MARZO : HORNO
ENCENDIDO.
Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar
LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA
INTIMIDAD CON DIOS
Eucaristía, Pan recién salido del horno del Amor.
Todos hemos vivido la sensación de sentir
cómo un horno con su calor va convirtiendo una masa de harina y otros
ingredientes en un delicioso bizcocho o en unos bollitos que huelen de
maravilla… El horno es esencial para convertir lo que no sería más
que una masa informe en una repostería apetitosa… El calor hace
cosas maravillosas cuando se aplica bien.
La analogía culinaria puede servirnos. Muchas
veces se ha llamado al Corazón de Jesús “horno encendido de caridad”. Y
es que hay mucha relación entre el amor y el calor. También el amor, bien
aplicado es capaz de sacar de las personas las cosas más hermosas, de convertir
su masa en verdaderas maravillas. Lo que está crudo y frío, se hace cuando se
sabe amado, sabroso y entregado.
Cuando nosotros nos dejamos
hornear por Jesús poniéndonos a su vera en la Eucaristía, sin
que nos demos cuenta, Jesús va infundiendo sobre nosotros el calor
de su caridad, de tal manera que
nos prepara para entregarnos a los demás con gusto. Él
mismo, de alguna manera está ardiendo en el fuego del Espíritu Santo, por eso
dice que “he venido a prender fuego a la tierra” y
que “ojalá estuviera ya ardiendo”. El fuego puede arrasar y abrasar todo lo
malo, y así hace Jesús, pero también puede hacer aparecer, como en el caso de
la cocina, virtudes insospechadas en la masa y en los ingredientes.
Nuestra masa son nuestros
deseos de santidad, nuestras pobres mortificaciones, nuestros
sentimientos de amor tan chicos, nuestras buenas intenciones y nuestros
propósitos mil veces repetidos. En realidad, con todo esto uno piensa que es
difícil hacer un buen alimento, alcanzar la santidad. Pero si lo juntamos todo
y lo ponemos en el Corazón Eucarístico de Jesús, al calor
del Espíritu Santo... Dios que es el mejor cocinero, puede
con su amor, convertir nuestra pobre masa en alguna delicia,
como ha hecho con tantos santos. Además, en el bendito
Corazón de Jesús, se “hornea” cada día el pan más maravilloso del mundo, la
Eucaristía. Pan recién salido del horno del Amor. Pan
para alimentar a los pobres del mundo de las almas -a nosotros-. Este pan no es
prefabricado e insulso, es un pan que sacia, un pan de ángeles. ¿Sabías que
Belén significa literalmente Casa-del-pan?
Hagamos hoy como D. Luis de Trelles, juntemos nuestros
ingredientes, nuestras poquitas cosas, y
presentémoselos a María, la divina panadera, para que ella nos amase y nos
introduzca en el horno encendido del Corazón de Jesús.
Unamos incluso nuestro grano al trigo de
Jesús ofrecido para dar vida, y horneados con él por el amor, convirtámonos en
alimento para el mundo. -“Os ofrezco estos mis humildes votos y
tibios deseos, reunidos a los que emanan del divino
corazón de Jesús en la santa Eucaristía, y os presento los sentimientos y
latidos de ese horno incandescente de caridad por mis pecados y por los del
mundo; y para sufragio de las benditas almas del purgatorio: esperando
que admitáis esta ofrenda, pobre en cuanto mía, y grande por lo
que de ella es vuestro, para otorgarme la gracia de no pecar más
y luego la dicha de veros eternamente en la gloria, con el Padre Eterno y el
Espíritu Santo, por los siglos sin fin”-. (Trelles, LS 3, 1872)
Preguntas
para el diálogo y la meditación.
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¿En
qué se parece el amor y el calor? ¿Qué relaciones tienen?
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¿Cómo
se puede aplicar a la Eucaristía?
■ ¿Qué cosas hay en nuestra vida que podemos “hornear” en la Eucaristía?

