LA GRAN FIESTA DE LOS ADORADORES NOCTURNOS
Para la Adoración Nocturna, la Solemnidad del Corpus Christi es
considerada su fiesta espiritual por excelencia y
la más importante del año. Representa
el culmen de su vocación, ya que es el día en que se
rinde culto público y solemne al Santísimo Sacramento,
celebrando la presencia real y viva de Jesucristo en la Eucaristía:
… “Queridos hermanos: Se
abre el mes de junio con la gran solemnidad del Cuerpo
y la Sangre de Cristo, el Corpus Christi, que en algunos
lugares de España se continúa celebrando en jueves, y en otros, la mayoría, el
domingo siguiente a la Santísima Trinidad… Es nuestra fiesta, la fiesta
de los adoradores, la fiesta de la Adoración Nocturna.
Porque, sin el Señor Sacramentado, que es al que adoramos, nada de esto tendría
sentido. Escuché una homilía el domingo de la Ascensión, que este año coincidió
con el día de nuestro Santo Patrón, San Pascual Bailón, en la que el
predicador, dijo que: “...gracias a que Jesús había subido al cielo, se había
ido de la tierra físicamente, podemos adorarlo en la Eucaristía, es el sacramento
que nos dejó para cumplir su promesa cuando dijo que estaría
con nosotros hasta el fin de los tiempos después de enviarnos al
Espíritu Santo…”
De esta forma, sigue con
nosotros, en la Sagrada Hostia, real y verdaderamente presente, aunque
no veamos su cuerpo, pero está ahí: la fe sí que lo ve. Quizá tampoco somos
conscientes del gran milagro que supone la Eucaristía, porque mediante Ella,
Cristo está presente en todas las partes y lugares del mundo simultáneamente; se
hace presente en todas las misas que se celebran en nuestro planeta, y en
todas ocurre el milagro de la
transubstanciación, da igual quien sea el oficiante, desde el
más humilde sacerdote hasta el mismo Papa, pasando por Obispos, Cardenales, etc…,
E incluso se hace presente independiente de las cualidades morales
del consagrante. Ya que sostenía la herejía
donatista, movimiento cismático iniciado en el siglo IV en Numidia
(actualmente Argelia), que, por diversas actuaciones contradictorias de los
eclesiásticos, Donato, obispo de Cartago, defendía que
solo los sacerdotes cuya vida fuese intachable podían administrar válidamente
los sacramentos, y muy especialmente este de la
Transubstanciación del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor, es
decir, la Sagrada Comunión; de manera, que la comunión impartida
por los sacerdotes indignos no era válida, puesto que en esas
formas no había “bajado” Cristo, no se habían transformado en su Cuerpo. En
este sentido fueron muy extremistas.
Estas doctrinas fueron
condenadas por el concilio de Arlés en 314 (aunque no consiguió
acabar con ellas), y combatidas fuertemente por San Agustín, ya
a principios del siglo V. Este santo consiguió que el emperador Honorio
convocara en el año 411 una enorme Asamblea Pública de obispos partidarios de
las dos opciones (donatistas y no donatistas), quedando
abolida esta corriente por el emperador en 412, cuyos
flecos acabaron con la islamización posterior de las tierras africanas y la
práctica desaparición del cristianismo. Triunfó, pues, la corriente
Objetivista, es decir, que la gracia de
la Ordenación Sacerdotal es la que confiere al ministro la potestad para
impartir los sacramentos por la intercesión divina, independientemente
de su entereza moral, aunque esta sea, lógicamente, deseable. Por
eso, la Iglesia, nos pide que recemos constantemente por los sacerdotes, para
que sean santos e irreprochables.
Os invito en estos días que se avecinan, a
gozar con las celebraciones en honor del Señor Sacramentado, con los Triduos,
Octavas, Procesiones… Os invito a participar a cada uno en la de su
correspondiente parroquia, Sección, etc. Y cómo no, a
vivir la gran Fiesta Diocesana de las Espigas” …
Juan Jorge García, Presidente Diocesano de Sevilla. De una carta del Boletín Diocesano
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