AGOSTO:
SU CORAZÓN VELA
Alabado sea el Santísimo Sacramento del
Altar
"Parece que duerme, pero su Corazón vela".
Qué evocadoras resultan estas palabras del Cantar de los Cantares en el contexto de la Adoración Nocturna. Mejor que a nadie se pueden aplicar al mismo Cristo. En efecto, Él es el primero que vela en esta noche. Él nos precede en la vigilia, en la oración, en la intercesión, en la ofrenda…
Cristo hoy vuelve a ofrecer
a su Padre su corazón inmolado como víctima, vela igual que veló en la noche de
Getsemaní. La apariencia es quieta y silenciosa, ero el descanso es
aparente. Jesús no descansa nunca en su amor. Sigue activo en la
noche por cada uno de nosotros.
De todas maneras, también podemos aplicar
estas palabras a la Iglesia representada en la Amada del Cantar. También
la Iglesia parece que duerme… Todos se han recogido,
reposan los cuerpos de fieles y presbíteros, de obispos y religiosos… Pero un
pequeño grupo de laicos prefiere hurtarle unas horas al sueño para descansar
junto al Señor. La Iglesia parece que duerme, pero en realidad, ni
siquiera en las noches deja de acompañar y amar a su Esposo.
¡qué devoción tan sublime ser el corazón vigilante de la Iglesia en las noches
de adoración!
"He aquí, queridos
hermanos en Jesús Sacramentado, lo que nos cumple hacer en esta guardia
nocturna que hacemos a nuestro amoroso monarca en el Santísimo
Sacramento: velar por los que descansan, para
que el Señor los defienda de todo mal y rogarle por los que reposan.
Jesús
parece que duerme, pero su corazón vela. Su divina Majestad nos precede en la
oración y nos toca acompañarle esta vela en su vida eucarística, elevando a
ejemplo suyo humildes preces al Dios omnipotente, e invocando
la intercesión poderosa de su Hijo Unigénito y la de su Inmaculada Madre María, para
ofrecer a Dios el Corazón de Jesús que se nos brinda y se halla
en estado de víctima inmolada por nosotros bajo las especies sacramentales, las
cuales, cual blanca nube, encubren el clarísimo Sol de Justicia eterna" (Trelles LS 8 1877, p.458-463)
¡Qué preciosas lecciones para aprender en
esta noche! Aprendamos de Jesús a interceder suplicando con humildad,
aprendamos de él a invocar a María con ese cariño en las palabras que tan
agradable resulta al Padre. Aprendamos a llevar como él, vida
eucarística, es decir de sacrificio y de sacramento, de entrega y de presencia…
Ojalá que nuestra vida se convierta así en esa hostia viva, que entrega los
cuerpos para gloria del Padre y bien de los hermanos...
Que nuestro amoroso monarca nos reciba en
nuestra pobreza, nuestra ofrenda sería inútil si no fuera adherida a la entrega
de Cristo. Es ahí donde alcanza su fuerza y su fecundidad nuestras
vigilias, preocupaciones, dolores y sufrimientos. Unidos a la Cruz
de Cristo se amasan hostias de amor.
Intentemos que en esta noche también
nuestro corazón vele. Que se desprenda del sueño de las pasiones, del sopor
mundano, de las ensoñaciones del diablo. Que andemos despiertos para
amar y para acoger al Amado que llama a la puerta de la Iglesia en esta noche.
Qué hermosa declaración: Escucha, mi amado llama: «Ábreme la puerta, amada mía, mi compañera, mi paloma, mi amada perfecta. Ábreme la puerta, que mi cabeza está cubierta de rocío y la lluvia de la noche ha mojado mi cabello» … Levantémonos como la Esposa, para abrir al Amado. Él no duerme, tampoco nosotros deberíamos hacerlo hoy. Hagamos una unión de corazones que velan.
Preguntas para el diálogo y la meditación.
■ ¿Has leído alguna vez el
Cantar de los Cantares? ¿nos compartes alguna expresión que te haya gustado?
■ ¿Qué motivos te han llevado
a veces al insomnio? ¿Podrían convertirse en oración?

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