TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

viernes, 12 de agosto de 2016

LUNES 15 DE AGOSTO, 20ª SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO - SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA



LA VIRGEN MARÍA FUE ASUNTA AL CIELO, EN CUERPO Y ALMA



Assumpta est Maria in Caelum

…y se extendió por toda la Tierra, como un perfume, la Devoción a Nuestra Señora, que era una quintaesencia de su presencia en la Tierra…

     El dogma de la Asunción de Nuestra Señora fue ardientemente deseado por las almas católicas del mundo entero, porque es una afirmación más a respecto de la Madre de Dios que la coloca completamente fuera de paralelo con cualquier otra mera criatura y justifica el culto de hiperdulía que la Iglesia le tributa.
     Nuestra Señora tuvo una muerte suavísima, tan suave que es calificada por los autores, con una propiedad de lenguaje muy bonita, la “Dormición de la Bienaventurada Virgen María” (Dormitio Beatae Mariae Virgine), indicando que Ella tuvo una muerte tan suave, tan próxima de la resurrección, que a pesar de constituir verdadera muerte, entretanto es más parecida con un simple sueño. Nuestra Señora después de la muerte resucitó como Nuestro Señor Jesucristo, fue llamada a la vida por Dios y subió a los Cielos en presencia de todos los Apóstoles allí reunidos, y de muchos fieles.
     Esa Asunción representa para la Virgen santísima una verdadera glorificación a los ojos de los hombres y de toda la humanidad hasta el fin del mundo, bien como anticipación de la glorificación que Ella debería recibir en el Cielo.
     La Iglesia Triunfante entera va a recibirla con todos los coros de ángeles; Nuestro Señor Jesucristo la acoge; San José asiste a la escena; después Ella es coronada por la Santísima Trinidad. Es la glorificación de Nuestra Señora a los ojos de toda la Iglesia triunfante y a los ojos de toda la Iglesia militante.
     Con certeza en ese día, la Iglesia purgante también recibió una efusión de gracias extraordinarias. Y no es temerario pensar que casi todas las almas que estaban en el Purgatorio fueron entonces liberadas por Nuestra Señora en ese día, de manera que allí hubo igualmente una alegría enorme. Así podemos imaginar como fue la gloria de nuestra Reina.
     Algo de eso se repetirá – creo – cuando fuere instaurado el Reino de María, cuando viéremos el mundo todo transformado y la gloria de Nuestra Señora brillar sobre la Tierra.
(Profesor Plinio Corrêa de Oliveira el 14 de Agosto de 1965)


LA DEFINICIÓN DOGMATICA

   Asunción significa que María fue llevada en cuerpo y alma al cielo por el poder de Dios, a diferencia de la Ascensión del Señor que lo hizo por su propio poder.

   El Papa Pío XII, en la Bula Munificentissimus Deus, del 1 de noviembre de 1950, proclamó solemnemente el dogma de la Asunción de María con estas palabras:
 
    
   "Pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste" (Dz. 2333).


EXPLICACION DEL CONTENIDO DEL DOGMA

     De la definición pontificia conviene destacar dos aspectos importantes:

■… Que la Asunción de María ocurre inmediatamente después del término de su vida mortal y,
■… Se hace hincapié en la glorificación de su cuerpo más que en la glorificación de su alma, como se explicará a continuación.

- Cumplido el Curso de su vida terrena:

   La Asunción de María, ocurre inmediatamente después del término de su vida inmortal, así pues, para entender correctamente esta frase hay que considerar las siguientes cuestiones:

a) el significado de la fórmula:

   La fórmula significa que la Asunción de María no hay que aplazarla hasta el final de los tiempos, como sucederá con todos los hombres, sino como hecho que ya ocurrió; y, además que el cuerpo santísimo de la Virgen no sufrió descomposición alguna, como ocurre con los cadáveres.

b) la intención del Papa al usar dicha fórmula y no otra:

   El Papa quiso prescindir de la cuestión de la muerte de María en la fórmula definitoria, y por ello la expresión utilizada es igualmente válida, tanto si se entiende que la Virgen murió al final de su vida terrena, cuanto si se piensa en la glorificación del cuerpo mediante la donación de la inmortalidad gloriosa sin pasar por la muerte.

c) las posibles conclusiones:

   En la Bula aparece repetidas veces el tema de la muerte de María, pero ello (estudiado bien el texto), no favorece ni niega la postura contraria. Hay que decir, en resumen, que aún no se ha llegado a una solución definitiva sobre este punto.

- La glorificación celeste del cuerpo de Santa María:

   
Este es el elemento esencial del dogma de la Asunción. Enseña que la Virgen, al término de su vida en este mundo, fue llevada al cielo en cuerpo y alma, con todas las cualidades y dotes propias del alma de los bienaventurados e igualmente con todas las cualidades de los cuerpos gloriosos. Se trata, pues, de la glorificación de María, en su alma y en su cuerpo, tanto si la incorruptibilidad y la inmortalidad le hubieren sobrevenido sin una muerte previa como si le hubiesen sobrevenido después de la muerte mediante la resurrección.
   Una vez visto el contenido del dogma, con más fuerza y claridad se aprecia el hincapié que se hace sobre la glorificación corporal de María (más que la de su alma), si tenemos en cuenta lo siguiente:

a) María estuvo exenta de todo pecado: del original y del actual.

b) Tuvo plenitud de gracia y santidad correspondientes a su condición y dignidad de ser la Madre de Dios.

c) El premio o castigo del alma (para todos los hombres) es inmediato a la muerte.

   Por consiguiente, resulta sencillo entender que el premio del alma de María (por su excelsa santidad) estaba ya decidido, esto es, su glorificación; por ello, resultaría superflua la definición si no tratara sobre todo de la glorificación inmediata del cuerpo, que es en lo que consiste el privilegio de la Asunción.


REFLEXIONES PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA



AGOSTO: LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA AL CIELO
    
     En María, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, adelanta la plenitud de la santificación del mundo. Realiza todos sus deseos de creación, de redención, de santificación de la criatura humana. María, Asunta al Cielo es la obra perfecta y consumada de Dios,

 “Terminado el curso de su vida en la tierra, María fue asunta en cuerpo y alma al Cielo”.

     María ha recibido en su seno a Dios Hijo en su venida a la tierra. Hoy contemplamos a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que acoge a Santa María, “terminado el curso de su vida en la tierra", para vivir eternamente con Él en el Cielo, y para gozo de los coros celestiales.
      “Hay alegría entre los ángeles y entre los hombres. ¿Por qué este gozo íntimo que advertimos hoy, con el corazón que parece saltar del pecho, con el alma inundada de paz? Porque celebramos la glorificación de nuestra Madre y es natural que sus hijos sintamos un especial júbilo, al ver cómo la honra la Trinidad Beatísima” (San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 171).

“María ha sido llevada por Dios, en cuerpo y alma, a los cielos: ¡y los Ángeles se alegran!”

     Los Ángeles y los Arcángeles se alegran de verla; la contemplan; y nosotros nos unimos a su gozo y al de toda la creación. La contemplan; y nos invitan a que pongamos en Ella nuestra mirada, para que un día, podamos también nosotros estar eternamente con Ella en el Cielo, y ver realizado el sueño de Dios sobre todas sus criaturas: vivir eternamente con sus hijos, los hombres, acompañados de su Madre y nuestra Madre, María.

“Y en el Cielo, María nos invita a todos a renovar nuestra fe, nuestra esperanza, nuestra caridad”.

     Nuestra fe, porque Ella es la primera criatura que vive en su cuerpo y en su alma la Resurrección de Cristo; la primera criatura que vive la resurrección de la carne, y que contempla cara a cara a Dios, en el Cielo, en su cuerpo glorioso. “En María elevada al Cielo, plenamente partícipe de la Resurrección de su Hijo, contemplamos la realización de la criatura humana según el “mundo de Dios” (Benedicto XVII; 15-VIII-2010).

     Nuestra esperanza, porque ya en el Cielo, nos muestra que Dios es fiel en sus promesas, que cumple sus palabras. Dijo Jesús: “Ésta es la vida eterna, dijo Jesús, que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien Tú has enviado” (Jn 17, 3); y con Ella no perderemos jamás la esperanza de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Esperanza, porque su mirada materna nos transmite el amor que Dios nos tiene, y llena nuestra alma del Espíritu Santo, como ocurrió cuando visitó a su prima santa Isabel.

     Nuestra caridad, y para darnos una caridad que nos mueva a perdonar y a amar a todos, con el amor con que nos ama su Hijo Jesucristo. Nos hace partícipes de la caridad que llevó a su corazón a perdonar a los que crucificaron a su Hijo y a rezar por ellos. Y a rezar y a perdonar por todos los que de una manera u otra le ofenden.
     Madre de Dios y Madre nuestra. Desde el Cielo, con su tierna mirada de madre amorosa, nos envía el Espíritu Santo para que renovemos nuestra fe en la vida eterna, y prepare nuestro corazón para acogerlo.
     “Ella ha entrado definitivamente en la Gloria del Cielo. Pero esto no significa que esté lejos, que se separe de nosotros; María, por el contrario, nos acompaña, lucha con nosotros. Sostiene a los cristianos en el combate contra las fuerzas del mal” (Papa Francisco, 15-VIII-2013).
     En el Cielo, la Virgen María intercede por las almas benditas del Purgatorio, para que lleguen a gozar de Dios eternamente. Pongamos en sus manos las almas de nuestros seres queridos difuntos, para que sea para todos la puerta del Cielo. Y María quiere ser “puerta del cielo” también para nosotros, que peregrinamos en la tierra, porque nos hace descubrir la alegría de Cristo Misericordioso, al perdonar nuestros pecados.
     “Contemplando el misterio de tu Asunción, oh María, aprendemos a valorar las realidades terrenas en su justa luz. Ayúdanos a no olvidar nunca que nuestra verdadera y definitiva morada es el Cielo y a sostenernos en el esfuerzo de hacer nuestra convivencia aquí abajo cada vez más fraterna y solidaria. Haznos agentes de justicia y artífices de paz en el nombre de Cristo, nuestra auténtica paz” (San Juan Pablo II, 15-VIII-96).
     María, asunta en el Cielo, es para todos sus hijos peregrinos en la tierra la luz, la aurora que anuncia el amanecer que esperamos; la Luz que ilumina la tiniebla de nuestro corazón pobre y limitado.

Cuestionario

■ ¿Me alegro al contemplar a la Virgen Santísima, ya en el Cielo, en cuerpo y alma gloriosos?
■ Me doy cuenta de que la devoción a la Madre de Dios prepara mi corazón para recibir con docilidad al Espíritu Santo?
■ Si el diablo me tienta con la tristeza, ¿acudo a Santa María consciente de que Ella es Madre misericordiosa y Causa de nuestra alegría?