TIEMPOS LITURGICOS

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miércoles, 3 de junio de 2026

 LA GRAN FIESTA DE LOS ADORADORES NOCTURNOS

   Para la Adoración Nocturna,  la Solemnidad del Corpus Christi es considerada su fiesta espiritual por excelencia y la más importante del año. Representa el culmen de su vocación, ya que es el día en que se rinde culto público y solemne al Santísimo Sacramento, celebrando la presencia real y viva de Jesucristo en la Eucaristía:

  Queridos hermanos: Se abre el mes de junio con la gran solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, el Corpus Christi, que en algunos lugares de España se continúa celebrando en jueves, y en otros, la mayoría, el domingo siguiente a la Santísima Trinidad…  Es nuestra fiesta, la fiesta de los adoradores, la fiesta de la Adoración Nocturna. Porque, sin el Señor Sacramentado, que es al que adoramos, nada de esto tendría sentido. Escuché una homilía el domingo de la Ascensión, que este año coincidió con el día de nuestro Santo Patrón, San Pascual Bailón, en la que el predicador, dijo que: “...gracias a que Jesús había subido al cielo, se había ido de la tierra físicamente, podemos adorarlo en la Eucaristía, es el sacramento que nos dejó para cumplir su promesa cuando dijo que estaría con nosotros hasta el fin de los tiempos después de enviarnos al Espíritu Santo…”

   De esta forma, sigue con nosotros, en la Sagrada Hostia, real y verdaderamente presente, aunque no veamos su cuerpo, pero está ahí: la fe sí que lo ve. Quizá tampoco somos conscientes del gran milagro que supone la Eucaristía, porque mediante Ella, Cristo está presente en todas las partes y lugares del mundo simultáneamente; se hace presente en todas las misas que se celebran en nuestro planeta, y en todas ocurre el milagro de la transubstanciación, da igual quien sea el oficiante, desde el más humilde sacerdote hasta el mismo Papa, pasando por Obispos, Cardenales, etc…, E incluso se hace presente independiente de las cualidades morales del consagrante. Ya que sostenía la herejía donatista, movimiento cismático iniciado en el siglo IV en Numidia (actualmente Argelia), que, por diversas actuaciones contradictorias de los eclesiásticos, Donato, obispo de Cartago, defendía que solo los sacerdotes cuya vida fuese intachable podían administrar válidamente los sacramentos, y muy especialmente este de la Transubstanciación del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor, es decir, la Sagrada Comunión; de manera, que la comunión impartida por los sacerdotes indignos no era válida, puesto que en esas formas no había “bajado” Cristo, no se habían transformado en su Cuerpo. En este sentido fueron muy extremistas.   

   Estas doctrinas fueron condenadas por el concilio de Arlés en 314 (aunque no consiguió acabar con ellas), y combatidas fuertemente por San Agustín, ya a principios del siglo V. Este santo consiguió que el emperador Honorio convocara en el año 411 una enorme Asamblea Pública de obispos partidarios de las dos opciones (donatistas y no donatistas), quedando abolida esta corriente por el emperador en 412, cuyos flecos acabaron con la islamización posterior de las tierras africanas y la práctica desaparición del cristianismo. Triunfó, pues, la corriente Objetivista, es decir, que la gracia de la Ordenación Sacerdotal es la que confiere al ministro la potestad para impartir los sacramentos por la intercesión divina, independientemente de su entereza moral, aunque esta sea, lógicamente, deseable. Por eso, la Iglesia, nos pide que recemos constantemente por los sacerdotes, para que sean santos e irreprochables.

   Os invito en estos días que se avecinan, a gozar con las celebraciones en honor del Señor Sacramentado, con los Triduos, Octavas, Procesiones… Os invito a participar a cada uno en la de su correspondiente parroquia, Sección, etc. Y cómo no, a vivir la gran Fiesta Diocesana de las Espigas

                 Juan Jorge García, Presidente Diocesano de Sevilla.                                         De una carta del Boletín Diocesano 

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