TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

sábado, 31 de marzo de 2012


INDULGENCIA PLENARIA Y EL SANTO TRIDUO PASCUAL
Durante la Semana Santa podemos ganar para nosotros o para los difuntos el don de la Indulgencia Plenaria si realizamos algunas de las siguientes obras establecidas por la Santa Sede.

OBRAS QUE GOZAN DEL DON DE LA INDULGENCIA PLENARIA EN SEMANA SANTA

Jueves Santo
1.- Si durante la solemne reserva del Santísimo Sacramento, que sigue a la Misa de la Cena del Señor, recitamos o cantamos el himno eucarístico del "Tantum Ergo" ("Adorad Postrados este Sacramento…").
2.- Si visitamos por espacio de media hora el Santísimo Sacramento reservado en el Monumento para adorarlo.

Viernes Santo
1.- Si el Viernes Santo asistimos piadosamente a la Adoración de la Cruz en la solemne celebración de la Pasión del Señor.

Sábado Santo
1.- Si rezamos juntos el rezo del Santo Rosario.

Vigilia Pascual
1.- Si asistimos a la celebración de la Vigilia Pascual (Sábado Santo por la noche) y en ella renovamos las promesas de nuestro Santo Bautismo.
CONDICIONES:

Para ganar la Indulgencia Plenaria además de haber realizado la obra enriquecida se requiere el cumplimiento de las siguientes condiciones:

a.- Exclusión de todo afecto hacia cualquier pecado, incluso venial.
b.- Confesión sacramental, Comunión eucarística y Oración por las intenciones del Sumo Pontífice. Estas tres condiciones pueden cumplirse unos días antes o después de la ejecución de la obra enriquecida con la Indulgencia Plenaria; pero conviene que la comunión y la oración por las intenciones del Sumo Pontífice se realicen el mismo día en que se cumple la obra.
 
Es oportuno señalar que con una sola confesión sacramental pueden ganarse varias indulgencias. Conviene, no obstante, que se reciba frecuentemente la gracia del sacramento de la Penitencia, para ahondar en la conversión y en la pureza de corazón. En cambio, con una sola comunión eucarística y una sola oración por las intenciones del Santo Padre sólo se gana una Indulgencia Plenaria.
La condición de orar por las intenciones del Sumo Pontífice se cumple si se reza a su intención un solo Padrenuestro y Avemaría; pero se concede a cada fiel cristiano la facultad de rezar cualquier otra fórmula, según su piedad y devoción.



sábado, 17 de marzo de 2012

   Los días 18 y 19 de marzo, domingo IV de Cuaresma y solemnidad de San José respectivamente, celebraremos en nuestra Iglesia la Jornada anual de oración y de colecta en favor del seminario. Aun respetando el contenido litúrgico propio de cada uno de estos días, uno y otro quedan marcados por el signo de la fiesta de las vocaciones al sacerdocio ministerial.
   El lema pensado para la jornada de este año es Pasión por el Evangelio, una expresión que pone inmediatamente de manifiesto la centralidad del Evangelio en la vocación y en la vida del sacerdote. Pero ¿qué tiene el Evangelio? ¿Qué maravilla oculta? ¿Qué tesoro esconde en sus espesas frondas para que un joven se vea de pronto atraído hacia él, sienta la pasión de poseerlo y sea capaz de dejar padre y madre, novia y carrera, hermanos, amigos y hacienda con tal de lograrlo?
   El término “evangelio” alude a realidades diversas estrechamente relacionadas entre sí. En primer lugar, “evangelio” es el nombre que se da a los relatos sobre la vida y el mensaje de Jesús contenidos en los así llamados evangelios canónicos.
   Pero el significado del término “evangelio” no se agota en esta acepción. El Nuevo Testamento entiende por dicho término principal y fundamentalmente a Jesucristo mismo, el Hijo de Dios venido al mundo por voluntad expresa del Padre para redimirnos del pecado y de la muerte y otorgarnos la vida divina. Por tanto, “evangelio” no designa sólo unos relatos, sino una persona, y ésta divina, la cual, con su actuar salvífico en el mundo, transforma y regenera el interior del hombre y salva a éste del extravío y de la desesperación. Se comprende, pues que, entendido este término en su segundo acepción, pueda el hombre amar el Evangelio, sentir pasión por él y alcanzar la felicidad con su posesión y disfrute.
   Pues bien, el sacerdote comienza por ser aquel hombre que un día conoció los relatos de los evangelios acerca de Jesús y, desde éstos, con la ayuda del Espíritu Santo, descubrió en Jesús a Jesucristo, el Hijo de Dios vivo. Y el sacerdote es aquel que, una vez descubierta la verdadera identidad de Jesús, se percibió llamado por él para ser como él, esto es, dicho con palabras de Benedicto XVI, “para ser prolongador de la misma misión que Cristo había recibido del Padre”. El sacerdote es también aquel que, tras haber verificado su vocación mediante el sí de la Iglesia y haber recibido a su debido tiempo el orden sacerdotal, se entrega totalmente a la doble tarea de configurarse existencialmente con el ser sacerdotal de Cristo, del que ya participa ontológicamente por el sacramento, y de trabajar sin descanso por la salvación de los hombres. Finalmente, el sacerdote es aquel que, configurado ontológicamente con Cristo pastor y viviendo en plenitud su ministerio sacerdotal, imita ininterrumpidamente a Cristo, cuya muerte en Cruz conmemora cada día en la celebración de la Eucaristía.
   Ahora bien, esa configuración diaria con el Señor es vivida por el sacerdote con verdadero gozo, con un amor desbordante, con auténtica pasión. Y, en este sentido, tiene razón la prestigiosa revista norteamericana Forbes cuando afirma que los sacerdotes desarrollan una “profesión” que les hace sentirse los más felices del mundo. Y es que el ejercicio del sacerdocio ministerial otorga a la vida un sentido tan grande que hace de la propia existencia algo digno de ser vivido.
   Mi mirada de obispo y pastor se dirige hoy al seminario, descrito por el Papa Benedicto XVI como ese “cenáculo en donde el Señor celebra con deseo ardiente su Pascua con quienes un día anheláis presidir en su nombre los misterios de la salvación”.
   Queridos seminaristas, vosotros no sois todavía sacerdotes, pero os estáis preparando para serlo. ¿Cómo vivir estos años de preparación? “Ante todo, deben ser años – dice el Papa – de silencio interior, de permanente oración, de constante estudio y de inserción paulatina en las acciones y estructuras pastorales de la Iglesia”. Viviendo así, imitaréis a Jesús durante el tiempo de su vida oculta en Nazareth, iréis creciendo en santidad y justicia, y dispondréis vuestro espíritu a recibir un día el don del sacerdocio.
   Aspirad a la santidad y trabajad para ser agraciados por ella. Esto es lo que más importa en la vida. Lo demás se nos dará por añadidura. Sed santos. En primer lugar, porque la santidad es la perfección del ser humano. Y, en segundo lugar, para no ser hipócritas y motivo de escándalo, para no incurrir, como viene a decir el Papa, en esa terrible contradicción que a veces se produce entre aquello de lo que somos signo y la realidad empírica de nuestro comportamiento.
     Y a vosotros, mis muy queridos fieles consagrados y seglares, os pido que ayudéis al seminario con la oración y con la limosna.

                  +Manuel Ureña Pastor
                 Arzobispo de Zaragoza
Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna

domingo, 11 de marzo de 2012

NOTA DE LOS OBISPOS DE LAS DIÓCESIS DE ANDALUCÍA.

1. Con motivo de las elecciones convocadas en la Comunidad autónoma de Andalucía para el próximo día 25 de marzo, los Obispos de las diócesis de Andalucía queremos llamar la atención sobre la importancia de participar responsablemente en ellas. Con esa participación se cumple el deber moral que todo ciudadano tiene en la búsqueda y afianzamiento del bien común de la sociedad en todo momento, pero particularmente en las situaciones de especial dificultad como ahora sucede. La delicada situación en la que vivimos, a causa de la crisis, que es de significado y de sentido de la vida, además de ser una crisis económica y financiera, exige de todos, electores y elegidos, una gran altura de miras más allá de los intereses de partido, sin escatimar esfuerzos que abran un camino de progreso y esperanza para las nuevas generaciones.

2. Al ofrecer estas orientaciones, en cumplimiento de nuestro deber como pastores del pueblo de Dios, deseamos prestar un servicio a los católicos y a cuantos quieran escucharnos, sin otra pretensión que ofrecer elementos morales de juicio a la hora de decidir el voto, del cual depende la consecución del bien común de la sociedad, fundado en los derechos fundamentales de las personas y grupos sociales.
  El ejercicio del voto es un derecho y un deber de cada ciudadano en una sociedad democrática. A este respecto, el Vaticano II afirma: “Todos los ciudadanos tienen el derecho y al mismo tiempo el deber de votar con libertad para promover el bien común” (GS 75). Por ser un acto del cual depende el modelo de gobierno que ha de dirigir y orientar la vida personal, familiar y social de los ciudadanos, pedimos a todos la participación responsable, eligiendo a los candidatos que, a su juicio, puedan afrontar y resolver mejor los problemas actuales de nuestra sociedad.

3. La importancia de la acción política, que debe estar orientada al establecimiento posible del progreso moral y del bienestar de la sociedad, permite esperar de los elegidos la competencia que requieren las actuales circunstancias; así como un alto sentido del deber en el ejercicio del poder político, que sólo puede desempeñarse con responsabilidad ética. Competencia y responsabilidad moral son factores que generan la necesaria confianza de los ciudadanos en quienes han de desempeñar las funciones de gobierno.
  Consideramos necesario tener presente algunos principios de la doctrina social de la Iglesia.

4. El derecho inviolable a la vida humana. Es necesario discernir en los programas de los partidos la garantía del derecho a la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural. Esto significa el rechazo al aborto, a la eutanasia, y al abandono de los ancianos, sin olvidar el apoyo a las mujeres que viven la espera de un hijo en situaciones difíciles.

5. La necesaria protección legal y económica del matrimonio como institución social, fundado en la unión estable de un varón y una mujer, y de la familia como ámbito natural de la crianza y educación de los hijos. Esto supone la promoción del trabajo y de la vivienda, así como la puesta en práctica de un programa de inserción laboral de los jóvenes en la sociedad, de especial urgencia en la situación social actual de crisis económica.

6. La tutela del derecho general a la educación, realizada al amparo legal de la libertad de enseñanza; y del derecho a la educación religiosa según las propias convicciones morales y religiosas de los padres, prevista en la Constitución. Hoy es particularmente necesario promover una educación que valore el aprendizaje y la formación humana mediante el esfuerzo y la disciplina, que promueva la búsqueda y el conocimiento de la verdad, así como los valores morales en los que se funda una vida honrada y la convivencia pacífica, y las virtudes que la hacen posible.

7. La defensa y la ayuda a los sectores más débiles de nuestra sociedad, entre los que se encuentran quienes carecen de trabajo, los jóvenes y los emigrantes. Urge promover las condiciones que hagan posible la productividad, la creación de nuevos puestos de trabajo sin soslayar el sentido de la justicia y de la solidaridad en la contratación laboral. Del mismo modo, es urgente la promoción de una opinión pública y una legislación respetuosa con la dignidad de los emigrantes.

8. El momento histórico nos pide a todos construir una vida social más justa y pacífica. Frente a la mentalidad tan extendida del derecho a la dádiva y de la subvención, se hace necesario promover la estima del trabajo y del sacrificio como medio justo de crecimiento personal y colectivo para el logro del bienestar. Frente a la corrupción y la mentira, urge promover la honradez, el respeto a la ley y la fidelidad a la palabra dada. Frente al consumismo desmedido, es preciso potenciar el sentido de la realidad y de la austeridad. Frente a la fragmentación y confrontación social, se ha de promover el valor humano y social de la reconciliación, el diálogo y la amistad entre las personas, aun cuando no compartan la misma concepción del ordenamiento social.

9. Finalmente, no podemos olvidar que a la hora de emitir el voto, sólo se hace posible la edificación de una sociedad más justa y pacífica actuando con inteligencia, libertad y responsabilidad.
  En nuestra oración a Dios, nuestro Señor, encomendamos a todas nuestras familias y comunidades eclesiales que eleven preces al Señor, para que las próximas elecciones contribuyan al bien de nuestra sociedad, fundado en la verdad, la justicia, la libertad y la paz. Así lo pedimos cada día invocando a la Virgen María, Reina de la Paz.

martes, 7 de febrero de 2012

“LOS HOMBRES DE LA NOCHE"

     Párate un momento, hombre de la prisa larga; tú, quienquiera que seas, hombre  que vives tu vida cargado de impresiones fuertes, excesivamente nervioso,  hombre que corres preocupado, mordido por la impaciencia y la inquietud de  "algo". Hombre que no atinas a concretar ese "algo mejor", pero que lo anhelas  con toda tu alma; querido hombre de buena voluntad, párate un momento... y  obsérvalos  -en plan de marcha- son los "Hombres de la Noche".                                .
     Por favor, hombre amigo, deja ya lo negativo. No te lamentes más de las  horas desgraciadas de los negocios...  de las aristas afiladas del desaliento...  de  los mordiscos rabiosos de la enfermedad...,  del pan correoso del abandono ingrato...  de la baba maloliente que murmura...   de la trapera zancadilla que tumba..., de la calumnia que apuñala cobardemente... del ambiente injusto... de la  malicia sin fin de un mundo con negrura de almas. Deja, por favor, hombre  amigo, el agua amarga de tus lloros y empieza a ser positivo.                         
     Escucha atento la canción viril, serena, recia, de los "Hombres de la Noche". Y si de verdad eres,  valiente, escucha  y canta con ellos, con los hombres de la Adoración Nocturna, el himno triunfal de la restauración del mundo.                  .
     ¿Te has fijado ya? Toma nota; son hombres como tú y como yo, con vértigo  por las mismas inquietudes de "algo mejor". Pero hombres que no se rasgan sus  vestiduras, que no protestan del ambiente sobrecargado; hombres que no  maquinan en la noche de un mundo en sombras, y sí, en cambio, convierten su  noche de Adoración en un día blanco de Oración, de Intercesión, de Expiación.                                        .
     Ya les conoces un poco a estos "Hombres de la Noche", anónima masa gris,  tan necesaria al mundo de hoy; pero no deja de ser un conocimiento externo.
Si  en verdad quieres verles de cerca, "por dentro”, en experiencia personal, acude  sin recelos, libre de prejuicios, con buena voluntad, con honradez, a un Turno  cualquiera de las noches de Adoración. ¡Hazlo, amigo, con frente serena y corazón  limpio! Yo te aseguro, por la memoria sagrada de tus mayores, que allí les  verás con distintivo blanco, con su bandera blanca, con su programa blanco: CARIDAD y UNIDAD ante la Hostia Santa, allí les verás ir salvando al mundo  de su noche negra.                          .
     Me da la impresión de que esto te parece excesivo optimismo... posiblemente, pero  te lo diré, entonces, con palabras del estupendo Pérez Lozano:... "Y la niñita de  cinco años rezaba todas las noches para que el demonio, se hiciese bueno... El  demonio, seguía siendo malo, es verdad, pero muchos hombres se iban librando  de él por la oración de la niñita de cinco años".                                      .
     Mi querido amigo, el de la prisa larga, los
"Hombres de la Noche"  te ofrecen el único y eficaz programa blanco de restauración, de salvación del mundo en sus cuatro dimensiones. Seguro que el inmundo continuará con sus noches negras de pecado, pero en muchas almas, muchísimas almas, se irá abriendo  la Luz... la Luz Blanca de los "HOMBRES DE LA NOCHE".


Escrito  publicado en Boletín  y recuperado por Ricardo Nieto  Delegado Nacional de la Adoración Nocturna Española para Andalucía Occidental.

lunes, 6 de febrero de 2012

CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA EN ACCIÓN DE GRACIAS POR EL NOMBRAMIENTO DE CABALLERO DE LA PNTIFICIA ORDEN ECUESTRE DE SAN GREGORIO MAGNO A NUESTRO PRESIDENTE ILMº.SR. D. ANTONIO LLAVES.

   El pasado domingo 22 de enero celebramos con inmensa alegría para la Adoración Nocturna Gaditana la Eucaristía de acción de gracias por el nombramiento con que ss. Benedicto XVI pp. ha distinguido a nuestros hermanos en Cristo, los Ilmºs. Sres. D. Antonio Llaves Villanueva y D. Manuel Cerezo Escamez, como caballeros de la Pontificia Orden Ecuestre de San Gregorio Magno. Este reconocimiento pontificio creado en 1831 por Gregorio XVI pp. premia a los fieles laicos que de manera ejemplar se han distinguido en sus servicios a la Iglesia; siendo muy pocas personas las que ostentan esta distinción en el mundo.
   Con una Catedral repleta de amigos y familiares (cerca de medio millar), acompañamos, -en el que es sin duda uno de los días más importantes de su vida-, a nuestro Presidente Diocesano los representantes de la Adoración Nocturna Española venidos de las diferentes Secciones de la diócesis, de la de Asidonia-Jerez, así como de los Turnos de la Sección de Cádiz, junto a otros del mundo Cofrade, Asociación Católica de Propagandistas, miembros del Ateneo Literario, otras instituciones, y una representación Consistorial, como expresión de cercanía y cariño.
   Presidida por nuestro Obispo D. Rafael Zornoza y acompañado en esta ocasión de sus predecesores en el episcopado y hoy eméritos D. Antonio Ceballos y D. Antonio Dorado, también concelebraron en ésta solemne ocasión, un nutrido presbiterio conformado por el cabildo catedralicio casi al completo, presbíteros, diáconos, seminaristas y acólitos (próximos al medio centenar), contándose entre ellos nuestro Consiliario diocesano Rvdº D. Guillermo Domínguez y los diferentes de Sección y Turnos Rvdºs. Fray Sixto   Calvo, D. Marcelino Martín, D. Oscar González, D. Mateo Silva y D. Manuel López.
   En su homilía D. Rafael recordó que en estos momentos de gozo y agradecimiento por unas vidas al servicio de la Iglesia- celebremos con gratitud y reconocimiento las distinciones concedidas a nuestros Ilustrísimos amigos- felicitando de esta manera a los distinguidos. También nos recordó (en alusión a los Textos: de la profecía de Jonás 3,1-5.10 - I Corintios 7,29-31 de San Pablo, y Evangelio de Marcos1,14-20.) como estos tiempos difíciles para la conversión no debemos dejar en ningún momento nuestro compromiso con la nueva evangelización.
   Tras la imposición de las distinciones pudimos escuchar unas emotivas palabras de agradecimiento de los condecorados, que se confesaron profundamente agradecidos y abrumados. Recordó D. Antonio – “en estos momentos de agradecimiento y gratitud”- su colaboración con los Obispos Añoveros, Dorado y Ceballos dilatados en más de cincuenta años de entrega y servicio, ofreciéndose en esta etapa al nuevo Pastor de la diócesis.
   Concluido el Pontifical los saludos y fotos de rigor así como el grato recuerdo de la celebración vivida junto a nuestros hermanos.

jueves, 2 de febrero de 2012

TEMAS DE REFLEXIÓN A.N.E.


Los sacramentos

Toda la vida del cristiano crece, se alimenta y se desarrolla por la acción de los Sacramentos. La Gracia que recibimos en los Sacramentos va haciendo posible que en nosotros crezca la nueva criatura de hijos de Dios en Cristo. El hombre no puede vivir verdaderamente la vida cristina, que es vivir toda su vida humana “en Cristo, por Cristo, con Cristo”, sin recibir los Sacramentos.
Los sacramentos –hemos de recordarlo- "son signos visibles, instituidos por Nuestro Señor Jesucristo, que producen la Gracia". Y tengamos también presente que la Gracia, como repetiremos de vez en cuando en estas reflexiones, es “una cierta participación de la naturaleza divina”. La acción de la Gracia es la de convertir al cristiano en “hijo de Dios en Jesucristo”. Los Sacramentos son, por tanto, el cauce por el que el hombre recibe esa “participación en la naturaleza divina”.
En estas reflexiones sobre los Sacramentos nos centraremos exclusivamente en la relación de cada sacramento con la Gracia, y en la configuración de esa "nueva criatura", sin adentrarnos  en ningún otro aspecto teológico, litúrgico, espiritual, que cada sacramento lleva consigo.
Hasta la venida de Cristo, Dios se valía de signos, ceremonias, para darnos a conocer su benevolencia y su presencia entre nosotros, su participación en la historia de la humanidad, y para dejarnos constancia de su ayuda. En adelante, y como consecuencia de la nueva vida establecida por Cristo de las relaciones de Dios con los hombres, esos signos y ceremonias han dejado de tener significado alguno.
Los Sacramentos se convierten no ya en las "huellas de Cristo en la tierra" y ni siquiera tampoco en "los caminos que unen para siempre el cielo y la tierra"; si no en el encuentro personal-vital de cada cristiano con el mismo Cristo.
"Los sacramentos de la Nueva Ley fueron instituidos por Cristo y son siete, a saber, Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Reconciliación, Unción de los Enfermos, Orden Sacerdotal y Matrimonio. Los siete sacramentos corresponden a todas las etapas y todos los momentos importantes de la vida del cristiano: dan nacimiento y crecimiento, curación y misión a la vida de fe de los cristianos. Hay aquí una cierta semejanza entre las etapas de la vida natural y las etapas de la vida espiritual" (Catecismo de la Iglesia Católica,  n. 1210).
Los sacramentos son, en resumen, los cauces ordinarios para el encuentro personal con Cristo y para recibir en ese encuentro la Gracia, que nos convierte en nuevas criaturas y nos hace hijos de Dios en Cristo. 
Antes de seguir con nuestros razonamientos, se precisa una aclaración previa. La Gracia que se nos concede en los Sacramentos no supone, en modo alguno, la desaparición de la gracia y la ayuda, que Dios concede a todos los hombres, incluso a quienes nada saben de Cristo ni de la Iglesia –y no recibirán, por tanto, ningún Sacramento-, para que alcancen la salvación por otros caminos. Todos los caminos de la salvación pasan por Cristo –que el Camino, la Verdad y la Vida para todos, aunque algunos no le conozcan y no tengan, por tanto, la Fe en Él ni participen en la vida sacramental.
El desarrollo de los planes de salvación de cada uno de los seres humanos, es un misterio escondido en Dios hasta el fin de los tiempos.
         Al referirnos de nuevo a los Sacramentos, y ver en ellos los cauces ordinarios en los que el hombre recibe la gracia divina, conviene desde el principio que no olvidemos la “semejanza entre las etapas de la vida natural y las etapas de la vida sobrenatural", que ha subrayado el Catecismo.
En efecto, es el mismo hombre, criatura de Dios, quien ha de ser redimido, liberado del pecado y convertido en hijo de Dios en Cristo. Y todo, sin dejar, en absoluto y bajo ningún concepto, de ser plena y naturalmente hombre. La Gracia no destruye jamás la naturaleza y, por otro lado, requiere la cooperación de la naturaleza y de la libertad del hombre, para producir sus frutos.
Es cierto que, en los sacramentos, la Gracia se origina directamente por la acción del ministro. No hemos de olvidar, a la vez, que, para que esa Gracia sea eficaz en la persona que recibe el Sacramento, requiere que no ponga obstáculo. Un penitente puede hacer ineficaz el sacramento de la Reconciliación, por ejemplo, si no lo recibe con las disposiciones requeridas e incluso, aun acogiéndolo en condiciones adecuadas, no permite que la gracia produzca en él una conversión honda y permanente hacia Dios. En el primer caso, su actuación convierte en inútil el sacramento y en el segundo, lo hace ineficaz.
*                 *                 *
Cuestionario

-¿Soy consciente de la necesidad que tengo de vivir los Sacramentos?
-¿Medito con frecuencia sobre la nueva vida con Cristo: ser hijo de Dios en Cristo, que crece en mí con la recepción de los Sacramentos?
-¿Doy gracias alguna vez a Nuestro Señor Jesucristo por haber instituido los Sacramentos?

jueves, 5 de enero de 2012

EPIFANÍA DEL SEÑOR

… es decir, su manifestación a los pueblos del mundo entero, representados por los Magos que llegaron de Oriente para adorar al Rey de los judíos. Estos misteriosos personajes, observando los fenómenos celestes, vieron aparecer una nueva estrella e, instruidos también por las antiguas profecías, reconocieron en ella la señal del nacimiento del Mesías, descendiente de David (cf. Mt 2,1-12).
     Por consiguiente, desde su primera aparición, la luz de Cristo comienza a atraer hacia sí a los hombres «que ama el Señor» (Lc 2,14), de toda lengua, pueblo y cultura. Es la fuerza del Espíritu Santo que mueve los corazones y las inteligencias que buscan la verdad, la belleza, la justicia y la paz. Es lo que afirma el siervo de Dios Juan Pablo II en la encíclica Fides et ratio: «El hombre se encuentra en un camino de búsqueda, humanamente interminable: búsqueda de verdad y búsqueda de una persona de quien fiarse»     (n. 33): los Magos encontraron ambas realidades en el Niño de Belén.
     Los hombres y las mujeres de toda generación, en su peregrinación, necesitan orientarse: entonces, ¿qué estrella podemos seguir? La estrella que había guiado a los Magos, después de detenerse «encima del lugar donde se encontraba el niño» (Mt 2,9), terminó su función, pero su luz espiritual está siempre presente en la palabra del Evangelio, que también hoy puede guiar a todo hombre a Jesús.
     La Iglesia hace resonar con autoridad esa palabra, que no es más que el reflejo de Cristo, verdadero hombre y verdadero Dios, para toda alma bien dispuesta. También la Iglesia, por tanto, desempeña en favor de la humanidad la misión de la estrella. Asimismo, algo semejante se puede decir de todo cristiano, llamado a iluminar, con la palabra y el testimonio de su vida, los pasos de los hermanos.
     Por eso, ¡cuán importante es que los cristianos seamos fieles a nuestra vocación! Todo auténtico creyente está siempre en camino en su itinerario personal de fe y, al mismo tiempo, con la pequeña luz que lleva dentro de sí, puede y debe ayudar a quien se encuentra a su lado y tal vez no logra encontrar el camino que conduce a Cristo.

Benedicto XVI, Ángelus del 6-I-08