira. No les interesa nada de lo que hay
en su corazón.
Le preguntan, para que se “moje”, sobre el pecado que Moisés, citando la
Ley, manda apedrear. Los fariseos quieren, a toda costa, sin escucharla y sin
mirarla, comenzar a tirar piedras. Jesús calla y escribe sobre la arena.
Tres son las actitudes que tiene Jesús como contestación
al pecado del mundo.
Primero, guarda silencio para hacerles recapacitar de su falsedad e hipocresía. Se
acercan a aquella mujer sin entrañas de misericordia y como acusadores. La
aplicación de la justicia es para los fariseos venganza.
Segundo, se agacha, se pone al nivel de la
mujer. Como en el cenáculo, él se pone a los pies de los pecadores, de rodillas, para escucharla. Su venganza es su Corazón
misericordioso. Siempre actúa así el Señor con los pecadores, que somos todos;
y quien diga que no ha pecado es un mentiroso, dice San Pablo.
Por último, escribía sobre la arena. Nos
sugiere que todo lo que se escribe sobre arena es para que se pueda borrar. El pecado no debe
permanecer en nuestra vida, sino que por la constante llamada del Señor a la conversión debe perdonarse y borrarse
con el dedo de su infinita misericordia.
Jesús, sencillamente, dice que quien esté
libre de pecado que tire la primera piedra. Comenzando por los más viejos, a los
que la experiencia de la vida les hace sabios, van escabulléndose uno por uno.
Al final, la mujer se encuentra a solas
con Jesús. Le pregunta el Señor por sus acusadores. ¿Dónde están?
La mujer y nosotros, en el encuentro con
Jesús, hemos experimentado que ha sido derrumbado el acusador, el que nos
acusaba siempre, como dice el salmo, hemos escapado de la trampa del cazador,
la trampa se rompió y escapamos.
+ Francisco Cerro Chaves - Obispo de
Coria-Cáceres
(Jn 13, 14)
ABRIL 2019
«Pues si
yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis
lavaros los pies unos a otros» (Jn 13, 14).
Al recordar las últimas horas
transcurridas con Jesús antes de su muerte, el evangelista Juan pone en el
centro el lavatorio de pies. En el antiguo Oriente era un signo de acogida al
huésped, que llegaba por caminos polvorientos, y solía realizarlo un siervo.
Precisamente por eso, en un principio los discípulos se niegan a aceptar este
gesto de su Maestro, pero Él al final les explica:
«Pues si yo, el Señor y el
Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a
otros».
Con esta imagen tan significativa, Juan nos desvela completamente la misión de
Jesús: Él, el Maestro y el Señor, ha entrado en la historia humana para
encontrarse con cada hombre y con cada mujer, para servirnos y restablecer nuestra relación con el Padre.
Día a día durante toda su vida terrena,
Jesús se despoja de cualquier signo de su grandeza, y ahora se prepara a dar su
vida en la cruz. Y precisamente en este momento entrega a sus discípulos, a
modo de herencia, las palabras que más tiene en el corazón:
«Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he
lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros».
Es una invitación clara y simple; todos
podemos entenderla y ponerla en práctica inmediatamente, en cualquier
situación, en cualquier entorno social y cultural.
Los cristianos, que reciben la revelación
del Amor de Dios a través de la vida y las palabras de Jesús, tienen una
«deuda» con los demás: imitar a Jesús acogiendo y sirviendo a los hermanos,
para ser a su vez anunciadores del Amor. Como Jesús: primero amar concretamente
y luego acompañar el gesto con palabras de esperanza y de amistad.
Y el testimonio es aún más eficaz cuando
dirigimos nuestra atención a los pobres con espíritu de gratuidad, rechazando
en cambio comportamientos serviles hacia quienes tienen poder y prestigio.
Incluso ante situaciones complejas, trágicas y que se nos escapan de las manos,
hay algo que podemos y debemos hacer para contribuir al «bien»: ensuciarnos las
manos sin esperar recompensa, con generosidad y responsabilidad.
Además Jesús
nos pide que testimoniemos el Amor no solo personalmente en los ambientes
donde vivimos, sino también como
comunidad, como pueblo de Dios,
cuya ley fundamental es el amor recíproco.
«Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he
lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros».
Después de estas palabras, Jesús sigue
diciendo: «Porque os he dado ejemplo, para
que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros... Sabiendo esto,
dichosos seréis si lo cumplís» (Jn 13,
15-17).
Comentando esta frase del Evangelio,
Chiara Lubich escribió: «"Dichosos seréis...”: El servicio recíproco, el
amor mutuo que Jesús enseña con este gesto desconcertante es, pues, una de las
bienaventuranzas que Jesús nos enseñó. [...] Entonces, ¿cómo viviremos
durante este mes esta palabra? La imitación que Jesús nos pide no consiste
en repetir de modo pedestre su gesto, aunque debemos tenerlo siempre delante de
nosotros como un ejemplo luminosísimo e inigualable. Imitar a Jesús significa comprender que los cristianos tenemos
sentido si vivimos por los demás, si concebimos nuestra existencia como un servicio a los hermanos, si
planteamos toda nuestra vida sobre esta base. Entonces habremos realizado lo
que a Jesús más le importa. Habremos entendido de lleno el Evangelio. Seremos
realmente dichosos».
Leticia Magri
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








