TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

domingo, 13 de julio de 2014



AVISO PARA ADORADORAS/ES DE LAS SECCIONES Y TURNOS DIOCESANOS



ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA
         Consejo Superior Diocesano de Cádiz

ADORADO SEA EL SANTÍSIMO SACRAMENTO
                                                                                                                    AVE MARÍA PURÍSIMA              

Querido hermano en Xtº. Eucaristía:
     Con la presente, queremos invitarte a que participes con tu Sección en la próxima Vigilia extraordinaria de las Espigas convocada por el Consejo Superior Diocesano de Cádiz y que se celebrará D.m. el sábado 19 de Julio en la Parroquia de San Juan Bautista de la localidad de Chiclana de la Frª. (Cádiz).

           VIGILIA  DIOCESANA  DE  LAS  ESPIGAS
            (Organiza el Consejo Diocesano y la Sección  de la Adoración Nocturna junto al consejo Parroquial de San Juan Bautista de Chiclana.)


Días 19 y 20 de Julio de 2014.
PROGRAMA DE ACTOS:
Día 19 de Julio:
22,30.- Reunión de Banderas  en las dependencias parroquiales de la Iglesia de la Santísima Trinidad (San Telmo).
22,45.-    Procesión de Banderas por las calles de Chiclana hasta  la Iglesia de San Juan Bautista.
23,00.-    Vísperas y Santa Misa presidida por el Sr. Obispo D. Rafael Zornoza Boy.

Día 20 de Julio:
00,30.-    Turnos de Vela ante el Santísimo Sacramento.
05,30.-  Santo Rosario y rezo de Laudes; Procesión Eucarística con Su Divina Majestad  para la Bendición de los Campos. Regreso al Templo, Oración final y despedida.
        
     Siendo consciente del poco tiempo con que contamos le pido que haga un esfuerzo y participe con todos los adoradores/as que esa noche pasaremos un rato de oración junto a Jesús Sacramentado, y rogándole a los Jefes y Secretarios de Sección que sean diligentes a la hora de facilitar los datos y las colaboraciones requeridas, al objeto de no retrasar los horarios previstos.
 Recuerda que Jesús Sacramentado nos espera



EL PRESIDENTE DIOCESANO
Fdº: Antonio Llaves Villanueva

sábado, 5 de julio de 2014

Carta semanal


La piqueta del poder

         Lenta pero firme hay una labor de zapa con piqueta que intenta reducir hasta su extinción lo que supone la formación religiosa en el currículum escolar de nuestros alumnos. Quizás el color de la piqueta sea el mismo, que se enroca y pervive bajo siglas distintas dentro del ministerio o consejería de turno. Mas no cambia en su intención de socavar la formación en clave religiosa en las distintas leyes de educación.
       Se ningunean algunos datos imponiendo lo que contradice la demanda del pueblo al que dicen servir. Dos de cada tres alumnos en España eligen por sí mismos o por la legítima opción de sus padres, que esa asignatura de religión sea cursada. Les ampara el derecho constitucional de educar a sus hijos según sus propias convicciones morales, lo cual queda refrendado en los Acuerdos Iglesia-Estado respecto de la enseñanza de la religión católica. Por ese rasero también pasan las demás confesiones religiosas reconocidas en nuestro país.
          De un lado la beligerancia excluyente de unos, que por encima de derechos de padres y de acuerdos internacionales no cejan en su goteo perforador para terminar con lo que ellos consideran una intrusión en los planes de estudios invocando el carácter privado que ellos imponen a la religión; de otro lado el susto acomplejado de otros que piensan que para no ser etiquetados de serviles beaturrones lo mejor es un par de flis-flis de spray progre para dar la impresión de que también ellos toman distancia del inexistente dictado eclesial.
       Pero no estamos añorando con pataleta nostálgica haber perdido presuntamente privilegios, prebendas y poder. Algunos entienden el poder sólo en sustantivo: poderío, y no vislumbran siquiera lo que significa como verbo: posibilidad. No queremos el poder del poderío que a nadie queremos arrebatar, pero sí que denunciamos que en nombre de la beligerancia laicista o del acomplejamiento laicista, se conculquen derechos fundamentales de padres y alumnos, se incumplan acuerdos internacionales, y se haga caso omiso de una demanda real que tiene el marchamo de más del 70%.
        No queremos usar la escuela para dar catequesis. Esta se da en las parroquias y en la familia. Pero la religión, además de su dimensión interna que hay que acompañar con pedagogía, abierta a la gracia de Dios, con celebraciones litúrgicas y sacramentales, goza de una dimensión histórica, social y cultural que es la que se está privando por los beligerantes y acomplejados con sus piquetas del mismo color laicista.
        Pertenecemos a una historia que con sus claroscuros, es una historia cristiana. Ha sido capaz de abrir caminos, levantar ciudades, escribir leyes y derechos; ha construido catedrales, universidades y hospitales; ha compuesto música de todos los tiempos; ha escrito literatura de la que no caduca; ha salido al paso de carencias y necesidades tejiendo una red de solidaridad insuperable; ha vendado heridas, ha superado divisiones, ha construido un pueblo que tiene identidad y cultura propias. Y ha cometido fallos y pecados, de los que sabe pedir perdón.
        Esta historia y cultura es lo que está censurándose. Tantos profesores de religión van al paro, los padres se sientan engañados y los niños y jóvenes estarán desarmados en una ignorancia manipulable a favor de quienes se empeñan en reescribir la historia: censurando la de siglos para imponernos la suya. Algo nada casual ni inocente. Gracias a nuestros profesores de religión, a los padres y madres, a los alumnos, por ejercer con sensata y heroica rebeldía su derecho y su deber de cursar la asignatura de Religión.
+ Fr. Jesús Sanz Montes,  ofmArzobispo de Oviedo

 


Palabra de vida - julio 2014

«Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». (Mt 18, 19-20)
     Ésta es, a mi juicio, una de esas palabras de Jesús que estremecen el corazón. ¡Cuántas necesidades en la vida, cuántos deseos lícitos y buenos que no sabes cómo satisfacer, que no puedes saciar! Estás profundamente convencido de que sólo una intervención de lo alto –una gracia del cielo– podría concederte lo que anhelas con todo tu ser. Y entonces oyes repetir de la boca de Jesús, con espléndida claridad, con una certeza inquebrantable, llena de esperanza y de promesa, esta palabra:
«Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
     Habrás leído en el Evangelio que Jesús recomienda en varias ocasiones la oración y enseña a obtener. Pero esta oración en la que nos fijamos hoy es realmente original, pues para poder obtener una respuesta del cielo, exige varias personas, una comunidad. Dice: «Si dos de vosotros». Dos. Es el número más pequeño para formar una comunidad. O sea, que a Jesús no le importa el número sino la pluralidad de los creyentes.
     Como sabrás, también en el judaísmo es sabido que Dios aprecia la oración de la colectividad. Pero Jesús dice algo nuevo: «Si dos de vosotros se ponen de acuerdo». Quiere varias personas, pero las quiere unidas, pone el acento en su unanimidad: quiere que formen una sola voz.
     Deben ponerse de acuerdo sobre qué pedir, ciertamente; pero esta petición debe apoyarse sobre todo en una concordancia de los corazones. Lo que Jesús afirma, en realidad, es que la condición para obtener lo que se pide es el amor recíproco entre las personas.
«Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
     Te podrás preguntar: «Pero ¿por qué las oraciones hechas en unidad tienen mayor efecto ante el Padre?»
     Quizá el motivo sea que están más purificadas. Pues ¿a qué se reduce en muchos casos la oración sino a una serie de requerimientos egoístas que recuerdan a mendigos ante un rey más que a hijos ante un padre?
     En cambio, lo que se pide junto con los demás está ciertamente menos contaminado por un interés personal. En contacto con los demás uno es más propenso a oír también las necesidades de ellos y a compartirlas.
     No sólo eso, sino que es más fácil que dos o tres personas comprendan mejor qué pedirle al Padre.
     Así pues, si queremos que nuestra oración sea atendida, es mejor atenernos exactamente a lo que Jesús dice, o sea:
«Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
     El propio Jesús nos dice dónde radica el secreto de la eficacia de esta oración: éste radica enteramente en el «reunidos en mi nombre». Cuando estamos así unidos, entre nosotros está su presencia, y todo lo que pedimos con Él es más fácil de obtener. Pues es Jesús mismo, presente donde el amor recíproco une los corazones, quien pide con nosotros los favores a su Padre. Y ¿puedes imaginarte que el Padre no escuche a Jesús? El Padre y Cristo son un todo.
     ¿No te parece espléndido todo esto? ¿No te da certeza? ¿No te da confianza?
«Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
     Ahora seguramente te interesará saber qué quiere Jesús que pidas. Él mismo lo dice claramente: «cualquier cosa». O sea, que no hay ningún límite.
     Pues entonces, incluye esta oración en el programa de tu vida. Puede que tu familia, tú mismo, tus amigos, las asociaciones de las que formas parte, tu patria o el mundo que te rodea carezcan de innumerables ayudas porque tú no las has pedido.
     Ponte de acuerdo con tus allegados, con quienes te comprenden o comparten tus ideales, y, una vez dispuestos a amaros como manda el Evangelio, tan unidos como para merecer la presencia de Jesús entre vosotros, pedid. Y pedid lo más que podáis: pedid durante la asamblea litúrgica; pedid en la iglesia; pedid en cualquier lugar; pedid antes de tomar decisiones; pedid cualquier cosa. Y sobre todo no dejéis que Jesús quede defraudado por vuestra negligencia después de haberos dado tantas posibilidades.

     La gente sonreirá más; los enfermos tendrán esperanza; los niños crecerán más protegidos y los hogares familiares más armoniosos; se podrán afrontar los grandes problemas en la intimidad de las casas… Y os ganaréis el Paraíso, porque orar por las necesidades de los vivos y de los difuntos es además una de esas obras de misericordia que se nos pedirán en el examen final.

Chiara Lubich