TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

jueves, 16 de junio de 2016

REFLEXIONES PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA



JUNIO: MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO 
        
“Quien me ve a Mí, ve al Padre” (Jn 14, 9).

… dijo el Señor a los Apóstoles. Quien contempla el Corazón de Nuestro Señor, contempla el amor que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo tiene al hombre, podemos decir nosotros.
      “La plenitud de Dios se nos revela y se nos da en Cristo, en el amor de Cristo, en el Corazón de Cristo” (Es Cristo que pasa, n. 163).
     La piadosa devoción al Sagrado Corazón de Jesús hará posible que se realice en nosotros el sueño de San Pablo: “Que Cristo habite en vuestros corazones por la fe, para que, arraigados y fundamentados en la caridad, podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la hondura, la altura y la profundidad; y conocer también el amor de Cristo que supera todo conocimiento, para que os llenéis por completo de toda la plenitud de Dios” (Ef 3, 17-19).
     Ese amor de Dios, el Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones (cfr. Rm 5, 5), hará posible que nuestra inteligencia se abra a la luz del Amor de Cristo manifestado en la Cruz; que nuestra memoria se abra al Amor escondido en la promesa de vida eterna que Cristo nos da al anunciar la Eucaristía: “Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene viene eterna, y Yo le resucitaré el último día” (Jn 6, 54)”; y que nuestra voluntad se abra de verdad a las necesidades de los demás, y así podamos vivir su mandamiento nuevo: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado” (Jn 13, 34).
     Al instituir para toda la Iglesia la fiesta litúrgica del Sagrado Corazón de Jesús, el Papa Pío XII, señaló con estas palabras el Amor del Corazón de Jesús: “Con toda razón, el corazón del Verbo Encarnado es considerado signo y principal símbolo del triple amor con que el Divino Redentor ama continuamente al Eterno Padre y a todos los hombres. Es, ante todo, símbolo del divino amor que en Él es común con el Padre y el Espíritu Santo, y que sólo en Él, como Verbo Encarnado, se manifiesta por medio del caduco y frágil velo del cuerpo humano, ya que en “Él habita toda la plenitud de la Divinidad corporalmente”. (…) “Finalmente, y esto en modo más natural y directo, el Corazón de Jesús es símbolo de su amor sensible, pues el Cuerpo de Jesucristo, plasmado en el seno castísimo de la Virgen María por obra del Espíritu Santo, supera en perfección, y, por ende, en capacidad perceptiva a todos los demás cuerpos humanos” (Encíclica “Haurietis aquas, 15-mayo-1956). 
     ¿Cómo podremos vivir esos tres amores, que nos indican los caminos que hemos de seguir si queremos manifestar con nuestra vida la realidad del Mandamiento Nuevo? El Señor quiere que, con nuestra vida demos testimonio de ese su amor a los hombres, y además nos indica: “Aprended de Mí, que soy manso y humilde de Corazón”. ¿Cómo podremos amar y aprender del Señor, si no tenemos en nuestro corazón, el amor de su Corazón?
     Ya en el Antiguo Testamento, Dios nos anunció por el profeta Ezequiel que daría a los hombres un corazón nuevo: “Os daré un corazón nuevo y pondré en vosotros un espíritu nuevo; os arrancaré ese corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi espíritu y os haré ir por mis mandamientos y observar mis preceptos y ponerlos por obra” (Ez 36, 26-27).
     La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús nos trasmite el rostro de Dios en Cristo Jesús, que se conmueve ante el óbolo de la viuda, que llora ante la muerte de Lázaro, que llora sobre Jerusalén por el mal que se hacen quienes le rechazan y no descubren la “hora de Dios”. El corazón de Dios que tiene sed del agua que bebemos los hombres, del amor de los hombres, y agradece, con la Fe, el vaso de agua de la Samaritana. 
     La devoción al Sagrado Corazón abre nuestro corazón, nuestra capacidad de amar, en tres dimensiones:
■ Amar a Dios, Uno y Trino.
■ Amar a los demás y vivir con ellos la Comunión de los santos en el bien, y sufriendo y padeciendo con ellos en el mal físico y moral, ayudándoles para que se arrepientan de sus pecados y vivan la redención en el amor de Dios.
■ Amar a todos, como Cristo los ama.
“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn15, 13).
■  Damos nuestra vida a Dios adorándole en la Eucaristía, dando testimonio de nuestra Fe, de nuestra Esperanza, de nuestra Caridad, anunciando a amigos y conocidos su Nombre, y rezando con todo el corazón ante el Sagrario por las necesidades de la Iglesia, por el aumento de las vocaciones sacerdotales, por el Papa.
■  Damos nuestra vida a los demás viviendo con todos sus afanes, sus alegrías, sus tristezas, sus triunfos y sus aparentes fracasos; alejando de nosotros todo egoísmo que nos lleva a pensar solamente en nosotros mismos y en nuestros intereses.
■  Damos nuestra vida a todos, sirviéndoles con nuestro trabajo profesional, en la casa, atendiendo sus necesidades, también materiales cuando es preciso, acompañándoles para que no sufran la soledad. 
     María Santísima, al pie de la Cruz, nos enseña a amar el Corazón de su Hijo que muere amándonos.

Cuestionario

■ Cristo nos enseñó a amar muriendo en la Cruz por nosotros. ¿Sé amar y servir a los demás, aunque a veces eso me comporte sufrimientos y sacrificios?

■ ¿Le pido a Dios Espíritu Santo que me enseñe a amar a Dios Padre con el corazón de Dios Hijo, Jesús?

■ ¿Manifiesto mi amor en familia, alegrándome de todo corazón por los dones que Dios nos da? 



sábado, 11 de junio de 2016

DOMINGO 12 DE JUNIO, 11º DEL TIEMPO ORDINARIO


LA MISERICORDIA INVITADA


      Invitar a comer es uno de los signos de amistad más comunes en todas las culturas. El Evangelio de hoy nos narra un episodio de un fariseo que rogaba a Jesús que fuera a su casa porque le quería invitar a comer. Así fue. Pero se coló una mujer conocida en la ciudad por sus pecados, y discretamente comenzó a llorar a los pies de Jesús, a besárselos y enjugarlos con los cabellos, a perfumarlos con el frasco de perfume que había traído. El fariseo viendo aquello, se puso a murmurar contra el maestro. Es decir, invitó a Jesús a comer como quien invita a una persona famosa, acaso para pavonearse de haber sido anfitrión del afamado maestro que estaba en la boca de todos.
       Es tremendo eso de esperar a Dios en los caminos que Él no frecuenta o empeñarse en enmendarle la plana cuando le vemos llegar por donde ni nos imaginamos. En esta entrañable escena, no obstante, lo más importante no era la desilusión defraudada del fariseo, sino la enseñanza de Jesús ante el comportamiento de aquella pobre mujer. Ella hizo lo que le faltó al fariseo en la más elemental cortesía oriental: acoger lavando los pies, secarlos y perfumarlos. Ella no lo hizo como gesto de educación refinada, pues no estaba en su casa ni era ella quien había invitado a Jesús, sino como gesto de conversión, como petición de perdón y como espera de misericordia. Ciertamente el Señor respondería con creces: no banalizaría el pecado de la mujer, pero valoraría infinitamente más el perdón que con aquel gesto ella suplicaba. El fariseo sólo vio en ella el error, mientras que Jesús acertó a ver sobre todo el amor: a quien mucho ama, mucho se le perdona.
       El fariseo y aquella mujer habían pecado, cada cual a su modo. El primero no lo reconoció mientras que ella supo pedir perdón, que es una forma de amor. La vida es como un banquete. En él podemos estar murmurando inútilmente los errores ajenos como el fariseo, o ser perdonados amorosamente como la mujer. Además de evitar los errores hemos de aprender a amar, creyendo que más grande que nuestra torpeza es la misericordia del Señor.

+ Jesús Sanz Montes, ofm-Arzobispo de Oviedo


FRASES DEL PAPA FRANCISCO PARA REFLEXIONAR COMO PERSONAS, COMO CRISTIANOS, COMO CATÓLICOS.


… Los derechos humanos se olvidan no solo por el terrorismo, la represión los asesinatos sino también por la existencia de condiciones de extrema pobreza y estructuras económicas injustas que originan grandes desigualdades.

… Los corruptos son el anticristo, hacen mucho daño a la Iglesia y son un peligro, ya que son adoradores de sí mismos, solo piensan en ellos y consideran que no necesitan de Dios.

… Pecadores sí, corruptos no. El problema no es ser pecadores, sino no arrepentirse del pecado, no tener vergüenza de lo que hemos hecho. Pese a que Pedro era pecador, Jesús mantuvo su promesa de edificar sobre él su Iglesia. Pedro era pecador, pero no corrupto. Pecadores, sí todos: corruptos, no.

… El dinero y los otros medios políticos y económicos deben servir y no gobernar.

… El fin de la economía y de la política es precisamente estar al servicio de los hombres, comenzando por los más pobres y débiles.

… Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres.

… Dios nos ama, no tengamos miedo a amarle.

… Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia, ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen.

… Caminemos juntos todos, cuídense entre ustedes, no se hagan daño, cuídense la vida, cuiden la familia,... cuiden los niños, cuiden a los viejos, que no haya odio, que no haya pelea, dejen de lado la envidia, dialoguen entre ustedes, que este deseo de cuidarse vaya creciendo en el corazón y acérquense a Dios.

… Los cristianos no podemos lavarnos las manos, debemos meternos en política porque la política es una de las formas más altas de la caridad ya que busca el bien común. Los cristianos deben trabajar en política. "La política es sucia", se dice. Pero ¿por qué? ¿Será porque los cristianos no se han metido en política con espíritu evangélico?

… Que el amor y la fe sean el camino del mundo.



INVITACIÓN VIGILIA DIOCESANA ASIDONIA-JEREZ